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El Nuevo Herald: Venezuela, y en especial Caracas, está hundida en el crimen

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El Nuevo Herald.-  “El Gobierno retiró a la policía y las fuerzas militares de algunas de esas áreas y dejó a las bandas con colectivos realizar sus negocios ilegales”, relató al ser consultada sobre las denominadas Zonas de Paz Liliana Ortega, principal activista de Derechos Humanos y  presidenta de una organización llamada Comité de Familiares de las Víctimas (Cofavic).

El resultado es que las pandillas y los “colectivos” podrían mantener la delincuencia controlada en las “zonas de paz” porque necesitan llevar a cabo sus operaciones de la manera más tranquila posible. “Nadie se atreve a hacer nada, porque nadie se opone a Al Capone”, agregó al respecto Elías Pino Iturrieta, Director Ejecutivo del periódico El Nacional aludiendo al tristemente famoso pandillero de Chicago de la década de 1920.

La afirmación de del historiador la hace en base a que los reporteros del diario que dirige concluyeron que al menos seis pandillas controlan las zonas en un estilo de “Gobierno” tipo mafia. Las pandillas llevan a cabo asesinatos, secuestros, robo de vehículos y extorsión del público.

 

En la actualidad, Venezuela, y en especial Caracas, está hundida en el crimen. Según un reporte reciente llevado a cabo por la organización no gubernamental Venezuelan Violence Observatory (Observatorio de la Violencia en Venezuela), en el 2014 Venezuela reportó 82 homicidios por cada 100 000 personas, con un total de 24,980 asesinatos. Sólo Honduras quedó peor que Venezuela, con 90 víctimas por cada 100, 000 personas.

El gobierno de Maduro niega esas cifras, diciendo que la tasa de homicidio en el país es significativamente más baja y que hay 39 homicidios por cada 100 000. Algunas otras organizaciones estiman que la tasa de homicidios en este país está en un punto medio entre ambas cifras. El informe de la ONU en el 2014 alega que, en Venezuela, hubo 54 homicidios por cada 100 000 personas el año pasado. Pero incluso este cálculo deja fácilmente a Venezuela con la segunda tasa de homicidio más alta del mundo.

En la actualidad, no es sólo el rápido ascenso de la tasa de homicidios lo que asusta a los venezolanos. El país es asimismo un lugar en que la tortura policial se ha vuelto cotidiana. Cofavic, alega en un informe reciente que poco después de las elecciones presidenciales en el 2013, y después de las protestas callejeras contra el gobierno en el 2014, por lo menos 70 personas sufrieron torturas.

Uno de los ejemplos de brutalidad policial que se alegan es el método siguiente: se desnuda a la víctima, se envuelve en una estera de goma, y luego, durante horas, la golpean con un bate o un palo de golf. Se alega además que los investigadores policiales dan electroshocks a los detenidos. “Si no te disparan en la calle, disfrutan torturarte en la cárcel”, me dijo en una breve entrevista llevada a cabo en el centro de Caracas un estudiante de la intranquila ciudad de San Cristóbal en el estado de Tachira. Él habló solamente con la condición de conservar el anonimato por miedo a las represalias del gobierno.

El estudiante no ocultó su deseo de combatir a los escuadrones policiales y los agentes del gobierno. “Esto es una guerra. No estamos luchando sólo contra algunos miembros de una junta sino contra millones de chavistas que quieren que nos maten o pongan en la cárcel. Tenemos que responder para poder sobrevivir”, dijo el estudiante, con una expresión de firme decisión en el rostro.

No hay duda de que esta facción de la oposición tiende a lo radical y lo extremo. “Hay algunos estudiantes que se enorgullecen de matar a policías “, dijo Liliana Ortega.

Su alegación está asimismo respaldada por datos sangrientos. El año pasado, 268 policías fueron asesinados en todo el país. Ellos murieron por toda una serie de diversas razones: venganza política, enfrentamientos armados con delincuentes, o simplemente porque un criminal quería robarse el arma o la motocicleta de un policía. Según observadores locales y un grupo de derechos humanos llamado Fundepro, el 2015 parece mostrarse aún peor, con un promedio de casi un policía muriendo de muerte violenta cada día mientras patrulla las calles.

 

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