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Leyes comunales: ¿por qué el gobierno acelera su aprobación?

La Asamblea Nacional debate un conjunto de leyes para darle forma a la estructura comunal. Es el cuarto empuje que el chavismo hace de lo que llama “poder popular”. El primero en 2002, con la ley que creó los consejos locales de planificación pública. Luego, en 2006, se aprobó la ley sobre los consejos comunales. En 2010, con el paquete de leyes del “poder popular”, y ahora en 2021 con la presentación de leyes para el parlamento y ciudades comunales. Pienso hay que hablar al mundo comunal con esa y otras visiones de comunidad. No quedarse en si es “constitucional” o es para “someter a la sociedad”. Ya es hora de ser referencia y dejar de ser víctima

Foto: @VTVcanal8

Caracas.-Bajé de la página del canal ocho el proyecto de ley “de las ciudades comunales” (marzo 2021). El texto que bajé tiene 59 artículos, 5 títulos, una exposición de motivos, 2 disposiciones finales, y una disposición transitoria. Todo en 28 páginas.

En el mundo opositor es un tema que no se discute, de “eso no se debe hablar” porque fue rechazado en el referéndum de 2007, o porque la AN no “es legítima” y se hace como si esa propuesta no existiera. O la expresión “comunal” genera rechazo porque se percibe que es “comunismo”. La palabra no debe causar molestia. En su plan de desarrollo 2002-2006 para Colombia, Álvaro Uribe propuso ir hacia un “Estado comunitario” y habló de los “consejos comunales de gobierno”. Por supuesto, no son lo mismo los consejos comunales de Uribe a los consejos comunales de Chávez o Maduro. Justamente aquí está el punto. No es el término, sino el sentido político del término lo que hay que examinar.

El proyecto de ley está en el parlamento y seguramente será aprobado junto a las demás leyes comunales antes del 24-6-21, día en que la Batalla de Carabobo cumplirá 200 años. A mi modo de ver, esa fecha marcará el inicio del sistema político chavista versión Maduro. Estas leyes comunales serán para darle forma a la identidad del chavismo y a un nacionalismo construido desde el poder.

En un extraordinario libro de Diego Bautista Urbaneja, “Pueblo y petróleo en la política venezolana del Siglo XX” (ediciones Cepet, 1992), el historiador reflexionó acerca de los tres grandes programas políticos de la Venezuela del Siglo XX: el liberal, el positivista, y el democrático. Urbaneja definió un programa político como, “un conjunto de diagnósticos y pronósticos sobre la sociedad venezolana, de los cuales se deriva una determinada proposición sobre la forma que debe adoptar el orden político y sobre las tareas de quienes detentan el gobierno”. Lo central de un programa es “el diagnóstico de las capacidades políticas de la masa de la población, del ‘hombre promedio’ de la sociedad, a cuyo conjunto podemos denominar pueblo”.

No pretendo en este artículo examinar al chavismo como programa político, pero sí destacar lo que considero es la concepción de pueblo que Maduro tiene. Pueblo es aquel que está encuadrado y organizado dentro de estructuras del Estado, sea un consejo comunal, un “jefe de calle”, un integrante de la milicia o de un “CPT”. Al pueblo se le otorgan capacidades -el famoso “creo en los poderes creadores del pueblo” de Aníbal Nazoa- pero dentro de una ideología y en el ambiente del Estado. 

El pueblo de Maduro es uno vinculado a instancias burocráticas estatales. No es el modelo pluralista de asociaciones diversas, la separación del Estado y la sociedad civil o la separación de las tres: Estado, mercado, y sociedad la que, por cierto, la constitución de 1999 permite. No es el pueblo de grupos autónomos pluralistas dentro de una concepción contractual o liberal de la democracia de asociaciones para avanzar o promover sus intereses dentro de un juego político agonal.

La visión de Maduro es el pueblo empotrado en distintos niveles dentro del Estado, como capas que se superponen. La “constitución efectiva” -la hegemonía- se solapa con la “constitución ideal” que es la de 1999. El “pueblo ideológico socialista” se superpone al “pueblo constitución de 1999”. Por ejemplo, las ciudades comunales no derogan la estructura vertical del poder sino se superponen a ella. Son en sí mismas un poder vertical como estructura territorial y poder horizontal en tanto “poder popular”. Quizás esta es la magia del chavismo como estrategia de poder. Nunca se deroga algo -tal vez de facto sí- sino que se superponen instancias para la hegemonía a las instancias del “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” que establece la carta magna. Es un poder crudo pero tampoco lo es. En el rodeo institucional está la clave del ejercicio del poder del chavismo.

