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La Lupa

La inhabilitación a María Corina: oportunidad para una estrategia

El 30-6-23 se conoció que la contraloría inhabilitó a María Corina Machado por 15 años. La inhabilitación original de 2015 fue por 12 meses, pero la opinión pública se enteró que ahora es por 180 meses ¡Qué bárbaro! Es evidente que es una maniobra del gobierno para sacarla del juego. El chavismo lo hace ahora al apostar que el tiempo metabolizará la decisión. El aparato comunicacional de la candidata de Vente convenció que es el momento de María Corina. Que nadie más tiene oportunidad. Seguramente lo es porque el público de la oposición desplaza su frustración contra el G4, y Machado simboliza el castigo contra la alianza que antes fue muy aplaudida. Sin embargo, María Corina está a prueba. Si tiene nivel político o solo es una dirigente que dice frases encendidas para compensar la ineficacia de los bocones que abundan en la oposición. Tener nivel político significa construir a lo interno de la oposición una estrategia conjunta ¿Tendrá María Corina esa capacidad para trabajar en equipo? Margaret Thatcher jugó con las reglas del “sistema machista” para ganarle, no por afuera

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Caracas. Nuevamente tengo que cambiar mi plan para el artículo de la semana para El Cooperante. Semanas atrás, había comenzado a hacer una lista de temas sobre qué escribir mi artículo semanal. Normalmente, de lunes a jueves pienso en el tema. De viernes a domingo, a redactar para que el texto salga el lunes. Tener una lista de temas ayuda a enfocarme en el artículo y baja el estrés de escribir el fin de semana, que es lo que me sucedía antes de tener la lista de posibles temas.

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Debo salirme de este diseño por otro hecho importante que sucedió. Hace dos semanas, fue con el anuncio para un nuevo CNE. Hice un artículo en caliente. Ahora, con la inhabilitación a María Corina Machado anunciada el 30-6-23. Tiene una inhabilitación por 15 años, hasta 2030. Ceteris paribus, podrá participar en las presidenciales del año 2036.

Es un hecho que no puede obviarse por su importancia. Lo primero, mi apoyo a Machado en su derecho a medirse. Es evidente que fue una decisión para sacarla del camino. No sé si iba a ganar la primaria como es la construcción que el grupo “de la presión y el quiebre” hace en tuiter. Lo que tengo claro es que puntea en las encuestas -por los menos las que puedo seguir o me parecen más profesionales- no creo con la magnitud con la que dicen en redes, pero es evidente que 2023 es el momento de María Corina. Tiene por lo menos 20 años en esa búsqueda. Esa hora le llegó. Por su discurso antes de la inhabilitación, no sé si estaba consciente de eso.

Lo anterior lo comento por sus palabras en Barinas. A estas alturas, hay que tener una cierta seriedad para enfrentar a un sistema autoritario. Tanto que se le puede decir, Machado habló de la hombría de Maduro para no enfrentarla, que Chávez sí tuvo, según sus palabras. Fuera de los aplausos de tuiter que seguro esta frase logró -no le veo el sentido a estas expresiones, más allá de “qué arrecha es María Corina”, que no pocos habrán expresado- es exponerse de manera innecesaria. Con la inhabilitación el gobierno la desafió. A ella y a la oposición de la “presión y el quiebre” que tiene como dogma “elevarle los costos al régimen”. “La dictadura” le dice algo como, “auméntame los costos por mis acciones, dale, no solo hables”, para dejar en evidencia que la “presión y el quiebre” no tiene esa capacidad. La moraleja es que la “resistencia” no se hace desde tuiter sino con músculo organizacional que la oposición no posee. Eso incluye a Machado. Hasta el dueño de tuiter, Elon Musk, les recomienda a las personas que tomen un aire con tuiter porque “es una adicción”. Por eso su plataforma puso límites “temporales” a las lecturas de tuits que tienen en crisis a muchos que se derretían en elogios al empresario. 

Igual pasó con Superlano al referirse a Capriles, al inscribirse en las primarias. Para los aplausos de las gradas, afirmó que él no mandará a “bailar salsa”. Creyó que dijo la gran frase, pero en tuiter le recordaron su trágica estadía en el hotel Penélope.

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A estas alturas de la situación en Venezuela ¿por qué exponerse con cosas tan pueriles? Todavía cierta oposición cree que hacer oposición en un sistema autoritario se limita a “tirarle al gobierno y no a la oposición”, como si el momento fuera similar al vivido durante los gobiernos de AD-Copei. 

