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La Lupa

La oposición debe construir respeto político si quiere ser tomada en cuenta

El día 1-10-22 los gobiernos de Venezuela y de los EUA sorprendieron con un intercambio de personas sentenciadas por la justicia de cada país. Venezuela liberó a 7 norteamericanos, y los EUA liberaron a dos venezolanos. Este canje confirma que entre Venezuela y los EUA hay un canal de comunicación directo. Esto que hoy es un hecho lo traté en anteriores artículos para El Cooperante. Si es posible hablar de ganadores en un intercambio de detenidos, Venezuela y los EUA ganaron. El Norte reconoce que el gobierno de Maduro es con quien hay que hablar, que juega duro y sabe negociar. El segundo, logró liberar a 7 ciudadanos para afirmar la política de los EUA de lograr la libertad de norteamericanos detenidos por causas políticas. El intercambio sorprendió a la oposición. Mi hipótesis es que los EUA lo pudieron hacer sin consultarla porque no respetan a la oposición como fuerza política, así la apoyen frente a Maduro. La oposición tiene la tarea pendiente de construir el respeto interno y externo. El “lo hemos hecho todo” se agotó

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Caracas. El día 1-10-22 una noticia sorprendió a la opinión pública. En sendos comunicados los gobiernos de Venezuela y de los EUA informaron acerca de un canje de personas detenidas, quienes ya tenían sentencias.

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Venezuela liberó a 7 norteamericanos detenidos, entre los que están 5 de los “Citgo Six” y otros dos ciudadanos. Uno apresado en 2020 y señalado de formar parte de la operación Gedeón de mayo de ese año.

Los EUA aceptaron liberar a los “sobrinos de Cilia”, detenidos en 2015 y sentenciados con cargos por traficar con drogas.

Como siempre sucede cuando la realidad sorprende, en la opinión opositora comenzó el análisis tipo retrovisor. Del furor por la catarsis con Maduro y Cabello los dos esposados y vestidos con monos anaranjados rotulados con el DOC (“Department of Corrections”) al “la justicia no vendrá de afuera”. De “las sanciones obligaron a Maduro a sentarse a negociar con la oposición” a “esto confirma que Maduro y los EUA tienen un canal de comunicación, y Maduro no necesita negociar en México”. Quién entiende a esa opinión.

Creo fue el editor de Bloomberg para América del Sur quien, al dar la noticia sobre el canje de detenidos entre Venezuela y los EUA, tuiteó que era un “extraño intercambio”. Ciertamente lo es. No solo por lo inesperado -aunque se trabajaba en el tiempo, tal como lo señaló el comunicado del Departamento de Estado de los EUA con fecha 1-10-22- sino por la naturaleza de los detenidos y las causas que tienen.

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Antes de entrar en el análisis, veamos un poco quiénes son los liberados.

En el caso venezolano, las redes sociales destacaron un hecho evidente. El comunicado de la cancillería no identificó a los liberados. Solo habló de “dos jóvenes injustamente apresados” en los EUA. En la tarde del 1 de octubre, tipo 6pm, antes del noticiero, vi parte de un especial de VTV sobre la noticia del canje, conducido por Barry Cartaya. En la parte que sintonicé, el periodista tampoco mencionó los nombres. Es decir, fue “una línea” informativa del gobierno omitir los nombres de los venezolanos intercambiados.

El motivo no es tanto que los canjeados sean familiares de la primera dama, Cilia Flores, sino los cargos. En el gobierno hubo recato para decir los nombres porque es complicado justificar que se movió todo el aparato del Estado para lograr la libertad de dos personas sentenciadas por narcotráfico y familiares de los Maduro-Flores. Que no eran funcionarios del gobierno. Es difícil explicarle al país eso. Pero es más difícil hacerlo ahora que el gobierno quiere hacer de la lucha contra las drogas una carta para su aceptación “en el concierto de las naciones”.

Durante el acto con motivo de los 17 años del CEOFANB efectuado el día 29-9-22, el presidente Maduro pidió al reino de los Países Bajos que se “pusiera las pilas” para coordinar con Venezuela en el tema de las drogas. Es contradictorio justificar una liberación de dos personas sentenciadas por narcotráfico mientras se afirma que se lucha contra las drogas. El reino de los Países Bajos podrá decir que eso “no es ponerse las pilas”.

