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Caos: la estrategia de Maduro para que desaparezca lo que queda de la oposición

Danny Leguízamo | 26 septiembre, 2018

Caracas.- Que la crisis económica generada en Venezuela no es un asunto de casualidades. Y tampoco un tema exclusivo de inoperancia por desconocimiento de la teoría económica. Tiene mucho de ex profeso. De intencional. De estrategia. No se pueden cometer tantos errores al mismo tiempo sin percatarse que las variables como la inflación y escasez van en aumento. Que la diáspora no se detiene. Que que la oposición desaparece también por la crisis. Es una teoría esgrimida. La del caos. Y tiene su razón de ser.

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Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas en Amherst College y autor de “Fixing Democracy: Why Constitutional Change Often Fails to Enhance Democracy in Latin America”, escribe un desgarrador análisis en The New York Times titulado “¿Por qué Maduro prefiere la crisis y el caos?”. En el texto, Corrales esboza la historia de  dictadores como Fidel Castro y Vladimir Lenin. Ambos generadores de miseria a su paso. Claro. Las condiciones son diferentes. Pero el resultado es exactamente el mismo y sobre esto camina la nota de Corrales. La aparente intencionalidad que se mezcla con la típica incompetencia del chavo-madurismo:

El extremismo produce y necesita caos, y el caos a su vez aumenta las posibilidades de errores garrafales por parte del Estado. Un gobierno extremista como el de Maduro prefiere la devastación económica a la recuperación porque la miseria destruye a la sociedad civil y, con ella, toda posibilidad de resistir la tiranía. Maduro se ha inclinado por el caos y no por la recuperación, porque cuando el caos alcanza proporciones inhumanas, como ha sucedido en Venezuela desde 2015, es más probable que diezme a la oposición que al Gobierno.

No parece equivocarse Corrales, pues según informaciones de los “grandes” partidos de oposición a las que hemos tenido acceso en El Cooperante, la diáspora ha afectado sensiblemente los cuadros de las toldas políticas. De los cuadros jóvenes. Se han ido más de 4 mil activistas jóvenes en los últimos doce meses. Y son esos cuadros los que hacen activismo. Protestan. Van a los sectores populares. Y movilizan votos. 

También, muchos de los que emigran son aquellos que otrora participaron en las protestas de 2017. Es el voto duro opositor el que está migrando. Hay decepción. El voto del chavismo se mantiene estable. Y el Gobierno ha hecho hasta lo imposible por dejar acéfalos a los partidos políticos. Voluntad Popular y Primero Justicia tienen a sus principales líderes presos o en el exilio. Sobreviven los cuadros de Acción Democrática, históricamente aferrados a la ideología y a eso que llaman “el sentimiento adeco”.

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De allí que es necesario volver al punto original: a que todo el caos ocasionado tiene un componente sensible de intencionalidad. Que no hay accidente. Que el comunismo arrasa con todo porque cree en el caos para la subsistencia. Por algo el castrismo sobrevivió en Cuba y hasta se dieron lujo de designar sucesor. Y este Gobierno es producto del comunismo cubano, y pieza de ajedrez de Rusia en el tablero geopolítico.

Por lo pronto, los países del hemisferio, tal como expresó este martes Donald Trump a Carla Angola, “siguen buscando respuestas”, pues en la comunidad internacional tampoco hay criterio unificado en torno a las acciones contra la dictadura venezolana.

 

 

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