Inhabilitar a María Corina es un golpe bajo del chavismo. Es la segunda razón para apoyarla. Si se lee la carta de la contraloría, hay dos grupos de motivos para justificar su sanción. Uno, de hechos que van hasta 2019. Los segundos, durante el interinato. Lo más criticable es que una sanción de 12 meses dictada en 2015 -es decir, terminó en 2016- la subió a una de 180 meses, y hace creer que es la misma. Qué bárbaro. Bueno, es un sistema autoritario.

Lo que resalta del documento de la contraloría es que expone una serie de acusaciones e inferencias que no tienen soporte. La carta no tiene anexos, solo suposiciones para responsabilizar a Machado y a Guaidó de pérdidas patrimoniales de la república. Incluso de vidas, como vi en un reportaje de este nuevo estilo de periodismo formal que el chavismo ensaya, pero que es propaganda, en un video de Karen Méndez que está en tuiter. Allí se señala que las acciones que apoyó Machado tuvieron como efecto que 40 mil personas perdieran la vida (por las sanciones, al citar un trabajo de Weisbrot y Sachs). Igualmente, en el video de Méndez, se le señala por “traición a la patria”, cargo muy serio, pero sin mencionar investigación alguna. El video de la periodista es unir hechos para presentar una versión que respalde la posición del gobierno.

Este es el punto de fondo, jurídico y político. En mi caso, no tengo dudas que Machado -junto a las mentes brillantes de la “presión y el quiebre”- planteó una estrategia de intervención a Venezuela -censurable, desde todo punto de vista, y no se me hable de lucha o de “calle”; más honesta y “nacionalista” hubiera sido una lucha armada- la que, entre otras cosas, contempló sanciones, al seguir unas recetas politológicas que fracasaron. El truco del gobierno está aquí. Una suerte de transposición como se ve en el video de Méndez cuando habla de hechos políticos y luego introduce la “traición a la patria”. Esto último, en todo caso, lo dará un juicio o una investigación que no es posible en Venezuela porque estamos en un sistema autoritario. Lo que queda es la política. Lo que queda es la opinión de los electores para evaluar la estrategia seguida por María Corina como parte de una oposición que fracasó con Chávez y ahora con Maduro. Recubrir con pinceladas jurídicas lo que es una decisión arbitraria es la trampa del argumento del ejecutivo.

A Machado se le responsabiliza de todo pero no hay ningún juicio o investigación. Por supuesto y reitero, vivimos en un sistema autoritario -desde Chávez, no es el “autoritarismo competitivo” del que hablan colegas politólogos, tampoco estoy en ese “gran consenso” de la “Venezuela civil”- donde no tendrá un juicio justo sino uno político. La carta de la contraloría no es una decisión, menos una investigación o análisis, sino una acusación sin fundamento. Por eso mi apoyo a María Corina en su derecho para competir y medirse. Los votantes son los que debe evaluar su comportamiento.   

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Que la respalde por volver a ser inhabilitada no significa que avale su estrategia que es la de “la presión y el quiebre”, que ha fracasado rotundamente desde 2013 cuando este sector se impuso dentro de la oposición, y que con esta medida para inhabilitarla y el nombramiento del nuevo CNE, cree que ahora le viene su “oportunidad de oro” para buscar el famoso “quiebre de la coalición dominante”, ya no con Juan Guaidó sino con María Corina.

Machado ha sido y es una de las principales y más vocales promotoras del fracaso de la oposición como alternativa de poder frente al chavismo, aunque tiene la habilidad –“me quito el sombrero” por eso- para quedar como si no hubiese participado en nada. Su imagen de “outsider” no es cierta. Es una “insider” que decidió el destino que hoy tiene la oposición. 

No es mi candidata para las primarias por esta razón. De las cosas que más me generan rechazo de su actuación a partir de 2013 fue ser la “representante alterna” de Panamá en marzo de 2014, cuando era diputada de la AN. Un grave error político, por decir lo menos: asumir la representación de otro país para hablar de su país. Pero no es un error político solo de Machado, sino que es el discurso de la oposición en la que Machado se inscribe. La que espera que otra nación -como esperó de los EUA de Trump, a quien ahora nadie conoce- venga a salvarla sin hacer un trabajo político de profundidad, que no es “la calle”, sino el trabajo de organizar, de tener partidos, de ir a elecciones dentro de un sistema autoritario, de tener espacios en ese sistema, de vivir lo que el público experimenta día a día; de tener un programa, un discurso, de ganarse el derecho a ser gobierno en las personas. No un discurso “duro” pero cómodo, que espera a que otros hagan el trabajo (los EUA).

No es una oposición nacionalista, por más que se vista con la bandera nacional, “la vinotinto”, o pelee por la nacionalidad de la arepa o las empanadas. No sé si oposiciones a sistemas autoritarios en otros países hacen algo similar a lo que hace la oposición de “la presión y el quiebre”. No veo a los bielorrusos con mensajes plañideros de “solos no podemos”. No veo a Sveta que vaya a hablar con la nacionalidad que no sea la de su país. Ser oposición a Lukashenko es más complicado que ser oposición a Maduro. Son oposiciones que se dan a respetar, a diferencia de la de “la presión y el quiebre” que rogó por “intervenciones humanitarias” (militares).  