Al omitir los nombres, el gobierno admite los cargos por los que fueron acusados en los EUA y que son liberaciones nada heroicas. De ser su tía o Maduro, una vez que llegaron a Venezuela, me hubiera encerrado con los dos para decirles “sus cuatro vainas bien dichas”, solicitado a la fiscalía una investigación, y la detención preventiva de ambos, sin privilegios.

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En el caso norteamericano, los liberados son 5 de Citgo sentenciados por corrupción, y dos señalados por conspirar contra el gobierno de Maduro. En el caso de los de Citgo es un caso de corrupción, pero con aristas políticas.

Hay que recordar que fueron detenidos en noviembre de 2017. Sentenciados en 2020. En 2019 tuvieron el beneficio de “casa por cárcel”, que perdieron en 2020. En abril de 2021 de nuevo “casa por cárcel”, pero en octubre del año pasado otra vez a prisión. Luego del primer encuentro cara a cara Venezuela-EUA el día 5-3-22, el ejecutivo venezolano liberó a uno de los “Citgo Six”.

Aunque en su comunicado la cancillería señaló que “el sistema de justicia de Venezuela he decidido la liberación, por razones humanitarias(…)” de 7 estadounidenses, son casos políticos porque los de Citgo eran apresados y liberados, en función sobre cómo iban las relaciones entre Venezuela y los EUA. Trump recibió a Guaidó en 2020, y la retaliación fue contra estas personas de Citgo. Son políticas las detenciones porque los “Citgo Six” fuero las “bargain chips” del gobierno de Maduro con los EUA. Por supuesto, que sea un caso político, no excluye la responsabilidad de los liberados en los casos de corrupción en Citgo por los que fueron sentenciados.

Quizás un motivo para acelerar las conversaciones entre los dos gobiernos fue uno de los detenidos. En junio de 2022, intentó suicidarse. A los días, Roger Carstens vino a Venezuela para visitarlo. Esta persona fue capturada en 2020. Sus familiares señalaron que conocieron el intento de suicidio “por canales privados, no de nuestro gobierno”. Agregaron que “cómo le explicaré a su hijo de 13 años que su padre no va a volver a casa porque la Casa Blanca no pensó que salvarlo fuera lo suficientemente importante”. Tal vez esto obligó a acelerar el diálogo porque si este detenido hubiese fallecido en Venezuela -gracias a Dios no fue así, un soldado merece mayor dignificad como prisionero, y hoy estará con su hijo de 13 años- la noticia hubiera sido algo como, “¿cómo una potencia dejó morir a uno de sus ciudadanos detenido por causas políticas en las cárceles de Maduro?”. Biden hubiera cargado con eso toda su vida.

Es una política de los EUA lograr que sus detenidos vuelvan a sus casas, con más interés o menos interés. De hecho, Biden aprobó una norma para endurecer las medidas contra países que tengan a ciudadanos de los EUA detenidos. Pero no siempre fue así. “Missing” con Jack Lemmon y Sissy Spacek (1982), fue una famosa película sobre el caso real del periodista Charles Horman, asesinado a los pocos días en que Allende fue derrocado en septiembre de 1973. En la película, Lemmon va a Chile a buscar a su hijo “missing” y lo que encuentra en un peloteo y complicidad entre la dictadura de Pinochet y el gobierno de los EUA para no revelarle que su hijo fue asesinado y que los EUA lo sabían y lo permitieron.

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Así como en “Argo” (2012) -también basada en hechos reales- se observa cómo Ben Affleck –quien hace el papel de un agente de la CIA- dirige una operación para sacar de Irán a diplomáticos norteamericanos que estaban dentro de ese país en el furor de la Revolución Islámica de 1979. No siempre esa política funciona o es virtuosa. Está sujeta a los intereses políticos y de seguridad nacional de los EUA. Tristemente, tanto en Venezuela como en los EUA, la seguridad nacional está por encima de los derechos del hombre y del ciudadano. Hay una deuda pendiente para cambiar esa realidad.

En el caso venezolano, esta política de los EUA ha funcionado. No son los primeros que el gobierno de Maduro libera. Se recuerda una primera libertad muy noticiosa. El caso de Joshua Holt. Detenido en 2016 con su esposa venezolana y liberado en mayo de 2018. Cuando llegó a los EUA, lo primero que Holt hizo fue tener una reunión con Trump. Luego de la visita de la delegación de los EUA a Venezuela en marzo de 2022, el ejecutivo venezolano liberó a dos norteamericanos detenidos, entre los que estaba uno de los “Citgo Six”.  

