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La guerra de los drones

Kiko Bautista | 8 agosto, 2018

Caracas.-Creo que esto que ocurrió con el atentado amerita un poco de cerebro. No son los videos del dron cayendo en el edificio o el otro que explota en medio de las filas de soldados lo que hace creíble el discurso presidencial sobre el atentado. Ni siquiera las declaraciones de los supuestos protagonistas, esposados frente a una cámara, confesándolo todo. Menos aún el diagrama con las foto de los indiciados indicando con lujo de detalles lo que hizo cada cual y de donde salieron los reales para armar semejante conspire.

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Ahora resulta que, aparte del Presidente, el C4 tenía como objetivo llevarse por el medio al Alto Mando Militar. Con razón los militares andan tan solidarios con Maduro. Tampoco son muy creíbles las fotos de los celulares y las grabaciones de voz donde se narra desde la operación en Cúcuta hasta el despegue de los aparatos en pleno centro de Caracas.

Lo que me pone a pensar en la veracidad del atentado es el video de la señora Poleo leyendo el comunicado en donde el grupo de las franelas se hace responsable del intento de magnicidio. Igual que la declaración de Jaime Bayly contando que se enteró del atentado unos días antes y ofreció hasta un tercer dron por si hacía falta. Angustia Salvatore Lucchese declarando desde Colombia su total identificación con lo ocurrido el pasado fin de semana en la avenida Bolívar.

Esos elementos, más que cualquier otra cosa, me tienen dándole vuelta a la cabeza. Al final, sirven para justificar la enredada explicación de Maduro sobre el atentado y hasta le dan cuerpo al cuento de la invasión imperialista y la guerra económica.


Cuesta creer que Julio Borges esté implicado en una acción que no tiene nada que ver con el discurso que siempre le hemos conocido. Menos aún pensar en Juan Requesens como en un terrorista o algo por el estilo. Lo conozco y es uno de los dirigentes más inteligente de las nuevas generaciones.

Confieso que me asusta más que nada, el coro de enfurecidos tuiteros pidiendo sangre en las redes. El paredón inclemente pidiendo muerte y venganza. Aplaudiendo que se repita con éxito lo de drones explosivos pero de inmediato.

Esto último solo puedo entenderlo bajo el lente de la posverdad. Viéndolo como parte de ese fenómeno perverso que se ha adueñado de las redes y que se nutre de la frustración y el odio.  Vengo llamando la atención, desde hace rato, sobre cómo eso que llaman los teóricos “las mentiras emocionales” viene causando estragos en la oposición venezolana, sobre todo en la que vive casi que obligada en el exilio. Revisando la experiencia del pueblo cubano, se pueden encontrar algunas claves del porque las comunicaciones que vienen desde Miami están cargadas de tanta antipolítica.

En un vuelo rápido, es posible recordar el triunfo de Fidel y la caída de Fulgencio Batista. Como cambió el discurso de los barbudos y la esperanza de cambio se volvió pesadilla. Es sencillo recordar las expropiaciones y con ellas los fusilamientos. Por ese camino podemos llegar a entender la salida de los primeros contingentes de cubanos de la isla y así llegar a los más recientes.

Huyendo de algo parecido a lo que tenemos hoy en Venezuela, fue creciendo la inmigración hasta convertirse en una fuerte y organizada oposición con un enorme peso en el estado de la Florida.

Sin entrar en largas explicaciones es posible evaluar el fracaso de la invasión de Bahia de Cochinos y la crisis de los misiles. Ambos episodios contribuyeron a estabilizar a Fidel en el poder. Al igual que la aparición en los 70 de una fracción pequeña de la oposición castrista que optó por el camino de violencia y cuyo resultado más significativo fue la voladura del avión de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976 y que dejó 73 muertos. Los cubanos de Miami pasaron por distintas posturas en su relación con el gobierno revolucionario. Cambiaron el tono, pero no dejaron de ser frontales en sus posturas. Todos esos episodios y otros más que no describimos aquí para no hacer tan larga la historia, nos pueden servir de enseñanza.

Ayudan a entender la lucha del pueblo cubano y también a entender que no debemos repetir la misma experiencia. Más bien a explorar otras opciones. No le quito peso a las versiones muy mal pensadas que atribuyen todo esto del atentado contra Maduro al G2 cubano. Pero, prefiero enfocar el análisis en lo que le está pasando a la oposición venezolana que hoy vive en Miami.

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Creo que esa esa postura frontal, endurecida por los años, esa tendencia a llamar colaboracionista a quienes medio intentaron una relación distinta con los hermanos Castro y la utilización de tantas otras descalificaciones similares, conforman una especie de cultura que ha impregnado a la oposición venezolana que recién está llegando a Miami.

No es fácil. Es la televisión, la manera de vivir por años de un exilio consolidado que nos impone una determinada conducta y cuya desobediencia puede conducir al rechazo.

Cuando Maduro dice que lo ocurrido en la avenida Bolívar es obra del gobierno de Santos y culpa a la derecha de Miami, lo hace a propósito. Funciona como una especie de anzuelo.

Este tema hay que discutirlo sin culpar a nadie. Digo esto porque da terror meterse en estos temas. Te acusan por allá de anti cubano o de vendido a Maduro sin que dejen dar razones. Y, francamente, Ya de divisiones estamos hartos.  Este debate es un tema de la política. Su objetivo debe ser la búsqueda de un camino para salirnos de esa especie de trampa mortal en que andamos metidos. Si no escapamos, podemos quedar condenar a vivir bajo el socialismo del siglo XXI por toda la eternidad.  Sostengo que hemos caído en debate muy básico sobre la ruta para sacar a Maduro. No hay contradicción entre votar y salir a la calle. Ambas cosas hay que hacerlas solo que a su tiempo. Claro que son posiciones distintas. Bueno, es que la oposición es vario pinta. No parte de una sola y misma reflexión. Si a ver vamos, ni los que creemos en el voto o los que hablan de una salida de fuerza han logrado cambiar de gobierno.

Hay que estar claros que la violencia, la confrontación es el verdadero legado de Chávez. Comparto con Rocío San Miguel que la unión cívico-militar se ha ido fortaleciendo, fundamentalmente por la ausencia de una política clara hacia el sector militar.  Solo la unidad puede lograr modificar el estado de derrota que hoy se ha adueñado de la mayoría opositora. En las redes todos los dirigentes son vendidos o corruptos. No hay quien hable bien de la política. Eso da asco. Al final nadie quiere votar ni marchar.

Hace falta reconstruir el liderazgo en vez de seguir destruyéndolo. Se trata de lo contrario, de darle fuerza y confianza para que pueda hacer política en vez de ceder al chantaje y los insultos que como pirañas habitan las redes.

En fin, quedarnos en vez de irnos. Pelear en vez de rendirnos. Ser optimistas en vez de pesimistas. La mejor vacuna contra la posverdad es el buen periodismo.

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