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La Lupa

La segunda visita del fiscal Khan: la franqueza es más fluida

El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Karin Khan, realizó su segunda visita a Venezuela. En la primera, en noviembre de 2021, Kahn dijo que vendría. Vino. Estuvo tres días en el país. En un acto en Miraflores el día 30-3-22, Khan y Maduro anunciaron que la CPI tendrá una oficina en Caracas dentro de la lógica de la “complementariedad” entre la CPI y el Estado venezolano. Khan mantuvo la franqueza que mostró en noviembre. Ahora, esa franqueza es más fluida. La formalidad de la primera visita es menos rígida. Se construye la confianza para decirse las cosas. Una relación que comienza de esa manera augura que se llevará bien. Tanto Khan como Maduro mostraron, otra vez, nivel político. La fortaleza de la relación se medirá cuando la investigación llegue a la etapa de determinar responsabilidades. Tengo una buena evaluación de la segunda visita del fiscal de la corte. Es imperioso que, como sociedad, nos saquemos “los grillos del autoritarismo” que todavía llevamos y que creemos no tener

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Caracas.- Hay temas a los que hago seguimiento para mis artículos en El Cooperante. Las negociaciones en México que comenzaron en agosto de 2021 –hoy detenidas- es uno, y el otro son las relaciones entre la Corte Penal Internacional (CPI) y el Estado venezolano, formalizadas en el memorándum de entendimiento firmado en noviembre de 2021 entre las dos instancias.

Los dos asuntos son relevantes para el futuro político de Venezuela. Las negociaciones coadyuvarán a construir reglas para llevar el inevitable conflicto político que nos acompañará por décadas, así el chavismo ya no esté en el poder. No sé si “volveremos a ser felices y lo sabremos”. No es algo que me importe mucho. Me interesan más reglas para llevar nuestras diferencias en el presente y en el futuro. Mi aspiración no es a vivir bien en un autoritarismo “porque lo hice todo” (que no es así, de paso). Mi meta, en este campo, es un poder con límites.

El aporte de la CPI para lograr sacar al autoritarismo empotrado en el Estado que se manifiesta en su inveterada violación de los DD.HH, en democracia y en autoritarimos. Si realmente podemos tener una justicia que decida con base a derecho en casos importantes, y no con base a presiones políticas o sociales, y la justicia “pa’los pendejos” o los que “no tienen amigos o dolientes”. Que quienes quieran manifestar lo hagan con la seguridad que las autoridades harán todo para respetar el derecho a la calle y evitar excesos de fuerza policial. Que superemos nuestra historia de manifestantes heridos, asesinados, o detenidos sin motivo. Que podamos ser una democracia en conflicto –nuestras diferencias son muy grandes, hay que vivir con ellas y trabajar para cerrarlas en el largo plazo, si es posible- pero respetuosa del derecho a disentir y de los DD.HH de la parte más débil en una relación de fuerza frente al Estado: el ciudadano. Sin hacer demagogia con el tema de los DD.HH o construir una carrera política o de influencia con las víctimas de la violencia del Estado.

El fiscal Khan estuvo en Venezuela. Es su segunda visita en menos de 6 meses. Cuando vino en noviembre de 2021, dejó ver que vendría, pero la visita de marzo de 2022 sorprendió. Cuando se informó en un acto en Miraflores el día 30-3-22, el propio Khan comentó que tenía tres días en Venezuela. Creo que pocos lo supieron. No recuerdo haber leído sobre su llegada. Sí se especulaba que vendría, pero no el cuándo.

Que haya regresado lo interpreto de manera positiva. El fiscal de la CPI asumió el caso venezolano con interés. Lo cortés no quita lo valiente. El interés también lo tiene el Estado venezolano, seguramente por otros motivos. Por supuesto, serán los hechos los que hablen, pero esta relación CPI-Estado venezolano se construye y por lo que pude ver en los actos en noviembre y el del 30-3-22, se construye bien, con diferencias, que quizás es lo mejor porque es una salvaguarda para evitar complicidades que empañen la investigación de la CPI.

