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La Lupa

Leopoldo Martínez: Trump ha debilitado la unidad de la oposición en Venezuela

El presidente del Centro para la Democracia y Desarrollo de Las Américas, sigue al pie del cañón en el intento de recuperar la democracia en Venezuela

Caracas.- El único venezolano que integra el Comité Demócrata de los Estados Unidos asegura que  un triunfo de Joe Biden no le haría más fácil el escenario  a Nicolás Maduro porque las sanciones continuarán y «la política de recuperación de la democracia venezolana está enmarcada en el bipartidismo». Pero cree que es un despropósito y un desacierto de un sector de la  oposición venezolana montar una política basada en la premisa de una intervención militar de Estados Unidos. «La oposición venezolana debe entender la importancia del apoyo internacional, pero también sus límites».

Lea también: La izquierda se le alzó al gobierno

Con más de quince años fuera de Venezuela, y hoy uno de los dos latinos que conforman el poderoso Comité Demócrata de Estados Unidos- la organización que gobierna al Partido Demócrata de Estados Unidos-, sigue al pie del cañón en el intento  de recuperar la democracia en Venezuela.

Presidente del Centro para la Democracia y Desarrollo de Las Américas, Coordinador de Finanzas de la Conferencia Hispana y del Partido Demócrata en el Estado de Virginia, Leopoldo Martínez asegura que la política de Donald Trump sobre Venezuela ha fracasado porque  «escaló unilateralmente y no creó incentivos o propuestas para que China, Rusia o Cuba facilitaran las cosas». Y contraria a la matriz de opinión que se ha instalado en Venezuela, asegura que Nicolàs Maduro no la tiene tan fácil en caso de que Joe Biden llegara a la Casa Blanca. 


 Nicolás Maduro tiene la esperanza de que  Donald Trump pierda las elecciones porque  eso le podría facilitar su situación. Que él confía en el triunfo de los demócratas porque «bajarían las tensiones y él podría  continuar en el poder.


 – Yo creo que nada le conviene más a Maduro que la continuidad de Trump. La política de Trump frente a Venezuela ha «cubanizado» el conflicto por los dos extremos. La Habana influyendo sobre Maduro y la derecha Republicana del exilio cubano influyendo sobre la oposición. El predictor en ese escenario es Cuba. 


 Pero muchos en la oposición también creen lo mismo. Que un cambio de gobierno en Estados Unidos debilitará la causa de la democracia en Venezuela.


Con Joe  Biden en la Casa Blanca continuarán las sanciones porque la política de recuperación de la democracia está enmarcada en el bipartidismo. Pero las sanciones tienen que coordinarse de forma multilateral para que sean eficientes, y no pueden convertirse en un fin en sí mismas. Tienen que tener un objetivo. El objetivo que une a la coalición internacional es producir elecciones limpias, libres, justas y creíbles en Venezuela. No otras imposiciones ni amenazas. Las sanciones deben incentivar que los actores del conflicto se pongan de acuerdo, vayan a unas elecciones creíbles y a partir de allí, el país inicie su transición a la democracia.


– Trump ha impuesto un unilateralismo y una ambigüedad de objetivos que ha debilitado la coalición internacional, y por las expectativas creadas con sus amenazas de uso de la fuerza (que sabe no va a cumplir) ha debilitado también a la unidad de la oposición en Venezuela. Para Trump, Venezuela no es una causa, es una herramienta electoral a lo interno en EE. UU. Busca con su “bravado” agitar emociones para conquistar el voto cubano y venezolano en Miami, porque no tiene otra forma de conseguir apoyos en el gran electorado latino a nivel nacional, y en la misma Florida. Necesita esos márgenes que tiene con el voto cubano y venezolano para sumarlo a su electorado fundamentalmente, electores blancos en el norte de la Florida que son profundamente anti-inmigrantes. Es una simple manipulación o cálculo electoral. 

Despejado ese problema, en el supuesto negado de una reelección de Trump, la influencia de Putin sobre su presidencia será mayor, incluyendo el tema Venezuela. Ese riesgo lo denunció el propio John Bolton en su libro recientemente.

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– ¿Qué le recomiendas a Juan Guaidó en este momento? Porque se ha tropezado con demasiados obstáculos, quizás por confiar excesivamente en el real apoyo de Trump.


– Creo que en cualquier escenario, la oposición venezolana debe entender la importancia del apoyo internacional, pero también sus límites. El apoyo internacional no sustituye el esfuerzo de organización y movilización interno, la capacidad de encontrar vías para negociar y hacer viables esas elecciones creíbles, y dar sustentabilidad a los esfuerzos internacionales.
La comunidad internacional no puede imponer un gobierno a la fuerza, ni dictar los términos de la transición. Puede presionar y coadyuvar, crear incentivos, tramitar lo necesario para exigir el respeto a los derechos humanos, incluyendo las sanciones como mecanismo para incentivar cambios de conducta en el régimen. Pero nada puede sustituir lo que haga y alcancen las partes del conflicto político en Venezuela. Es lo que te enseña la experiencia histórica internacional.


Felipe Gonzalez hace un tiempo dijo que la oposición no podía ponerse en manos de Trump. Y tiene mucha razón. Además, no puede enajenarse con esa simbiosis con Trump el apoyo bipartidista que tienen la causa democrática en los EE. UU.


