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“La semana que viene la esperanza será constante”, por Luis Eduardo Martínez

El Cooperante

Luis Eduardo Martíne.- La semana que viene será la segunda de Diciembre; también la primera de un tiempo nuevo. La semana que viene, Venezuela toda celebrará la finalización en paz de las elecciones parlamentarias y el reconocimiento universal a la voluntad popular expresada en las urnas.

La semana que viene contaremos con nuevos diputados y diputadas mayoritariamente comprometidos con el cambio y con la construcción de una nación de iguales.

La semana que viene los familiares de los caídos en procura de libertad, rezarán por los suyos dolorosamente muertos con el orgullo de saber que su sacrificio no fue vano y que es mucho lo que el país les debe mientras que los presos de conciencia –estudiantes tantos- contarán las horas para salir a la calle y ser reconocidos por su entrega en procura de democracia plena.

La semana que viene la esperanza será constante con la fe en que comienza un proceso para que el mañana sea el que soñamos y merecemos.

La semana que viene los responsables de la ruina nacional ya deberían haber comprendido, a golpe de votos, que perdieron la confianza, el cariño del pueblo y que si pretenden concluir sus gestiones están obligados, de inmediato, a rectificar y a entenderse con los legítimos representantes de las masas irredentas.

Hace pocas horas me encontraba en El Triunfo, humilde comunidad del Municipio Casacoima de Delta Amacuro, evaluando e instruyendo, con los candidatos a diputados de la Unidad por esa entidad, a los testigos electorales y, en un receso, un lugareño señaló con amargura: “a esto hay que reconstruirlo desde cero porque donde uno mete la cabeza la cosa no sirve” para inmediatamente cambiar el gesto y con optimismo agregar: “pero lo vamos a lograr porque el venezolano es un pueblo bueno y esta es una tierra rica”.

Y así será porque si hay dos razones para enfrentar el futuro con la seguridad de que el cambio positivo llegará es la convicción de lo extraordinario que es el pueblo venezolano y del infinito potencial de nuestra geografía.

La semana que viene se cumplirán 17 años de aquellas elecciones en las cuales Hugo Chávez fue investido Presidente. A pocas horas de cerradas las urnas, el Consejo Supremo Electoral –que así se llamaba el ahora CNE- anunció el resultado y de seguida todos los actores de la vida nacional lo reconocieron, felicitaron y se comprometieron a facilitar la transición que semanas más tarde se dio sin tropiezos. Los Rectores de hoy, junto a las Juntas Electorales Principales, tienen la gran responsabilidad de desempeñarse como sus pares de 1998 y concluida la transmisión de la data informar rápidamente sobre los parlamentarios electos y en breve otorgar las credenciales de tales.

La semana que viene debe ser de reencuentros, de enterrar odios y olvidar rencillas. Mucho han sido los males que en estos 17 años ha padecido el pueblo venezolano pero nada peor que la promoción del enfrentamiento, de la violencia, entre hermanos y hermanas de una misma tierra. No hay bandera política que justifique el asesinato de un semejante, la tortura, la persecución, el atropello, contra quienes disienten, la exclusión de los que piensan diferente.

La semana que viene es imperativo pasar a ser solo venezolanos y venezolanas; ni opositores ni oficialistas, ni blancos ni rojos, sólo hijos e hijas de una misma patria –verdadera patria, no la que usufructúan unos pocos-dispuestos a trabajar muy duro para labrar el mejor futuro de los nuestros.

La semana que viene ya es tiempo de poner Navidad –en mis recorridos casa por casa me sorprende cuan pocos hogares se adornan ahora con el pesebre y el arbolito- y aunque el bolsillo no dé para comprar figuras nuevas, saquemos lo que tengamos, demostremos nuestra creatividad y aprestémonos para estas fiestas de la familia y del amor.

 

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