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La Lupa

La oposición: la hegemonía se definirá en los hechos

Aunque hay mayor elegancia para las críticas entre los grupos de la oposición, la idea que los movimientos opositores pudieran tramitar sus diferencias se desvanece, y regresamos a 2014: “cada quien en lo suyo”. Cada tendencia dentro de la oposición empuja su estrategia sin chocar con los demás grupos. Lo ideal sería que el “cada quien en lo suyo” resolviera el problema que tiene la oposición desde 2013: la hegemonía ¿Cuál grupo o alianza tiene la legitimidad para adelantar una estrategia? Las regionales y municipales ayudarán a aclararlo, pero el camino de una oposición viable y que sea alternativa al gobierno es largo y será por capítulos hasta que en los hechos uno de los movimientos sea el que articule a los otros, o reciba el apoyo de la sociedad venezolana que busca una alternativa al gobierno, o su destino será seguir en el “cada quien en lo suyo” con lo que nunca será poder. La hegemonía en la oposición se construye en los hechos

Foto: @Presidencia_VE

Caracas. Mis análisis sobre la oposición no aciertan mucho. Mi reflexión original es que las diferencias se llevan con mayor nivel político -sin ataques abiertos entre los grupos- y aunque esto se mantiene, hoy me parece que regresamos a 2014, con la lógica de “Cada quien en lo suyo”, pero en versión de 2021. No vislumbré este escenario. Pensé que las diferencias se trabajarían a lo interno. No ha sucedido. O no lo noto.

Lo que observo es una lucha elegante entre dos visiones. Una incremental, de ganar terreno que es la de Capriles, quien comunica estar más centrado, más curtido como figura política; y la visión de Guaidó que busca mover para su estrategia el clima que hay para las negociaciones, con el mismo discurso de la “presión”, y construirse como la oposición que tiene la fuerza, la reconocida, ahora con el discurso de la “Salvación nacional” y la “Ruta por Venezuela”. Desde redes sociales se trabaja para empujar que la oposición G4 sigue en el liderazgo. Incluso, liderazgo aceptado y reconocido por personas que pertenecieron al mundo chavista.

En la oposición hay varios niveles de análisis. Comencemos por el más sencillo. Los grupos que se sienten fuera del “mainstream” o son grupos autónomos. Son dos segmentos.

El primer segmento son los movimientos para quienes las regionales y municipales no son el eje político. El día 25-5-21 María Corina Machado ofreció unas declaraciones en los términos de siempre: cualquier actividad política que implique actuar en el marco de una forma de gobierno autoritaria, ya califica de “sospechosa” e ineficaz porque quienes actúen con esa lógica, “serán rehenes” aunque tengan “espacios” (gobernaciones y alcaldías). No hay nada nuevo en este mensaje. Es la carta de Machado: “no me ensucio las manos como los demás” y su apuesta es capitalizar y crecer en el clima de opinión de la “oposición indignada” la que, cómodamente, habita en redes sociales.

Apareció un grupo que busca promover el revocatorio con una integración variopinta que va desde Pérez Vivas a Evans. Es el grupo que buscará capitalizar con el revocatorio. Habrá que ver qué puede lograr y que actores sumará o movilizará, pero es un grupo que también busca “que lo tomen en cuenta” y el recurso será “ser los padres del revocatorio”. En tuiter, algunos famosos e “influencers” le hacen un guiño a esta propuesta dentro de la lógica opositora –que debería revisarse porque no ha funcionado- de “caminar y mascar chicle al mismo tiempo”.

El otro segmento es tributario del G4-Guaidó pero al no funcionar la estrategia de la “presión y el quiebre”, redefinen su posición en la política. Se mantiene como segmento porque su apuesta es que la suerte política le vuelva a sonreír, como pasó antes. En 2017 no funcionó la estrategia de entonces –“Ucrania”- y este sector bajó el perfil hasta que en enero de 2019 el viento político sopló a su favor. Hoy no es así, pero espera que la Fortuna lo favorezca nuevamente. Por eso espera con la “Salvación nacional” y la “Ruta por Venezuela”, en la idea que en algún momento serán catapultados al poder político. Además, es un grupo dolarizado y puede darse el lujo de esperar. La paciencia se mide si estás dolarizado o no.

