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La Lupa

La oposición en su dilema

Con la detención del dirigente de VP, Freddy Guevara, el gobierno persigue descabezar a esa partido y a la oposición G4, o forzar un deslinde de lo que percibe es una estrategia insurreccional. Para la oposición toda, aunque más para el G4, es un dilema porque la pone a decidir forzada por una acción del gobierno, cuando debió ser un análisis de la propia oposición. Más allá de lo que el gobierno haga o diga, es evidente que la estrategia que sigue la oposición desde 2013 -con la excepción de la campaña para la AN de 2015- es un fracaso. La oposición está en una situación similar a la de 2005, solo que una parte de ella tiene recursos y el “reconocimiento de 50 países”. Pero internamente, está en el camino de la ineficacia e irrelevancia política. Es un dilema peliagudo porque la oposición no puede entregarse a la presión del gobierno ¿Cómo recuperar una ofensiva autónoma con una estrategia propia, viable y ganadora? Es la pregunta para toda la oposición. En este artículo analizo el dilema, pero no tengo respuestas porque la situación es bien complicada

Foto: @Presidencia_VE

Caracas/ Desde el mes de junio, el gobierno tejía lo que terminó -o quizás sea el comienzo de un nuevo “crackdown” del ejecutivo- en la detención del dirigente de VP, Freddy Guevara. En un artículo para el portal de la casa, El Cooperante, con fecha 6 de julio, asomé la posibilidad que el gobierno no prosiguiera con los limitados gestos políticos. En el artículo escribí que, “Este es el problema para Maduro ¿Hasta dónde llegará la limitada apertura? ¿Las denuncias de Maduro hechas desde los ascensos militares en la Guardia de Honor el día 2-7-21 indican que el gobierno llegó a su límite, y no habrá más concesiones(…)?”. 

La detención de dirigentes de VP ¿La hizo para evitar que la oposición defina una “coordinación estratégica” de cara a las regionales y municipales, para descabezar cuadros dirigentes de VP y golpear a este partido, porque no está seguro cómo votarán los que asistan el 21 de noviembre, para enviar un mensaje y disuadir protestas como ocurren en nuestros países y el turno le tocó a Cuba; como coletazo a la respuestas de las bases en el proceso de postulaciones del PSUV, o porque se acerca la hora de sentarse a negociar con el G4 y lo quiere evitar? Todas las hipótesis caben. Tal vez sea una de ellas o sea “de todo un poco”. El hecho es que la represión contra figuras de VP no fue de repente. Al ejecutivo hay que seguirle los pasos en el tiempo para tratar de inferir sus motivos. Una primera señal envió Maduro el 18 de junio, al hablar que se buscaba “manchar” el 24 de junio.

Aquí viene la parte desagradable para quienes hacemos análisis. Áspero para quien los lee. Me gustaría tener el estilo arenga o consignas que encantan en tuiter. Al fin y al cabo, uno de los efectos no deseados de las redes sociales es que las personas creen lo que quieren creer. La tecnología permite construir un mundo de fantasía, que no existe, pero confortable. Muchas mentiras se repiten aunque se aclaran que no son ciertas, pero igual se repiten. Es como un furor por imponer una realidad aunque no exista. Lo que interesa es confirmar lo que se cree -el hoy famoso “sesgo de confirmación”- para convencerme que estoy “en el lado correcto de la historia”. En esta situación, no es el análisis sino las arengas o consignas, las que van a persuadir. Aún con esa inmensa desventaja, me quedo con el desagradable e impopular análisis.

También me gustaría ofrecer las solidaridades pro forma de las redes sociales. Son un condicionamiento clásico. Suena la “campanita” de la represión del gobierno, y automáticamente, “mi rechazo a….” y “mi solidaridad con…”. No dudo de esas solidaridades no automáticas pero sí necesarias para quien está en un brete. Dan ánimo en un momento de extrema soledad, que es frecuente cuando se lucha contra una forma de gobierno autoritaria. Pero en mi visión, estamos en política, y no son afectos, sino cuestiones del poder sobre la vida de otros lo que está en juego. Es la eficacia lo que cuenta. Muchas solidaridades me parecen hipócritas. Varios de los “solidarios” de hoy critican en público a Leopoldo López o a su esposa, por ejemplo.

