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Los militares bolivianos llamaban antipatriotas a los opositores y hermano a Evo

Elizabeth Fuentes | 13 noviembre, 2019

Caracas/Foto de portada: La Prensa.- Ya lo dijo Luis Herrera Campíns: “Los militares no se alzan hasta que se alzan”. Y los ejemplos sobran. Desde Augusto Pinochet -el primero que llamó Allende cuando comenzó a verse en apuros-, hasta el ejemplo más reciente en Bolivia, donde el Comandante de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, hace solo tres meses llamaba “antipatria” a los opositores al gobierno y le agradecía a su “hermano ” Evo Morales todo lo bueno que había hecho por las Fuerzas Armadas de su país.

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Para mantener la lealtad militar, Evo Morales buscó repetir la fórmula chavista de Venezuela incluyendo a las Fuerzas Armadas bolivianas en los directorios de varias empresas estratégicas del Estado. “Las FFAA tendrán mayor responsabilidad en la seguridad de las principales industrias estratégicas vinculadas a la energía, hidrocarburos, petroquímica, hierro litio, industrias alimenticias u otras”, dijo el Comandante Kalimán en aquel mismo discurso donde llamó antipatria a los opositores. Esas industrias se unían ahora a otras ocho empresas que estaban -y siguen estando- en manos de los uniformados de Bolivia: una de construcciones, una naviera, una importadora de armas y explosivos, una perforadora de pozos, una ganadera, un ingenio azucarero y una hormigonera, además de una universidad.





La camaradería era tan grande, que hasta un himno le habían compuesto los militares a Morales. Un Himno a Evo cuya letra aseguraba: “Evo tú tienes la luz, que el gran Orinoco su cuna te dio. Al hombre que un dia la historia cambio. Evo Morales tu eres la voz, que al imperialismo fue quien la enfrentó. Para todos los hijos un gran porvenir. Anticapitalista y anticolonial”.

Como Hugo Chávez, el presidente Evo Morales se sentía seguro al mando y afirmaba frente a las tropas y oficiales que el grito de “Patria o muerte” seguiría siendo una de las consignas de las Fuerzas Armadas. Tenía previsto cambiar toda la doctrina militar para impulsar dentro de ellas el pensamiento antiimperialista, aunto que arranco en 2016 cuando fundó la primera “Escuela Antiimperialista de América Latina” con miras a convertirla en un Comando Sur de los gobiernos de izquierda, un centro ideológico “para revisar la historia del continente” que serviría de base “para la liberación de América del Sur y el mundo”.

Hoy, oculto en algún lugar de México – donde voló en un avión de ultra lujo-, con un nuevo perfil en Twitter y traicionado por el general que le llamaba “hermano” tres meses atrás, su historia demuestra que Luis Herrera Campins tenía razón y que los militares no se alzan, hasta que se alzan.





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