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La Lupa

Los retos de la negociación entre el gobierno y la plataforma unitaria

El día 13-8-21 se firmó en México el memorando de entendimiento entre el gobierno y la oposición. El acto se desarrolló bien, con profesionalismo, y reveló que la fase exploratoria se hizo con trabajo y precisión. El documento recoge temas similares a los de 2019. Sus novedades están en que, al menos en el papel, hay un reconocimiento mutuo del gobierno por parte de la oposición, y de ésta por parte del gobierno. El gobierno y la oposición “de Venezuela” que se sientan a negociar con base en una agenda de 7 temas. La otra novedad está en que el método relativizó el principio adoptado durante las negociaciones de 2017-2018 de “nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Este principio se mantiene, pero al mismo tiempo se flexibiliza porque permite que las partes acuerden en temas específicos, que luego se sumarán al “todo lo que está acordado”. Finalmente, el documento reconoce que hay que consultar a sectores sociales y políticos. El tiempo dirá el compromiso del gobierno y de la oposición en cumplir con el documento y llegar a acuerdos reales. Por lo pronto, una primera evaluación de los ocurrido en México el día 13 de agosto es positiva

Caracas.- El día 13-8-21 se instaló formalmente en México la negociación entre el gobierno y la oposición. Se firmó un memorándum de entendimiento. Noruega facilitará las conversaciones, y acompañarán los Países Bajos y Rusia.

Como todo proceso complejo, un análisis exhaustivo escapa a los alcances de este artículo que solo aborda una primera evaluación de lo ocurrido el viernes 13 en la nación mexicana.

Una primera observación es que la fase exploratoria fue más trabajada que en procesos anteriores, si hubo esta fase. Noruega expresó que tomó 6 meses, lo que revela un aprendizaje de procesos previos –principalmente los ocurridos durante 2016-2018- en los que la fase exploratoria o no la hubo o no fue lo suficientemente trabajada y lo que pasó fueron negociaciones que se iniciaron con concesiones unilaterales como hizo la oposición en el proceso de 2016-2017 sin una respuesta similar por parte del gobierno, o “huecos” que dieron al traste con la negociación en República Dominicana. Cada grupo tiene una versión de lo que pasó en la isla, pero hasta ahora no se sabe realmente qué sucedió.

En 2019 hubo discreción de las partes pero por las informaciones de Noruega en sus comunicados de prensa para ese entonces, el proceso encalló en agosto de 2019. También, cada grupo tiene su versión para explicar por qué no hubo avances. Para 2021, tanto el gobierno como la oposición regresaron más curtidos por las experiencias previas. Se observó un trabajo más profesional o de mayor nivel para la mesa en México, incluyendo la puesta en escena.

Lo segundo relevante es que la delegación opositora es multipartidista. Se busca evitar situaciones del pasado en la que partidos no validaron las negociaciones como ocurrió durante las conversaciones de 2016-2017, cuando 15 partidos de la MUD no las apoyaron, y luego se sumó VP. La de 2017-2018 fue una negociación accidentada porque, al final, el gobierno se reunió con parte de la oposición, y no se suscribió el acuerdo. Solo lo hizo el gobierno en solitario el día 6-2-18.

Lo que ambos casos -2016-2017 y 2017-2018- muestran es que dentro de la oposición, las negociaciones generaron ruido entre los que las apoyaron y quienes no, y eso fue un factor que contribuyó al fracaso de las conversaciones durante esos años. La oposición ya iba “con plomo en el ala” antes de comenzar, por las divisiones en torno a los diálogos.

Para 2021, la oposición del G10 buscó la unidad interna antes de ir a México. Esta se logró con una fórmula que cada partido y dirigente con peso enviara a su representante, de manera que todos estén presentes y no una representación de partidos. Todos se harán el “check and balance” y todos serán responsables de lo que suceda e México. No hay representantes si no están los representantes de todos. Por AD, Luis Aquiles Moreno, el participante más longevo de la oposición porque asiste a las negociaciones desde 2016. PJ envió a Tomás Guanipa, UNT a Luis Emilio Rondón, VP a Carlos Vecchio, quien posiblemente sea el canal con Leopoldo López; LCR a Mariela Magallanes, y Copei a Roberto Enríquez. Dos dirigentes enviaron a sus delegados. Capriles a Stalin González y Guaidó a Gerardo Blyde, quien coordina la representación de la oposición. A diferencia del pasado, la oposición hace de las negociaciones un asunto de todos, no de unos pocos que los representan como pasó entre 2016-2019.

