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Las razones que llevan a los menores de edad a protestar en un país convulsionado

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Caracas, 10 de junio.- Grupos conformados por menores de edad forman parte de las manifestaciones que se han desarrollado en el país desde hace dos meses, siendo afectados también por la fuerte represión de las fuerzas de seguridad del Estado, quienes evitan que las movilizaciones llegan hasta el lugar de destino.

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En un trabajo de investigación realizado por las periodistas Niur Bolívar, María Castaños y Ana Díaz para el semanario Quinto Día realizó una investigación para abordar los motivos por los que los jóvenes protestan en las protestas en contra de Nicolás Maduro.

A continuación parte de la investigación:

Durante las entrevistas solo se apreciaban sus miradas, debido a que la mayoría de estos jóvenes cubren sus rostros por temor a las represalias que pueden sufrir si son identificados. Estas miradas perdieron la inocencia en las calles, exigiendo tener condiciones dignas para vivir, comida al final del día y oportunidades para el futuro.

“Cara de Loco”, de 16 años de edad, uno de los manifestantes entrevistados para esta investigación, da un testimonio de quien ha vivido en la desidia y sufrido la crisis del país. No pudo definir cuál es su profesión soñada; sin embargo pudo decir que desea triunfar, que está cansado de ver a las personas fracasar en el intento de lograr sus metas y que la principal causa de las frustraciones es la situación actual. “Sueño con ser un triunfador, quiero ser alguien en la vida, tener una profesión, poder comprarme una casa, darle el ejemplo a mis hermanos, pero de verdad que en Venezuela en este momento nadie tiene ni para comprar la comida”.

La psicóloga social Vicky Durán, considera que “cuando los niños asisten a una protesta, se están exponiendo a la violencia, a que les hagan daño; a que de alguna manera las personas se aprovechen de ellos; se están exponiendo a no disfrutar su niñez. Un niño que deja de jugar, de ir al colegio, para resolver sus necesidades básicas, es un niño que no está viviendo su infancia”.

Alexander Campos, sociólogo, profesor de la Universidad Central de Venezuela y subdirector del Centro de Investigaciones Populares, cree que “a esos niños los debemos devolver al seno de sus hogares, ese no es un escenario para ellos; no debemos sentirnos orgullosos de que estén allí. Cuando se dice que son parte de la resistencia lo señalamos con mucho dolor. No nos estamos escudando detrás de la inocencia de un niño, es que hay una realidad social que los lleva a protestar”.

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El abogado y coordinador del programa “Buen Trato” de Cecodap, Carlos Trapani establece que según lo expresado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, “todos los niños y adolescentes tienen derecho a manifestar pacíficamente sin armas”. Sin embargo “actualmente debido a la represión que están desarrollando los organismos de seguridad del Estado, no es seguro que un niño o un adolescente participe dentro de una manifestación”.

Agregó que formalmente el área encargada de la protección de los infantes es el Viceministerio de la Suprema Felicidad Social del Pueblo, pero “ni siquiera ha dado un pronunciamiento público y claro para la protección de los niños en el contexto de la crisis”.

Razones sobran

“El Pegao” es un adolescente de 15 años que se mantiene en las protestas porque desea que el país cambie. Vive con su tío y sus seis hermanos, sus padres los abandonaron. Su razón principal para continuar en las calles es que en su casa no llega la bolsa del CLAP. “Yo trato de ayudar a mi tío, pero me da tristeza saber que no tenemos para comer”.

Y es que esta es una de las principales razones de la protesta de este joven, pues para él las políticas de alimentación implementadas por el Estado no son suficientes para cubrir las necesidades de una familia completa.

“Ojos de Gato”, de 15 años de edad, es otro joven que decide protestar cada vez que la oposición venezolana realiza una convocatoria. Aunque no tiene el bagaje intelectual para comprender toda la problemática del país, opina que el gobierno debe recapacitar y buscar la manera de enderezar las riendas de Venezuela: “Yo lo único que quiero es que Maduro entienda que una bolsa de comida no es suficiente. Solo quiero que mi hermana y mi abuela puedan comer, comer bien”.

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Por su parte “El Recortado”, un joven de 15 años quien vive en las calles de Caracas, aseguró que se mantiene en las manifestaciones, por la ayuda de la sociedad civil y que a diferencia de lo que dice el gobierno nacional, nadie les da dinero, pero sí ropa y comida. “Las personas nos ayudan bastante, nos dan comida, ropa, zapatos, lo que ellos pueden. A nosotros nadie nos paga, nosotros estamos y nos mantendremos aquí porque queremos”.