Así que desde hace tiempo Venezuela y los EUA se buscan. Es uno de los temas que he trabajado para mis artículos en El Cooperante.

En junio de 2021, escribí sobre la entrevista que Maduro concedió a Bloomberg ese mes. El presidente señaló que no había comunicación con el gobierno de Biden. En ese entonces escribí que, “La parte interesante de la entrevista -los minutos más valiosos desde el punto de vista político a mi modo de ver- fue cuando el comunicador con mucha insistencia buscó de Maduro una respuesta a si está dispuesto a hacer concesiones para mejorar su relación con los EUA. Maduro señaló que no, ‘es juego trancado, Erick’ (si el gobierno hace concesiones iniciales). Entonces, el periodista al ver la rigidez de Maduro y con sinceridad le dijo, ‘usted sabe lo que busco, y quiero explorar si hay una ventana de oportunidades con los Estados Unidos’. Maduro respondió que la ‘ventana de oportunidades’ es que los EUA abra un canal de comunicación con el gobierno”.

En varios artículos posteriores presenté como hipótesis que los gobiernos de Venezuela y de los EUA tenían un canal de comunicación. En el artículo que escribí para El Cooperante con fecha 23-3-22 luego del encuentro Venezuela-EUA en Caracas, expresé que, “Por eso valoro y apoyo el encuentro entre las dos naciones, a pesar de las críticas. No espero que los EUA vayan a hablar por mí como venezolano –han dicho que no, que es un ‘diálogo entre venezolanos’- pero que tenga una comunicación con el gobierno del presidente Maduro es justificado porque podrán tratar de manera directa sus verdaderos intereses más allá de las posiciones que les reclaman desde redes sociales –y que se vieron con la reacción en contra del encuentro- y también la presencia de los EUA puede ayudar a que la oposición se organice un poco más y reduzca la dispersión”.

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Que exista este canal de comunicación entre los dos gobiernos -que muchos en redes sociales descubren ahora o no creían que existía, pero la realidad otra vez los volvió a aterrizar, para variar- me lleva al análisis. Muchos puntos podrían tratarse en el artículo, pero quiero destacar dos. Los más importantes. Uno para el gobierno y otro para la oposición.

Para el gobierno, lo que analizo -desde la perspectiva venezolana- es que el ejecutivo tiene fuerza. El presidente ganó puntos políticos. Hacia el chavismo, reforzará su fama de persona que los ha conducido en tiempos difíciles, el “conductor de victorias”. Que sabe lo que hace, que “juega duro”, y que es un buen negociador, con resultados.

Menos noticiosa ha sido la progresiva libertad de la tripulación del avión de Conviasa detenido en Argentina. Los últimos que quedaban en Argentina, fueron liberados el día 14-10-22.

Comunica un gobierno que sabe moverse en terrenos diplomáticos y que “lucha por los suyos”. Además, el gobierno de Maduro quiere comunicarle a los EUA que es uno que tiene palabra. Será autoritario, pero tiene una posición, tiene palabra, y sabe negociar. Es uno con el que se puede conversar seriamente. No es una guachafita. Hacia afuera, esto también es un mensaje a dirigentes políticos de países: “Maduro no es un bolsa”. Hasta Ernesto Samper lo reconoció. En una reciente entrevista a El País de España, el expresidente de Colombia admitió que también “subestimó” a Maduro y que le parece un buen negociador.

Pero hay una arista más política en el canje. La relación entre los dos países. No puedo asegurar que la liberación signifique que habrá nuevas conversaciones sobre otros temas. Básicamente es una transacción. El gobierno de EUA sigue viendo a Maduro como en el pasado. Como cabeza de un “gobierno forajido”. Negoció y logró el canje de sus ciudadanos. Podrá decirle a la familia del hoy liberado y que se quiso suicidar en junio de este año, “no fue como dijiste. La vida de tu hijo sí es importante para nosotros. Logramos liberarlo y ya está con ustedes”.

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Lo que sí creo que puede pasar es que ese canal de comunicación construya la relación política entre los dos países. Ninguno de los dos querrá cerrar la comunicación una vez hecho el intercambio. Los dos tienen interés en mantenerlo abierto.