Integran este segmento los famosos, “influencers”, y para las elites opositoras, las nunca bien ponderadas “caras que le dicen algo al país”. El “dream team” para la “transición”. Aquí hay cuatro sectores.

Uno que se alejó del G4 y pasaron a la sociedad civil. De comisarios políticos del G4 ahora juegan a ser “voces sensatas y de la conciencia nacional”, y su legitimidad la construyen desde la sociedad civil que hace política con el discurso de las “negociaciones” y las “instituciones”. Son los “aspirantes a López Contreras” que esperan estar en la “transición”. Aquí entran articulistas que “descubren cosas” como que votar no es tan mala idea, que los que sufragan no “todos son alacranes”, que para hacer política “hay que ensuciarse las manos”, y hallaron el año 1952 de Pérez Jiménez para afirmar que abstenerse no es una buena política. Articulistas famosos con un envidiable sentido de la oportunidad. De despiadados Tíos Tigres hoy son juiciosos Tíos Conejos.

Otro grupo “pasa agachao” porque fueron muy vocales en promover la estrategia de la “presión y el quiebre”. Hasta ahora, esta lógica no ha funcionado y adoptan un perfil más discreto en estos momentos. Quizás a la espera que la estrategia funcione y subir el perfil como “los cerebros de la estrategia”, como pasó durante el furor de Guaidó en 2019, cuando medios y agencias de prensa se peleaban por la primicia de cuáles grupos y personas eran los “cerebros” de la estrategia de la “usurpación” y del “estatuto para la transición”.

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Un tercero son los consecuentes con la lógica 2019-2020, pero están dispersos. Son los “patria o muerte” del G4. Ya no tienen la fuerza de esos años, pero se mantienen en comentar las fallas en todos los grupos que no tributan en la estrategia del G4. Juzgan como “alacranes” a todo el mundo, aunque incapaces de evaluarse a sí mismos, en la pésima influencia que ejercen, los malos políticos que son, y peor estrategas porque lo que podía resolverse en 2018 lo llevaron a 2030, en principio. Pero viven en el cómodo ecosistema de tuiter, de un público dolarizado, exitoso, que no es “resentido”, y cuyo punto de honor es el discurso de la “estructura criminal” pero le pican el ojo a cualquier política pública de la “estructura criminal” que puedan aprovechar.

Aquí también están los “teóricos de la guerra” pero que no terminan de “echar pa’lante” con su idea bélica. Las “guerras” se pelean y se ganan en tuiter, que es lo que le gusta al público indignado pero cómodo.

En un ensayo que analizó la figura de Juan Vicente Gómez, Manuel Caballero escribió que la política es teatro y el poder tiene su dimensión. Estos tres grupos buscan el poder con las máscaras del teatro. Hoy nuevamente cambian de caretas para ver si el poder les sonríe. Lo cierto es que las tablas políticas venezolanas tienen en este segundo segmento a consumados actores y actrices.

Finalmente, un cuarto sector son personas que en redes sociales son consistentes con sus posiciones, en las buenas y en las malas. A veces con perfil alto, a ratos con una posición discreta. Me parece que algunos de ellos les gustaría incursionar en política y hacen gestos al público de tuiter con los mensajes que encantan a esta audiencia.

II

Lo más interesante está en los grupos de mayor peso dentro de la oposición que son 4: el G4-Guaidó, el grupo Capriles, la Alianza Democrática, y los alcaldes de la región capital de Caracas.

El G4 avanza en su lógica de la “negociación integral”, que ahora mutó a una lógica empleada antes hoy con otro “branding”: la “Salvación nacional” y “Ruta por Venezuela”.

