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La Lupa

La oposición: primarias y reglas para relacionarse

El comunicado de la plataforma unitaria con fecha 16-5-22 es un factor que acelera el ambiente dentro de la oposición. La plataforma acordó un reglamento para las primarias, reglas de funcionamiento, y designó a Omar Barboza como coordinador, quien tendrá equipos políticos y técnicos de apoyo. Buenas decisiones. El mundo opositor fluye más. Se pueden hacer muchos análisis de coyuntura, pero prefiero uno más general, al modo de un meta marco para reflexionar sobre cuáles variables pueden darle fuerza a la oposición en el largo plazo y de manera estratégica. Son dos: las primarias –prefería primero el programa- pero la oposición necesita algo que la movilice, y no será un programa. La segunda, son reglas no solo para el funcionamiento dentro de la plataforma, sino para relacionarse con los movimientos políticos fuera de la plataforma, para ver si es posible acercar o bajar el tono con el que las 7 oposiciones se relacionan. Será la tarea de Barboza. Me atrevo a asegurar que fue escogido porque comunica capacidad para acercar a los que están distantes. No la tiene fácil pero hay que hacer el intento. Sin reglas para que los distintos grupos de la oposición se relacionen y puedan llevar sus diferencias si no se logran unir, no habrá candidato, programa, o eventual victoria en 2024 que valga

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Caracas.- En la oposición ocurren muchos procesos al mismo tiempo. Algunos son públicos, otros no son visibles. De manera que hacer un análisis tiene que ser general porque la oposición vive un momento de cambios. No sé hacia dónde conducirá. Si saldrá fortalecida -es mi deseo- debilitada o terminará igual a su situación actual. El G4 dio un paso positivo al anunciar el día 16-5-22 la “refundación” de la plataforma unitaria, instancia que la componen 10 organizaciones: AD, PJ, UNT, VP, Copei, Encuentro Ciudadano, La Causa R, Movimiento Progresista de Venezuela, Convergencia, y Proyecto Venezuela. 

En redes sociales hay un debate acerca sobre qué es primero: si las primarias o el programa. A mi modo de ver todavía no hay una respuesta correcta. No la hay porque la oposición deberá construirla con su propia experiencia en el terreno político al que regresa luego de abandonarlo en 2017. 

En mi caso, soy pro-primarias y más adelante explico por qué. Pero no hay una solución única no solo por la complejidad del problema político en sí para la oposición -lograr la alternancia con las reglas electorales del sistema autoritario- sino del clima que rodea cuando se habla sobre la oposición. Un ambiente muy acerbo, que no va a cambiar con llamados de famosos e influencers que si “fracasaron todas las estrategias de la oposición” para buscar -¡caray!- un “common ground” pero en el fracaso. Esa cuenta no es así.

Es muy cómodo hablar de “23 años” -así como Chávez hablaba de los “40 años”- sin solución de continuidad. Quienes lo afirman sacan mal las cuentas de la contabilidad política. No son 23 años a secas, como si nada, son 23 años pero hay etapas que caracterizan a la oposición. No todo comenzó en 2015 “con el desconocimiento de la asamblea”, ni antes de 1999 “éramos felices y no lo sabíamos”, o entre 1999-2014 hay un hiato que cada quien llena como mejor le plazca, que es la periodización de la vida opositora que se quiere imponer desde redes sociales.

Daré mi periodización, pero sin detalle porque este artículo no es para ese análisis. Mi “corte de cuenta” es 1998-2001, 2002-2005, 2006-2013, 2014-2020 (con el intervalo de la gestión de Jesús Torrealba como Secretario Ejecutivo de la MUD, la que llevó a la victoria de la MUD en las parlamentarias de 2015), y 2021-¿?

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Hay que ver cada lapso por separado. No son “23 años” como se afirma desde la comodidad digital para meter a todo el mundo y a todas las estrategias en un saco, en la búsqueda “de la unidad” porque ahora se “decretó” que ese es el clima.