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Para el portal de la casa, El Cooperante, escribí sobre el acuerdo con la CPI firmado en noviembre de 2021. En mi artículo titulado “Venezuela y la CPI: llegó el momento de la seriedad” y publicado el día 15-11-21, expresé que el fiscal Khan me comunicó ser una persona franca y claro frente a la realidad de Venezuela. Alguien a quien será difícil tomar el pelo, si es lo que el gobierno quiere hacer. Como la cuña, no transmite “tener un pelo de tonto”.

Observé el acto en Miraflores el día 30-3-22 en el que, nuevamente, hablaron Khan y el presidente Maduro.

Mantengo mi opinión de noviembre sobre la claridad de Khan. Su gestualidad al hablar y lo que dijo me comunicó que está más en confianza frente al Estado lo que no significa desinterés, debilidad, o manipulación sino, sencillamente, que las diferencias entre la CPI y el Estado se ventilan de manera más abierta dentro de las conversaciones que tienen. La formalidad cede a la franqueza.

La etapa para conocerse entre la CPI y el Estado fluye. Pienso que el interés del fiscal por el caso venezolano está en esto. Tanto en noviembre como en esta visita, volvió a señalar que, pese a las diferencias de enfoque, el Estado lo invitó. Opino que a Khan eso le llama mucho la atención. Tal vez esperaba, por las diferencias, que el Estado no lo invitara o rechazara el enfoque de la CPI. No sucedió en noviembre ni ahora. Que sea un gesto genuino para investigar sus abusos o habilidad política del gobierno para empalagar al fiscal, el tiempo lo dirá. Por los gestos entre los dos, pienso que hay interés en abordar las violaciones a los DD.HH por parte del gobierno de Maduro que la CPI investiga.

Khan comenzó sus palabras para comunicar que la relación con el Estado venezolano no es fácil. Dijo el fiscal de la CPI que, “Cualquier Estado con dificultades para cumplir con el Estado de derecho ha de ser respetado(…)Mi visita aquí no ha sido sencilla(…)Hemos tenido francos debates. Señor presidente, usted ha sido franco, consistente desde mi primer viaje, ha sido claro en que las investigaciones que adelanta mi fiscalía no están justificadas. A pesar de esa posición ha vuelto a invitarme, y hemos tenido este franco intercambio”. Añadió que “Las autoridades venezolanas siguen creyendo que no se dan las condiciones para abrir una investigación. Por lo tanto, su compromiso de fortalecer la cooperación con mi Oficina para sacar a la luz la verdad es un mérito para ellos”.

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Cuando el fiscal dice “ha de ser respetado” lo interpreto como que el Estado que tiene “dificultades” en materia de DD.HH, debe actuar primero. “Respetado” es eso. Que se espera que la justicia local cumpla al investigar y sentenciar los excesos en los DD.HH cometidos por sus funcionarios. Por eso Khan afirmó que “Si el Estado se remonta yo me haré anular(…)”. Lo que entendí dijo es que, si el Estado venezolano investiga y sanciona, la presencia de la CPI no sería necesaria. La pelota, entonces, está en el lado venezolano. De manera directa Kahn le dice a la justicia venezolana, “haga su trabajo”. Hay diferencias, puntos de vista, pero hay que hacer el trabajo de investigar y decidir. El respeto es cumplir con las obligaciones. De aquí que Khan haya afirmado que la complementariedad “es el corazón latente del Estatuto de Roma”. Es decir, corresponde al Estado parte hacer las investigaciones. Pienso que el fiscal da tiempo para que el Estado venezolano lo haga.  

Muchos criticaron que el fiscal no se reunió con víctimas de la violencia del Estado o con ONG de DD.HH. Agregaron que la visita fue “como secreta”. A mi me parece bien que haya sido así. Se reunió con el ejecutivo porque representa al gobierno del Estado. Se investiga al gobierno de Maduro, no a uno abstracto o a uno inexistente (para unos cuantos que apoyan la investigación de la CPI ¿quién los entiende?). Es el que tiene responsabilidades, obligaciones, y el que tiene que rendir cuentas.