El día 25-5-21 ofreció un comunicado bien escrito –el último en mis registros- lo que evidentemente es parte del mensaje en un proceso de negociación política porque habla de “cronograma electoral con condiciones y que permita que los venezolanos podamos decidir libremente nuestro futuro”. No se habla de una elección en particular –se deberá construir en las negociaciones si prosperan- sino solo de elecciones con condiciones. El texto lo firmó la “plataforma unitaria”, y no el G4 o el G40. Tampoco se mencionó al nuevo CNE, o la tesis de la “Salvación nacional”. Es un comunicado si se quiere “limpio”, cuyo destinatario es el marco para unas eventuales negociaciones que se discute con el gobierno de Maduro, con el apoyo de Noruega.

El documento plantea otros puntos también políticamente bien formulados como, “2.-Que para ello se inicie cuanto antes un proceso de negociación con una agenda integral”, “3.-Que este proceso pueda estar apoyado por todos los sectores políticos y sociales del país”, y “4.-Que la comunidad internacional acompañe y apoye efectivamente este proceso de negociación”. El texto terminó con, “Manifestamos al pueblo de Venezuela y a la comunidad internacional que estamos listos para avanzar en este proceso, que significa la negociación para alcanzar un acuerdo nacional”.

Son propuestas si se quiere bastante neutras –el acuerdo o no con ellas es otro análisis- pero es evidente que hay otro tono político, tipo “vamos a ver si hacemos bien las cosas”.

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Son propuestas que en principio no chocan con la agenda de otros movimientos. El día 25-5-21 Capriles tuiteó su apoyo a este comunicado. Las razones para hacerlo pueden ser varias. De tipo doctrinario, porque al tener una redacción neutra, es una posición que se puede apoyar sin problemas. No le hace sombra a la estrategia de Capriles que es ganar terreno político de manera incremental.

Pero también pueden existir motivos políticos. Posiblemente Capriles apoye esta propuesta para lograr más “leverage” como negociador ya que aunque no lo ha dicho mucho, fue actor en las negociaciones para alcanzar al nuevo CNE, como revelaron sus tuits en ese momento.

El G4 reconfigura su propuesta que comunica más técnicas de negociación y habilidad política. Capriles se suma porque la posición de la plataforma del G4 no le hace sombra, no hay condicionamientos, ni tampoco el lenguaje insultante del G4 de llamar “colaboracionistas” o “alacranes” a quienes no se ajusten a su estrategia, como fue su estilo hasta no hace mucho.

A esto se suma la posición de los EUA que seguramente tiene que ver en este cambio del G4. El día 25-5-21 la Embajadora de los EUA en la ONU publicó un tuit en la que está reunida con Borges y López. Tanto el mensaje como la foto comunicaron que los EUA parecen decirle al G4, “perfecto, son el interim government, pero tienen que participar dentro del sistema político, en las reglas, que vamos a presionar para mejorar, pero no queremos aventuras ni fantasías. Lo que se logre será por un proceso de acuerdos que apoyaremos”. La pose de la embajadora comunica que “lee la cartilla” a Borges y a López, y si esa “cartilla” existe, es “nada de aventuras, crezcan como líderes políticos y tengan estatura, nada de muchachadas”, parece decirles la diplomática norteamericana a los dos venezolanos.

Entonces la “negociación integral” es una buena salida para marcar distancia con la estrategia “del quiebre” del G4 con un costo de imagen menos oneroso, al tiempo que le da a esta plataforma un horizonte político más serio para trabajar, y los saca de su estrategia normativa y de textos de política comparada mal leídos y peor aplicados. En sencillo, la situación política real lo pone a hacer política y eso puede ser su renacimiento.

Pero la negociación no sucede. En un tuit del día 5-6-21 Maduro tuiteó que hay un previo a las negociaciones. Que son las condiciones. Escribió que “cuando se den”, entonces acudirá a las conversaciones. A pesar que la opinión pública las da como un hecho –me incluyo- no es así. Quizás por esto Maduro insiste en sus “condiciones” y la respuesta del G4 es repetir un guion de otros años: tratar de generar un clima de “protestas” con la iniciativa de “Ruta por Venezuela”, empujada por los estudiantes, y la “Salvación nacional”. Entonces como que se regresa a un punto previo. El grupo Guaidó se mantiene en la “presión interna y externa”. La negociación está en sus preliminares. En definir las condiciones para que sea viable. El G4 persigue lograr las mejores condiciones en su situación de menos fuerza política. Lo que parecía una negociación segura hoy no parece tan segura, porque para el gobierno, “ciertas condiciones aplican”.