La inhabilitación es parte de un conflicto político. Mi posición es que son los electores los que deben decidir, no a través de una medida administrativa. Ni siquiera judicial porque tampoco hay justicia. Lo decide el voto. No estuve de acuerdo con el golpe que le dieron a Dilma en 2016. Tampoco con el juicio a Lula en 2017. Igualmente, rechacé el impeachment a Trump en 2021. Igual lógica la aplico para el caso de María Corina Machado.

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Son los electores los que deben decidir si su comportamiento político y su estrategia son apoyados o rechazados. Que se crea un precedente negativo con lo anterior, sí. Mañana puede volver a suceder. Pero no hay otra vía salvo la que tomó el gobierno, propia de un sistema autoritario. El otro camino es tener instituciones políticas que hubieran evitado el autoritarismo del ejecutivo y el intervencionismo de la oposición de la “presión y el quiebre”. Eso no fue lo que hubo en Venezuela. Hubo una guerra, un conflicto existencial, un conflicto civil. La ganó el chavismo, con métodos cuestionables y con un alto costo. Hoy hay estabilidad, una “paz chucuta” o autoritaria, pero paz al fin y al cabo como le dijo Lukashenko a Putin por la rebelión de Wagner. Y le tomo la palabra. Hasta los de “la presión y el quiebre” no están dispuestos a renunciar a esa “paz chucuta” si me atengo a sus glamorosas y felices vidas en tuiter. 

Es en ese terreno -el electoral- en donde el chavismo tiene que ganarle, no a través de una orden a una oficina de una instancia que la constitución manda sea independiente. Por supuesto, esto es un sueño. Un sistema autoritario lo es justamente porque no tiene pesos ni contrapesos. No acepta competencia entre iguales. Menos un modelo que quiere ser duradero como el chavismo. Era cuestión de tiempo para la inhabilitación de María Corina, hecha de la manera más grotesca como el gobierno sabe para desmoralizar a la oposición: subir la inhabilitación de 1 a 15 años y hacer creer que es la misma de 2015, y mencionar a dos bancos con nombre y apellido para “mostrar el tramojo”. Para decirles, “cuidado a quién apoyan”. Es el miedo “a lo paisa” que el gobierno ha hecho una política para relacionarse con el país. Intimidar. La cúpula chavista no es valiente. Como muchos en Venezuela, “hablan duro” y son bocones -porque tienen sus “paracaídas de oro”- pero saben con quién meterse. Coraje moral, muchísimo menos tiene.

Ahora paso al análisis de la decisión de inhabilitar a María Corina. Lo primero que llamó la atención es que el anuncio no lo hizo la contraloría sino un diputado del partido Primero Venezuela, José Brito, quien en el pasado perteneció a PJ. El gobierno aplicó la técnica del “policía bueno” -José Brito, quien fue a preguntar de manera “inocente” el status de María Corina- y el “policía malo” -Luis Ratti, quien solicitó medidas de hecho en contra de la candidata de Vente y otros dirigentes, y expresó que Machado debería “estar presa”. En un artículo para El Cooperante comenté que el sistema autoritario se sofistica más. Cómo se anunció la inhabilitación, respalda este análisis. No habló Amoroso, sino Brito.

Esta técnica de “poner a otros” no es nueva. El gobierno ha logrado que sean otros no chavistas los que comuniquen sus decisiones, principalmente las que no so buenas. Se recuerda un tuit de Jorge Roig en el que anunció un aumento salarial -se pasó, porque el trino molestó a Cabello y lo descargó en su programa de los miércoles- y se ve mucho en los servicios públicos que son un desastre en manos chavistas. Son las comunidades las que tienen que informar sobre los apagones, escasez de gas, falta de agua, gasolina, entre las más importantes. No lo hacen las llamadas “operadoras” -un nombre neutro, la sociedad también se apropió de ese lenguaje “neutro”, así como los partidos no se llaman partidos sino “OFP”- para no pagar un costo directo en imagen por su incompetencia. El chavismo tampoco tiene coraje institucional. Sabe “tirá coñazo” pero no posee valor para decir la situación de un servicio, que no sean tuits o comunicados genéricos (los que, de paso, no se cumplen). No hay agua, y silencio. El desespero y la angustia está en redes sociales. Fuera de ese mundo, todo tranquilo. Hidrocapital corre a reparar las averías, pero poco se informa. Silencio. Es la “paz autoritaria”. Sabremos que hay agua cuando llegue el agua, si llega.  

