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La historia de un médico venezolano que migró a Colombia y atiende a sus connacionales

El Cooperante | 16 septiembre, 2018

Caracas.- Albert Cova no se fue de Venezuela porque quería. Luego de graduarse en la Universidad de Oriente hizo una especialización en Pediatría y trabajó en varios hospitales públicos, entre esos el Hospital Pérez Carreño de Caracas, donde estuvo dos años en el área de Neurología Pediátrica. La experiencia en este recinto fue el impulso definitivo que lo obligó a irse de Venezuela para evitar ver el sufrimiento de su gente.

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—Los niños llegaban a la Sala de Emergencia descompensados por las crisis epilépticas. Vivía con el estrés de tener que recetar un medicamento, conociendo de antemano que esa persona no lo iba a encontrar. Veía cómo las madres esperanzadas buscaban una mejora para sus hijos sin poder conseguirla.

Debía combinar otros fármacos para tratar de paliar la epilepsia de los pequeños, rompiendo con todos los protocolos médicos. Al igual que cuando estaba en Venezuela, Cova actualmente debe atender a sus coterráneos, pero en otro país; con la diferencia de que en el Hospital Erasmo Meoz cuenta con los medicamentos necesarios para cada tratamiento.

—Cuando uno deja su país hace como una pausa, donde se imagina que todo sigue como lo dejaste. Se queda el pensamiento de un costo, de una calidad de vida, de un contexto. En mi caso, esa pausa no existió; más bien se activó porque empecé a ver día a día a los niños venezolanos enfermos y con desnutrición extrema en Cúcuta. Entran al hospital con neumonías que pudieron haber sido prevenidas. El último caso que tuve fue un niño de 12 meses que falleció por desnutrición.


En cada una de las áreas del hospital hay al menos un venezolano esperando recibir tratamiento. La Sala de Emergencia constantemente recibe a personas que viajan desde Venezuela por alguna enfermedad o para solicitar medicinas de manera gratuita. Los padres van con sus hijos hasta Colombia para vacunarlos. Personas que viven en las calles de la ciudad van a diario a pedir los baños del recinto. En algunos casos las familias solo acuden para pedir comida con el argumento de que tienen días sin comer. Esta es la realidad que vive a diario Cova y que describe con amargura.

—Me da pena y vergüenza el estado en que llegan nuestros pacientes venezolanos, pues todos vienen pidiendo auxilio. Cuando ven una arepa y un caldo se desesperan por comer. Estoy trabajando con este noble pueblo colombiano y también atendiendo a mi gente. Yo siento y a mí también me duele lo que mis hermanos están padeciendo.

El deseo de querer estar en su país junto a su familia y no poder cumplirlo lo descarga con palabras. Se indigna al escuchar a los voceros del Gobierno venezolano, quienes aseguran que en Venezuela no hay una crisis humanitaria, y refuta esas declaraciones contradictorias sobre la situación social.

—¿Por qué se van del país? ¿Por qué la juventud, que tiene acceso a la educación y que tiene una profesión, huye de Venezuela? ¿Por qué las personas que tienen pocos recursos se va a la frontera buscando medicinas y comida? ¿Por qué huyen si supuestamente, como ellos dicen, todo está perfecto? No tienen sentido las declaraciones del gobierno. No aceptan que hay una crisis humanitaria por no dar su brazo a torcer. Una simple soberbia para mantenerse en el poder.

Nunca se había imaginado viviendo fuera de su país, aunque además de los pacientes, también comparte con otros doctores venezolanos que viven y trabajan en Cúcuta. Considera que todo el personal de ese hospital lo ha tratado como un hermano más; es agradecido con ellos en cada una de sus palabras, pues le dieron la oportunidad de empezar desde cero y tener una mejor calidad de vida, que contrasta con el impetuoso deseo de invertir ese tiempo con los suyos, un tiempo que también transcurre en Venezuela y que jamás podrá recuperar.

Con información de El Nacional.

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