Otros descubren que la “oposición se desconectó de la gente y la gente de la oposición”, que el interinato no fue eficaz para el objetivo que se propuso (tampoco nadie se lo impuso), o  que las sanciones “son instrumentos de política” o hay que analizarlas como “técnica” ¡Caramba! Igualmente, algunos ya hablan de Monómeros, por ejemplo, como quien de repente la descubrió, cuando callaron de manera conveniente mientras apostaban a que su estrategia tendría éxito, cuando era innegable que no sería el caso ¡Caracha! Entonces -lamento mucho salirme del “consenso grupal”- pero ese clima de “vamos a entendernos” no me cuadra mucho, especialmente cuando no se ha evaluado la estrategia seguida hasta ahora –que ha fracasado junto a sus promotores- y que se impuso en 2013.

Mi adversario es el gobierno. No desde 2015. Desde antes de 1999. Me tocó hacer política en un sistema autoritario -que viene antes de 2015- y mi actitud para asumirla es “renunciar a mi derecho a ser feliz” para llevar la vida lo más cercana a la realidad autoritaria para poder comprenderla y actuar para ser una alternativa. Eso pasa por renunciar modos de vida y a personas y grupos.

Puedo hablar con personas del gobierno e incluso tener amigos en el mundo chavista, pero siempre habrá distancia. Así como las hay con personas de la oposición. La crisis y el conflicto nos cambió. No a partir de 2015. Tal vez a partir de esa fecha, los cambios se aceleraron o para muchos fueron visibles. Así como me siento distante de gente del gobierno, también de personas de la oposición. Si se logra la alternancia, no me interesa buscar acercamientos con unos u otros. Tendremos que vivir con nuestras diferencias. Aprender a llevarlas. Si esas diferencias cicatrizan o no, no es de mi interés. Uno aprende a cargarlas y a vivir con renuncias a cosas y a personas, sean apreciadas o no, de mi grupo o de otros grupos. Ya cruce el Rubicón y estoy de pie, de una sola pieza. Las crisis y los conflictos son renuncias.  

Las diferencias que hay entre los opositores ya no son solo de método, sino cómo explicamos la situación política, por ejemplo, y no sé si hasta ontológicas –cierta oposición califica de “alacranes” a quienes no repiten los discursos que se quieren imponer o la estrategia dominante desde 2013 pero que fracasó- diferencias, creo, irreversibles.

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No lucho para regresar a la Venezuela del “guayabo” en que anda buena parte de tuiter. No tengo nada en contra de esa Venezuela. Fui muy feliz, de una familia privilegiada y que le dio muchísimo a esa Venezuela que hoy muchos lloran. A mí no iban a reclutar, ni que quisiera, “fui porque quise, no porque me reclutaron”. Lucho por una Venezuela en donde el Gini que halló el estudio Anova a partir del estudio Encovi, por ejemplo, se pueda reducir en un clima como lo define la carta magna de 1999. Entonces, no sé si estas diferencias dentro del mundo opositor se puedan resolver, pero tampoco si se deban resolver. 

Pudiera hacer un o muchos análisis de la oposición y llenar cuartillas y “bytes” para el portal de la casa, El Cooperante, pero no es el caso. No lo es porque creo que hay que ubicarse como en un meta marco para observar a la oposición. Desde esa perspectiva es este análisis.

Más allá de lo que la oposición y sus partidos puedan acordar en sus procesos de cambios que adelantan, hay dos variables que creo importantes para la oposición. La primera ¿qué la revive? La segunda, las “reglas para la resurrección”.

¿Qué revive a la oposición? Porque su gran problema es que no es relevante desde el punto de vista político, sea la oposición que sea. En términos de García-Pelayo y su definición de la política, es una oposición políticamente condicionada y no políticamente condicionante, que es lo que debería ser.

Por eso soy pro primarias. Pienso que es lo que puede darle vida a la oposición. Es como un “desfibrilador político” para una oposición que tiene un problema en “su corazón” y se debate entre morir o vivir. Me gustaría una discusión programática antes que un candidato -me fascinan los programas, me siento cercano a la Venezuela de los programas políticos que quizás llegó hasta los 40 del Siglo pasado, al menos los programas para construir un país, de verlo en la imaginación, enamorarse, y dedicarse a edificarlo- pero no veo que eso anime a la oposición y menos al público.