Una nota sobre Brito. Sus acciones son de su responsabilidad, pero que lo haga muestra el grave error de la oposición por abstenerse para las parlamentarias de 2020. También abandonó ese espacio, y las consecuencias del vacío las pagamos todos ¡Qué caro nos sale el aprendizaje -si ocurre- de la oposición que se impuso en 2013!

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El costo de imagen y político lo paga José Brito, aunque muchos sepan que es una decisión del gobierno. En principio, el ejecutivo se aleja de una decisión desagradable y tiene una buena excusa, “no tengo nada que ver con eso; ella ya estaba inhabilitada, engañó a la oposición, y Brito lo que hizo fue preguntar, reclámenle a él”. La decisión del gobierno en contra de Machado pasa como una inocente pregunta de un diputado de una oposición que no le hace peso al chavismo en la AN.

Esta maniobra le puede permitir al gobierno mantener la comunicación con países, “no fue el ejecutivo, fue un diputado de la oposición que preguntó, porque Machado engañó a sus seguidores, igual que Capriles, la inhabilitación ya estaba, no es nueva”. Es lo que Maduro le puede decir a Petro quien rechazó la medida o al Parlamento Europeo el que alertó acerca de esta acción que hoy es una realidad.

Una nota sobre la posición de Petro. La oposición de la “presión y el quiebre” y la pomposa pero inútil “Venezuela civil” le tenían una campañita negativa al presidente de Colombia, la que incluyó golpes bajos como hacerse eco de tuits de los no menos inútiles famosos e influencers con la señora de Petro, que si “con marihuana es más rico” ¡Cómo alardearon con ese videíto, felices! Resulta que ahora Petro rechazó la medida de la contraloría y los mismos que ayer le tiraron piedras, hoy lo citan “para darse valor”. A ver si, por fin, la “Venezuela civil” -la que concentra toda la sabiduría republicana desde el 19 de abril de 1810- aprende algo de política porque sus errores nos cuestan a todos ¡Y cómo los estamos sudando!

Los ejes de argumentos del chavismo para justificar la inhabilitación de MCM serán dos. Uno, más procedimental, “bueno, el problema es de ella, no de nosotros, ella está inhabilitada desde 2015, ella fue quien los engañó”. Dos, una línea que el gobierno desarrolla -lo he analizado en otros artículos para El Cooperante, cuando se comentó la entonces propuesta de ley de extinción de dominio- que es como una “política comparada con los castigos”.

Lo que el chavismo dice para justificar su posición es que, por ejemplo, países penalizan la “traición a la patria” -de lo que se señala a Machado- y Venezuela no es la excepción. La trampa de este argumento está en que, uno, Venezuela no está formalmente en una guerra -sí en un conflicto civil- y dos, que no ha habido juicio a Machado ni a los otros inhabilitados, que es el punto de Petro: una instancia administrativa no puede abrogarse la facultad de suspender derechos políticos, como hace la contraloría.

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El chavismo optó por anular a Machado de una vez. Por la carta de la contraloría, no iba a dejar pasar esta ocasión. Sin juicio justo y debida defensa, la contraloría atribuye a Machado -y a Guaidó- la situación dura que vivimos los venezolanos. Necesita construir a los responsables de la situación de Venezuela. Esto, también, es una línea del PSUV, “interpelar a la oposición por las sanciones”, que es la que adelanta Diosdado Cabello desde su programa semanal y en las giras por los estados que hace en la actualidad. También como vía para que la atención del país se aleje de la responsabilidad del gobierno por su incompetencia, corrupción, ideologización, y negligencia. Del grupo al que responsabiliza por las sanciones, María Corina era la persona que faltaba. Los demás, ya tienen inhabilitaciones como Guaidó y Leopoldo López.

El ejecutivo asumió el riesgo internacional con esta decisión, más cuando medios de afuera reportaron -que respalda análisis de artículos previos para El Cooperante en los que se señaló que Venezuela y EUA “se buscan” y “definen un canal de comunicación”- que Venezuela y los EUA se encontraron en Doha para conversar, y que Qatar ahora asume el rol de ser intermediario entre los dos países, como lugar o nación mediadora para que exista una comunicación entre Maduro y Biden para hablar sobre las diferencias. Una conversación directa, ahora mediada por Qatar, país con el que el gobierno de Maduro tiene muy buenas relaciones. Quizás hasta sea de más agrado para el ejecutivo que Colombia, porque éste le demanda se inserte en el “sistema interamericano” petición que seguramente Qatar no hará.

Que haya sido Brito el que anunció la inhabilitación y que Qatar medie un encuentro entre Venezuela y los EUA, le da al gobierno de Maduro algún tipo de “leverage” para esta decisión. Es uno de los motivos para haberla tomado en estos momentos y no antes o después.

