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La Lupa

La oposición debe salir de su zona de confort y encarar las presidenciales

En lo político, a veces Venezuela es insoportable. Es una inercia en la que todo se repite. El gobierno vuelve con los discursos de las “empresas quebradas” por su incompetencia y pillaje, pero no las suelta. En la oposición otra vez el cuento de “no hay que esperar a 2024” ¿Quién ha dicho que “hay que esperar”? Se pueden tomar frases de 2015, se les cambia la fecha y se escribe 2022, y nadie se daría cuenta de la diferencia. Los sectores de elite pueden pagar el precio de la inercia para jugar a la política o a la “resistencia”. Hay dólares para vivir en el estatus quo y aparentar que no. Pero eso tiene un efecto no deseado: se pierde la tracción o la conexión con la sociedad. Para el gobierno es menos complicado tener tracción porque está en el poder. Para la oposición es más difícil lograr tracción, aunque la fórmula para alcanzarlo es sencilla: hacer política -sin “p” mayúscula o minúscula, ese no es el problema- y evitar dejar las cosas para última hora por temor “al qué dirán” en la redes sociales

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Caracas- No sé si quienes lean este artículo sienten lo mismo: la insoportable inercia de vivir la política en Venezuela. Cada cierto tiempo, todo se repite. El famoso “loop”. Maduro ooootraaaa vez vuelve con sus denuncias de empresas del Estado entregadas a gobernaciones, hoy quebradas por la incompetencia y el pillaje de funcionarios ¿Cuántas más faltan por quebrar para salir de esa repetición? o los videos de Chávez que toooodossss los miércoles aparecen en el programa de Diosdado Cabello. Videos de 2001 o 2012 sobre cosas que ya deberían ser una realidad o problemas superados, pero que se repiten una y otra vez como si el tiempo se hubiera quedado estático. Los problemas son los mismos ¿qué ha hecho el gobierno desde 2012 para superarlos? Uno ve el programa de Cabello y parece de oposición no del gobierno. Las críticas de Chávez siguen vigentes….pero el gobierno es del PSUV, no de la oposición.

Esta tampoco se queda atrás en la máquina del tiempo. Avanzada Progresista propuso una reforma a la constitución para reducir el período presidencial. Desde 2010, la enmienda se recicla cada cierto tiempo. Por su parte, el interinato, a través de las declaraciones de la Plataforma Unitaria del día 25-1-22, busca repetir el clima antes del 23 de enero de 2019: las asambleas para ver si el decaído gobierno interino vuelve a su mejor época. La fecha prevista es el 12-2-22. Por si fuera poco, los promotores del revocatorio respondieron con lo mismo de otros años una vez que el CNE declaró “improcedente” activarlo, “iremos a las instancias internacionales” u “otro elemento para el expediente de la CPI”. Pero hay más: volvió el “no hay que esperar a…” o “es una falta respeto decirle a la gente que hay que esperar a…”. La guinda de la torta es que otra vez se propone una constituyente. Cada cierto tiempo, todo se repite. Como dicen los norteamericanos, “Wash-Rinse-Repeat”. Así va la política venezolana. Por eso la insoportable inercia de vivirla. No hay nada interesante. Que buena parte del público no se sienta atraído por la política es más que justificado.  

Mucho antes de la llegada Chávez, una cosa que me impresiona de Venezuela es que las elites de cualquier signo nunca cambian. Uno ve a lo que llamamos “pueblo” cambiar, ajustarse, evolucionar para responder a una crisis, adaptarse, modificar sus patrones de vida, sudar la gota gorda. Pero las elites siguen igual. Casi o nunca modifican sus comportamientos. Mi hipótesis es muy sencilla: tienen mucho dinero y pueden darse el lujo de no cambiar. Las innovaciones solo son en el discurso. Hasta países aliados del gobierno de Maduro sugirieron en la EPU para Venezuela del día 25-1-22 que el ejecutivo puede promover derechos de avanzada, demanda que le hacen desde hace tiempo. Tenemos unas elites -de cualquier signo- de retórica muy “avanzada”, pero de acciones muy modestas.

En un sentido Venezuela fue afortunada en otros momentos de su vida. La alucinante cantidad de dinero que tuvo hasta la época de Chávez nos permitió vivir en una burbuja como nación frente al resto del mundo en donde la clase media, por ejemplo, tiene que decidir entre la universidad o ahorrar para un viaje al final de año, mientras tiene varios “turnos de trabajo” para tener esos ahorros y, de paso, pagar la hipoteca. En el pasado, nosotros como país con un turno de trabajo y en algunos casos hasta con ninguno -los famosos “reposeros” y los infaltables “certificados médicos”- pudimos viajar, comprar carro, casa, estudiar, los “estrenos”, comer bien, y de paso, ahorrar, todo al mismo tiempo.