Si Khan se encuentra con la sociedad civil seguramente ésta lo hubiera aprovechado para un acto político y mostrar que el fiscal “está con las víctimas” en la espera que, con la investigación de la CPI, se “producirá el quiebre en la coalición dominante”. Si esto hubiera sucedido, Kahn perdería su fuerza como fiscal y la autoridad que quiere ejercer, la que es necesaria frente a un gobierno autoritario. En todo caso lo que procedería sería una reunión privada con las víctimas y ONG. No sé si la solicitaron. 

Creo que a la CPI le interesa investigar los hechos en detalle no prestarse para un acto político de grupos de la oposición, políticos u ONG. Son los venezolanos, en todo caso, a quienes nos corresponderá después de las investigaciones y resultados, traducirlo al lenguaje político y hablarle al país para responsabilizar al gobierno de Maduro en lo que determine la investigación.

Considero que el fiscal tomó nota de las críticas desde la sociedad civil. En sus palabras, afirmó que “El Estado de derecho es de todos nosotros”. Lo dijo en noviembre de 2021. Lo afirmó ahora. Pero “es de todos nosotros” con base en unos procedimientos para hacer una investigación, no con arengas sobre los DD.HH o acerca de las víctimas y sus familias.

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Un resultado de la idea de privilegiar los procedimientos fue el anuncio que se abrirá una oficina de la CPI en Venezuela. Agregó que la “oficina de la CPI, no es para la galería, es algo concreto que va a permitir” cumplir con las obligaciones del Estatuto de Roma.

No “es para la galería” otra franca y buena expresión de Khan. No sé por qué, pero tanto en noviembre como en marzo me dejó la impresión que, en dos visitas, Khan “le agarró la caída” a cómo somos los venezolanos. Mucha arenga, buenas comidas, fotos sonrientes en bonitos paisajes, pero pocos resultados.

La oficina de la CPI no será para un “show” -sea del gobierno o de la oposición- sino para trabajar en un tema tan delicado como es la represión del Estado. El mejor recuerdo u homenaje a las víctimas y sus familias es no instrumentalizar o cosificar a quienes fueron y son víctimas de la agresión institucional del Estado chavista. En lo personal me alegró escuchar eso porque la verdad es que -desde hace tiempo- no estamos para puestas en escenas o el postureo que encanta a los grupos de poder venezolanos, sean del signo que sean.

El trabajo discreto no les gusta porque no hay cámaras ni “likes”, pero es el que permitirá conocer la verdad de los hechos que se investigan, que no será la del gobierno, pero tampoco será la de la oposición. En este sentido vuelvo a ver que el fiscal de la CPI tiene personalidad. Ojalá no la pierda ni se deje marear por nosotros los venezolanos, que somos muy buenos en eso de “marear gente” con nuestra “quincalla verbal” como diría Betancourt, tan de moda ahora en ciertos círculos que lo descubren.

En cuanto al Estado venezolano, representado por el presidente Maduro, de sus palabras me dio la impresión que el punto de honor para el gobierno, es que las investigaciones se realicen en las instancias venezolanas. El fiscal concedió este punto de honor porque es el procedimiento del Estatuto de Roma. Por eso la CPI es complementaria al sistema de justicia de un Estado.

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En la complementariedad pudo estar el punto de acuerdo entre el Estado y la CPI, para manejar las diferencias que existen. Para el primero, no se justifica una investigación por parte de la CPI; para el segundo, sí se justifica porque como expresó Khan en noviembre y así está en el memorándum firmado por las dos instancias, hay “graves crímenes” en materia de DD.HH.

No es suficiente lo que el Estado hace, pero la CPI respeta la complementariedad. Luego, que se anuncie una oficina de la CPI en Venezuela es lo que procede para que la cooperación sea concreta. Como afirmó Maduro, “un nivel de diálogo en tiempo real”. En sus palabras, el presidente destacó mucho la necesidad de “mejorar los procesos de diálogo, cooperación, y complementariedad”.