Esa relación será difícil porque entran los intereses no las posiciones -para seguir la lógica del famoso libro de Fisher y Ury sobre negociaciones- el interés del gobierno de Maduro es ser aceptado tal como es. El interés de los EUA es promover una elección para que ese gobierno “tal como es” deje el poder, ya que no pudo derrocarlo. Son intereses contrapuestos, pero, si el canal de comunicación funciona a futuro, pudieran encontrar algo mejor al MAAN, para seguir con el lenguaje de negociaciones. El MAAN es “Mejor Alternativa al Acuerdo Negociado”. Hoy el MAAN en Venezuela -tanto para el gobierno como para la oposición- es el status quo, la inercia, que disfrutan a pesar de mostrarse como víctimas.

Si el canal de comunicación Venezuela-EUA opera, pudiera eventualmente dar algo mejor que la inercia actual. Pero hoy eso no es posible. Creo que las dos naciones construyen el respeto mutuo. Si marcha, posiblemente las dos avancen hacia la confianza mutua.

Esto me lleva al análisis para la oposición. No es lo que descubrieron los “corridos en 7 plazas” de tuiter que si “es nuestra responsabilidad el cambio político” o que los Estados tienen intereses y se dieron cuenta que los EUA son un Estado. Ese es un grupo que está muy bien con la “dolarización del régimen” y pueden darse el lujo de ser lentos para el aprendizaje político. Son beneficiarios de la inercia, aunque diga que “no cohabita”. A ese ritmo de estudio, vamos a ver en 2024 o en 2030 qué cosas habrá aprendido.

Tampoco es “la presión interna” -ya se olvidaron de la “externa”, porque “nadie lo hará por nosotros”- porque desde 2013 construyen la “presión interna”. Ya van 10 años teorizando sobre las “presiones”, pero nada en concreto, a pesar que la oposición interinato -promotora de esta idea- contó con apoyos que ninguna oposición desde 1999 jamás soñó tener. Ni en sus sueños más salvajes. Seguirán en la teoría y la fecha, ahora, la corrieron de 2019 a 2024 para, ahora sí, lograr el “quiebre en la coalición dominante”.

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Lo que el canje me deja como análisis para la oposición es que hay que construir el respeto. Tengo esta idea desde hace tiempo. Comencé a pensarla luego de ver cómo Uribe se comporta con Petro.

El expresidente -quien no es de mi agrado ni tampoco “es de los míos”- luego de varias reuniones con Petro, comunicó mensajes con buen olfato político y responsables. En la última reunión, Uribe comentó algo muy importante en la política: no estigmatizar. Cuando ganó Petro, Uribe tuiteó algo bien responsable: pidió a sus compatriotas no irse del país por el pánico que en sectores de Colombia causó la victoria del “comunista” Petro. Muy distinto a los dirigentes venezolanos quienes, con mucha irresponsabilidad, promovieron el pánico, aunque la situación de Venezuela en ese entonces no era nada cercana a la de Colombia. Era un desastre, pero destaco la responsabilidad y sagacidad política del expresidente. Por el contrario, hoy los dirigentes venezolanos se rasgan las vestiduras por la nueva política migratoria de los EUA con respecto a nuestros nacionales. Con el dramatismo que les encanta -y que les produce muchos aplausos en redes sociales- piden a los EUA revisar esa política. Estoy de acuerdo, pero preferiría la sagacidad y responsabilidad de Uribe al drama y a la irresponsabilidad de los políticos locales.

Por supuesto, Uribe se reunió con Petro no con un presidente chavista -Chávez o Maduro- que son maestros en estigmatizar y en humillar amparados en el poder que tuvo Chávez y hoy tiene Maduro. Así cualquiera es valiente. Pero vale el mensaje de Uribe luego de sus reuniones con Petro. Sabe de política, de verdad. Pero con los venezolanos de la oposición no lo aplicó. O si los aconsejó, no lo asumieron, cosa que tampoco descarto.

Igual con los gobernadores de los EUA que agarraron a migrantes de Venezuela y los llevaron a zonas de gobernadores demócratas. O Trump quien, en un acto de campaña, afirmó que Maduro orquesta una especie de “invasión de malandros” hacia los EUA. Rubio afirmó algo similar a pesar de estar “in our side”. 

