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Las confesiones de Nattalie Córtez sobre el teatro venezolano

El Cooperante | 19 noviembre, 2019

Con una mirada dominante, pero cautivadora. Con unos rizos llamativos, pero divertidos. Con un aura que transmite paz y regocijo; así se presentó Nattalie Córtez, pionera del arte en Venezuela, a la sala de redacción de El Cooperante.

La cautivadora mujer, de 54 años de edad, nació en la ciudad de Valencia, estado Carabobo. Es conocida por interpretar a “Jessica López”, la madre biológica de “La Chiqui” (Norkys Batista) en Mi gorda bella, telenovela transmitida por Radio Caracas Televisión (RCTV) en el año 2002.

Pero, no solo sus pasos por la pantalla chica quedaron plasmados en los corazones de los venezolanos, sino también por su debut en los teatros de la nación, donde Córtez realzó su amor por el arte, el escenario y por su amada Venezuela.





¿Cómo fuiste seducida por el teatro?

Yo vengo de una familia muy artística (…) Mi abuelo, el papá de mi mamá, era cantante de un conjunto de parranda muy reconocido en Valencia, que se llama ‘La verde clarita’, entonces en casa de mis abuelos siempre había música. Todos mis tíos tocan algún instrumento: cuatro, guitarra, mandolina, tambor, furruco y maracas.

Al ser nosotros los primeros nietos de esa familia, a mis hermanos y a mí nos enseñaron a cantar y tocar instrumentos. Yo tengo recuerdos de estar en el escenario cómodamente desde que tendría como 5 años. Tanto en el preescolar, como en mi casa. Entonces, para mí estar en el escenario es algo natural y creo que nació desde el amor por el arte nacional en mi familia, además, siempre admiré el talento de mi mamá.





Al tener esta formación personal, en el colegio siempre fui la que declamaba en el acto de fin de curso o la que animaba el acto de tal …. En el bachillerato, era la presidenta del centro de estudiantes y del club de cultura, de periodismo, y siempre estaba en el escenario animando los eventos.

Luego, terminando el bachillerato, decidí averiguar de una escuela de teatro, aceptando que quería hacer actuación, no solo por hobby, sino como profesión. Investigué y me inscribí en la Escuela de Teatro de Ramón Zapata, en Valencia (estado Carabobo).

Al entrar a la escuela de Ramón Zapata, también estaba estudiando en la Universidad Nacional Abierta (UNA) y daba clases en el Instituto de Áudiofonologia Carabobo. Trataba de hacer estas tres cosas al mismo tiempo: trabajar en la mañana, la universidad en la tarde y las clases de teatro -afortunadamente- comenzaban a las 6 de la tarde.

En ese momento, pasó algo maravilloso porque mis profesores de actuación comenzaron a invitarme a trabajar en sus espectáculos (…) supongo que estaba avanzada porque tenía experiencia en las tablas.

¿Cómo ha influenciado el teatro en su vida? ¿De qué manera?

Determina toda mi vida. Mejor dicho, condiciona mucho mi vida porque mis horarios son distintos a los del resto de las personas. Cuando todos están descansando porque es fin de semana, son los días de más trabajo para mí. Cuando los demás están regresando a su casa porque todos terminaron su horario laboral, es cuando yo estoy saliendo hacia el teatro a realizar una función. Cuando algunos salen de Caracas porque es Semana Santa o Carnaval, son los días en los que yo probablemente trabaje más. Al tener ese horario, también mi entorno familiar está determinado por eso… Cuando mis hijos ya regresaban del colegio y hacían la tarea para luego acostarse a dormir, yo estaba trabajando. Al condicionar mis horarios, mis relaciones también están determinadas por eso.

¿Te identificas con algún personaje de los que has interpretado?

Sí, por supuesto que hay personajes con los que tienes mayor empatía que otros, pero el gran reto que yo me planteé como actriz, desde que comencé en la actuación, fue tener eso que llaman un amplio registro. Se dice mucho de los cantantes líricos, que tienen un registro muy amplio, cuando pueden hacer tonos muy bajos y llegar a tonos muy altos, yo lo traduzco en el mundo de la actuación como ser capaz de hacer comedia, sainetes, musicales, dramas, clásicos y stand up.

