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Lo que oculta el triángulo Bolivia-Caracas-La Habana

El Cooperante | 11 noviembre, 2019

Caracas.- Una misteriosa ruta que se utilizó 91 veces entre 2009 y 2014, según información del gobierno brasileño, fue estructurada supuestamente para trasladar cocaína entre Caracas y La Habana con aviones de la Fuerza Aérea de Evo Morales.

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La denuncia la llevó a cabo el exsenador boliviano de oposición Roger Pinto Molina el año 2012. Cuatro años más tarde insistió y reveló que su yerno, el capitán Miguel Quiroga Murakamy – piloto de la aeronave “venezolana” Lamia, que se estrelló con todos los jugadores del equipo de fútbol Chapecoense el 28 de noviembre de 2016,- , le había asegurado que aviones bolivianos llevaban cocaína a Cuba y a cambio, Cuba devolvía armas y municiones hacia Venezuela.





“Hay pruebas de los despachos de aviones C130 del Ejército llevando cocaína a Venezuela y eso está totalmente documentado y comprobado por Inteligencia, estos informes le llegaron al propio presidente”, reveló el senador Pinto ante la prensa boliviana. Pero no tuvo éxito. Al contrario: perseguido por el gobierno, huyó de Bolivia hacia Brasil en 2012. Pero, al igual que su yerno, también falleció en un sospechoso accidente aéreo cinco años después de sus denuncias.

“En un sobre cerrado, el senador Pinto, junto a la bancada de su partido, entregaron en el Palacio de Gobierno documentos en los que supuestamente se demostraría que el entonces ministro de Gobierno, Sacha Llorenti y el vicepresidente de la República, Álvaro Marcelo García, conocían de los vínculos del exjefe antidroga, René Sanabria, con actividades ilícitas”, escribió el periodista Reyes Theis en el portal Vértice.

“Durante su gestión desde 2006, Morales participó del armado de una red de vuelos que unían La Paz con La Habana pasando por Caracas, de acuerdo a declaraciones de ex militares que formaron parte del circuito”, reveló también el periodista brasileño Leonardo Coutinho en su libro Hugo Chávez, el espectro: cómo el presidente venezolano alimentó el narcotráfico, financió el terrorismo y promovió el desorden global.





En el capítulo El puente aéreo de la cocaína, el investigador brasileño narra un hilo conductor entre la tragedia del equipo de futbol Chapecoense, la muerte del general boliviano Germán Valenzuela– horas después de mostrar una imprudente valentía frente a Morales en un mitin con camaradas-, y el triángulo La Paz-Caracas-La Habana.

La desgracia del equipo de fútbol brasileño desenmascaró una trama de corrupción revelada por los propietarios de la línea aérea LaMia, cuyo avión Avro RJ85 se estrelló en las cercanías del Aeropuerto Internacional José María Córdova, en Medellín, Colombia dejando 71 muertos. Cuando ocurrió el accidente, uno de los dueños de esa compañía, Marco Antonio Rocha ( ex mayor de la Fuerza erea Boliviana) , estaba en España y decidió exiliarse junto a su familia en Estados Unidos.

Una vez allí, Rocha se presentó ante autoridades de la DEA y declaró que durante su servicio como piloto militar había sido convocado para realizar vuelos que unían La Paz, Caracas y La Habana. Que estos no eran abiertos y que en sus filas sólo se trasladaban funcionarios venezolanos, bolivianos, cubanos e incluso iraníes.

” Cada uno de los viajes llevaba una carga estimada entre 500 y 800 kilogramos. El traslado hacia y desde el avión hasta su destino final era responsabilidad de militares chavistas y castristas”.

Quizás el abismo en el que ha caído Morales y su gobierno ayuden a destapar esta historia de drogas, muertes y dinero, un capítulo que amerita una serie en Netflix.

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