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Cómo me gustaría un programa socialdemócrata de verdad, sin concesiones al “estar bien con todo el mundo” que son los programas de ahora. Aunque prefiera lo programático, no creo que eso reviva a la oposición. Esta está en una situación parecida a como llegó en enero de 1958. Marcada por sus diferencias y por eso quizás teme a una discusión de valores –lo que es un programa al final del día- y optó por una discusión instrumental para evitar discutir sobre valores que puede y de hecho la separa. Es mejor hablar sobre cómo hacer una primaria que sobre el fin del Estado, por ejemplo.

Si en redes sociales opositoras se agarraron la discusión sobre la nueva constitución de Chile o la bici ruta de Chacao con colores LGBT como algo propio, hay que imaginar cómo será la discusión si abordamos el matrimonio igualitario o la eutanasia. Me gustaría que perdiéramos ese miedo para abordar temas así, aunque no sé si tengamos el nivel de “decirnos nuestras cosas” tipo parlamento inglés o el intercambio entre Mónica García y Díaz Ayuso en España hace unos días. No creo que tengamos ese nivel. El debate terminará en una batalla campal o en esas discusiones educadas pero que no quedan en nada. Mucho protocolo pero poca sustancia. Discusiones muy cordiales pero aburridas.  

Una primaria, en cambio, revive a la oposición. Le puede dar forma y consistencia. Más si puede replicar con las diferencias del caso, a la primaria de 2012, que fue una elección bien diseñada y bien llevada. Como ahora se quiere imponer la narrativa que todo comenzó en 2015 y culpar a la “Muda” de todo, muchos olvidaron ese hito -porque lo fue en ese entonces- y pareciera que hay que inventar nuevamente la rueda cuando, más bien, hay que apelar a la memoria.

Soy pro primarias básicamente porque creo en la competencia política, en exponer las ideas y visiones al público –los candidatos representan visiones y programas- pero en la coyuntura nacional, son necesarias para darle vida a una oposición moribunda, en coma. El riesgo que observo para unas primarias es la participación. Mucha gente se separó de la política y ésta no convoca. Puede hacerse una primaria pero que no convoque a todos los públicos de la oposición. No estamos en el ambiente de 2012. Aún así, me arriesgaría, y no “primero el programa y luego el candidato” o cosas así. Esto –que es lo que me gustaría- va a tomar tiempo, puede causar diferencias, separar, y posiblemente lleguemos a finales de 2023 sin una estrategia presidencial y la oposición tenga que correr por hechos sobrevenidos para tener una. En ese sentido el anuncio de la plataforma unitaria de primarias para 2023 me parece correcto. Por supuesto, hay que ver la estrategia global no simplemente una fecha, pero evalúo bien esta decisión en particular. 

Lo segundo importante para la oposición son las “reglas para la resurrección”. Identifico 7 oposiciones, que menciono a continuación, no para analizarlas: el interinato; plataforma, dentro de ella AD-PJ-UNT (VP, el que también tiene una pata en el interinato); Capriles (igualmente tiene una pata en PJ); Alianza Democrática, Grupo Machado, partidos pequeños como MAS, Futuro, Centrados, Fuerza Vecinal, y Lápiz, entre otros; y la sociedad civil a la que veo a medio camino entre la acción civil y la acción política. Como grupo influye. Basta ver las designaciones en los poderes nacionales –CNE y TSJ- para concluir que influye. Quizás no como quisiera pero influye en un terreno político, lo reconozca o no.

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En mis análisis, hay diferencias insalvables entre las oposiciones, pero el G4 dio otro paso importante con su comunicado del 16-5-22. Si bien me siento distante de su estrategia –la “presión y el quiebre” y de esa oposición desde 2013- que la llevó a la situación en la que está, anunció reglas para funcionar y áreas de trabajo para la plataforma unitaria.