Al tener una carrera muy larga es cómodo quedarte como ‘soy la villana y siempre seré la villana’, a mí me parece mucho más interesante saber que soy capaz de desempeñarme en todas las áreas de la actuación.

Y es que, son 34 años de trayectoria… Yo comencé en el año 1986 hasta la actualidad. Y me vine a Caracas porque quedé seleccionada para el programa de formación de la Compañía Nacional de Teatro, que en ese entonces hacía casting a nivel nacional en el año 1988.

¿Qué es lo más complejo y qué es lo más placentero de su carrera?

Lo más complejo, por ejemplo, es terminar una temporada de una obra que se llamó “La Mamma”, que duraba 3 horas, y que pasaba por registros emocionales muy fuertes. Esa obra tenía comedia, tenía drama muy duro, tenía de todo. “La Mamma” se trataba de una madre que estaba esperando que su hijo regresará de la Segunda Guerra Mundial, entonces, entrar y salir de esos estados emocionales implica un grado de dificultad que, a pesar de que los actores tenemos un cerebro como muy plástico, si pasa que algo de ti queda un poco permeado. Y, como esto fue un drama y una tragedia muy fuerte, queda como una melancolía del personaje.

Lo más placentero es que ese “musculo emocional” lo he entrenado muy bien y es un poco más difícil que yo me dejé arrastrar por las emociones cuando no me convienen. Sé salir de un momento de depresión, tristeza y de furia porque (por el mismo hecho de saber manejar las emociones por medio de la actuación) sé confrontarlas y decirles: “cálmate, no es grave”.

Respecto a Venezuela, ¿qué tan difícil es producir una obra teatral en el país?

Es tan difícil que siempre será sorprendente que lo logremos. Es tan difícil que creo que los actores de teatro, principalmente, somos casi unos místicos del arte. Esta es una carrera que ofrece pocas garantías económicas, sobre todo si te enfocas en el teatro como fue mi caso, y ahora estamos prácticamente trabajando por pasión porque no existe una infraestructura, no existe apoyo a la cultura, no existe nada.

En Venezuela, han golpeado tanto al gremio cultural de una manera tan cruel y frontal que al cerrar canales de televisión, le estás quitando el trabajo a cientos de personas, al poner dificultades para adquirir lo más básico como un bombillo para iluminar un escenario, un transporte para que se trasladen los actores, hacen que actuar sea una dificultad muy grande.

En Caracas, cada vez hay más espacios culturales vacíos, pues el problema del transporte, las calles, la inseguridad y la oscuridad hace que la gente tienda a aislarse y el problema es que el teatro es un acto social.

Sin embargo, también pienso que somos un gremio muy fuerte, no solo se han cerrado teatros, se han abiertos otros. Hemos ido reinventándonos. Ahora, se hacen funciones más temprano, a las 4 de la tarde cuando hay mayor afluencia de público, porque también hay esa necesidad social de estar el uno con el otro, está la necesidad de compartir.

Como pionera del microteatro en Venezuela, ¿crees que su producción decayó?

En el primer microteatro, yo participé en un monólogo escrito y dirigido por Javier Vidal. Todo resultó ser un boom. Nosotros no teníamos idea, sabíamos que se estaba haciendo en Madrid, Colombia y México, pero nosotros no sabíamos cómo iba a resultar aquí y todo fue un fenómeno.

Ahora, lo difícil que se volvió el microteatro es impresionante. Tenemos que admitir que algo hay que revisar. Pienso que se hicieron muchas concesiones en la comedia fácil (porque esto es un arma de doble filo) que funcionó en la inmediatez pero, a largo plazo, perdiste un público que habías cautivado porque tenías una propuesta artística interesante.

Sin embargo, sigo creyendo que el microteatro puede reinventarse porque de eso también se trata el teatro de … ¡reinventarse!

¿Consideras que el microteatro perdió su calidad por vender más? 

Hay un riesgo de crecer demasiado y muy rápido. Ahorita que voy a viajar a Bogotá y voy a participar en el microteatro de allá, voy a saber de primera plana cómo es en Bogotá, pero cuando estuve en Barcelona fui a varios eventos de microteatro y como mucho eran 5 salas, en el microteatro de aquí tenemos 31. La oferta-demanda, cuando es más grande la oferta que la demanda, decae el producto. La oferta-demanda también aplica en el arte.