La estrategia de López me parece un monumental fracaso, con un altísimo costo para la oposición y para la gente. Desde mi espacio como analista porque no estoy en el terreno político, la adverso desde que apareció en 2013. Pero la impuso a lo que hoy es el G4. Igualmente me siento muy lejano al G4, pero principalmente de quienes lo apoyan en redes sociales. Considero que le han hecho un daño importante a la oposición. Para usar sendas expresiones de una figura muy admirada en el mundo G4 y de las elites, el padre Ugalde, han ayudado al retroceso de la oposición con su “inactividad radical” y sus “denuncias impolutas” –porque se creen “impolutos” frente al resto que no comparte sus equivocadas y costosas estrategias- pero una cosa que se aprende en política es separar a la persona de la crítica a una estrategia en público. Es decir, si tuviera algo que decirle a López o a su señora, buscaría “decírselos en su cara” ¿Se lo han dicho a López en el G4, intimida tanto que es mejor “pasar agachao”, o todo el mundo espera que él mismo se cocine, dentro del “maquiavelismo”?

En temas políticos, lo que se evalúa es una estrategia. La de López es un desastre, con altísimos costos para toda la oposición. Pero la política no es un “reality” en la que famosos nos dicen con un cartelito, “Critiquen a López” para luego sacar otro, “Sean solidarios con López”. Otra “sospechosa habitual” de este perverso juego en las redes sociales de la oposición es la rectora de la UCV, Cecilia García Arocha. Una cosa es criticar su gestión y otra hacerlo de una manera, que si el gobierno quisiera actuar en contra de ella, Diosdado Cabello podrá llenar varias carteleras de “El mazo” con solo tuits de cuentas de la oposición para justificarlo. Con ese malévolo juego, la oposición también construyó su propia falta de credibilidad y hoy buena parte de la sociedad nos ve con indiferencia.

No cuestiono el famoso -junto a “mi derecho a ser feliz”- “mi derecho a cambiar de opinión”. Caramba, pero una cosa es cambiar de opinión y otra no tener sentido del momento político que se vive, y actuar con tal irresponsabilidad, que afecta a todo un grupo. Son cosas distintas. A muchos “cambia de opinión” habría que decirles lo que Cabrujas escribió en su conocido ensayo “El Estado del disimulo”. El dramaturgo habló de Venezuela como un hotel, y como todos, tiene detrás de la puerta su “cuadrito con las condiciones”. A los “mi derecho a cambiar de opinión” habrá que decirle como el hotel de Cabrujas, “este es su hotel, disfrútelo, pero no joda tanto” ¡Cómo “joden”, caramba!

Es irónico. El G4 y sus defensores, al que no compartiera sus puntos de vista, lo estigmatizaron como “colaboracionista” o “sospechoso” con el rabioso aplauso de sus masas digitales. En vez de dirigir y persuadir -es decir hacer política, y hablar “unitario” como hoy lo hacen, a pesar de su falta de credibilidad- buscaron imponer, amenazar, y manchar. Construyeron un clima de incordio tan grande, que hoy se les devuelve. Sus masas hoy les espetan que son “colaboracionistas”. El clima irritante que promovieron fue tanto, que un titular de Bloomberg recoge sus consecuencias, “With Guaidó defeated and on the run, Caracas sinks into silence”. Un duro titular, pero revelador del clima de hostigar promovido por varios que hoy pasan por “sensatos, unitarios, y voces de la conciencia nacional”, quienes como si nada, reclaman la reacción en redes sociales ante las detenciones de la policía política del gobierno. Tampoco estoy en la “onda soviética” de “pedir disculpas” en política porque “nos hace más humanos”. No estoy en esos “juicios populares” camuflados de falibilidad, pero sean más responsables, caracha. 

