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La Lupa

Las candelitas de la rabia no se apagan en este infierno

Los pobres de la Tierra, los miserables que tanto ha explotado el gobierno para recitar su discurso electoral, se están alzando en todo el país. Una furia colectiva que proviene del hambre y la miseria, ese poderoso enemigo creado por el PSUV y que comienza a tocarle la puerta exigiendo lo suyo

Caracas.- Se encienden  candelitas en casi todo el país y el gobierno no tiene ni agua para  apagarlas. Todos sus mecanismos de represión, las balas a flor de piel, las ganas de enmudecer a pueblos enteros no han sido suficientes  para acallar una auténtica rebelión popular que atraviesa el país por los cuatro costados.

Estas revueltas espontáneas, lideradas por nadie, son protagonizadas por gente humilde, hambrienta, los «miserables» de toda la vida,  olvidados de la Tierra a los que tanto les gusta acudir  al socialismo y sus embusteros cuando necesitan sus votos y le funcionan magníficamente a la hora de explotarlos políticamente en sus discursos de justicia social para ascender al poder. Mercancía barata que subestiman en Miraflores y sus sucursales, como lo demostró  la despreciable imagen del candidato del PSUV, Alberto Gago – muy bien alimentado por lo que se ve-, repartiendo en barrios indigentes una porquerìa de mortadela que trasladó  en carretillas inmundas y a las que llamó «proteìna» para disfrazar la poca vergüenza que aún le queda, blandiendo el medio kilo de aquel desecho de carne barata como un gran logro pero sin poder explicar cómo las sanciones impiden que entren alimentos pero permiten el paso de  armas.

Y peor aún: de Nutella o whisky, esa mercancía de lujo que inunda los bodegones de los   burgueses chavistas, «comerciantes» recién nacidos para satisfacer la demanda de bienestar que exigen los nuevos ricos procreados en estos últimos 20 años de derroche y latrocinio.Sin nada que perder (salvo las cadenas que me amarran, ¿se acuerdan de eso tan bonito?), hubo y hay alzados en Lara y Upata, en Porlamar y Guárico,  donde una extraordinaria poblada de Santa María de Ipire logró soltar a los detenidos en el comando de la  GNB con solo plantarse en la puerta y gritar en coro «el pueblo unido, jamás será vencido». Clamor seguido de unas  imágenes conmovedoras  donde el gentío corría feliz detrás de los  liberados,  festejando su hazaña colectiva, ese Fuenteovejuna poderoso que, por alguna razón, los represores del régimen se negaron  a  combatir con gases y balas, quizás porque  al interior del Comando de la GNB las exigencias  por luz, agua o alimentos no sonaban tan descabelladas  y cualquiera habría querido sumarse a las demandas.

Mientras las candelitas se apagan y se prenden,  el gobierno sigue indemne, mintiendo como siempre en época electoral, oculto detrás de la misma mascarilla inútil desde donde inventa cifras de pandemia o de votos, sin imaginar que esas chispitas podrían inflamarse  y  el infierno en que han convertido al país  los despierte un día tocándole la puerta.

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