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Las ansias de venganza de Delcy Rodríguez deberían ser tratadas profesionalmente

Elizabeth Fuentes | 25 junio, 2018

Caracas.- “Sabemos que esta es nuestra venganza personal de esa época oscura, donde muchos jóvenes fueron asesinados, torturados, desaparecidos… sabemos que la llegada del comandante Hugo Chávez fue nuestra venganza personal, la inclusión, la igualdad, todo lo que significa el socialismo bolivariano…”.

A los pocos minutos de que la recién nombrada vicepresidenta de la República, Delcy Rodríguez, emitiera semejante declaración en el espacio de José Vicente Rangel, analistas y profesionales comenzaron a hurgar en el real significado de semejante declaración. Y si bien resultaría demasiado básico entenderlo como una versión contemporánea y cruel del “ojo por ojo y diente por diente”, cabría adentrarse en muchos de los estudios que se han elaborado, posteriores a las dictaduras latinoamericanas chilenas, uruguayas o argentinas, y donde especialistas en el área de la salud mental se han dedicado a estudiar las terribles secuelas emocionales que marcan para siempre la vida de los hijos de padres desaparecidos o torturados. Investigaciones que podrán servirle a los venezolanos como un ejemplo al momento de analizar el futuro emocional de los hijos de los presos, torturados o desaparecidos del régimen de Nicolás Maduro, sostenido irónicamente por Delcy Rodríguez.

De la decena de investigaciones realizadas en los países del Cono Sur, tomamos algunos párrafos que podrían servir para entender la conducta de quienes, como Delcy y Jorge Rodríguez, han sufrido la tortura y muerte de su padre por parte del gobierno de turno y no obstante apoyan a un gobierno que ha llevado a la practica actos semejantes.
Por ejemplo, se habla en la investigación “Daño Transgeneracional: consecuencias de la represión política en el cono sur”, sobre la formación de lo que ellos denominan una cripta interna: “el secreto inconfesable, habitante de la cripta, es transmisible a otra generación, en la cual reaparece como fantasma en la forma de actos, signos, síntomas incompresibles por el sujeto”. El estudio afirma que hay ciertas consecuencias del dolor transgeneracional que incluye “trastornos en el ámbito de la construcción de identidad, problemas relacionados con sentimientos de culpa y conductas agresivas,” y “una distorsión de la realidad que se manifiesta como falta de diferenciación entre fantasía y realidad”.

“Tanto la incertidumbre y la pérdida conducen inevitablemente a un estrés emocional arduo. En las entrevistas realizadas a los hijos de torturados y desaparecidos, se descubrieron varios disturbios emocionales graves. El primero es una sensación de dolor y tristeza duradera. “A mí me duele todavía la pérdida de mi padre, es un dolor que yo voy a llevar siempre”, dijo Gabriela, una de las entrevistadas. La ocurrencia de ataques de pánico y depresión fue otro hallazgo. Gabriela describió su experiencia: “yo paso por periodos de bienestar, pero de repente caigo en crisis, de llantos, de angustia, de mucho miedo, de incertidumbre, de rabia, de todo”. La psicóloga creía que en esta paciente “se instaló una situación de mucho temor, ese temor te hace finalmente esconderte de una manera…esconder partes de tu persona” .

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Otro concepto que fue mencionado por otros estudios similares fue la “culpa del sobreviviente.” El hijo podría sentirse culpable por lo que sucedió, que debería haber hecho algo para evitarlo, o por su tristeza después del evento. Esta culpa genera una negación del dolor en algunos hijos.

Mientras que también se encontró que familiares de detenidos y desaparecidos no pueden estar en los alrededores de una persona con ciertos lazos políticos. Un entrevistado del estudio de daño transgeneracional admitió: “siempre ando preocupado de eso, tirando preguntas para saber de qué bando son…cuando me doy cuenta que son de derecha o su familia es de derecha, me alejo de ellos” .

“Muchas personas que han sufrido en forma directa la represión tienen dificultades en poder construir parejas, sostiene el estudio. Por otra parte, cuando lo hacen, esos problemas están presentes en el ámbito de pareja, pero difícilmente pueden ser hablados.”

Otro investigador, Beristain señaló que los recuerdos o memorias traumáticas que se reactivan en determinadas situaciones reactualizan el impacto traumático, así como la impunidad de los perpetradores del terror de Estado que impide alcanzar “cierto cierre psicológico a las violaciones, a través del apoyo social, la reparación o la justicia”

Resulta unánime la opinión, en todos los autores citados, de que el hecho de que exista una sensación de injusticia, y de que quienes cometieron los crímenes van a quedar impunes, dificulta el poder realizar un proceso de aceptación y superación de las experiencias traumáticas:

Carlos Madriaga detalló los problemas físicos que suelen estar asociados a esos traumatismos:

– Dolor recurrente en la columna vertebral y fosas renales.

– Sangramiento por vías urinarias.

– Migraña crónica, que se reagudiza en estados de estrés.

– Fenómenos parestésicos y dolores intensos que surgen en las cuatro extremidades

sobretodo al realizar esfuerzo físico.

– Ansiedad generalizada que genera estados de tensión.

En tercer lugar la rehabilitación, la cual alude a medidas de atención médica y psicológica, como a servicios legales y sociales que sirvan para la readaptación a la sociedad por parte de la víctima.

En cuarto lugar se aconsejan las medidas de satisfacción. Es decir, el conocimiento público de lo que realmente sucedió y la sanción contra los criminales y tributo a las víctimas.

Quizás la vicepresidenta no tenga muy claro que por el asesinato de su padre por parte de cuatro funcionarios de la Disip- lo culpabilizaban por el secuestro del norteamericano William Niehous-, fue investigado, hecho público y sus culpables enviados a juicio y prisión. Es decir recibieron el castigo debido. El director de la DISIP de entonces fue destituido y los agentes involucrados, Braulio Gudiño La Cruz, Guillermo Zambrano Salazar, Itamar Ramírez y Juan Álvarez Díaz, presentados ante un juez y a quienes el juzgado tuvo que designarles defensores de oficio y no abogados de privados.

Muy distinto por cierto a como trata el régimen de Nicolás Maduro a sus adversarios políticos donde ya suman 288 presos políticos, hay desaparecidos, torturados y se cuenta por decenas los venezolanos asesinados en las calles por ejercer su derecho a la protesta. Venezolanos cuyos hijos desarrollaran sus propios desequilibrios emocionales ante la represión brutal de que han sido objetos sus padres. Miles de jóvenes que probablemente querrán “vengarse” como Delcy impidiendo en un futuro y como sea de lugar, que los gobiernos autoritarios o con aroma a comunismo vuelvan a implantarse en Venezuela.

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