–  Si bien el Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) que apoya Joe Biden es muy positivo, ¿no implica una especie de “condena”?.  Es decir, como la situación en Venezuela no van a cambiar,  Estados Unidos va a tratar a los emigrantes lo mejor posible. Algo semejante a lo que ocurrió con los cubanos que apenas pisaban tierra americana, ya tenían residencia.  Una suerte de premio de consolación…


-Biden está comprometido con algo muy  importante: la protección migratoria a los Venezolanos desplazados a los Estados Unidos. El TPS para los Venezolanos es una medida de reconocimiento y apoyo muy valiosa en medio de la crisis humanitaria.

No es un premio de consolación. El TPS (y más aún cualquier cambio migratorio que se ofrezca) no significa abandono de la política de recuperación de la democracia en Venezuela. El primer paso es precisamente otorgar ese alivio migratorio en un marco temporal, apostando a que se pueda resolver el problema en Venezuela. Pero el tiempo pasa y debemos dar una respuesta digna y humanitaria a los refugiados venezolanos, que son cerca de 200 mil personas en EE. UU.

-¿ Qué tanto peligro real representa el gobierno de Nicolás Maduro para Estados Unidos, al extremo de que  ambos candidatos buscan que haya un cambio en Miraflores? Venezuela ya ni petróleo tiene. ¿Que tanto les puede importar el destino de un país empobrecido y débil? 

El régimen que prevalece en Venezuela no puede continuar. Es imperativo un cambio. Eso está claro.  Hay que producir un cambio en Venezuela, principalmente por los venezolanos. Porque la región entera desea una Venezuela próspera. Además el éxodo de los venezolanos crea un problema en los países vecinos que es motivo de preocupación.

Luego está el tema del crimen organizado y el narcotráfico. Eso por supuesto es un asunto que genera inmensa preocupación y acciones concretas en el marco de la lucha contra lo ilícito, que están en pleno desarrollo, con distintos impactos. Pero es un problema del hemisferio. No es exclusivo de Venezuela.

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La droga pasa y se mueve desde Venezuela con complicidad del régimen, pero se produce en Perú, Bolivia y Colombia, y también se mueve por toda la región, el Caribe, Centroamérica, México, con base en muchas complicidades y con distintos impactos sociales y políticos; todo debido a un inmenso y complejo tejido, a toda una capilaridad que ha logrado crear el crimen organizado. 

Contra eso se lucha y sin descanso, con inteligencia, multilateralidad y un enfoque holístico.  Pero de allí a pensar que la sociedad estadounidense percibe una amenaza a su seguridad nacional que justifique una intervención militar en Venezuela, ante los ojos de un ciudadano americano (fuera de las diásporas cubanas o venezolanas de Miami), hay un trecho inmenso, es un despropósito y un desacierto de la oposición montar una política interna basado en esa premisa.

-¿Considera  positivo que se genere un movimiento dirigido a anular las próximas elecciones parlamentarias?

Creo que hay que seguir presionando para que esas elecciones tengan condiciones que las hagan creíbles, con garantías de participación para todas las fuerzas sociales y políticas del país. 

Pero el asunto como está planteado va mucho más allá. El mandato de la Asamblea Nacional vence. Eso es una realidad también, con sus impactos. ¿Entonces que tenemos? ¿La disolución de la Constitución misma? Un régimen cuyo presidente tiene una legitimidad de origen desconocida a nivel internacional (además de un desempeño anti democrático denunciado), sin  contrapesos institucionales que puedan ser del todo reconocidos.

Pero en cualquier caso, de consumarse esas elecciones parlamentarias, con todo los cuestionamientos que caben en este caso, también se empoderarán otras expresiones políticas, diferentes al régimen de Maduro y el actual gobierno interino. Eso agrega complejidad al análisis y no puede, en mi opinión personal, despacharse con planteamientos binarios. Sencillamente se complica todo. 

Por eso te decía, este es uno de los resultados de la política de Trump y de haber puesto la estrategia opositora en sus manos. Se debilitó la coalición internacional, pero también se fracturó a la oposición. Es el peor escenario.

Y en materia de sanciones, el gobierno de Trump escaló unilateralmente, no creó incentivos o propuestas para que China, Rusia o Cuba facilitaran las cosas, y allí tenemos el terrible impacto de todo ese esquema. La crisis social y económica era profunda, inmensa, y en el diseño de la política de sanciones cobra relevancia aquello que dijo Garrincha(el célebre futbolista brasileño): “los rusos también juegan”. En este caso literalmente ellos, pero también los chinos, los iraníes y los turcos.

En fin,  cabe preguntarse ¿Qué estrategia tuvo Trump frente a ese escenario? Estaba cantado que ocurriría agravando el cuadro venezolano. Y esta reflexión es pertinente para responder tu pregunta sobre la elección parlamentaria y el posible desconocimiento internacional: en un universo de 60 países que reconocieron el gobierno interino de Guaidó, y el resto de los países en el sistema de la ONU que no tienen posición o la fijaron de respaldo a Maduro ¿qué se puede esperar de cada uno de ellos en este barajo que viene?. Sería un gran error apostar a algo tan incierto, nuevamente, en el diseño de una estrategia opositora para recuperar la democracia. 

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Y concluyo con algo para la reflexión: que la estrategia opositora de tener como objetivo (o como resultado) un “gobierno interino” en el exilio sería un inmenso error.

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