De hecho, la posición de los EUA -el mismo 30 de junio- es bastante “polite”. Si no revisé mal, es el único país que hasta el momento se ha pronunciado por la inhabilitación de Machado. Esto dice mucho.

Lo anterior muestra una realidad no muy positiva para la oposición. Mi hipótesis es que naciones observan que la oposición no tiene capacidad política. Puede tenerla a futuro, pero hoy no. Les guste o no, tienen que hablar con el gobierno. Sus posiciones deben ser más agudas y hábiles que en el pasado. El chavismo lo sabe. Se siente tan soberbio en el poder que se dio el lujo de emitir un burdo comunicado como respuesta a los EUA. También los desafía. Siente que está en control. Que nadie puede hacer algo o ser contrapeso. Simboliza esta plétora de poder Jorge Rodríguez, quien se abrogó como un “derecho para carajear a quien sea” (de la manera más humillante posible, de paso) porque sabe que hay que aguantarlo. Manda.

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La oposición de la “presión y el quiebre” pontifica sobre los “autoritarismos hegemónicos” desde la celebración de los 94 años de Los Palos Grandes, y las naciones no tienen otra alternativa que sacar del aislamiento a Maduro. Es mejor tenerlo cerca que lejos, más en momentos de profundos cambios geopolíticos en el planeta. El presidente venezolano lo sabe, y juega esa carta (será uno de mis próximos artículos para El Cooperante, a propósito del encuentro de presidentes en Brasil el 30-5-23).

El análisis de la inhabilitación a María Corina desde el lado del chavismo no es complicado. Su propósito no es tanto que no haya primarias -que es lo que se piensa a primera vista- sino que la dinámica de la oposición sea un desastre. Es tirarle piedras desde todos los frentes posibles para abollarla de cara a 2024. Es la inhabilitación, pero es complicar la primaria, pero es el casquillo, pero es alentar la división, pero es promover el miedo -la oposición está cual “perrito de Pavlov” condicionada por el miedo que el gobierno le produce; por ejemplo, RCR anunció su cierre y el insólito mensaje de la “Venezuela civil” fue “nos vemos en libertad”, todos sonrientes, como una grata despedida; faltó el “no es un adiós sino un hasta luego”- que al final si hay primarias, sea una lúgubre, con una pequeña participación, que no todos se sientan identificados con esa primaria, y lo que concurra a las presidenciales sea una oposición muy golpeada si no dividida. Algo como que el que se va a enfrentar en un ring, pero tiene una pierna rota, una costilla golpeada, la mano cortada; una pelea no justa.

Que se de la primaria porque está en marcha, pero sea una no brillante, tanto en su puesta en escena como en su participación, para remachar el mensaje central del chavismo, “la oposición no tiene capacidad, mientras el chavismo es garantía de estabilidad” que hoy puede resonar en públicos, y el chavismo aplicar su receta en 2024: con su 30 o 35% ganar (Delphos lo pone máximo en 27%). 

Una consecuencia del conflicto civil venezolano es que la gente quiere paz, chucuta, pero la quiere. Las elites pueden seguir con la bronca porque viajan, están en sus burbujas de paz, están dolarizadas, tienen doble nacionalidad, en fin, pueden jugar a la Independencia. Pero en el público hay procesos psicosociales desconocidos, pero que preocupan.

Por ejemplo, la escasa participación en las elecciones de la UCV. Aunque se quiera mostrar como una gran participación porque es por sectores, el hecho es que es la primera elección en que vota toda la comunidad. Al menos, desde 1958. Asistió como un 10 por ciento del REP de la UCV. El REP es más o menos cerca de 220 mil personas. Si se sacan a los egresados y se dejan a los sectores que hacen vida cotidiana, quedan cerca de 50 mil personas. Si se ve así, la participación “es más bonita”. En todo caso, la participación es un dato para considerar.

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Otro indicador es la inscripción en la “app” de la comisión de primarias. También se quiere poner bonita porque se comparan los registros con las actualizaciones de los consulados. Todo está muy bien, pero también comparo con el discurso que se comunicó, de los “3.000.000 de migrantes que quieren votar”. Escribo este texto el domingo 2 de julio. Creo que las inscripciones en la “app” no llegan a 100 mil. Algo hay en el público. Famosos e influencers hacen su “damage control” -por eso son “famosos e influencers”- para decirnos que no es así, pero mi impresión es que el reflujo de la sociedad se mantiene. Que tampoco es nuevo. Delphos ofreció números para esta inferencia en su estudio de noviembre de 2022. A lo mejor el público sorprende -la tesis de Picón Salas en 1946- seguro será así, pero ahora la sociedad vive un momento de desmovilización política. Que los candidatos la despiertan, se verá en el futuro.

