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La Lupa

Las cosas del mandón

En una actividad el día 26-4-21, Maduro informó acerca de las gestiones del gobierno en los estados en donde la lluvia causó desastres. En parte de sus palabras, el presidente afirmó que “llamamos a Rosales pero no lo localizamos”. De manera sorpresiva, desempolvó y amenazó con una figura con más pena que gloria que son los “protectores”. Dejó ver algo como “qué falta hace un protector para el Zulia”. La verdad, como dice el refrán, es que “el que nace barrigón ni que lo fajen chiquito” porque después que el pueblo zuliano no reeligió a Omar Prieto y Rosales ganó con 16% de ventaja, proponer esa figura es una desconsideración hacia el Zulia desde gobiernos cuyas políticas, incompetencia, y corrupción llevaron a ese estado a la crítica situación en la que está. En vez de proponer “protectores”, el ejecutivo debe trabajar junto a los gobernadores y alcaldes. No es correcto que Maduro le quiera aplicar a Rosales lo que empleó de mala forma contra Ramón Guevara en Mérida durante las lluvias de 2021 para impulsar a su candidato hoy gobernador. Eso no se hace. Como Venezuela ahora son canciones, bailantas, y la buena vida de sus elites de todos los signos, su idea de gestión de gobierno Maduro la comunica con la canción de Ibrahim Ferrer “no deje el camino para coger la vereda”. Si es así, el presidente debe dejar la “vereda” de la demagogia y agarrar el “camino” de la constitución que fue su mensaje cuando instaló el Consejo Federal de Gobierno el día 24-1-22

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Caracas.-En una entrevista que Sandra Vicente de elDiario.es le hizo a Judith Butler publicada el día 27-4-22, la filósofa posestructuralista nacida en los EUA, expresó que no es optimista frente al estado de los asuntos mundiales, pero “creo que tengo la obligación de serlo”, agregó.

Con las diferencias del caso, así pudiera decir que es mi posición con respecto a los asuntos de Venezuela. Es difícil ser optimista o exhibir el “positivismo” venezolano. No solo porque cada quien asume una postura frente a la situación de nuestro país, sino porque en política entran muchas variables. En el trabajo, quienes buscan nuestros servicios de análisis político, siempre me preguntan o dicen, “es decir ¿eres optimista o pesimista?”. Siempre respondo, “ni optimista, ni pesimista, siempre trabajando”. No me ubico en el discurso de cierta oposición de “lo hemos hecho todo” o “mi derecho a ser feliz”, para justificar su buena vida en un sistema autoritario. No es mi temperamento. Me siento cercano al discurso de “nunca es suficiente haberlo hecho todo” y “mi derecho a renunciar a la comodidad y a ser feliz para luchar por lo que creo aún en la adversidad”.

Esta introducción porque cuando se instaló el Consejo Federal de Gobierno (CFG) el día 24-1-22, escribí un artículo para el portal de la casa, El Cooperante, en el cual expresé mi optimismo por la forma cómo se llevó la instalación del CFG. Valoré la posición institucional del presidente Maduro en sus palabras. Sin embargo, como uno conoce cómo es la política en Venezuela y cómo es el gobierno, se dejó la inquietud de “el problema es si va a durar” (este optimismo por la instalación del CFG).

Es prematuro para decir “sí” o “no”. Como tengo interés en que la respuesta sea “sí” -que dure- alerto sobre señales que pueden impedir que se mantenga el buen clima que se vio en el CFG del 24-1-22. Ocurrió una importante y que, de entrada, rechazo. Explico por qué.

En una actividad para informar las acciones del gobierno en el tema de las lluvias el día 26-4-22, Maduro habló de los chaparrones en varios estados y mencionó al Zulia. La transmisión la vi completa. No me la contaron.

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Desde Chávez tengo la obligación profesional de ver las actividades del gobierno, no conformarme con los análisis “mainstream” de la oposición -para mi gusto, muy sobrevalorados junto a sus analistas, pero son famosos y eso en Venezuela lo respetan, por eso un gentío se mata “por ser alguien”- que si la “pelea entre Maduro y Diosdado” -ahora por el TSJ- y cuentos de ese tipo. Esa disciplina de ver los programas del chavismo me ha ayudado a comprenderlo, y no me ha ido mal en mis análisis. Así que vi completa la actividad del 26 de abril. No me la contaron.

Al referirse al Zulia, Maduro dijo que no conseguían al gobernador Manuel Rosales. Que lo llamaban por teléfono, pero no lo ubicaban. Hablaba de otro tema, volvía con Rosales, y así, hasta que expresó que Rosales había llamado. Pero en un momento -aquí viene el alerta- afirmó con ese tono de magnanimidad fingida que Maduro a veces usa, algo como “quién tuviera la figura del ‘protector’ para actuar en el Zulia”. En ese tono de “quisiera hacer todo por el Zulia, pero no puedo”. Es una afirmación bastante desconsidera hacia el estado e hipócrita por parte del Presidente de la República.