Un factor externo que ayudó a que la fase exploratoria tuviera éxito es un agotamiento e indiferencia de la sociedad hacia la política y hacia todo en general. Hay una rutina en la que se vive pero que no ofrece porvenir. El gobierno y la oposición parecen conscientes de esta realidad. El primero quisiera una “normalidad de verdad” para ver si desarrolla una gestión. El segundo quiere salir de la calle ciega en la que se metió, y retomar la política. Aunque los dos grupos pueden vivir en este status quo y lo hacen, luce que quieren dejarlo porque no conduce a nada. Por más pragmatismo hacia el poder, los dos grupos quisieran un juego político diferente. Que las negociaciones no generen el clima de fanfarria de antes puede ser positivo porque no se espera mucho de ellas. Si no hay expectativas, tal vez las partes puedan hablar sin la presión de complacer a los públicos digitales.

II

Desde el punto de vista de los contenidos y del método hay más diferencias en lo segundo que en lo primero, si se compara con otros diálogos.

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El método asume el corto y el largo plazo. Parte que las conversaciones no serán fáciles, y adoptó una lógica de negociación “intensa, integral, incremental, y pacífica”. Combina la demanda incremental que formula el gobierno y la integral que plantea la oposición, que se verifica en lo operacional en que el principio de “nada está acordado hasta que todo esté acordado” que hizo su aparición durante las negociaciones de 2017-2018, se relativiza y si bien es el principio guía, “las partes podrán celebrar acuerdos parciales”, con lo que la negociación no es rígida sino flexible. Tiene la ventaja de ser flexible porque son los negociantes los que decidirán el todo y las partes. La desventaja de este método –que puede ser relativa- es que tomará más tiempo porque no estará atada a un único principio que presiona para tener resultados totales en corto tiempo y amarrar un acuerdo en el que a lo mejor no hay compromiso en alguna de sus partes, pero no se expresa. La de 2021 es una lógica más inductiva: construir a partir de lo incremental para llegar a lo integral, sin plantearse de entrada un todo en el que a lo mejor no habrá acuerdo.

Los contenidos de los principios y la agenda de temas no son muy diferentes a las negociaciones que vienen de al menos 2016-2017. Combinan los intereses del gobierno y de la oposición.

Si se observa la evolución en el tiempo, se puede hacer un corte. Negociaciones antes de 2019 y después de 2019. Las primeras lucen negociaciones sujetas a contingencias, con poca elaboración, muy influidas por el contexto político del momento, y con puntos específicos, que a veces se repiten. Pudiera hablarse de una “etapa ingenua” de las negociaciones, tanto en el método como en la visión política de las mismas. A partir de 2019, la agenda es más amplia, menos específica que no significa que no se traten puntos concretos sino que se ubican en temas más amplios, como una visión sistémica. Esta etapa pudiera llamarse “con los pies en la tierra” de las negociaciones, con la conciencia que una negociación con mayores probabilidades de éxito se construye antes de sentarse a negociar.

Están las palabras de Gerardo Blyde y de Jorge Rodríguez. En ellas, cada uno comunicó su o sus mensajes central o centrales, y al público o públicos a los que se dirigen, como su carta de presentación inicial.

Blyde adoptó un estilo de comunicación cercano, horizontal, sin estridencias o prepotente. Le habló al país que pasa trabajo por la crisis, pero también al país chavista con un mensaje central: no hay ganadores ni perdedores. La necesidad de acordar un país con reglas en el puedan coexistir grupos y personas con visiones políticas encontradas. Fue un tono no amenazante, para comunicar seguridad y la promesa de la convivencia bajo reglas políticas y de derecho. Un mensaje muy en línea de la tesis de académicos de la oposición que plantean que hay que comunicar al chavismo que la “vida sigue luego del poder”. No planteó un “borrón y cuenta nueva” –Blyde dijo algo como, “la convivencia no implica impunidad”- sino construir reglas políticas y de derecho que permitan la coexistencia de grupos antagónicos.

El mensaje de Jorge Rodríguez tuvo tres destinatarios: el público chavista, la oposición que negocia, y los EUA. Fue un contenido más desafiante que el de Blyde, pero que es parte del “estilo chavista” para comunicarse.

El mensaje central tuvo dos contenidos. El primero, algo como “si es forzado, el gobierno no responderá”. De allí la mención al “lóbulo frontal” que causó hilaridad en el mundo opositor de redes sociales. Algo como “empujaos nada; conversaíto sí”. Detrás de este mensaje está la necesidad que el chavismo sea reconocido.

El segundo mensaje revela que el gobierno tiene la urgencia de una gestión, así sea de emergencia. Fue la parte cuando Rodríguez habló que “proponemos tomar decisiones inmediatas para beneficio del pueblo”. El gobierno reconoce sus limitaciones para ofrecer respuestas en la crisis que experimenta la sociedad, y plantea que darlas es urgente e importante. De aquí su estrategia de llevar las conversaciones al terreno de la economía.

