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“Los olvidados de la revolución”: Abuelos no escapan del hampa y desidia gubernamental

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El Cooperante.- “Venezuela está pasando por una de sus peores crisis. El desabastecimiento y la inflación han superado cualquier expectativa. Los ciudadanos cada día son más pobres y su supervivencia se convierte en una agonía. La lucha de siete religiosas por sacar adelante un centro de ancianos en Caracas refleja el terrible día a día del país”, inicia el portal Inversión y Finanzas en su reportaje “Los olvidados de la revolución”.

El asilo La Providencia, con 123 años de historia, acoge a 68 ancianos sin ningún apoyo de los organismos gubernamentales. “Siento tristeza por este país próspero que se nos fue de las manos” explica la hermana Cointa, directora del centro, según recogió el portal.

La mayoría de los voluntarios que atienden a los adultos mayores que se encuentran en la entidad superan los 60 años. Dos de ellas tienen más de 80. Entre todas se dividen las actividades para atender a los 68 abuelos que allí viven. “Esta institución tiene 123 años y está llena de historias casi totalmente desconocidas para los venezolanos. Pese a los problemas, debe seguir en pie”, cuenta una hermana del centro que asegura que no “escapan de la realidad del país”

“Un grupo integrado por unas 30 mujeres y 18 niños tomó hace unos meses en la madrugada las instalaciones de otra de nuestras casas, ubicada en la parroquia El Valle, donde retuvieron a 7 de nuestras hermanas que laboran en el centro de tratamiento de farmacodependencia y mendicidad por varias horas. Fueron momentos de mucha tensión y nervios, pero esas personas querían solución a sus problemas de vivienda, y ejercieron esa acción para que el Gobierno las atendiera. A la fecha no sabemos qué pasó con esas familias”, relata la hermana como parte de lo vivido en una de sus instalaciones.

La migración en el país también sería una de las causas para que cada día crezcan las listas de personas que buscan hogar en los asilos, según contó la hermana Antonia, coordinadora del asilo La Providencia. “Hace unos meses vino un chico con su abuelo y lo dejó en las puertas del hogar; nos dijo que él se tenía que ir a Perú buscando nuevas oportunidades y que no se lo podía llevar porque no contaba con los recursos necesarios”.

Lorenzo Monasterios es otro de los casos frecuentes. Lleva más de 6 meses buscando un cupo para su padre en un albergue de ancianos de Caracas. Consiguió trabajo en Panamá y debe viajar. “Los precios superan lo que una persona puede ganar con un sueldo mínimo. Para poder pagar mantener a alguien en estos sitios privados, se requieren buenos ahorros o tener ingresos en moneda extranjera”. Lo ha intentado ya en el asilo La Providencia, pero aún la lista es larga y tendrá que esperar.

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