No es que el gobierno no pueda hacer nada por el Zulia, es que los gobiernos de Chávez y Maduro con sus erróneas políticas y funcionarios incompetentes y corrompidos llevaron a ese noble estado a la situación en la que está. Es hipócrita su afirmación porque, ni Rosales tenía 48 horas de haber ganado la gobernación el 21-11-21, cuando “entre gallos y medianoche” le arrebataron de un plumazo competencias y organismos que corresponden a la gobernación del Zulia. Aún así, el día 30-11-21 se dio la reunión entre el presidente Maduro y el gobernador Rosales, la que celebré -y celebro- y me pareció muy bien que se haya dado. Son dos niveles de gobierno que deben trabajar en conjunto.

Por cierto ¿en quién pensaría Maduro como eventual “protector” para el Zulia? ¿A uno de sus adulantes, incompetentes, o a un grita consignas?

El “protector” es una figura de triste recuerdo en Venezuela. Pasó con más pena que gloria, y cuando Maduro dijo que no habría más protectores en 2021, nadie salió en duelo, a protestar, o a reclamarlos. El silencio fue la expresión del alivio por salir de tan inconstitucional e inútil figura. Los “protectores” que hoy son gobernadores no brillan por su gestión. Ni Marcano, ni Guzmán, ni Meléndez Rivas, ni Bernal, todos sorprendidos por las lluvias, y con un inclemente racionamiento eléctrico en Táchira y Mérida.

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Lo mismo que Maduro quería aplicarle a Rosales -¿o quiere?- lo usó contra el exgobernador de Mérida, Ramón Guevara, también durante lluvias pero en 2021 para empujar a su candidato en ese entonces, Jehyson Guzmán, un “protector” que hoy es gobernador pero no puede “proteger” a su estado de los cortes eléctricos causados por la imprevisión, incompetencia, y corrupción del gobierno de su partido. Lo más triste es el silencio. Ni siquiera una tenue crítica porque no hay luz. La lealtad puede más que el deseo de servir, en mala hora.

De manera que el presidente reincide en una acción que, en el Zulia, no le produjo ganancia política sino una derrota. En noviembre de 2021, el estado votó en contra de una mala gestión encabezada por Omar Prieto, un cuadro de Maduro, a quien apoyó con todos los recursos del Estado. Perdió por cerca de 16 por ciento. Volver al Zulia con lo mismo que hizo en Mérida en momentos de lluvia, es muy cuestionable. Es hacer demagogia -y de la mala- con las dificultades de la gente. Eso no se hace. 

No sé de política, pero en los zapatos de Rosales, no llamo a Miraflores cuando el presidente preguntó por el gobernador de Zulia. Maduro -estoy seguro que iba a ser así- estaba a punto de decir que Rosales estaba fuera de Venezuela. Hubiese esperado a que lo dijera. Después que lo diga, subo un video de esos de Rosales con el agua hasta el cuello, con las botas de goma, y con un comentario de esos irónicos o de chanza para los que los políticos venezolanos son buenos, y Rosales destaca en esa capacidad, para dejar a Maduro al descubierto en sus intenciones. 

Por supuesto, el riesgo era que Maduro tomara una decisión en contra, y una vez tomada, sería difícil revertirla, lo que afectaría a Rosales. Pero en un sistema autoritario la política es riesgo. Así que hubiera esperado a que Maduro dijera que Rosales estaba afuera, y subo el video. Una cosa es el reconocimiento al Presidente de la República -en este caso, Nicolás Maduro- y otra pretender aguantar las cosas de un mandón que quiere hacer demagogia con las lluvias para golpear a un gobernador que fue elegido por el pueblo en noviembre de 2021. Vamos a respetarnos, es el mensaje que le hubiera enviado al jefe del Estado de ser Rosales.

Lo ideal hubiera sido que el presidente Maduro hubiera dicho, estamos llamando al gobernador Rosales, no lo localizamos, estoy seguro que está en los municipios atendiendo al pueblo afectado por las lluvias. Desde aquí, mi apoyo y el del gobierno central a la gobernación del Zulia y a las alcaldías afectadas”Eso sí hubiera sido un mensaje de altura en un momento difícil como son los desastres naturales. Pero Maduro no se caracteriza por eso. En la segunda plenaria del V congreso del PSUV realizada el día 23-4-22, Maduro afirmó que él era “arrecho contra las mafias” (de hospitales, de la gasolina, y de la chatarra) ¡Caraaajoo, ojalá también fuera “arrecho” para respetar la descentralización y no hacer demagogia con las lluvias en contra de los gobernadores y alcaldes de la oposición!

