Connect with us

La Lupa

Las lágrimas de cocodrilo de Lula Da Silva

El presidente de Brasil que se burló de María Corina Machado cuando dijo "a mí me impidieron participar en las elecciones, pero en lugar de estar llorando, le indiqué a otro candidato que disputara los comicios, ha llorado como Dumbo más de una vez: cuando lo acusaron de corrupto,  cuando aseguró que iba a acabar con el hambre y durante su reciente discurso de asunción a la presidencia

Foto del avatar

Publicado

/

Caracas/Foto: AFP. Destilando machismo y sobre todo muy poca capacidad autocrítica, el presidente de Brasil, Lula da Silva, trató de ofender a la candidata venezolana María Corina Machado a partir de un comentario tan innecesario como ridículo. Eso que antes se denominaban "indirectas" y que ya no se usa en este siglo cuando se estila hablar directamente, expresarse  sin maromas y sostener la verdad cara a cara. 

Lea también: Las trampas y las triquiñuelas se vencen con un ejército civil

Y menos aún se debería ejercitar semejante artimaña en política porque ese tipo de ataques "indirectos" más que un engaño es una cobardía, una manera muy fácil de ofender a otro, pero oculto tras un manto de inocencia más frágil que un himen, solo para no tener que asumir la estupidez que se dijo y huir luego como si nada.

¿Qué trató de decirle Lula a María Corina con aquello de "a mí me impidieron participar en las elecciones... pero en lugar de estar llorando, le indiqué a otro candidato que disputara los comicios”? El estereotipo clásico: que María Corina, por ser  mujer, es  frágil y emocional, ¿cómo todas? Quizás le faltó agregar que  la candidata  andaba "en esos días" cuando le impidieron participar como candidata presidencial y que posiblemente las hormonas serían las responsables de  sus quejas y reclamos ante el CNE. 

Lo terrible de su comentario es que, a estas alturas del siglo, cualquier político debería saber que, desde Facebook hasta el sol de hoy, todo queda registrado. Sus discursos falsos, sus metidas de pata y sus mentiras, entre otras cosas. De modo que, como ya se lo han demostrado hasta el cansancio, ha sido Lula quien ha llorado públicamente para expresar sus múltiples descontentos y una que otra alegría, como cualquier mujer. Porque lloró en 2016 cuando lo denunciaron por corrupción y apareció bañado en lágrimas calificando de "analfabetos políticos" a los fiscales que lo imputaron "sin pruebas" por haber recibido, supuestamente, 11 millones de dólares en sobornos. También se ha autocalificado de víctima - papel que suele ser endilgado a las mujeres- cuando se le acusó de ser el dueño encubierto de un departamento en la playa de Guarujá pagado por una empresa constructora, escándalo que llevó a Lula a prisión por corrupción y lavado de dinero y que culminó el año 2021 cuando  el Supremo Tribunal Federal (STF) revocó su condena al considerar" que no se le habían respetado sus derechos durante el proceso". De modo que, viéndolo bien, tenía razones de sobra para llorar.

También lloró Lula en noviembre del 2022 cuando ganó las elecciones y lloró en diciembre cuando recibió el "diploma" de presidente de Brasil y lloró en enero del 2023, en su  discurso de toma de posesión cuando prometió que iba a acabar con el hambre en Brasil, un país que cuenta con 67 millones de personas en estado de pobreza según el Ministerio de Desarrollo y Asistencia Social, a pesar de sus periodos presidenciales y los de su amiga Dilma Rousseff.

Advertisement

Pero no lloró cuando lo inhabilitaron como candidato, es verdad, una medida que -como declaró entonces su opositor Michel Temer-  "la inhabilitación política puede transformar a Lula en  un mito y como una figura mítica tal vez pueda hasta influir  en los comicios aunque no participe en ellos".

Algo que debería preocupar a cualquier opositor en el caso de María Corina. Porque hacer un líder un mito, paga muy duro en política.



Tendencias