article-thumb
   

“¿Los organismos internacionales? Vienen, se toman la foto y se van”, dicen migrantes venezolanos

El Cooperante | 5 noviembre, 2018

Caracas.- “¿Dónde están los organismos internacionales y el Gobierno? Vienen de paseo varias veces a ver qué ocurre; llegan, alzan un niño, se toman la foto y se van”, dijo en un tono de protesta la tachirense Leonor Peña, quien obtuvo el Premio Nacional de Gastronomía en Venezuela y ahora está exiliada en Pamplona dedicada en cuerpo y alma a socorrer a sus compatriotas.

Lea también – Esta es la empresa estatal que distribuye harina llena de gorgojos en las escuelas

Peña resaltó a El Tiempo que lo único que necesitan los venezolanos que emigran es un baño, una ducha, un comedor y un techo para descansar y seguir. “Todos lo que van a pie, atraviesan Pamplona y suben el páramo, quieren llegar rápido a su destino final. Y lo que hay no son refugios sino casas de gentes bondadosas que los albergan”, agregó.

Ante la ausencia de cooperación oficial, asegura el medio local, los habitantes de Pamplona y los labriegos de los pueblos de la ruta quienes alivian como mejor pueden algunas de las muchas carencias de los caminantes. Personas como Marta Duque, Vanessa, Douglas, o el Centro Cristiano, proporcionan cobijo, ropa de segunda mano y comida cuando consiguen donaciones de particulares.

El ‘refugio’ de Douglas, un bonachón que se gana la vida arreglando zapatos, es una mísera bodega de tablones de madera llena de chécheres, con un altillo donde también duermen los migrantes. Ante la avalancha de venezolanos que a duras penas soportaban la lluvia y el frío nocturno de una región nortesantanderiana húmeda y de temperaturas bajas, optó por cubrir por las noches el estrecho andén que lo separa de la carretera nacional, con unos plásticos negros gruesos para cobijar a más hombres.


Ofreció lo poco que tiene porque su vecina, Marta Duque, habilitó dos piezas de su casa y una cochera de la que sacó el carro para meter a decenas de mujeres y niños. No podía soportar el dolor que le causaba verlos pasar ante su ventana con ropas de tierra caliente, tiritando y empapados en invierno. Pero no contaba con sitio para los varones hasta que Douglas ofreció su espacio.

Para leer más, haz clic aquí.

Comentarios

comentarios