En referencia al tema de la alimentación que reciben en las protestas, Nixa Martínez, presidenta del Colegio Nacional de Nutricionistas y Dietistas, enfatizó que “el que los manifestantes estén dándole comida a las personas y en específico a los niños que se encuentran en la protestas es una ventaja; los están favoreciendo porque son alimentos sanos, garantizados, que los van a nutrir”.

Sin embargo, la psicóloga Durán consideró que no es ideal que la sociedad civil respalde la conducta que tienen los menores de edad para obtener alimentos en las protestas. “En vez de incentivar a que esto siga repitiéndose, deberíamos educar, reforzar valores, tomar acciones en función a que el niño obtenga las herramientas y que satisfaga sus necesidades sin tener que recurrir al exponerse”. Asimismo, el abogado Trapani afirmó que “los niños no pueden estar en primera fila, no sólo por la lógica jurídica, sino por la lógica ética y humana, ya que no están preparados para enfrentar ese tipo de riesgos”.

¿Quiénes son los responsables?

El sociólogo Campos aseveró que la responsabilidad recae en las instituciones gubernamentales: “Hasta por coincidencia etaria, usted tiene que señalar como culpables al gobierno que tiene más de 18 años en el poder. Si todos ellos son menores de edad y se encuentran en situación de calle, no es una coincidencia; es una consecuencia de la realidad producida por un sistema económico que ha acabado con todas las redes de solidaridad unitaria. Han roto con el aparato productivo, acabaron con la solidaridad comunitaria, con las organizaciones tradicionales que se ocupaban de ellos, entonces a los niños les queda defenderse por su propia cuenta”.

“Cara de Loco” hace un mes se unió a las manifestaciones y aunque tiene miedo, aseguró que es necesario seguir en la calle. “He visto caer a muchos de mis amigos, tengo a 6 detenidos. A pesar de eso, seguiré saliendo a las calles. Me da miedo que la represión me toque a mí. Cada vez que vengo pienso en mi madre. No quiero que sufra, yo soy el mayor de mis hermanos”.

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Por su parte “El Pegao” expresó durante la protesta del día lunes 5 de junio, que no tiene miedo de asistir, pues para él existe una causa mayor: no poder progresar en Venezuela. “Me da más miedo seguir viviendo así que enfrentarme a los guardias”.

Durán se pregunta dónde están los responsables de estos niños. “La responsabilidad no es del que los ayuda en las marchas, es de los papás. Si los papás tienen una condición de extrema pobreza, ¿dónde está el segundo responsable que serían las instituciones del Estado? Aquí hay muchos responsables, pero el que está resolviendo realmente su dificultad es el niño, cuando se va a la marcha”.

Mientras tanto, la especialista en nutrición consideró que los entes gubernamentales son los responsables de velar por la estabilidad de esos niños. “Eso está estipulado en Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en los artículos 305, 306 y 307. Es el deber del Estado brindarnos la alimentación como un derecho a toda la población venezolana”, sentenció Martínez.

A pesar de su corta edad, “Ojos de Gato” tuvo que asumir el cargo de hombre de familia. Ayuda a su abuela a conseguir la comida del día a día. Tuvo que abandonar sus estudios, llegando sólo hasta el sexto grado. Dice bromeando que consiguió ser famoso gracias a las protestas. “Búscame en Facebook y te darás cuenta que todos saben que quiero ser piloto”. Sus ilusiones se mantienen vivas, pese a los bajos recursos con los que cuenta.

Por otra parte las consecuencias psicológicas que estos jóvenes pueden presentar a corto y largo plazo serán negativas. Durán se refiere a esto y cree que “en el presente padecerán conductas de aprovechamiento de la situación, conductas de desatención de los padres, casos de irritabilidad y rebeldía. Para el futuro podemos encontramos con adultos que pueden haber adquirido trastornos de personalidad disocial, aquella que transgrede las normas sociales, que no tiene empatía, no le importan las personas, no tienen amor por los demás”.

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Campos considera que cuando hay jóvenes dispuestos a asumir los riesgos, como a quienes son heridos y siguen en las manifestaciones, se está viendo una actitud indeclinable y que muestra una gran valentía. Sin embargo, el especialista advirtió que “de no alcanzarse los objetivos planteados en las protestas, la motivación que tienen los jóvenes puede terminar volviéndose delincuencial”.





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