Mi solidaridad con la militancia y estructuras de base de VP. Respeto a la institución de los partidos –tan importante como las FAN- y no es fácil ser partido de oposición y militar dentro de una forma de gobierno autoritaria, con todas las desventajas y probabilidades en contra. Se requiere mística y compromiso para eso. Hacia los dirigentes de VP, pienso que deben hacer una seria evaluación de su estrategia, que ha fracasado una y otra vez. También hay una responsabilidad política por eso. Creo fue Santo Tomás de Aquino quien reflexionó, para decirlo en un lenguaje de hoy, que si se quiere enfrentar un gobierno autoritario hay que pensar si lo que se hace resulta en que se envalentona a esa forma de gobierno y obstaculiza el avance de quienes buscan la apertura. La estrategia de los dirigentes de VP logró justamente eso: envalentonar al gobierno y obstaculizar a quienes buscan una democracia tal como la define la constitución, con sus límites al poder.

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Aunque el “periodismo G4” y todo el círculo de famosos, influencers, ect de ese grupo trata de imponer que nada es comparable hoy para que solo se hable de las “líneas” que esos grupos “bajan” en redes sociales, me luce que los dirigentes de VP están en el “putchismo” de AD entre el 1948 y 1953, de la lucha armada de los 60, o como la oposición en 2005. Tantos historiadores amigos que tiene el G4, que pudieran explicarles si esa tesis es viable en la Venezuela de hoy, y que están más cerca del “putchismo” que de una “lucha por la Independencia” que es lo que creo tienen en su mente. En sus fantasías, piensa que están en 1815 pero realmente están en 2005. 

Con los dirigentes detenidos y señalados por el gobierno, rechazo que estén presos, y me pongo a la orden de ellos y sus familias, con espíritu crítico y político. El gobierno parece que olvidó el artículo 49 de la constitución que debe seguirse con los señalados. Este artículo fue promovido por el actual gobierno cuando se debatió la constitución de 1999, como respuesta a lo que señalaron eran los abusos de la DIM que “desaparecía” gente en la madrugada. Hoy, las policías políticas del ejecutivo “desaparecen” gente a plena luz del día o presentan a detenidos como el caso de Guevara, en la madrugada. Un tribunal en la madrugada es sencillamente la justicia de las dictaduras. 

La larga –y necesaria- explicación anterior, porque la situación ahora me parece más grave para la oposición en general, y para el G4 en particular. Lo señalado por Jorge Rodríguez -aquí viene la parte desagradable para el analista, me gustaría despacharlo como en tuiter, con un “Jorge Rodríguez es Goebbels” y recibir una “standing ovation” por eso- es distinto a otros años. Si los chats presentados por el diputado de la AN son un montaje, desmentirlos no puede limitarse a un retuit de un tuit de Whatsapp que señala que sus comunicaciones no pueden descifrarse, o un artículo de una “gran pluma”. Tampoco pueden despacharse con un “He dicho” de algún famoso de tuiter o influencer conocedor del tema de las redes sociales. El “He dicho” solo llega a tuiter y solamente a los convencidos. El G4 debió, inmediatamente o al día siguiente, ofrecer una rueda de prensa con diversos expertos para desmontar lo dicho por Rodríguez si efectivamente es un montaje. No será transmitida por los medios, pero sí por redes sociales. Políticamente será más eficaz que el tuit o hilo de algún famoso “He dicho”, que solo llegará a los “amigos de la casa”. Hay que alcanzar al país, no a los amigos. La oposición carece de un sentido de formalidad tremendo, que es un recurso clave para oponerse a una forma de gobierno autoritaria. No será con la improvisación o con chácharas de “los amigos de la causa” como se enfrenta.

La preocupación que tengo desde hace tiempo es que la oposición van en camino de ser irrelevante desde el punto de vista político y de cara al país, así exista nominalmente y tenga puestos de poder. No solo por la acción autoritaria del gobierno, sino por la propia decisión de quienes dirigen a la oposición y sus círculos, cuya única estrategia parece ser esperar a que “pase algo” mientras construyen “las negociaciones”. Ya son parte de un status quo. Se dolarizaron, viven bien en general, son celebridades, comparten los mismos mundos con sus pares reforzado por la restricción de la pandemia, se felicitan, se saludan, se citan, y se invitan entre ellos en sus ambientes particulares; el propio mundo para los “sesgos de confirmación” y otro que tanto citan –claro, siempre para los demás- “efecto Dunning-Kruger”. Salir de ese status quo ya se ve que es un problema para la oposición, y corre el riesgo de ser solo una oposición nominal, de los “denunciantes impolutos” y “radicales inactivos” de los que habló Ugalde. El sabe lo que dice porque viene de allí. También “vino del futuro”. 