En sus cifras, Delphos encontró que la disposición a protestar no era mucha ni siquiera en la eventualidad que inhabilitaran al favorito, que es lo que acaba de suceder. Vamos a asumir que Machado ganó la primaria, en los números de Delphos, un 20% expresó que iría a protestar si la inhabilitan, pero un 62% que no lo haría. Incluso, si se inhabilita a todos los candidatos de la oposición, un 21% protestaría y un 59% no lo haría. Si se ve en valores nacionales, 20% es importante, pero un 60% es tres veces más. Lo que quiero decir es que quienes no protestarían son más que los que manifestarían. Los datos de Delphos no parecen estar malos. Así pasó en la realidad: fuera de tuiter y comunicados, ninguna reacción en el mundo real por la inhabilitación de Machado. El viernes 30, María Corina era el tema. El 1 de julio, fue Elon Musk, y el de 2 de julio el Sukhoi que se cayó y la marcha LGBT, de la que se destacó que “todos los partidos juntos no pueden movilizar a esta cantidad de personas”, como señal de éxito (¿). Fuera de los autoelogios de los organizadores de la marcha, todo “normal”. La inhabilitación ya no es el tema. 

Tal vez por esto la inhabilitación aparece ahora. El gobierno calcula que todo el brete pasará. Falta tiempo para las presidenciales, con lo que el chavismo puede ajustar su estrategia si hay alguna reacción por su decisión.

Normalmente el gobierno calcula sus acciones. No quiere decir que sea infalible. Se equivoca y con frecuencia. El comentario viene porque tomar esta decisión en este momento potencia a Machado como la figura de la oposición. Opaca a los demás candidatos, y refuerza la idea que “María Corina ya había ganado la primaria”. Es difícil pensar que el chavismo no ponderó esto para tomar esta medida, y pudiera pasar lo contrario: que unifique a la oposición.

El tiempo dirá si esta decisión es un mal cálculo que se le revierta al gobierno porque unificó a la oposición o fue una estrategia para que la oposición se uniera en torno a Machado y a la estrategia de “la presión y el quiebre” para llevarla cual “maniobra retrógrada” de Zamora a su terreno para las presidenciales de 2024, y derrotar a la oposición de “la presión y el quiebre”. Primero tuvo que unir a la oposición para luego llevarla a su terreno. Su apuesta es vencerla para consolidar la “paz autoritaria” del gobierno del presidente Maduro. Son conjeturas.

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El análisis desde la oposición es más complejo, pero tiene dos aristas en las que me concentro.

La primera, el comportamiento de Machado en sí mismo. Una cosa es hablarle a un grupo de convencidos y resaltar “la dictadura”, “los criminales”, “la fuerza”, términos que encantan a la oposición de tuiter, pero que de allí no sale. Eso es una cosa. Es lo más fácil. Hablar de “dictadura” es lo más sencillo y lo más inocuo a estas alturas. 

Otra es ser líder político que pueda articular una alianza para construir una estrategia política. Machado no comunica ser de este tipo. A lo mejor sorprende -son más de 20 años en la política- pero lo que hoy comunica es que su campaña es más una cruzada para “borrar al G4” y menos para construir una alianza o articular con otras fuerzas políticas. Su épica la dibuja como una “vengadora” contra “los tibios” del G4 que “cohabitan con la dictadura” y, por eso, “no van hasta el final”. En cambio, Machado promete “ir hasta el final”. Lo asegura desde 2018 por lo menos. La inhabilitación es una oportunidad para construir una épica que la pone en el centro de la oposición. Es difícil no aprovechar esa oportunidad. Más cuando se tiene 20 o más años en esa búsqueda. María Corina no va a botar este momento. Es su momento. 

A lo mejor el cálculo del gobierno es ese. Que Machado no podrá construir alianzas. Ganará las primarias, pero serán unas primarias chucutas. Los partidos no van a rechazar su victoria -si gana- pero tampoco harán mucho, dado que pende la amenaza de ser “barridos” por la candidata. Algo como que Machado ganó, pero se quedó sola porque el chavismo dio dos golpes importantes a la primaria: el cambio en el CNE y ahora esta inhabilitación, que alejó a grupos, y Machado se quedó sola con su discurso de la épica y su “ejército de tuiter”.

Que sea este el destino u otro mucho mejor, está en las manos de María Corina y la madera de líder que pueda tener en estos momentos. Machado está a prueba. En algún sentido, su carrera política estuvo en coordenadas muy claras y cómodas -de aquí, entre otros motivos, el aire de superioridad que ella y su partido comunican- y ahora le toca entrar en un terreno político de verdad, en donde las relaciones de poder son más fluidas y no “como yo quiero”. Es Machado frente a Machado, junto a su capacidad política, ya no solo para dar discursos acerca de la “corporación criminal” que encantan a los bocones de la oposición.