Sobre los destinatarios del mensaje de Rodríguez Gómez, son tres como se dijo. El primero es el público chavista. A éste se le comunicó lo que Maduro afirma desde hace unos meses, “trajimos a la oposición al terreno de la política”. En sus palabras, el presidente de la AN habló de “lo logramos” varias veces. Tal cosa, “lo logramos”. A partir de esta frase o en coordinación, el chavismo subió una etiqueta que dijo #LoLogramosEnMexico para mostrar que “trajimos a la oposición a la política”.

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La evidencia que presentó son los títulos de las delegaciones en el documento firmado. La del gobierno, como “el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela”. La de la oposición, como “la Plataforma Unitaria de Venezuela”.

Lo anterior supone un reconocimiento mutuo. La oposición al gobierno, y éste a la oposición. Nótese que el documento menciona la “Plataforma Unitaria de Venezuela”, no la “plataforma unitaria de la oposición” o del “G4 o del G10”. Algo como, el “gobierno y la oposición de Venezuela”. Son los que, políticamente, cuentan.

Otros actores políticos principalmente de la oposición deberán incorporarse a esta dinámica a través de alguna de las dos representaciones en México o hacer méritos en la política interna para ser tomados en cuenta y ser factores de poder. Por ejemplo, salir bien en las regionales y municipales en el caso de la Alianza Democrática. El otro escenario es que las negociaciones fracasen y el grupo Machado lo explote en una suerte de mensaje típico de la oposición, “por eso no nos prestamos a la farsa de México”.

Posiblemente por esto las declaraciones en otro tono de Falcón, más moderado, distintas a las del comunicado de la Alianza Democrática, crítico con esta negociación. El dirigente de AP evaluó de forma positiva la instalación en México. Quizás observa o intuya que tiene que tener otro tono para entrar en ese juego político. Que si se queda con “los que dijeron que no negocian con tiranos ahora lo hacen”, no será suficiente para participar en esa mesa ni tampoco cambiará la realidad política.

El segundo destinatario del mensaje de Rodríguez es la oposición que negocia en México. El mensaje es “cuidado y se echan para atrás”. Para el ejecutivo de Maduro, el G4 no es confiable porque al final se retira. Por eso en sus palabras, el diputado del PSUV habló de “cumplir la palabra” y evitar las “maniobras aviesas”. El mensaje es al G4, “cuidado con pararse de la mesa”. En su programa del día 18-8-21, Cabello dio como un hecho que la oposición se retirará de la mesa de México. Si es para tirar casquillo como le encanta al capitán, o se anticipa a un escenario que cree ocurrirá, lo dirá el tiempo.

Lo anterior explica dos cosas en el discurso del gobierno para prevenir las “maniobras aviesas”. Una, es que Maduro se refiere a Jorge Rodríguez como “representante plenipotenciario del gobierno de Venezuela”. A diferencia de otras negociaciones, no se había visto un énfasis para hablar de un “representante plenipotenciario”. Lo hace para reforzar que el gobierno es el de Maduro, que no hay un “interinato” y envía a Jorge Rodríguez con una suerte de “carta credencial” diplomática para decirle al mundo que el gobierno de Venezuela es el de Maduro.

Lo segundo, como se dijo, es que el gobierno desconfía de la oposición en el sentido que no sabe si se mantendrá en las negociaciones. Es una constante en Maduro –lo afirmó nuevamente en la rueda de prensa con medios internacionales el día 16-8-21- expresar que en República Dominicana había un documento para la firma, pero que la oposición se echó para atrás por presión de los EUA.

Para esta negociación, el gobierno construye como sus “cortafuegos” para evitar que la oposición se vaya de México. No solo fue lo largo de la fase exploratoria, mostrar el documento firmado, sino que fue refrendado por la AN el día 17-8-21, con lo que busca darle carácter político y tener una explicación si la oposición se retira, “nosotros queremos dialogar y la oposición no. Rompieron el acuerdo de México, refrendado por la AN”. El documento, también, fue publicado en Gaceta Oficial y apoyado por los poderes. El ejecutivo busca darle un carácter “de Estado” al documento firmado en México el día 13 de agosto. Si el G10 se retira, el documento puede quedar para las conversaciones con las otras fuerzas de la oposición -los movimientos con los que el gobierno habla desde 2019- dado que fue votado por la AN y publicado en gaceta.

Si el gobierno hace los “cortafuegos” porque no se va a comprometer a nada y ya construye la excusa para retirarse para decir que la oposición es la responsable, es lo que se verá en el tiempo. Por los momentos, el gobierno se asegura que la oposición no se salga del acuerdo en México. Al llevarlo a la AN, también buscó comprometer a la Alianza Democrática con el acuerdo porque fue votado por el parlamento en donde está este grupo de la oposición que expresó críticas porque no fue invitado a México. La oposición en el parlamento no votó en contra sino apoyó el acuerdo del parlamento. Todo el mundo, entonces, dentro del memorando de entendimiento.

