Connect with us

La Lupa

Campaña electoral: la movilización es lo que importa

El conflicto político permanente ha desgastado la credibilidad en muchos actores, sobre todo si estos terminan por confrontar diariamente a su adversario y se olvidan de que en una campaña se le debe hablar a la gente

Foto del avatar

Publicado

/

movilización

Caracas / Foto Portada: archivo.- En una campaña electoral, sea para unas primarias o no, lo que importa es la movilización. Más allá de un candidato, un nombre o una consigna, todo proyecto político requiere del impulso necesario para mover gente, trasladar la fuerza comunicativa en el ejercicio del voto. En Venezuela, esto es un desafío para los partidos políticos, ya que el abismo informativo es muy grande y la comprensión del contexto electoral se hace cuesta arriba. El conflicto político permanente ha desgastado la credibilidad en muchos actores, sobre todo si estos terminan por confrontar diariamente a su adversario y se olvidan de que en una campaña se le debe hablar a la gente.

Lea también: A siete días de la Primaria, Jesús María Casal llama a votar

Las emociones de la ciudadanía no siempre están a la espera de un discurso político. Es falso que la gente siempre está allí para votar. La abstención y el cansancio han estado presentes en los últimos procesos electorales en Venezuela. Cada vez es más notable la presencia de personas que no se identifican con nadie del sistema político, ni oficialistas ni opositores. El hartazgo es una evidencia clara de que las emociones políticas no están alineadas con los tradicionales discursos de cambio que se han venido manejando durante mucho tiempo. Jugar con el tiempo y las expectativas de la gente tiene un precio bastante caro.

La desatención llega en algún momento, como respuesta al “ahora sí”, “falta poco”, “esto cambió”, frases y consignas que refuerzan la frustración y que no se corresponden con la realidad política. Por eso es importante administrar las emociones y darle uso adecuado a las palabras en el transcurso de una campaña electoral, sobre todo en un entorno condicionado por la hostilidad, la incertidumbre y la ausencia de criterio estratégico. Muchos candidatos son víctimas de la emoción del momento, del triunfalismo y de la adulación que los rodea, para ellos la ilusión política está por encima de las realidades y de una estrategia.

Para ganar una elección en Venezuela no basta con comunicar lo que se quiere por las redes sociales y medios tradicionales, hay que moverse en todo el territorio nacional. La política presencial es vital en un país con limitaciones informativas muy grandes y una escasa cultura de verificación de contenidos. La confusión política es tan grande que requiere de conversación, explicación y un gran despliegue de maquinaria capaz de atender las necesidades logísticas de un proceso electoral. La oposición política venezolana debe asimilar que al oficialismo no se le derrota en una elección con la supuesta lógica del “como vaya viniendo, vamos viendo”.

El voto espontáneo está muy en duda en Venezuela. Contar con eso es sinónimo de ingenuidad en lo que ha sido el devenir electoral de los últimos años. La percepción del voto nunca es la misma, cada contexto político es diferente y muchas veces está condicionado a la disposición anímica que tiene la gente a seguirle el ritmo a los asuntos políticos. La esperanza, la alegría, la tristeza y la ira son emociones que movilizan o desmovilizan, dependerá de los actores políticos buscar las herramientas necesarias para dirigir cada una de ellas a sus objetivos electores y no sentarse a esperar a que los votantes lleguen.

Advertisement

La movilización electoral en cada elección se maneja de forma diferente, es un proceso que puede llevar mucha inversión de recursos, tiempo y trabajo en las estructuras partidistas, pero es un paso obligatorio para acumular la mayor cantidad de votos. No hay consigna que movilice por sí sola y cuidado con el que piense que los gritos movilizan, los gritos solo hacen ruido. Ganar una elección en Venezuela pasa por entender que la verdadera fuerza política está en la capacidad de amalgamar mayorías, de convencer a muchos con el mismo propósito de cambio.



Tendencias