Si me atengo a la actividad que Maduro tuvo con partidos de oposición que están en la AN el día 12-7-21, pensaría que revive el clima de septiembre de 2019 cuando se instaló la mesa de La Casa Amarilla -lo que el mundo opositor “impoluto” llama despectivamente “la mesita”- e, incluso, revivir el clima de del 10 de abril de 2014, cuando en ese mismo salón de Miraflores -creo el Salón Ayacucho- se dio el encuentro entre la MUD y el gobierno. El ejecutivo aviva ese clima para llevar a la oposición a una situación dilemática, sea porque quiere descabezarla de una vez o porque busque forzar un deslinde adentro. 

La oposición regresa a un punto de definiciones, pero ahora presionada por hechos en los que parece haber alguna base: ciertos dirigentes mantienen la vía insurreccional como opción o posibilidad. En sencillo, el problema para la oposición es si deslinda de esta agenda y reconoce al gobierno, lo que no es ni política ni moralmente aceptable, al menos en las condiciones actuales y no puede hacerlo de manera unilateral porque el gobierno debería reconocer a toda la oposición. Para eso exploran negociar. Tampoco es viable y posible frente al público opositor y del G4 en particular, que no lo aceptará con toda la razón.

El riesgo para la oposición, entonces, es extinguirse poco a poco, ser residuales aunque con dinero de un “presupuesto”, y ser sobrepasados por actores políticos, sin importar si son reconocidos o no, si tienen legitimidad o no. Ese es el dilema de la oposición en general. De otro modo, se salva a VP o se deja que el gobierno la descabece. Por supuesto, la respuesta es salvar a VP. Pero el problema persiste: cómo evitar extinguirse o ser irrelevante al seguir una estrategia que no funciona. Guaidó -como Maduro- luce muy genuino en persistir en la estrategia de la “presión”. No la va a cambiar. Como Maduro, también está en su zona de confort, y puede pagar un precio, más alto que el gobierno, pero puede hacerlo porque los costos para su grupo no serán tan altos como para el público opositor “de a pie” que no tendrá dirección ni coordinación, táctica o estratégica. 

La solución no es fácil porque estamos en una situación de “juego trancado”, de “estrategias no cooperativas”; una especie de “equilibrio de Nash” en donde es imposible o no hay “incentivos” para cambiar las estrategias adoptadas por cada “jugador”.

El gobierno plantea unas condiciones para ir a México imposibles de cumplir para el G4. Este sigue como si nada en una estrategia que lo anula, salvo que la “procesión vaya por dentro” en cuanto a participar en noviembre se refiere. Pareciera que el resultado será una situación similar a la de 2020, en peores condiciones para la oposición. El gobierno no obtendrá lo que quiere -abordar el tema de las sanciones- pero como Maduro le dijo al periodista de Bloomberg, “no estamos solos en el mundo”. Quizás la “apertura a lo Maduro” será más amplia. Tal vez tome nota del descontento que hay en Cuba, y buscará evitarlo en Venezuela. Eso pasa por una gestión más competente, que no es el fuerte de Maduro.

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Pero lo anterior son asuntos que el gobierno y los chavistas deberán decidir. Es en la oposición en la que hay que tomar decisiones. No se le puede pedir a Guaidó -también me siento muy distante a su visión, como diría Betancourt tan citado por la “Venezuela respetable” de redes sociales, el dirigente de VP tienen una visión “periclitada”, monótona, vacía, que apuesta a que tendrá éxito solo por “porfiar”- que entregue al G4 a cambio de unas inciertas negociaciones en las que el gobierno va con más fuerza, como se vio en un “proxy” de una negociación en la actividad del día 12-7-21 entre el gobierno y los partidos de oposición en la AN.