Son los discursos que ahora emergen en tuiter. Casi todos proclaman “venir de abajo” y casi todos con la jubilación o el “sueldo mínimo” de los padres en ese entonces, pudieron hacer todo lo anterior y más, y todavía quedaba el famoso “real y medio”. Lástima que cuando la democracia de 1958 necesitó de esos testimonios para su defensa frente al ataque de Chávez con los “40 años” y el “puntofijismo”, pocos aparecieron. Se dejan ver 30 años después.

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Esa excepcionalidad como país la perdimos. Entramos en el “mundo de verdad”: múltiples trabajos, privaciones, angustias, y decidir entre bienes escasos. La economía de verdad: o pago el seguro médico o voy al restaurant. Para millones de venezolanos y venezolanas, hoy las dos no se pueden y hay que seleccionar una y, a veces, ninguna de las dos. Los “trade off” de la economía. 

La inercia es el signo de los tiempos de Venezuela. ¿Cómo tener tracción política con la sociedad, para que la política se mueva?

Para el gobierno es más sencillo tener tracción política. Desde el poder, las cosas son menos complicadas. Adelanta su operación “Mano de hierro” contra personas que están en actividades delictivas dentro de sus filas y en el Estado -para el PSUV son lo mismo, no hay separación entre el partido y el Estado- tiene las “3R.Net”, se prepara para el V Congreso del PSUV que se realiza cada 4 años, y en el acto para celebrar el 4F hecho el día 4-2-22 se traspasó el simbolismo de esa fecha desde la familia Chávez Frías y los “comandantes originales” que quedan -Arias Cárdenas, porque Urdaneta rompió con Chávez desde muy temprano-  a los nuevos herederos: Maduro y Cabello. Pero al mismo tiempo, comunica sus actividades de gobierno. Sus acciones remolcan la política.

Para la oposición es más complicado tener tracción política. No está en el poder. Desde 2017 abandonó el trabajo político interno que hoy retoma, aunque de manera muy discontinua. La oposición no es noticia política fuera de las redes sociales. Sus cosas no interesan o poco. Las palabras de Jorge Rodríguez en el CNE, por ejemplo, luego que pasó el día para recoger las firmas para activar un revocatorio, fueron ampliamente comentadas en las redes y fuera de ellas. En cambio, Bloomberg publicó una nota en la que afirmó que Guaidó propuso revisar sanciones antes de ir a México como incentivo para que el gobierno regrese a las negociaciones, información que desmintió en un tuit posterior, pero fuera de redes sociales y ni siquiera allí en su totalidad, tuvo eco en la opinión pública. Si no es por las personas que defienden al interinato que la comentaron, a lo mejor pocos se hubieran enterado de esa información. Hace dos años, una información de ese calibre hubiese sido “la” noticia y las redes sociales colapsado con un debate sobre la propuesta. Pero en 2022 ni siquiera llegó a ser TT en tuiter.

Esos son los problemas de la oposición. Se habla a sí misma pero no tiene arrastre en la sociedad ¿Cómo lograrlo, entonces?

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El interinato convocó para el 12 de febrero una actividad de calle para activar a las bases. Habrá que ver cómo la sociedad y el mundo opositor responden a esta convocatoria. En mi caso, no creo mucho en ese tipo de calle.

Si bien la movilización es válida, opino que esta ruta no rendirá los frutos para conectarse con la sociedad. Principalmente porque es repetir una receta de otros momentos: movilizarse para ver si la calle se activa. La receta no funcionó en el pasado para promover una crisis dentro del gobierno de Maduro, pero es un “Rosebud” de la oposición: el “asfalto” y las famosas “miles de protestas que ocurren todos los días” como eventos que por sí mismos producirán cambios políticos.

Además, “el asfalto” no significa realmente organizar a la sociedad. Una cosa es movilizar y otra organizar. La primera es consecuencia de la segunda. La primera sin la segunda es simplemente llamar a la calle, que es lo que se ha hecho para ver “si se prende el…”. Para movilizar a través de la organización, las fuerzas opositoras deberían tener presencia en el tejido social, gremios, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil; tener un discurso no insurreccional hacia las FAN ni tampoco “fresita” tipo “sabemos que ustedes pasan trabajo como los civiles”, pero tampoco tiene ese contenido. Se apuesta a la magia de la calle, pero no al laborioso trabajo político.

Si lo que se busca es “calle” ya existe una protesta. Gremios reclaman la reforma a la ley de registros y notarías aprobada por la AN que elevó las tarifas que hacen imposible cualquier trámite. Llevaron su protesta al TSJ ¿Convendría que la oposición política intervenga en esta protesta o es mejor dejar que la sociedad civil desarrolle su propio músculo con las movilizaciones que haga, sin intervención de los partidos?