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A María Corina le gusta que la comparen o quiere emular a Margaret Thatcher. Como todos los líderes políticos importantes, hay varias Thatcher. No hay una y no siempre fue como fue, sino algo como “on becoming a leader”. Cuando se habla de Thatcher o Mandela, por ejemplo, hay que referirse a un momento particular de sus carreras. No son transituacionales aunque son lo que son como líderes. La Margaret antes de ser primer ministro, jugó con las reglas del sistema. No una “tiranía” o tal vez sí, la “tiranía de los hombres” que hacían mofa de ella. Thatcher -a diferencia de Machado- no se encerró en una burbuja con sus seguidores y se puso por “encima del bien y del mal”. Se postuló, hizo una buena campaña, y ganó a los hombres con sus reglas. No sé si María Corina tendrá esa capacidad. A lo mejor sorprende y es tremenda líder político. A mi no le transmite. Me comunica una persona encerrada en su torre de marfil de la dignidad en un país que le encanta ese discurso. Ahora le toca mostrar que es una política de verdad. Pero esto, ya es un asunto de ella. 

Más que María Corina u otro dirigente de la oposición, me interesan los partidos. Un líder cataliza, pero un partido define. Soy de la “vieja escuela”: estructura y organización. La escuela de Betancourt -hoy muy querido- y la famosa anécdota cuando le preguntaron cuál consideraba el logro más importante de su carrera política. Respondió que no fue haber sido presidente, sino haber forjado -junto a miles- un partido que marcó a Venezuela, para bien, o para mal: Acción Democrática. Soy de esa escuela: el partido, no las personas.

La represión del gobierno y la estrategia de “la presión y el quiebre” debilitaron a los partidos. A todos. Hoy empiezan a reencontrarse con sus bases, pero el camino es muy largo y con una fuerte pendiente. Las malas estrategias pesan. No es que todo se revierte con una campaña de la “votomanía”, un discurso “unitario”, y famosos e influencers llaman a registrarse en la “app” cuando hasta no hace mucho, llamaron a la abstención y eran comisarios políticos. Las cosas no son “cuando me da la gana” y no vale la excusa de una vetusta izquierda que si “nos abstuvimos por la coyuntura”. Excusas para justificar un fracaso, que arrastró a todos. Hay que perseverar, y más en un sistema autoritario. No es un día esto, y al día siguiente otra cosa. Los partidos no la tienen fácil: construirse desde adentro, relacionarse entre sí, construirse frente al gobierno -lo que llamo el “respeto”- y ganarle con sus reglas en una elección, sea un 1998 venezolano o un 1988 chileno. Partidos + programa + capacidad de respuesta + elecciones + oposición en todos los frentes + lucha desde todos los espacios, es mi fórmula.      

Luego de la inhabilitación a Machdo, el discurso en redes sociales es de revivir la estrategia de “la presión y el quiebre” y volver a un 2019 en donde se le dio un cheque en blanco al interinato, ahora con una primaria ya no para escoger a un candidato sino para catalizar la “tormenta del instante” como escribió Carlos Blanco, asesor de peso en Vente y de Machado. O la tesis de Leopoldo López de la primaria para “movilizar a millones de venezolanos comprometidos para salir de la dictadura”. Es decir, otra vez el guion de 2018.

Inhabilitar a María Corina cataliza el debate dentro de la oposición y le da la ofensiva a la estrategia de “la presión y el quiebre” la que va a reclamar para si la primacía para conducir la estrategia opositora porque -será el argumento- la inhabilitación de María Corina muestra “el miedo de la dictadura” y si la inhabilitan es porque “no la quiere enfrentar porque entró en el carril electoral”. Es decir, se parte que Machado ya ganó la primaria, aunque ésta no se ha hecho, pero ya se da por sentado que triunfó. Es la líder de la oposición, empujada por las redes y por el gobierno.

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Aquí entra el punto anterior: María Corina como líder político y el nivel que tenga, pero también los partidos ¿Aceptarán que María Corina es la líder de facto de la oposición? Con lo cual no quiero decir que no lo sea o lo rechacen. Posiblemente sea el momento de María Corina. Lo que quiero decir es que se necesita una conversación entre Machado y los partidos (a los que dice “voy a barrer” y su público en tuiter delira por esto). Por eso el título de mi artículo: “la oportunidad para una estrategia”, porque hay muchos escenarios. Una buena politología o análisis no son 100 escenarios. Como el médico que sabe, con una mirada puede hacer un buen diagnóstico. Por eso prefiero irme a lo más macro, que es la relación de Machado con los partidos. Alguna comunicación debe haber. Capriles escribió un tuit para apoyarla, ella le respondió, cosa que no acostumbra. Mi punto es ese: algún tipo de comunicación hay que tener para estudiar una estrategia conjunta, sea ella la líder o no. 