Algunos diputados opositores que asistieron a ese encuentro dijeron cosas interesantes, aunque no haya parecido. Uno habló de las expropiaciones. Maduro respondió pero no escuchó, se acaloró en la respuesta, se dio cuenta, y dijo, “disculpen, es que me emociono con estos temas”. Maduro siempre desafía, “si quieren, envío al ministro de agricultura al parlamento”. Pero no escuchó, no fue capaz de decir o mostrar algún atisbo de la auto crítica que tanto pregona, solo elogió a los “picos de plata” de la oposición que parece le encantan. Bueno, no solo a él. En tuiter también los “habla golpiao” son una sensación para los cómodos tuiteros. A los diputados que fueron también les faltó la famosa “coordinación estratégica” porque pudieron atajar el reto de Maduro, y decirle, “sí, que venga al parlamento, también Delcy”. Tipo Florentino y el diablo. Les faltó el avispao venezolano. Al desafío, responderle con otro, como el espinito, “que da brisa al que pasa, y espina al que lo menea”. Si eso pasa con la oposición que el gobierno reconoce, como se dice en la calle ¿qué quedará para la oposición que no reconoce? Aunque Jorge Rodríguez afirmó el día 13-7-21 que tienen meses hablando -preguntó a los presentes en la rueda de prensa, “¿de dónde creen ustedes que salió el CNE?”- y Gerardo Blyde señaló que el diseño para las negociaciones actuales, “es más robusto” que los diseños de negociaciones previas. Si es así, habrá que ver qué acuerdan cuando lo informen a la opinión pública.

El punto intermedio pudiera ser revisar la estrategia sin anuncios o cambiarla con discreción -al menos en sus declaraciones, es lo que Freddy Guevara comunicaba- o dejar que el pueblo opositor decida, que es lo que dejó ver la noticia acerca de la firma del documento de “salvación nacional” el día 5-7-21.

Hubo un párrafo políticamente importante de lo publicado en notas de portales oficiales o del periodismo G4. El párrafo en cuestión dice que:

“De igual forma, la unidad política acordó, abordar y decidir sobre las venideras elecciones regionales y municipales. ‘Dejaremos abiertas las vías para que estos disensos puedan expresarse aun en el caso de adoptar una política aprobada con respaldo mayoritario, cualquiera que ella sea. Participando o no en dichas elecciones, nuestra respuesta será siempre unidad, unidad y más unidad, como lo reclama el pueblo”.

En esta declaración se admite que puede haber disensos en la decisión que el G4 tome, y acordó dejar “abiertas las vías para que se expresen(…)aun en el caso” que se apruebe -de acuerdo a la trayectoria del G4, es lo más probable- no participar en las regionales y municipales. A diferencia del pasado, parece que el G4 no estigmatizará a quienes decidan participar en los comicios de noviembre.

No todo queda aquí. El G4 se planteó el tema del revocatorio e, incluso, una constituyente. Lo reflejado en los portales cercanos al G4 destacaron que, “Igualmente, consideran tratar las propuestas de Referendo Revocatorio Presidencial y Asamblea Nacional Constituyente, iniciativas que están inscritas en la búsqueda de salidas constitucionales basadas en la participación ciudadana, ‘de manera que ellas puedan no ser excluyentes de otras políticas en marcha. Ello será decidido oportunamente, en atención a las circunstancias concretas, pero unidos”.

Puede ser la propia evaluación del G4 o la presión de las bases, pero el grupo Guaidó considera elecciones. Algún tipo. Quizás una solución a este peliagudo dilema que no parece que haya un ganar-ganar, sino “lo menos malo” como sucede con frecuencia en política -otra lección que tal vez nuestros que “tienen kilometraje” aprendan forzados por los hechos- es dejar libertad de conciencia al pueblo G4 para que decida si votará a o no, y mejorar la oferta de quienes vayan por la oposición a las regionales y municipales.

Por supuesto, esto traerá otro serio problema que será el de las candidaturas y las alianzas. Pero puede dejarse solo en plantear el tema de la libertad de conciencia, sin meterse en el tema electoral, y dejar que opere la “economía del voto” o algo como una “teoría del voto correcto de Condorcet”. En sencillo, que lo que no puedan resolver los políticos o la política, que lo resuelva el pueblo opositor. Tal vez con esto la oposición pueda hallar el punto intermedio que le hace falta, y salir de su más fuerte adversario: una errada estrategia que está en una cómoda inercia o, para volver a las palabras del padre Ugalde, dejar su “inactividad radical” en la que está y como que muchos quieren quedarse allí con el cuento que están “en la resistencia”.



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