Lo comunal entra en esta lógica. El pueblo embutido en una estructura social que responde a una visión de Estado y a un proyecto político que no es el pueblo del siglo XIX detrás del caudillo, que no es el pueblo de AD y Copei organizado en partidos, sino es el pueblo dentro de una estructura del Estado, idea que no es nueva.

Hay que recordar los antecedentes con Chávez porque los consejos comunales se mencionaron por primera vez en la ley de los CLPP de 2002. Luego, los consejos comunales tienen su ley en 2006. Prosiguieron las llamadas leyes “del poder popular” en 2010, junto a lo hecho alrededor de esa lógica como por ejemplo la creación y ampliación de la milicia, cuerpo que se originó en la reserva que existía en las fuerzas armadas de Venezuela. Chávez tomó el tema de la reserva que posteriormente se convirtió en la milicia desde la antigua Misión Miranda hasta su incorporación dentro de la estructura militar en la LOFANB de 2008.

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II

¿Por qué el gobierno adelanta la aprobación de las leyes comunales en este momento?

A mi modo de ver hay varios motivos. Una razón hacia el público chavista y razones políticas dentro de la concepción del poder que el chavismo tiene la que, como dije, no es pluralista. No hay centros autónomos de poder, sino el poder en un centro. El chavismo siente que está en una etapa en la que puede avanzar en esa concepción concentrada del poder.

La razón al público chavista es cumplir simbólicamente con un tema que diferencia el chavismo de las demás fuerzas políticas como es lo comunal. También es un tema de Chávez. Se recuerda el último consejo de ministros al que Chávez asistió el 20-10-12, y le dijo a Maduro, “Nicolás, te encomiendo las comunas como te encomendaría mi vida”. Maduro era el vicepresidente en esa época. Lo comunal es un asunto que define la identidad chavista, especialmente en la base que siente que esa identidad es golpeada por la crisis que vivimos todos los venezolanos. El chavismo acepta los motivos del gobierno para explicar la crisis, pero igualmente la vive, la sufre pero, para utilizar un término de la psicología social, su atribución para explicarla es distinta a la del mundo no chavista.

Hablar de lo comunal en este momento es un mensaje a esa base que pese a la crisis y al ruido que puede generar Maduro con sus políticas de relativa apertura, el chavismo como identidad se mantiene y es una que se construye sobre la pertenencia a un territorio. La toponimia que ata a una comunidad y a una persona a un lugar. Ocurre ahora porque el gobierno trabaja en una nueva identidad nacional desde el poder -si es ideología y alienación como el estudio clásico de los 80’s de Maritza Montero, es para otra discusión- caracterizada por el anti imperialismo, la solidaridad, y un pueblo levantisco, que revira, y es “igualao”. Identidad nacional que el gobierno se apropia, reconstruye, y que espera que los 200 años de Carabobo sea su fecha de nacimiento.

La oposición en su “realismo político” no ha sido muy constante en la “defensa de la soberanía simbólica”, más allá de contrastar a civiles frente a militares, como respuesta reactiva a la apropiación de la historia que hace el chavismo, incluso desde antes de ser gobierno. Ahora se nota un esfuerzo más consistente en historiadores de la oposición, pero habría que ver sus efectos en la cotidianidad, cómo llega al público. Es un esfuerzo que percibo a nivel de las élites. Y es en lo cotidiano en donde se va a dirimir la legitimidad política.

Las cuentas del gobierno en redes, por ejemplo, cuándo es el natalicio de Andrés Eloy Blanco o Rómulo Gallegos, se hacen eco de esas efemérides, o como hizo recientemente con la figura de Roscio con un gran acto que presidió Maduro, o el año pasado cuando se cumplieron los 200 años del armisticio de Santa Ana. Ni siquiera AD como “dueños simbólicos” de Andrés Eloy o Gallegos, se aventuran con un “Zoom” abierto al público para hablar de estos dos insignes venezolanos. La mayoría de la conversación va para un público ilustrado, que habita principalmente en redes sociales. 