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Maduro sabrá mucho de política. Será un campeón para mantenerse en el poder y de los “nervios de acero”, pero su idea de la gestión es como la del chavismo en general: mediocre, gris, ostentosa, cara, pero sin ambición de hacer cosas grandes para servir y para mejorar la calidad de vida de los habitantes de Venezuela. No es un embalse, sino un pozo de agua. No es una represa, sino una planta eléctrica. No es una autopista, sino un bacheo. No es una flota de camiones, sino una batería y un caucho. Es una flota de Yutong, pero arrumadas y accidentadas. No es una petroquímica, sino una “mini planta de gas”. No es el poder de compra, sino una bolsa de comida. No es el conocimiento, sino adoctrinar. No es innovar, sino repetir. No es dar lo mejor y tener personalidad, sino adular al jefe y seguir al grupo.

En términos del poder Maduro tendrá razón. Está allí. Gobierna. La calidad de su poder es otra discusión. Pero conservó el poder. Tiene una “virtú”, se le quiera o no reconocer. Pero en gestión no la tiene. Seguro nos adaptamos a una gestión mediocre porque los servicios están por el suelo, pero en tuiter el tema es Kiara, Tatiana Capote, Caridad Canelón, Mayra Alejandra, o “la malandra Elizabeth”. Tampoco en la oposición tenemos grandeza, no hay esa pasión de servir, de lo grande para impulsar al país, sino igualmente arengas y consignas flojas. Hay ganas de poder, pero no de servir.

Un ejemplo de esta pobreza en la gestión del gobierno de Maduro se vio en el acto aniversario de la Misión Barrio Adentro el día 21-4-22. El presidente le dio la palabra a la ministra de Salud, Magaly Gutiérrez. La ministra comenzó con su exposición y llegó a una parte en la que afirmó que hay que “definir nuevos objetivos y estar a ese nivel”. Maduro la interrumpió y la interpeló “¿Cómo es eso?”. Silencio de la ministra Magaly Gutiérrez.

Si no entendí mal el intercambio presidente-ministra, la funcionaria solicitaba nuevos equipos para sustituir a los dañados. Maduro le respondió que por qué mejor no mantener o reparar. No hay dinero para comprar nuevos equipos apenas se dañen, agregó.

El presidente tiene razón. Nuestra cultura de no mantener y comprar apenas un equipo se dañe, es de las cosas que más me molesta de ser venezolano. Da grima los cementerios de autobuses o pupitres. Esa idea de “nuevos ricos” que tenemos que nos lleva a confundir riqueza con tener plata. Para nosotros, ser “rico” es no cuidar sino comprar cuanto cachivache nuevo salga a la venta. Cuidar o mantener es para “pobres” o “pelabolas”. 

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El reclamo de Maduro me parece correcto, pero no su visión de una gestión. En vez de darle una respuesta más elaborada o con más contenido a la ministra, inventó otra consigna para aparentar gestión, “el renacimiento tecnológico de toda la misión” -siempre con el juego de palabras vinculado a lo mágico que al chavismo le encanta, porque una cosa es reparar y otra renacer- y la ministra la respondió con otro término muy chavista, pero que muestra la pobreza en la idea de gestión dentro del gobierno: que su ministerio hará una “cayapa heroica” para recuperar los equipos de la misión Barrio Adentro. El presidente finalizó el intercambio con Gutiérrez con, “no dejes camino Magalita, por coger la vereda”, que ahora es la nueva moda de Maduro.

Hoy estamos en la onda de la buena vida de las elites sean del gobierno o de la oposición y la concordia en redes sociales. De lo que habla son de conciertos, bailantas, cosas buenas, y discusiones sin pasión sino “basadas en la evidencia”. Todo muy racional, y muy aburrido, de paso.

Maduro no se quedó atrás en esta moda. Para comunicar su idea de una gestión de gobierno, hizo suya parte de la canción del cubano Ibrahim Ferrer “De camino a la vereda”, que dice, “No deje el camino por coger la vereda”. Para el presidente, el buen gobierno es un WhatSapps, un Tiktok, y “no coger la vereda”. No hay planes, equipos de trabajo, visión de grandeza para servir y hacer, pasión, planificación, y funcionarios competentes. La gestión para el jefe del Estado es “mover el esqueleto” por Tiktok y funcionarios que repiten una rutina de gobierno en forma de consignas que ni producen aplausos en los actos del chavismo o son aplausos flojos. Los chavistas también están decepcionados.

Ojalá Maduro aplique la canción de Ferrer para sí mismo y no “coja la vereda” de reincidir con inútiles “protectores”, y “no deje el camino” de trabajar con los gobernadores y alcaldes elegidos, que es lo que manda la constitución. Trabajo que es de doble vía: del gobierno a las gobernaciones y alcaldías, y viceversa. Un reconocimiento y respeto mutuos. Que el presidente deje “la vereda” de las cosas del mandón -que ya no impresionan, aunque a Maduro le encantan- y tome “el camino” para trabajar de manera conjunta y sin distingos, con gobernadores y alcaldes del PSUV, de la oposición, o independientes.



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