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#LoDiceUnChavista: “Ramos Allup y Héctor Rodríguez son caimanes del mismo pozo”

Christhian Colina

Roland Denis.- Una de las cosas más tristes dentro de esto que ya hace tiempo dejo de ser “un proceso” revolucionario real, es que en medio del camino, la jerga burocrática, en particular los viejos políticos de oficio, ligados al chavismo, vieron con mucha audacia no solo la cantidad de elementos por los cuales tenían que pasar para proceder a activar la conspiración desde dentro de la revolución popular en curso, sino a favorecer la creación de esta nueva generación de “políticos de oficio”.

Carajitos y carajitas que no estuvieron ni siquiera en los hechos de la defensa revolucionaria estructurada en todos los años 2002-2003 (última epopeya masiva revolucionaria que hemos vivido). En fin, que no han participado ni en lo pequeño ni en lo grande de ninguna acción real transformadora, ni ningún esfuerzo de los muchísimos que esto supone; son los niños consentidos de la burocracia conspiradora.

Nicolás terminó de ser el trampolín final de todos ellos y ellas, creando finalmente un nuevo estamento plutocrático “joven, chavista, revolucionario”, que vende la ilusión de la revolución eterna, del comandante eterno, de la defensa de ella, de ellos como juveniles representantes de esta ficción, cuando no son más que los hijos e hijas, los discípulos directos de sus grandes conspiradores internos.

El símbolo perfecto de todo este movimiento es sin duda Héctor Rodríguez, que si a ver vamos, están haciendo con él exactamente lo mismo que hicieron los adecos cuando criaron luego de las verdaderas luchas contra la dictadura, sus jóvenes políticos de oficio y allí encontraremos uno de sus más destacados que fue en su momento Ramos Allup, cuarenta años antes que Héctor Rodríguez.

Ya a estas alturas podemos decir que se trata de caimanes de un mismo pozo, de una misma estructura subjetiva, de un mismo oficio e interés de clase, hasta de una misma historia. El oficio que se dedica a destruir el sentido auténtico de la política como asunto de todos, como pensamiento y acción decida colectivamente en función del bien común.

Ramos Allup ya viejo, necio, pesado, pero muy elocuente e inteligente, concluye en vías del apoteosis su carrera de “político”, siendo el que negocia hoy el fin de la revolución bolivariana –aunque solo quede en símbolos-, y la milagrosa sobrevivencia adeca, con buenas posibilidades de quedar si no en el trono presidencial al menos muy cerca de él.

Héctor Rodríguez, sin duda nervioso, estará viendo que su carrera se puede venir al piso con la debacle del chavismo, llorando las aspiraciones al trono que seguro ya tendrá pero jamás conseguirá.

Ambos simbolizan una confrontación falsa que hoy se juega en este quiebre aparente del poder constituido. El quiebre entre Asamblea y Ejecutivo bajo la utilización instrumental del TSJ a favor del ejecutivo. En realidad todo esto se está negociando, desde la presidencia hasta los intereses particulares de cada uno de los chivos mayores de ambos bandos, pero cada quien como comerciantes que son, de ilusiones aparentemente contrarias (la conservadora, la revolucionaria), necesitan verse confrontados ante los ojos de la masa idiotizada, empobrecida y necesitada como nunca.

Se trata en definitiva de la misma gente, del mismo juego de intereses, en vista a la recreación de un pacto que permita restablecer la “legitimidad del oficio de la política”, que es la legitimidad de un orden opresor dominante. Un orden conservador, corrupto, dependiente, liberal, donde el trono estatal y los representantes o vendedores de política, definitivamente vuelva a jugar el papel que le concede la historia: el garante de un orden terriblemente desigual y en nuestro caso profundamente colonizado.

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