El gobierno reconstruye las fechas -no sé si la historia- para llevarla a una identidad nacional que define al venezolano no en términos de estilos de consumo, sino en una especie de esencialismo venezolano. Por eso pienso que el chavismo avanza con la propuesta comunal en estos momentos. Esta sería la razón ideológica.

Pero hay una razón política, de y del poder, para adelantar las propuestas de leyes. Para un modelo autoritario, su debilidad es la incertidumbre. Por “modelo autoritario” entiendo un conjunto de estructuras de poder que no tienen contrapesos efectivos para el ejercicio de ese poder por parte del poder ejecutivo, aunque puedan existir formalmente en la división clásica tripartita del poder. Es decir, la probabilidad de decidir en contra del poder ejecutivo es nula o remota. De ahí que a lo largo de la historia son modelos que traten de tener todo bajo control, que la incertidumbre sea mínima, desde los autoritarismos más convencionales como puede ser el caso venezolano hasta las propuestas de mayor envergadura a través de una “tecnología social” como fueron el comunismo y el fascismo, de una sociedad total. Por eso se habla de totalitarismo que no es el caso venezolano. En este punto me separo del discurso opositor que “esto es peor que…”, “que esto no ha sido visto nunca antes”, etc.

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El modelo político chavista es un autoritarismo que no acepta pesos y contrapesos distintos al del propio partido o del poder ejecutivo -la división de poderes a modo de pesos y contrapesos es parte de la “democracia burguesa”, existe formalmente pero no funciona como plantea la constitución- no hay pluralismo en el sentido que todo se define en un centro con una ideología.

Por ejemplo, el día 16-4-21 se celebraron los 18 años de la Misión Barrio Adentro. Maduro afirmó que hay que recuperar todos los CDI y módulos de Barrio Adentro. Dijo que es una autocrítica. En verdad no lo es. Solo reportó un estado de cosas. La autocrítica sería profundizar en por qué no están operativos todos los CDI y módulos, y atreverse a ir a explicaciones más profundas. Atreverse a cuestionar el sistema mismo para cambiarlo. Pero un socialista de raigambre no hace eso. Es, por definición, conservador. De manera que Maduro hace una queja a sí mismo: el Presidente reclama que la misión no funciona, pero al mismo tiempo, dice que debe funcionar y lo pide en TV. En criollo, es “despacharse y darse el vuelto”. La contraloría no hace esa inspección de forma independiente o alguna instancia de auditoría del gobierno. Si lo hace, es por una decisión política de la cúpula, pero no hay acción independiente. 

No obstante, es un autoritarismo más estratégico, complejo, bien pensado. No es el autoritarismo clásico venezolano del mandón -aunque en Venezuela gusta- o el autoritarismo clásico del caudillo y la montonera. Es un autoritarismo más elaborado. Con mucha capacidad en el sentido de saber cómo se juega y cómo se maneja el poder y eso, entre otras cosas, explica su longevidad, pues ya lleva el 50% del total de Puntofijo que fueron los famosos “40 años”. El tiempo pasa, aunque no lo veamos.

Maduro se diferencia de Chávez en grados no de fondo. Chávez permitía, tal vez por su manera de ser, su carisma, un cierto grado de revire. Maduro es diferente. No se permite ni un chiste, cosa que Chavez hacía con frecuencia, como situación amena en un acto o para bajar tensiones. Pero Maduro, cuando hace un chiste, siempre aclara que “es una broma, no es en serio”. Creo lo hace porque la gente no lo ve con esa horizontalidad con la que veían a Chávez, aparte que Maduro no tiene talento para los chistes (tampoco es un talento envidiable, ese del “venezolano simpático y chistoso”). Lo ven con temor, como preguntando cómo va a reaccionar ese señor porque Maduro de repente, “fulano, toma nota”; “por ahí alguien se durmió”. Como pendiente de todo. No sé cómo será como persona, aunque tuvo fama de ser alguien distendido y conciliador. En su último mensaje del 8-12-12, Chávez habló de su “don de gente”. Toda esta caracterización de Maduro porque pienso es más organizado para construir un poder concentrado que Chávez, que se permitía cierta incertidumbre.

