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La segunda muerte del capitán Rafael Acosta Arévalo

Elizabeth Fuentes | 1 julio, 2019

Caracas.- El asesinato del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo vuelve a desnudar al Gobierno y sus patrañas. Para disminuir la importancia de un asunto tan grave y deleznable, algunos de sus más importantes voceros se tomaron su tiempo para reaccionar como es debido, según su criterio.

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Se tomaron su tiempo para asesinarlo moralmente, degradándolo de capitán a ciudadano en algunos casos, o burlándose sin misericordia de su familia, su esposa e hijos, cuando sin prurito alguno condenaron tibiamente lo ocurrido como si ninguno de ellos tuviese nada que ver con lo sucedido. Como si ninguno de ellos hubiese visto el video de la esposa del capitán rogando por su vida,señalando que lo estaban torturando, cuando Acosta Arévalo aún estaba vivo pero a nadie en el gobierno le importaba saber hasta qué punto, siempre que le arrancaran a golpes alguna confesión.

Como si ninguno de ellos fuese al menos corresponsable de la barbarie que ha tomado el país por asalto, algunos se atrevieron casi a justificar su muerte. Porque en la andanada de equivocaciones que se produjo al interior del gobierno por el asesinato del capitán de corbeta Acosta Arévalo, el fiscal general designado por la ANC, Tarek William Saab, fue uno de los que exhibió sin maquillaje ninguno la sumisión al presidente Nicolas Maduro cuando publicó que ” El MinPublico informa ante el lamentable fallecimiento del ciudadano Rafael Acosta Arévalo y en atención al exhorto del Presidente de la República Nicolas Maduro de realizar una exhaustiva y científica investigación que permita el esclarecimiento de este hecho”, donde el fiscal omite que se trató de un asesinato mediante torturas.

Y para terminar de dejar en evidencia su preferencia por quienes ocupan el poder, ignoró el rango militar de la víctima, quizás como una manera no sólo de degradarlo o esconder la historia profesional de Acosta Arévalo, sino por lo grave que debe resultar el asesinato de un militar de manos de militares. Porque, hasta donde sabemos, el DGCIM está dirigido por militares y hasta algunos periodistas se han atrevido – como Sebastiana Barráez -, a mencionar como presuntos responsables de lo que ocurre al interior de los oscuros calabozos de la policía política, al mayor Alexander Enrique Granko Arteaga, quien, asegura la periodista, fue también el encargado de comandar la operación que culminó con el asesinato de Oscar Pérez y quienes le acompañaban.

Tampoco el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, se quedó atrás al momento de sepultar moralmente al capitán de corbeta, cuando -en su mejor estilo Pilatos-, aseguró en un comunicado oficial que “ antes de iniciar la respectiva audiencia de presentación, se desmayó” (no lo asesinaron sus torturadores) … “el juez ordenó su traslado inmediato al hospital militar Dr. Vicente Salias, donde a pesar de brindársele la debida atención médica, falleció”( atención médica que nunca le brindaron en la mazmorra donde lo tenían torturado). Y , aseguró el ministro, que “se activaron los protocolos correspondientes por parte del Cicpc y la dirección técnico-científica del Ministerio Público, a fin de practicar la autopsia de ley con el objeto de determinar las posibles causales del deceso”(mientras la esposa exige una autopsia independiente).

Comunicado que remató el ministro con el acostumbrado bla bla bla, según el cual “va a iniciar una profunda investigación para determinar las circunstancias en las cuales se produjo el deceso, ratificando la política del estado venezolano de indefectible respeto a los Derechos Humanos, muy especialmente el derecho a la vida..”, políticas todas que se quedan a las afueras del Sebin, el Helicoide y el Dgcim, mientras el ministro Padrino López grita al final de semejante comunicado y en mayúsculas: “Chávez vive… la patria sigue… ¡Leales siempre, traidores nunca!”, como si le dedicara este último grito al capitán asesinado.

Y, por supuesto, no podía dejar de lucirse Jorge Rodríguez, tan víctima del asesinato por tortura de su padre como lo son hoy los dos hijos menores del Capitán Acosta Arévalo y de quien se pudo haber esperado un poco más de empatía con este caso. Pero no: luego de dedicarle todo el primer párrafo de su comunicado a justificar la actuación represiva del gobierno, pasó luego casi que a justificar “el fallecimiento del ciudadano, imputado por graves actos de terrorismo, sedición y magnicidio en grado de frustración”, asunto que resultó finalmente falso porque la víctima nunca fue imputada y, hasta ahora, el ministro Rodríguez no ha podido mostrar ni siquiera una de sus acostumbradas “pruebas” grabadas para justificar semejante horror.

¿Será posible esperar entonces que el resto de los militares y policías detenidos el mismo día en que Michelle Bachelet abandonaba Venezuela, sean ahora mejor tratados o se les permita-como acaba de decir la Alta Comisionada por los Derechos Humanos-, que sean vistos y visitados por sus familiares?. “Estoy conmocionada por la presunta tortura del capitán Arévalo y por el trato al que fue sometido mientras estaba en custodia. Recuerdo a las autoridades venezolanas que son responsables de la vida y de la integridad física y psicológica de todas las personas privadas de libertad”, dijo apenas supo la terrible noticia.

Mientras tanto, los hijos y esposas de los coroneles Francisco Torres Escalona, Miguel Castillo Cedeño y del general de brigada Miguel Sisco Mora, harán lo mismo que Waleska Acosta, pedir respeto a la vida de los suyos, sin ninguna esperanza.

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