Para el gobierno del Estado, el tema de la comunicación con la CPI -como ocurre con la oficina de la Comisión de los DD.HH que está en Caracas- es muy importante. Imagino que será para revisar caso por caso, y el Estado ofrecerá su versión de los hechos.

No conozco del tema del Estatuto de Roma ni soy activista de los DD.HH. En tanto “opinador” pienso como político no como activista de los DD.HH o de la sociedad civil. Así escribo mis artículos para el portal de la casa, El Cooperante. Por eso mi distancia con el discurso del activismo, que encanta más al público. La política siempre es antipática. No siempre dirá lo que el público quiere escuchar, incluyendo a los activistas de los DD.HH.

No he oído a Khan hablar de “investigar a la cadena de mando”. Me luce más un discurso de la oposición en la idea que si se llega a la “cadena de mando” habrá una crisis y la posible y tan buscada “fractura”.

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No sé si la investigación es para eso exclusivamente. Supongo que llegará a ese punto. Lo que explica la complementariedad y la comunicación “en tiempo real” como afirmó Maduro. Así que asumo que en algún momento se tocará a la “cadena de mando” ¿Cómo reaccionará al gobierno cuando se llegue a ese punto?

En noviembre de 2021, mi respuesta hubiera sido que el gobierno lo negaría. Buscaría una excusa. Rompería con la CPI. Alguna maniobra. En marzo de 2022 pienso diferente. El Estado pudiera aceptarlo. Básicamente por la “pax Maduro” que trajo otra manera de ver al gobierno y éste de verse a sí mismo. Este se siente seguro en el poder y puede dar el paso porque sería uno muy importante para su aceptación local e internacional, que creo es su gran meta en estos momentos. No es que antes no lo fuera, pero la “pax Maduro” hizo ver cosas políticas que ni el gobierno las había visto. Me luce que ha concienciado la relevancia de la aceptación, más que antes, y que ésta no es subversiva, que es lo que pensaba previamente.

En un ambiente político así, el ejecutivo puede considerar dar el paso y llegar “a la cadena de mando”. No digo que sea un hecho, sino que las probabilidades para hacerlo en marzo de 2022 son mayores a las de noviembre de 2021. La “pax Maduro” tiene su propia dinámica, pero también sus problemas. Va a ser interesante observar el comportamiento tanto de la CPI como del Estado cuando se arribe a ese momento.

Por lo pronto, me siento satisfecho con la segunda visita del fiscal Karin Khan de la CPI. La relación entre ésta y el Estado se construye con sus diferencias. El memorando de noviembre lo interpreté como un documento para “regularizar el conflicto” entre las dos instancias. La visita de marzo de 2022 simboliza que la franqueza entre los dos fluye y se construye con sus reglas. Una relación franca desde el comienzo es una buena señal para las investigaciones.

Esta relación va en ese camino y hay voluntad de las dos partes. Como en noviembre, tanto el fiscal Khan como el presidente Maduro mostraron nivel político para llevar una relación que no es ni será fácil. Deseo se logre una que permita que los DD.HH en Venezuela sean una realidad tangible, no de artículos de la constitución que se citan, y podamos superar definitivamente la tara autoritaria que como sociedad llevamos. La eterna repetición de las injusticias de Venezuela: los pensionados de hoy eran los trabajadores productivos de ayer quienes vieron a sus padres protestar por la jubilación. Hoy sus hijos en edad productiva los ven protestando. Los nietos de quienes hoy protestan serán los jubilados que protestarán mañana. El trapiche venezolano.

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Los famosos grillos echados al mar de los que escribió Andrés Eloy Blanco en el castillo de Puerto Cabello a la muerte de Gómez, todavía los llevamos en nuestra cultura y no los hemos echado al agua salada. La admonición que hizo el poeta del pueblo en 1936 sigue vigente en 2022.



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