III

La redacción de la ley me parece muy pobre. Las asambleas en manos del chavismo de otros momentos, tenían mejor redacción y contenidos en sus leyes, al margen si uno está de acuerdo o no con los instrumentos jurídicos aprobados.

La exposición de motivos también es muy pobre. Ni siquiera hace mención a los antecedentes comunales del propio chavismo o sus normas previas. Es una redacción muy partidista y de arenga política, con muchos lugares comunes de una izquierda vetusta. Por ejemplo, el “trabajo liberador” ¿Qué significa eso hoy?

La redacción de los artículos es lenta, farragosa, repetitiva. Sin emoción, sin innovación. Es una “redacción burocrática”.

Observo la ley como un marco para crear instancias territoriales que se superpongan entre ellas, aunque cada una con su espacio. Los consejos comunales como la organización básica. Varios consejos comunales que se organicen forman una comuna. La agregación de estas con base en criterios territoriales e históricos, formarán una ciudad comunal que aprobará una suerte de constitución -la carta fundacional- con un gobierno de asamblea, que tiene un órgano ejecutivo y comités, pero el poder reside en el “parlamento comunal”. La asamblea tomará las decisiones de políticas, y un “consejo ejecutivo” las desarrollará. Los planes y programas, por supuesto, deben ajustarse a la planificación y planes del gobierno socialista. Es una visión desconcentradora y no descentralizadora del “poder popular”.

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No percibo que solapen de forma directa a alcaldías y gobernaciones, pero sí de manera territorial. No es inocente, claro. Se busca que estas ciudades ejerzan actividades tipo “junta de condominio” pero en una extensión territorial más amplia.

De los 59 artículos del proyecto de ley hay dos que considero inciden en otras áreas y definen la lógica comunal. Son los artículos 43 y 59.

El artículo 43 define que las “organizaciones socioproductivas” son “unidades de producción constituidas por las instancias del Poder Popular, el Poder Público o por acuerdo entre ambos, con objetivos e intereses comunes, orientadas a la satisfacción de necesidades colectivas, mediante una economía basada en la producción, transformación, distribución, intercambio y consumo de bienes y servicios, así como de saberes y conocimientos, en las cuales el trabajo liberador tiene significado propio, auténtico; sin ningún tipo de discriminación”.

Nótese que no se menciona al sector privado como instancia para establecer alianzas. Quizás no para constituirlas -aunque la comunidad sí puede- pero sí para aliarse ¿Por qué una organización socioproductiva no puede aliarse con una empresa privada? Si es por la “ganancia”, las empresas comunales, por ejemplo ¿fijan el salario de sus integrantes de forma autónoma? Es decir, los trabajadores de Gas Comunal ¿definieron en asamblea su baremo de ingresos , o viene definido desde el Estado, en este caso, PDVSA? Si lo definen los trabajadores, hay un verdadero ejercicio de democracia participativa. Si viene desde el Estado, son empresas auxiliares del Estado en la que los trabajadores pueden tener un margen mayor de decisiones, real o simbólico, pero no completo. El Estado terceriza unas actividades que saca del esquema patrono-trabajadores, pasan a la comunidad, pero como prestadores y supervisores de servicios ¿Por qué dejar a la empresa u organizaciones privadas fuera del artículo?

El artículo 59 plantea que, “los órganos y entes del Poder Público Nacional y las entidades político-territoriales adoptarán las medidas necesarias para que las Comunas integrantes de las Ciudades Comunales gocen de prioridad y preferencia en los procesos de celebración y ejecución de los respectivos convenios para la transferencia efectiva de la gestión y administración de servicios, actividades, bienes y recursos”.

Mi observación es ¿por qué la prioridad no son las alcaldías o gobernaciones o mejor, no hay organismos priorizados, sino una transferencia en función de las competencias de cada instancia? Tal vez la gobernación pueda administrar un acueducto, la alcaldía manejar la distribución en el municipio, y en la ciudad comunal el manejo de las llaves de agua para distribuir en ese territorio y las cisternas, si es el caso.