A lo mejor ella sigue sola, gana la primaria, pero al final queda sin mayores apoyos, y no podrá inscribirse en el CNE. Si llama a la calle o a la abstención, posiblemente no acuda toda la oposición porque verá que actuó sola, sin tomar en cuenta a los demás. Un destino similar a lo que le sucedió al interinato, luego de su etapa de gloria 2019-2020. María Corina gana la primaria, lleva adelante una estrategia sin mayores apoyos; si la estrategia tiene resultados, refuerza su éxito; si no, Machado pasará como pasó Guaidó, hoy olvidado y criticado por quienes le llenaron “la Brión” en 2019. 

Pero puede ser otro escenario: los partidos de la plataforma unitaria -del G4 principalmente- y Machado conversan y acuerdan una estrategia común o pasos en consenso para responder al gobierno. O cómo competirán. A lo mejor aceptan competir en una primaria, pero con acuerdos para el post-primarias.

Un tuit de Superlano -para respaldar a María Corina- dejó ver que las inhabilitaciones no comenzaron con ella -el mensaje es algo como “bienvenida al club”- y que la competencia se mantiene entre los candidatos con miras a la primaria. No hay “primogenituras por ser inhabilitados” sino todos “estamos inhabilitados”. Ese es el piso para competir, y María Corina entró en esa liga, pero todos los candidatos se miden y el que gane recibirá el apoyo de todos sobre la base de una estrategia en común. Sería una escenario para analizar entre todos. 

Lo que quiero decir es que, a diferencia de 2019 con el interinato, ya no hay “cheques en blanco”. Por más que el aparato comunicacional de Machado construya que “ya María Corina ganó” y que hay como una suerte de plebiscito en donde hay que plegarse sí o sí o el “castigo” es el mismo de 2019 -los “colaboracionistas”- los partidos hoy pueden estar menos dispuestos a aceptar una estrategia impuesta que fracasará y el costo será para los partidos y para la oposición, más hundida y menos alternativa para ser poder. El sueño del chavismo.

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Lo que trae la inhabilitación de MCM puede terminar en una reunión de candidatos en donde pueden reconocer a Machado como líder, pero hay una estrategia negociada, o acuerdan competir y el que gane trabaje con una estrategia acordada por todos. Algo como unas “líneas generales de acción” que todos acepten y vayan a primarias, ya con un método acordado, para hacer una primaria representativa del país y no una chucuta como es el riesgo ahora por la no asistencia del CNE, no porque la comisión de primarias no lo desee. Si ella gana, deberán debatir si buscan un sustituto o van con Machado en una suerte de “estrategia de choque”. Recomiendo lo primero. O María Corina gana, pero sugiere su recambio y lo conversa con los partidos, para tener una estrategia coordinada. Hay muchos escenarios.

Por supuesto, lo anterior no resuelve el “problema de los problemas” que son dos estrategias incompatibles dentro de la oposición, que se han distanciado. Simplemente aborda una situación sobrevenida: la agresión contra una figura de la oposición que compite en unas primarias, que requiere ser respaldada más allá de sus errores estratégicos y tácticos. La respuesta no puede ser ignorar lo que pasa. Lo más real que veo en este momento a este nivel -el de las figuras de la oposición- es que Machado y los partidos abran un canal para conversar, para coordinar o, al menos, para respetarse.

El nivel de los partidos igualmente requiere conversación. Esta inhabilitación puede ser la oportunidad para un espacio común que termine en una estrategia. Los partidos deben proseguir en la ruta de participar en elecciones, de la que nunca debieron haberse ido. Reencontrarse con sus bases y pensarse hacia adentro y hacia afuera, igualmente frente al sistema autoritario ¿cómo actuar? Prepararse para ganar en 2024 -tal vez estudiar qué hizo en 2007, 2010, 2012, 2013, 2015, y 2021, sin atarlo a un proceso en específico que si “Barinas”- pero también para perder, reconocerlo, y estudiar cómo evitar ser una oposición que nunca llegue al poder, que es lo que el gobierno buscará. 

Los autoritarismos de hoy -un lugar común- son resilientes. No “hay por donde agarrarlos”. Están allí. Las oposiciones pueden ser para toda la vida porque los autoritarismos son líquidos. La oposición venezolana no la tiene fácil. Quizás la inhabilitación a María Corina pueda ser la oportunidad que se de la oposición para pensar en su presente y en su futuro.      



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