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Los chalecos amarillos franceses piden lo mismo que la oposición venezolana

Elizabeth Fuentes | 11 enero, 2019

Caracas/Foto de portada: Reuters.- ¿De verdad verdaíta algún “chaleco amarillo” le envió un regalo a Nicolás Maduro? A pocos días de que vuelvan a protagonizar manifestaciones en las ciudades más grandes de Francia y con uno de sus dirigentes recién liberado, cuesta creerle al ocupante de Miraflores que alguien del movimiento francés tenga tiempo (y dinero) suficiente para encargarse de eso. 

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Y más aún si nos paseamos porque las exigencias de los chalecos amarillos al Gobierno de Macron son pequeñísimas y palidecen frente a lo que exigimos los venezolanos a diario pero sin tanto alboroto. A ver:

1) Los franceses piden la abolición total del impuesto a los combustibles (como si nosotros exigiéramos a punta de guarimbas que no aumenten a gasolina).

2) Reducción del IVA en los alimentos al 1%: “gravar con impuestos lo que comemos es inaceptable”, dicen. Quieren que los alimentos sin impuestos sea un derecho inalienable. (En Venezuela la inflación aumenta el costo de los alimentos 5 por ciento cada semana)

3) Disminución de los ingresos de los funcionarios electos, prohibición de la acumulación de los mandatos y de los ingresos de los funcionarios electos. (Es decir, prohiben que un mandatario se quede mucho tiempo en el cargo y que se aumenten el sueldo)

4) Disminución del gasto público y optimización de la eficiencia estatal. Las empresas y los individuos deberían poder bloquear los pagos de impuestos al estado si esto perjudica su trabajo. (La eficiencia estatal en Venezuela es un oximorón, una contradicción perfecta. De modo que los opositores venezolanos podrían exigir también “bloquear los pagos de impuestos al estado” si no cumplen con su trabajo)

5) Igualación de las pensiones de todos a 2.000 euros al mes.(Aquí cabe una carcajada…en Venezuela es menos de 2 dolares…)

De modo que estamos o ante una mentira más de Maduro o frente a una jalada de algún funcionario de la embajada venezolana en Francia, que probablemente compró un chaleco amarillo en Amazon al módico precio de 7,73 euros, que es lo que cuesta allí cada uno, y se lo envió para congraciarse con su jefe y no se atreva a cerrar la embajada y regresarlo a Caracas.

Seguramente este funcionario venezolano confió en la extraordinaria ignorancia de Maduro, quien imagina que el hecho de que miles de franceses se le enfrentan al Gobierno de Macron, implica que automáticamente lo apoyan a el y lo que representa. Pero ni un afiche del Che Guevara ostentan los franceses en sus violentas manifestaciones. Manifestaciones donde, por cierto, el Gobierno de Macron arremete con mucho menos ferocidad que Maduro , donde las cifras de muertos y detenidos y desaparecidos y torturados distan terriblemente de lo que ocurre en Francia.

Y es posible también Maduro aún no se haya enterado que los chalecos amarillos son señalados por algunos analistas franceses como un movimiento que “adolece de líderes y de ideas. Se jactan de ser un movimiento horizontal… giran en torno a demandas simples: piden, más allá del precio del combustible, un aflojamiento de la carga fiscal para aliviar su angustia inmediata…”

Y en cuanto a las ideas, recuerdan al movimiento italiano de la posguerra, el “quanculismo” ( el hombre cualquiera) frente a un adversario poderoso, que en este caso encarna Macron. Que hasta en esto se parecen los chalecos amarillos a los opositores venezolanos, vaya ironía. Solo que nosotros tenemos una sola y única demanda que acabaría con todas las demás. Adivine cual es señor Maduro.

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