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La venezolana que migró del hambre con un hijo en el vientre

El Cooperante | 24 agosto, 2018

Caracas.- Ojalá nazca, “ojalá sea mujer”. Mariangela Ascaño ha resistido un largo y duro viaje para huir del gobierno “perverso” en Venezuela, pero lo que parece ser una hemorragia le avisa del riesgo de aborto.

Hace veinte días dejó Maracay, en el estado de Aragua, en el centro de Venezuela, junto a dos primos. Se hastió de que en el país en el que nació hace 21 años “no se encuentre nada”: ni alimentos ni medicinas.

“Nosotros éramos gorditos y ya estamos flaquitos”, dice a la AFP mientras se maquillaba en la parte de atrás de un camión de estacas que la acerca al municipio de Ipiales, en la frontera entre Colombia y Ecuador. Se aplicó un labial rosa claro y se peinó sus cejas cafés. No ha perdido la vanidad.

El semestre pasado pesaba 75 kilogramos, el día que abandonó Venezuela la báscula contó 15 kilos menos. A veces el jean desgastado se le cae y deja entrever una piel que alguna vez fue dorada y ahora, por el frío de las montañas colombianas, se ha tornado blanca.

Desde hace un mes sabe que puede ser mamá por segunda vez, pero su estado no fue un impedimento para recorrer los 2.400 kilómetros que separan a Maracay de Quito, con la esperanza de que sea su nuevo hogar.


“Hay que tomar riesgos, porque quedarse en Venezuela es morirse prácticamente”, afirmó. En manos de sus padres y esposo dejó a Jhoangel, su bebé de dos años, a quien durante un tiempo alimentó con la comida que le daban por estudiar para ser policía.

Su marido Orlando Rafael, un albañil al que el sueldo ya no le alcanza, tuvo que quedarse a cuidar a su madre diabética. Mientras migra, Mariangela completó dos meses de embarazo.

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