Por lo anterior pienso que el eje para la discusión de la ley es cómo lo asumen los ciudadanos. No tanto un debate constitucional -que será necesario- sino un debate con los ciudadanos, que debe abordar lo constitucional pero no quedarse allí. Enfatizar más hablar con el público que “la sociedad indignada” porque se aprobarán nuevos instrumentos “para la opresión” o el “genocidio silencioso”.

En lo personal, no me inquietan las instancias comunales ni la “democracia participativa y protagónica”. Al menos desde los 80’s, los trabajos de Norberto Bobbio -por ejemplo, “El futuro de la democracia”- plantearon que una democracia supone ampliar los espacios para la toma de decisiones. No quedarse en la mera división técnica. Por supuesto, la situación de Venezuela “no es comparable a nada” según los entendidos de la política que abundan en el país, pero no me amedrenta que se ensanchen los espacios para tomar decisiones. Es decir, la democracia.

Si las veo con los ojos de la desigualdad y la crisis, no veo mal las instancias comunales porque ofrecen posibilidades para organizarse y lograr objetivos comunitarios.

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Desde hace más de 20 años tengo una pequeña producción agrícola en una zona rural pobre. Lo que allí llega es el chavismo, pero antes de éste, no se notaba mucho la actividad política. Seguramente porque es una zona deprimida, políticamente “no rentable”. La crisis alejó a la oposición. No llega como fuerza. Solo está como convicción de las personas que no se definen como oficialistas. Pero los habitantes de esa zona aprovechan lo comunal para mejorar su calidad de vida, para darle un sentido a su existencia que para las élites exitosas y felices de tuiter no será nada extraordinario porque, al fin y al cabo, están bien en la economía dolarizada. Su mundo no es el del “día día”, sino en construirse como “vanguardia para la reconstrucción”. 

Pero quien vive penurias día a día sin opciones aunque sean muy básicas como las que ofrece el gobierno, la vida es un infierno. De manera que si un consejo comunal llega a una zona deprimida, puede ayudar a llevar la vida, como de hecho sucedió. Antes de 1998, buena parte de los habitantes cocinaban con leña. Luego, con la organización comunal, llegó el gas que hoy escasea y se volvió a la lena. La interpelación que haría a la comunidad es si con ese grado de organización que lograron, mejorar su calidad de vida pasa por un gobierno que tiene una concepción no pluralista del poder que en parte explica por qué nuevamente deben cocinar con leña. 

Aquí está lo importante desde el punto de vista político para abordar el proyecto de ley: ¿La gente concede en sus creencias por estar en una ciudad comunal o por recibir algún beneficio del gobierno? Estoy consciente que éste desearía un sí rotundo para que no hubiera sorpresas (que en una ciudad comunal gane la oposición), pero un buen número de ciudadanos no concederá en sus creencias por algún vínculo social con el Estado. Y es en este espacio donde se puede entablar una conversación. El “framing” de la discusión puede ser otro ¿Qué tanto una ciudad comunal amplía la calidad de vida de una persona, su identidad como ciudadano o ciudadana? ¿Qué tanto le da poder y que no sea totalmente dependiente del Estado? ¿Qué tanto lo hace libre o dependiente de un Estado que busca al ciudadano como parte de una estructura política-ideológica?

Salvo situaciones no previstas, las propuestas comunales de Maduro serán una realidad. Es decisión de Estado porque es una pieza esencial dentro del modelo político del chavismo. Posiblemente la oposición reaccione como siempre: ver si moviliza a la sociedad para intentar, oootraaa vez, “el quiebre” y construir la discusión en las mismas coordenadas del pasado -que al gobierno de Maduro le gustaría; verbigracia, “te van a quitar los municipios” o es una “ley cubana”- pero aprovecharía el momento para hacer algo diferente. Establecer una conversación con el país comunal, ese país que puede estar mejor o peor, pero que consigue en esa instancia un proyecto de vida, sea porque lo decidió, sea porque la crisis o la situación del país no le dio más opciones. Trataría de buscar una conversación llana, directa, sobre las realidades del día a día, menos a favor o en contra -esas leyes no irán a un referéndum- sino más en cómo esas leyes pueden afectar la calidad de vida, los derechos, su mundo, sus expectativas, o sueños de los individuos. Si realmente son el instrumento para lograrlos o puede haber otras maneras que pueden coincidir o no con las ciudades comunales.



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