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La Lupa

Las trampas y las triquiñuelas se vencen con un ejército civil

Este es el momento de la gente, de las multitudes haciendo cola frente a los centros de votación, de la pasión por ganar. Porque mientras más difícil pongan el objetivo, más rabia se producirá en los electores, quienes, como es sabido, solo se movilizarán por amor o por odio

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Caracas/Foto: Vente Venezuela. Como en el viejo chiste del infierno venezolano, cuando finalmente la oposición se pone de acuerdo en apoyar a una única candidata y María Corina Machado cuenta con el arrastre popular suficiente para llegar tranquilamente a Miraflores, el gobierno lo impide con una triquiñuela "legal" para quitársela de encima y, de paso, provocar un caos masivo en sus adversarios: con el más reciente anuncio del CNE - hay que inscribir las candidaturas antes del 25 de marzo- la triquiñuela  de poner a los opositores a correr, a improvisar y a perder el foco en medio del apuro, se hace visible pero también posible de derrotar.

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Porque de algo han servido tantos años de fracasos y oportunidades perdidas. La consigna  "Voto y más voto", que repite Andrés Caleca desde su trinchera de organizador silencioso de algunos eventos llevados a  feliz término, se riega como pólvora. "Únete y vota", repite el consultor Luis Vicente León, porque... Claro que ganar contra corriente siempre es más difícil, pero si no votas no será difícil… Será imposible...no te dejes llevar por el barranco que ya conoces".

"Vamos a votar y vamos a ganar" se repite en redes y análisis la vieja y triunfante consigna electoral donde los ejemplos sobran. Porque fue con voto y más voto que sorpresivamente se impuso el outsider Xavier Milei en Argentina y Eduardo Noboa en Ecuador, triunfos que acabaron con los muchos años en el poder de los socialismos kirchnerista y correista, tan cómodamente enquistados en el poder que se creían irremplazables. Como fueron sorpresivos los triunfos de Bernardo Arévalo en Guatemala y de Donald Trump en los Estados Unidos. Sin dejar de mencionar el del actual gobernador de Barinas, Sergio Garrido, que ganó frente al mayúsculo aparataje clientelar del gobierno de Nicolás Maduro, éxito que se vivió como doble porque ocurrió en la tierra donde nació Hugo Chávez, algo inimaginable pocos años atrás.

Y aunque el PSUV aspira recuperar su figura para fortalecer la campaña de Nicolás Maduro- seleccionando el cumpleaños de Hugo Chávez como día de las elecciones-, sucede que los estudiosos del marketing político han demostrado que quien realmente lleva los votantes a las urnas electorales es el candidato. Su carisma —algo que no todos poseen—, su aceptación popular y, si aspira repetir en el cargo, una obra sólida que demuestre que merece otro período. Obras donde suele pesar la economía —empleo, salarios, beneficios sociales, estado de escuelas y hospitales—, y de la cual se podría aferrar para que sus promesas fueran verosímiles.

Pero este no es el caso de Maduro y su gobierno, quien exhibe porcentajes de aceptación muy bajos en casi todas las encuestas creíbles y el acercamiento "tú a tú" con los votantes le resulta cada día más difícil por razones de seguridad, según alegan. Espacio donde su oponente se mueve como pez en el agua, recorriendo medio país, llenando plazas y dejándose abrazar por ancianas y niñitos, la foto imprescindible de cualquier candidato que aspire conmover al electorado.

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Y si bien es cierto que María Corina Machado tiene el tiempo contado para afinar una estrategia que le permita llegar a Miraflores, no es menos cierto que ese tic tac angustioso también persigue a Maduro, a quien igualmente le quedan muy pocos meses para convencer, hasta a los suyos, de que puede ganar limpiamente y seguir gobernando como hasta ahora. ¿O mejor que hasta ahora?



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