Un comentario. Como escribí, marqué distancia y critiqué la estrategia de la oposición desde 2013, no ahora como no pocos “que descubren cosas”. Todos muy “sensatos” con un sentido de la oportunidad que Dios se los guarde. Evito criticar a personas y sí estrategias. No apoyé ni apoyo a Guaidó o al interinato no ahora, sino desde el 23-1-19. La lucha es política. Esto lo digo porque el día 16 y 20 de mayo, en sendos actos, Maduro llamó a Guaidó “mal parido”. Es muy bajo hacerlo de su parte. El presidente puede defenderse de manera política, no ser arrabalero. La política venezolana es baja, oportunista, y cobarde. Aunque no es mi caso, pero entiendo por qué el público se aleja. No es para menos. A Maduro y al gobierno en general, le caerían muy bien las “tres E” que propuso la camarada de Caracas en el acto del día 16-5-22. La camarada habló de Etica, Eficiencia, y Estética. Al gobierno les faltan con urgencia las tres E. Los chavistas reclaman estética. No hay que ser bajo en el ataque político.

La plataforma unitaria seleccionó a Omar Barboza como coordinador, lo que considero es una buena elección. Aunque Barboza me parece conservador, es un político con capacidad para acercar posiciones. Creo que sus pares lo seleccionaron básicamente por eso.

Cuando el zuliano fue presidente de la AN entre 2018-2019 su visión del parlamento no me pareció mala. Creo que fui y soy de los pocos que lo ve así y lo expresó así en su momento, “no ahora”. Darle sentido político al parlamento y no uno insurreccional –un parlamento no es para eso, ni siquiera en un sistema autoritario- pero ya era tarde. El gobierno reforzó su autoritarismo para no ser derrocado, obvió a Barboza –fue objeto de burlas y “chistes” dentro de nuestro muy cotizado y defendido “humor”- y la oposición estaba enfrascada en su discurso de “lo que quiere la comunidad internacional” para justificar la estrategia que vendría en enero de 2019: la presión y el quiebre, pero ahora desde afuera, básicamente con la presión de los EUA.

En un ambiente así, era imposible representar a la Venezuela de la crisis que en ese entonces era dramática, más allá de expresiones rimbombantes tipo “crisis humanitaria compleja”. El discurso debió ser más político y menos términos de relaciones y organizaciones internacionales. Los famosos “14 millones” votaron en su mayoría para una AN para hacer política. Como instancia de contrapeso al gobierno, castigado por su incompetente y corrompida gestión, que para diciembre de 2015 eran terribles.  

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El comunicado de la plataforma del 16-5-22 me parece un buen paso. No obstante, es el acuerdo dentro de una de las 7 oposiciones. La más importante, sí, pero es una de siete. Como escribí, tengo la impresión que la designación de Barboza va en esta dirección: acercar a lo interno de la plataforma y a las 6 oposiciones restantes a la plataforma. 

No sé si la plataforma unitaria pueda lograr una gran unidad –tiene un serio problema de credibilidad por su fracasada estrategia y de legitimidad por su comportamiento de comisario político contra quienes no apoyaron sus acciones, para quedarme solo en lo político y no tocar otras cosas- pero sí se pueden considerar reglas para la relación entre los 7 grupos. Algo como “cómo darse trompadas estatutarias y no morir en el intento”, adentro de la plataforma y fuera de ella. Que el clima sea menos áspero.

Leí en redes sociales que alguien propuso como una “gran convención” de la oposición. Eso me trajo a la memoria los tiempos de la MUD. En el Grupo de Discusión se planteó algo así en 2013. Un detalle: luego de casi 10 años, seguimos en la misma discusión. La oposición no tiene memoria de su propia trayectoria. Tal vez por eso se habla de “los 23 años” sin más, pero no tener memoria no es bueno para una organización política. Tal vez la oposición deba tener su “archivo general” o algo así.

Esa idea la planteó Gustavo Tarre en ese entonces. Varios nos opusimos a ese planteamiento -me incluyo- y formulamos algo como “que el mercado decida”, es decir, que cada grupo desarrolle su estrategia, y que el “mercado” -el público- decida cuál estrategia y grupo apoya. Es lo que se ha hecho no de manera oficial, pero ha sido el comportamiento de los movimientos de la oposición en la práctica.