Lo hacen porque lo pueden hacer. Porque no respetan a ningún dirigente de la oposición de Venezuela. Porque saben que sus respuestas serán “tibias” como fue con los inmigrantes así como fue con el canje. No les dan estatura a los dirigentes de Venezuela. Luego del canje, varios con fama de “duros”, con tuits muy educados que si “con el debido respeto” a los EUA. Y con “el debido respeto” los EUA volverán a hablar con Maduro si lo consideran, sin avisarles.

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Los EUA no sienten que tengan una oposición con nivel para consultarle esa medida u otras de peso. Lo hacen porque tienen que hacerlas en función de sus intereses como Estado, pero no sienten una presión o un deber político o moral para hablar con la oposición porque, honestamente, no creo que la vean con respeto. Al gobierno tampoco, pero lo ven con poder. Si no tienes poder, el respeto es una forma de poder. Hasta Bukele se dio el lujo de tuitear para enmendar la plana a sus “hermanos venezolanos”. Todo el mundo siente que lo puede hacer. El discurso de víctimas y lástima que adoptó e impuso cierta oposición le dio eco internacional, pero no respeto político.   

Primero hay que construir el respeto político. Y creo que la oposición abusó mucho del discurso de las víctimas y de la lástima, y algo como que el mundo tiene una deuda con Venezuela. El resultado de este discurso es una cómoda crítica desde tuiter, mientras se espera que el mundo -o los EUA- haga el trabajo que los venezolanos no quieren hacer porque “lo hemos hecho todo” y “es peligroso enfrentarse al chavismo”.

También es otro status quo: el de la víctima. A esperar que la justicia de los EUA lo haga -la imagen de los detenidos con la braga anaranjada que causa furor en cierta oposición en tuiter, a lo mejor menos- y ahora el desinfle porque también es llamativo que los EUA, país que puso un precio a la cabeza de Maduro más alta que la de El Chapo, por “dirigir un ataque contra los EUA vía narcotráfico”, acepte -con un perdón presidencial, nada más y nada menos, lo que implica lo importante que esta decisión fue para los EUA, Biden puso su prestigio en la balanza- liberar a dos personas sentenciadas…..¡por narcotráfico, aunque el tío de los liberados es un narco más bravo que El Chapo y un “clear and present danger” para el Norte, según los EUA! Este país también quedó entrampado con el discurso de la “corporación criminal”, en una época en que no pocos dentro de la oposición estaban en modo de “DEA Special Agent”.

Eso es lo que sucede cuando se quiere hacer de la política un terreno exclusivo entre “los buenos y los malos” o el famoso “lado correcto de la historia” que fascina a cierta oposición. Creo fue el poeta Havel quien indicó que desconfiaba cuando escuchaba hablar “del lado correcto de la historia”. También desconfío.

Pienso que el canje lo que le dice a la oposición es que el discurso de la víctima y del “lo hemos hecho todo” ya no es suficiente o se agotó. Ya no se le puede sacar más dividendos a ese discurso.

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En El País de España leí un artículo de Daniel Innerarity en el cual desarrolló la idea que la lucha política hoy es en las emociones, no en las razones. El filósofo político señaló que la izquierda no es buena en este terreno, mientras que la derecha sí lo es. Básicamente, porque la izquierda hace del goce de la vida una culpa y del gobierno “un catálogo de prohibiciones”, mientras la derecha “reivindica una vida más despreocupada y espontánea”.

La oposición que maneja el discurso de la víctima para hacer política justamente hace lo que el profesor español critica a la izquierda, si bien esa oposición no se define de izquierda: promover la “humillación paralizante”, aunque sus promotores disfrutan de la vida. Pero cualquier señal que se salga de su grupo o de su mundo, es censurada para producir la parálisis. No en balde son los primeros que atacan la expresión “Venezuela se arregló” no tanto en lo fáctico de la expresión, sino en lo que emocionalmente encierra: que buena parte del público siente un respiro (incluso ese grupo). Pequeño o grande, pero lo siente. Es inaceptable para esta oposición porque cuestiona el “paradigma” detrás. En palabras de Innerarity, “la represión no es el preámbulo de la liberación”, que es la apuesta de esta oposición. La famosa “explosión social” que “nos libere de la opresión”. 

Antes de seguir teorizando desde la comodidad de tuiter sobre la famosa “presión interna”, hay que construir en la práctica el respeto político interno y externo hacia la oposición de Venezuela. Todavía falta mucho por hacer.



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