Opto por la segunda opción. Que los partidos intervengan no es la mejor idea. No solo porque vivimos en un sistema autoritario que puede asumir una protesta civil como una insurreccional, que seguramente será el tono que la oposición política buscará darle como ha sido en otras protestas. Más bien debe interesar como objetivo político que la propia sociedad madure sus intereses como “grupo en sí y grupo para sí” en términos de sus luchas civiles. Algunos pequeños pasos se han dado desde 2020 con el tema de la observación para designar al nuevo CNE. Lo ideal sería que se pudiera replicar con el proceso para designar a los magistrados del TSJ, del inspector de tribunales, y del director de la escuela de la magistratura, o estimular a la sociedad a que presente las observaciones que tiene sobre la ley de registros y notarías una vez que el diputado Vielma Mora expresó que hacen seguimiento a las críticas a la ley, a pesar que fue promulgada el día 16-12-21.

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También habría que buscar áreas de mayor incidencia y que puedan ser de interés para el país. Una es la consulta a la sociedad que la constitución manda a que la AN haga cuando discute un proyecto de ley. El parlamento aprobó 38 leyes en 2021 ¿Se hicieron consultas públicas amplias, restringidas a ciertos públicos, o no se hicieron? Es un asunto que la sociedad puede reclamar como una manera fortalecer su propio músculo ¿A quién consultó el parlamento para la reforma a la ley de las grandes transacciones financieras sancionada por la AN el día 3-2-22?

En lo político lo que da tracción con la sociedad son las elecciones, aunque a muchos no les guste escucharlo. No veo otra cosa real, concreta, con esa capacidad para tener tracción. Regresó, ooootraaaa vez, el “no se puede esperar”. Aunque no sé quién afirmó que “había que esperar hasta 2024”. Una frase similar se dijo en 2015 antes de las elecciones al parlamento. Tampoco nadie dijo “hay que esperar a diciembre de 2015”. A quienes expresaron en ese año que había que trabajar para ganar la AN, le respondían que era “una falta de respeto esperar hasta diciembre”. Llegó diciembre de 2015. La MUD ganó. No pocos de los que fueron al parlamento eran de quienes expresaron “no se puede esperar”. Pasaron 7 años. En el camino se hizo otra elección para la AN -la de 2020- y dentro de 3 años viene una nueva elección. Lo único que se les ocurre a los críticos de las elecciones es desempolvar la frase “no se puede esperar” aunque esperan una crisis dentro del gobierno para no se sabe cuándo.

La fecha de 2024 es fija. El CNE la puede cambiar en función de las necesidades del sistema autoritario. Hoy pienso que serán en 2024. No sé en cuál mes. Como las regionales a pesar de la abstención, las presidenciales generan tracción en las personas y les da a los partidos una razón, un algo de donde agarrarse para hacer política y comunicar sus ideas a los ciudadanos. Además, esta elección tiene el poder para decidir y cambiar un determinado orden político.

Por supuesto, no es “esperar” a que llegue 2023 o 2024 para hacer lo que no se hizo a partir de 2022. Un discurso político también ofrece tracción porque se diferencia del mensaje oficial. Por allí también se puede comenzar. Con contenidos que comuniquen un programa, una visión de Venezuela -ahora que todo el mundo está en una onda “nacionalista”- más allá de consignas que se repiten año tras año pero que no tienen resonancia en la opinión pública.

Habría que atreverse a romper con los guiones políticos que se repiten. Salir de la famosa “zona de confort” y qué mejor manera para hacerlo que asumir la elección prevista para 2024 no como una fecha establecida a la que “hay que esperar”, sino como una fecha que supone varias estaciones en tiempo presente para llegar a un futuro. Esas estaciones son hablar a la sociedad con un programa, estimular a que las organizaciones civiles construyan su propio músculo de protesta y movilización frente a temas que afectan a sectores, y promover un clima que una alternativa se construye desde ya, con trabajo constante, con todo lo que eso significa desde el punto de la organización política.

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Es la manera que observo para que las fuerzas opositoras puedan conectarse con el pueblo. No esperar al último momento para actuar o decidir un curso de acción. Eso es “esperar” aunque se haga mucha bulla con la calle y sabrosas arengas desde redes sociales. “No esperar” es organizar con sentido político un presente con una meta en el futuro. “Organizar” puede sonar a lugar común o a nada intrascendente. Pero hace la diferencia.

Betancourt y Mandela valoraron la importancia de contar con un partido para que un programa político perdure en el tiempo, los que fueron AD y el CNA respectivamente. No tener un partido político organizado aleja las posibilidades de mantenerse en la política. La historia de Václav Havel, como presidente de Checoslovaquia luego de la caída de la URSS, es una buena evidencia. El escritor no estuvo interesado en crear un movimiento político. Havel es muy recordado y respetado en su país y en el mundo, pero no dejó huella para trascender con un programa político, luego de su muerte. No le interesó tener una maquinaria política. Aunque criticadas en Venezuela, una maquinaria establece vínculos y tracción con la sociedad. La oposición puede considerar trabajar para temer una verdadera maquinaria política.

Así se podrá superar la insoportable inercia de vivir la política en Venezuela, y se logrará tracción política. 



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