Esa opción no funcionó porque lo que sucedió es que cada grupo tiene un mercado parecido o similar, y todos se anulan entre sí. Ninguno rompe la inercia. Era lo que pensaba que Falcón haría en 2018, luego de anunciados los resultados por el CNE. En vez de denunciar “fraude” o abusos del Estado, era haber reconocido el resultado con críticas y haber dicho algo como “me voy a la Venezuela profunda a construir una alternativa desde la crisis que vive el venezolano”, pero Falcón buscó agradar a quienes lo rechazaron, en vez de construirse como alternativa.

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El resultado es que todos los movimientos están en la misma situación. No pueden adelantar iniciativas que tengan efectos políticos, porque no tienen fuerza y entre ellos se anulan y se critican. 

A lo mejor la idea de Gustavo Tarre es la pertinente para estos momentos. No sé si una “gran convención”. Quizás conversaciones sectoriales, bilaterales, o trilaterales para expresar las visiones de cada grupo y a partir de ellas definir unas reglas generales para que el clima opositor sea menos cargado y permita que si una unidad es posible, sea más de tipo “grounded”, de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, que no es que sea malo, pero no es el clima en la actualidad.

La MUD fue una decisión de los partidos, pero el clima no era de incordio o de diferencias epistemológicas u ontológicas. Había consenso en una estrategia básica. Hoy no lo hay y es allí donde veo los puntos insalvables dentro de la oposición, por lo que la “convención” sería no tanto para definir una estrategia sino para definir unas reglas que permitan las reglas para definir una estrategia, que sería el primer paso para una unidad que todavía no se sabe si pueda o deba ser organizacional o de propósitos, con ciertas maneras o formas para el trato inter-grupal. Sin canales de comunicación entre las oposiciones para hablar acerca de sus diferencias no habrá programa, candidato, o eventual victoria en 2024 que valga.

En este punto, el dirigente de PJ Juan Pablo Guanipa ofreció una entrevista al portal de la casa El Cooperante publicada el día 19-5-22. Acerca de las reglas, el político expresó que “en el primer caso (con la toma de decisiones en la plataforma, N. R), un sistema de votación que permita que las decisiones sean en primer lugar consensuales, si no se logra el consenso se pasa a un sistema de mayorías que permitirá que haya toma de decisiones. Realmente, me parece un avance porque la plataforma tenía ya varios meses funcionando y no tenía una forma adecuada -a mi modo- de retomar las decisiones, así que eso es un avance”. Efectivamente, como señala el dirigente, es un avance.

En resumen, lo que considero viable es que los grupos que tengan más capacidad –hoy la capacidad se observa en la plataforma unitaria- definan unas reglas para tratarse entre ellos pero también a los demás movimientos, y aquí puede entrar el programa que se pide, que nos dé a los ciudadanos indicaciones sobre las propuestas de cada candidato o grupo, porque no creo habrá un candidato único de la oposición. Puede haber candidatos unitarios dentro de grupos de la oposición que harán alianzas, pero no uno de todos. Un programa puede ayudar -y pienso que los venezolanos estamos más sensibilizados a los temas, porque la crisis nos tocó en el pellejo- a hacer una suerte de “economía del voto” para que, al ser varios candidatos de la oposición, la opinión pública haga como “la segunda vuelta” y quede una persona que pueda generar una alternancia pero, lo más importante, no atado a compromisos -tendríamos que revivir algo como la “liberación de la disciplina partidista” de los tiempos de AD-Copei- pero sí a reglas para que ese eventual gobierno no chavista pueda adelantar una gestión eficaz y con estabilidad política.

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Mientras la oposición no defina sus grandes reglas, no le veo mucho sentido a análisis de la coyuntura, o que si primero es el candidato o el programa o viceversa. Hay que hacer los análisis, por supuesto, pero también es importante ir más allá de la coyuntura para pensar y ver lo estratégico que es lo que definirá la suerte de la oposición para 2024 y después.



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