III

El grupo Capriles de bajo perfil. El exgobernador parece que tiene una nueva lógica. En su visión, las negociaciones no han prosperado porque hay mucha “diplomacia del micrófono”. Para Capriles, en este momento la discreción es fundamental. La confirma en los hechos porque la negociación para tener un nuevo CNE resultó. Fue une negociación discreta. El político estima que así debe ser con otros temas. El silencio tan ensordecedor de Capriles lo que indica es que o conversa sobre temas importantes o no quiere exponerse a un desgaste público al analizar si su grupo participa o no en las regionales. Posiblemente lo que incline la balanza en este tema será la presencia internacional en las regionales y municipales, no tanto las decisiones locales. Ya el TSJ decidió por la AD-Gutiérrez y esto no cambiará. Incluso está el propio caso de PJ, partido que quedó en el limbo. No fue intervenido –se decidió pero luego se revirtió- pero quedó en el aire. Ni siquiera el partido de Capriles tiene seguro poder participar en las regionales y municipales. Es probable que el excandidato presidencial bregue con el gobierno condiciones mínimas o básicas para que grupos de la oposición participen en noviembre en sus plataformas naturales, y no tengan que ir a otras organizaciones que sean “prestadas”. Si no lo logra, es probable que el grupo Capriles considere presentar una plataforma tipo tarjeta MUD o negociar con el gobierno que esta tarjeta pueda postular para las elecciones de noviembre de 2021.

IV

Sigue la Alianza Democrática. Este grupo avanza hacia las regionales y municipales. De los que van a ir a las regionales y municipales, es el grupo que cuenta con una “maquinaria”. Parece que definió o discute su método para seleccionar opciones unitarias dentro de esa alianza. No parece que va a esperar por el G4 o el grupo Capriles, no solo porque desea competir en las elecciones, sino por los agravios del pasado que pesan, que si la “mesita”, “alacranes”, “colaboracionistas”, “oposición oficial o pret a porter”, etc que hacen difícil relaciones entre esta alianza y las otras oposiciones.

Quizás el gobierno acicatea a la Alianza Democrática para que se mantenga separada de la oposición que replantea su estrategia y por eso el TSJ decidió prorrogar la intervención de AD en manos del grupo Gutiérrez, que lo separa de la AD-Ramos Allup de forma definitiva porque sigue la intervención del partido blanco. El día 7-6-21 Ronderos de AD-Gutiérrez afirmó que esta AD es la que tiene la capacidad para postular. La escisión del partido blanco se mantiene.

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Es probable que detrás de esto lo que exista es una estrategia del gobierno a largo plazo. Con el G4 espera discutir ese largo plazo, mientras que en el corto plazo avanza en la arquitectura del sistema político y las regionales para, si se acuerda, competir con la oposición en las presidenciales y si pierde, estar listo para ese escenario al dejar una arquitectura de poder que no es Miraflores pero será “poder social y político”, junto a lo que acuerde en las negociaciones. O sencillamente el gobierno no negociará nada, sino construye toda su estructura de poder para irse si pierde las presidenciales en algún momento del año que corresponda, con el proyecto de regresar y tal vez lo que acepte conversar serán garantías y reglas generales, pero más nada.

El gobierno participa en un juego de dos niveles, en el cual en el corto plazo implica construir o promover una oposición que genere estabilidad y confianza, para un futuro en donde el gobierno no sea poder. Aunque parezca increíble, en el ejecutivo pueden pasearse por este escenario.