¿Qué sientes que has logrado y qué crees que te falta por realizar?  

Hay dos cosas que siempre destaco: ¡Yo soy actriz por vocación, no para hacerme famosa! En algún lugar leí de una actriz neoyorquina que decía que su máxima ambición era llegar a viejita, poder ir a un teatro cualquiera, de una ciudad cualquiera, a representar una obra de teatro y que la viera el público. Eso para mí es una excelente manera de envejecer… Seguir haciendo teatro en el lugar en el que esté.

Pero, en este momento de la globalización, para mí sería maravilloso poder presentarme en escenarios como Madrid, Barcelona, México, Panamá, y todo eso es posible. Poder presentarme en los escenarios del mundo es un sueño perenne. Poder hacer películas también. Ahora está Netflix, y tengo amigos y gente conocida que está trabajando en Netflix.

¿Has tocado puertas en Netflix? 

No he tocado puertas en Netflix pero ahorita tengo la oportunidad de reunirme con gente en Caracol TV, ya Netflix está produciendo series en Colombia y también tengo posibilidades de hacerlo cuando viaje el año próximo (…) Siempre hay algo por lo que dices: “bueno, ya llegué a este nivel, ahora quiero ir al siguiente”.

Es como decir: “Hola, mucho gusto, Nattalie Córtez”… Afortunadamente en Colombia se está retransmitiendo ‘Mi gorda bella’, que además fue la primera telenovela que hice, y que es un personaje entrañable y que el público siempre lo recibe muy bien. Todo esto está como a la expectativa, iré a Colombia como a dejar mi tarjeta de presentación.

¿Próximos proyectos? 

Luego de representar “Yo soy María Félix”, escrito y dirigido por José Jesús González, en el teatro municipal de Valencia, iré a Colombia a realizar dos funciones de “Yo soy María Félix” el 14 y 15 de diciembre, en el marco del microteatro Bogotá. Después, iré a Barcelona a visitar a mis dos hijos para recibir el Año Nuevo con ellos, además de retomar talleres y algunos proyectos teatrales que tengo por allá.

¿Qué sentiste al recibir el premio de la Fundación Fernando Gómez? 

Lo más bello de ese premio es que por rigor me lo gané. Ese domingo, cuando yo respondí esa llamada, la voz que escuché fue la de Tania Sarabia y estaba tan emocionada que todavía lo recuerdo y se me ‘aguan los ojos’. Si hay alguien que conoce mis inicios (porque yo no llegué directo a montarme en el escenario, yo llegué haciendo luces, utilería, vestuario y a ayudar a cambiar a las primeras actrices en aquel entonces) fue Tania Sarabia. Ella me llamó y me dijo: “es tuyo, es tuyo” y yo no sabía de qué me estaba hablando. Luego, la reacción en cadena que recibí fue tan bella que lo que leía era “merecido, merecido, muy merecido”. Es una felicidad muy grande.

También me emociona mucho que sea el premio Fernando Gómez porque yo tuve el honor y el placer de trabajar con el maestro Fernando Gómez. Y lo conocí cuando ya estaba a punto de cumplir 90 años, y seguía pareciendo un niño grande, era tan optimista, tan luminoso, tan jovial. No podría sentirme más honrada porque yo lo conocí y lo amé con pasión.

Una palabra para ese premio 

Mi primera palabra preferida siempre ha sido: ¡Gracias!

Finalmente, ¿qué consejo le darías a los jóvenes que desean dedicarse al teatro y a los que están iniciando su experiencia en las tablas? 

Cuando yo comencé a estudiar teatro, mi hermano mayor comenzó a estudiar medicina y en las conversaciones que teníamos, una vez me dijo que yo iba “a pelar”, pero yo acepté el reto y fue lo que hice. Para mí, la actuación es una profesión y se estudia, no es porque soy bonita e hice un concurso, no es porque hablo bien y soy simpática, no, eso requiere años de disciplina y estudio. Si quieres dedicarte a la actuación, estudia. 

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