Así como para PSUV el problema será la tensión entre las bases y las “familias políticas”, para la oposición el gran problema político será como construir una negociación cuando ocurra, que lleve a una alternancia “pura” en el sentido que sea el pueblo el que decida cuál grupo quiere para que lo gobierne, y menos una solución desde las elites que acordará cuál grupo será el preferido para gobernar, aunque este es el escenario más probable. Algo como un acuerdo de apoyo mínimo para los gobiernos pero que hay que construir en el marco de un sistema autoritario que al mismo tiempo construye su arquitectura de poder esté o no en Miraflores, aunque no aspira a irse nunca del poder.

V

Finalmente, están los alcaldes de municipios de la región capital. Pueden mimetizarse en los movimientos anteriores, en algunos, en todos, o en ninguno. Este grupo puede llamarse la “sociedad civil politizada”. No es la sociedad civil del Foro Cívico, de los expertos que ahora hacen política. Es la sociedad civil de las comunidades que considera que debe pelear por sus espacios, independientemente de la dinámica política de la oposición, en cualquiera de sus versiones.

El día 29-5-21 alcaldes de Caracas hicieron un acto político en donde sin decirlo, mostraron que participarán en las regionales. Como se escribió en el Informe anterior, “los grupos no se tocan”. Es decir, los alcaldes hablaron del “acuerdo integral”, de las “vacunas para todos”, apoyaron la propuesta de “Salvación nacional”, es decir, manejan los términos de la oposición G4, pero sin decirlo y en su acto, comunicaron que irán a la reelección.

El poder de este grupo todavía no se ha medido bien. Puede ser solo la maquinaria de los alcaldes o puede ser el grupo que tome la batuta de los ciudadanos que quieren votar y defender sus espacios no solo en la capital sino en los estados. Hay que evaluar el alcance de esta alianza. Si solo incluye los municipios capitalinos, logra articular a otros movimientos, o articularse a movimientos que ya existen ¿En la Alianza Democrática sin decirlo? Porque si ésta presenta candidatos al margen de los alcaldes que quieren reelegirse, el voto opositor irá dividido y el riesgo de perder será mayor no solo por esto sino por la abstención que será mayor en el público opositor que en el chavismo que buscará ganar espacios simbólicos de la oposición. Que el chavismo o la alianza del GPP gane en Baruta o en El Hatillo. Parece impensable un escenario así, pero hoy no resulta imposible.

Los alcaldes construirán en esa franja del público que no quiere -principalmente en zonas de la oposición- perder sus alcaldías. La incógnita para este grupo es realmente qué tanta participación promoverá. En las municipales de 2017 la abstención fue elevada. En 2021 el riesgo es mayor porque el chavismo se prepara mejor. Tiene opciones para los municipios del este de Caracas que son perfiles “sifrinos”. Como es tradicional en el chavismo, son figuras que hacen actividades ejecutivas para comunicar justamente que el poder real está allí y no en el alcalde formal de la oposición.

Como en todo, habrá que ver si esta política funciona, porque fue aplicada en Táchira y Zulia por ejemplo, y no funcionó. En Táchira ganó la oposición en 2017 con un buen porcentaje. También venció en Zulia, pero la oposición entregó esa importante plaza “por dignidad”. Pero la apuesta del chavismo es insistir. Que la gente en Baruta diga algo como, “vamos a probar con esta chavista que no se ve radical, y está en todos los asuntos, desde la vacunación hasta la rotura de un tubo de agua”.

El riesgo es mayor: alta abstención con opciones “sifrinas” del PSUV, puede abrir la puerta a que en Baruta o en El Hatillo gane el candidato del GPP, con lo que eso significaría desde el punto de vista político y simbólico para la oposición.

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El grupo de los alcaldes se organiza para evitar lo anterior. No choca con la oposición G4, pero tampoco va a esperar a que la oposición decida si participa o no. Se organiza para hacerlo en una alianza municipal para apoyarse los unos con otros, principalmente en los municipios donde el riesgo de perder puede ser una realidad como Baruta y El Hatillo.

En esta lógica, entran una serie de nombres que se mencionan como posibles candidatos. Por ejemplo, para Libertador se habla de varios personajes “conocidos”. No parecen ubicados en algunos de los grupos políticos, sino “agentes libres” que buscan el apoyo de los grupos ya formados. Pero también pueden ser representantes de nuevas correlaciones políticas. Por ejemplo Ecarri para Libertador ¿a cuáles grupos representa o cuál realidad social representa?

También aquí entra el caso de De Grazia para Bolívar. Su foto con Bernabé Gutiérrez es cuestionable desde el punto de vista ético -en sus zapatos, no lo hubiera hecho, hubiese seguido otra estrategia- pero De Grazia no vino a hacer una candidatura testimonial para ganar la elección en tuiter, sino quiere ganar la elección de verdad. Eso significa alianzas políticas. La política también es un “pacto con el diablo”. Es el poder, no los aplausos de tuiter. De Grazia quiere ganar y su estrategia apunta a construirse como el candidato “anti sistema”. Pero sin alianzas políticas -y “maquinaria”- no ganará, y esto explica su reunión con la AD-Gutiérrez. Si éste es el canal de comunicación con el gobierno, y De Grazia está “acordado con Maduro”, el tiempo lo dirá. Por los momentos, De Grazia quiere asegurar ser el candidato unitario porque si la oposición va dividida, perderá. En Bolívar y en cualquier parte. Si llega a ser candidato, está la incógnita si el pueblo lo vota o lo castiga por su alianza con un grupo político cuestionado.

El gran reto de quienes van a competir en las regionales y municipales es definir un mecanismo para evitar ir divididos o unas reglas para unirse al final, porque el chavismo irá unido y empujado en un clima de opinión y de recursos del Estado (de la sociedad) que comunicará que hizo una “gran primaria abierta”. No es cualquier cosa.

VI

Hoy pareciera que la oposición irá dividida en grupos con diferente fuerza política. Tal vez no existan los ataques del pasado. Una especie de “Cada quien en lo suyo” sin emoción. Cada grupo hace lo que cree correcto y que tendrá éxito. Ayuda a este clima que los “patria o muerte” de las redes sociales están ahora en un modo de “sensatez” no tanto por convicción, sino porque han perdido poder. Las realidades se imponen. Incluso en el mundo digital. Uno observa en redes sociales como “famosos e influencers” con mucho trabajo tratan de levantar una “línea”, pero sin mayor éxito. Tampoco tienen los RT o “likes” del pasado. Algunos, incluso, son desafiados por quienes antes aplaudían a estos personajes que a mi juicio han tenido un efecto más negativo que constructivo dentro del clima de opinión de la oposición.

De manera que hay un cierto clima de tranquilidad en la oposición “por defecto” para que cada grupo “ande en lo suyo”. Las elites ya no quieren guerra sino vivir. Al menos por los momentos. Están dolarizadas. El imperativo hoy es “Mi derecho a ser feliz”, y eso explica la “amabilidad” que observo en redes sociales. A su manera, se adaptan a la realidad política aunque digan que no.

Parece que cada grupo seguirá “en lo suyo” y en los hechos se irá definiendo si la oposición puede lograr lo que colegas como Maryhen Jiménez y John Magdaleno llaman “la coordinación estratégica” o ésta más que “dictum” de la política comparada que los políticos asumen –si la acogen de forma normativa, sin una criba política, será repetir el error de otras propuestas como la “del quiebre” o la de “los costos de tolerancia y costos de represión” que las asumieron como recetas- será algo inductivo, que se definirá en la realidad política, en lo que hagan los grupos de la oposición, y en lo que hagamos quienes vamos a votar en noviembre –porque, como siempre, iré a sufragar, en las buenas y en las malas- y decidamos cómo asignar gobernaciones, municipios, y legislativos a los grupos de la oposición que compitan en las regionales y municipales.

Hoy parece que la hegemonía dentro de la oposición se define de una manera silvestre y sin drama: en los hechos. Puede ser de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, o de las dos maneras, pero será a partir de las actividades de cada grupo de la oposición.



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