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El tercero y último destinatario del discurso de la delegación del gobierno en México, son los EUA. El mensaje es “no intervengan, es una conversación entre venezolanos y venezolanas”. De aquí que el presidente de la AN haya comenzado sus palabras al destacar que México comprende la soberanía. Lo que quiso decir Rodríguez es que a diferencia de República Dominicana, los EUA no tienen ese poder en México. Quizás por esto las citas de Bolívar y Benito Juárez. El gobierno percibe que México no se dejará intimidar por los EUA –la famosa para el gobierno “llamada desde el Departamento de Estado” con la que se lleva al trasto los acuerdos con la oposición- como sí se dejan apabullar República Dominicana, Colombia, o Panamá.

Finalmente, están los acompañantes de las conversaciones. No es noticia que Rusia lo sea en el sentido que es el aliado político del gobierno, y con experiencia en este tipo de lides. Seguramente a la oposición no le parece mala idea acercarse a Rusia para que este país conozca su posición, ya que en la opinión opositora está la idea que “Maduro no cae porque Rusia lo apoya”. Entonces, Rusia está allí y no le parecerá mala idea al G10 entrar “en la cueva del lobo”.

Los Países Bajos tampoco deben desagradar al gobierno. Venezuela tiene fronteras con este país, y hay un embajador acreditado en Venezuela. Es posible que el gobierno perciba a Los Países Bajos como menos “injerencista” que Francia, España, UK, y algo Alemania, a los que percibe como “países de la oposición”. No es que no lo crea en Los Países Bajos, pero tal vez no lo perciba más independiente de la oposición.

III

Mi evaluación de la firma del memorando de entendimiento entre el gobierno y la plataforma unitaria es positiva ¿Pero ahora qué? ¿Hacia dónde puede ir?

La estrategia del gobierno es clara. Llevar la discusión de la agenda de 7 temas a su terreno que es el tema económico y las sanciones, y legitimarse como la parte que representa a Venezuela. La idea de darle un carácter “de Estado” al memorando no es solo lo comentado antes -para disuadir a la oposición que se retire más delante de la mesa- sino asumirse como el que habla por el país. Cuando en un acto con productores el día 18-8-21 Maduro planteó para llevar a México “un documento de todos los productores venezolanos” para exigir que Monómeros vuelva al control de Pequiven, es lo que persigue. Hasta el momento de escribir este artículo, no hay información si el documento se hizo.

El gobierno se siente muy seguro que llevará la agenda de lo que se discutirá en México y por eso de la discreción antes del 13 de agosto, elevó el volumen de sus mensajes sobre esta negociación. Indudablemente se siente -y realmente está- en una posición de fuerza, que justifica su estrategia de querer llevar el documento a su terreno. Es su jugada.

El reto importante a mi modo de ver lo tiene la plataforma unitaria. Uno es frente al intento del gobierno de construir la agenda de temas ¿qué llevará la oposición, que no sea el discurso de las “elecciones libres”? ¿Cuál será para la plataforma unitaria el equivalente de Monómeros que formulará en México? El gobierno, al menos en las primeras de cambio, construye una agenda concreta ¿Cuál será la del G10?

Lo segundo es cuál fuerza, cuál “leverage” real tiene la oposición que no sea la expectativa que los EUA “aumentarán la presión”, y esto producirá una crisis dentro de la “coalición dominante” con el consecuente “quiebre” que traerá la “transición”. El G10 y el público que lo apoya lucen muy convencidos que esto sucederá si el gobierno no cede en México. Es su expectativa que busca ser algo como la “profecía que se auto realiza”. Nadie los sacará de allí. Entre otras razones, por eso el gobierno empuja su agenda. Sabe que la oposición no tiene una fuerza real, no tiene un poder propio. Ni siquiera es capaz de definir o coordinar una estrategia electoral o no de cara al 21 de noviembre. Su público, al menos el de redes sociales, está tranquilo, solo pendiente de criticar las ocurrencias del gobierno. Pero de allí no sale. Con la dolarización, puede vivir. Los que “sufren”, no son noticia o lo son por poco tiempo. La oposición en redes sociales pasó de Afganistán a Lusito Comunica. Así va su vida.

La plataforma unitaria no puede limitarse a esperar que los EUA “aumenten la presión”. Es una fuerza externa. Su lógica debe ser cuáles palancas internas tiene. Hay varias. Una es construirse como alternativa dentro del Estado autoritario con mensaje y consistencia. Pero ésta requiere tiempo, disciplina, y una suerte de “travesía por el desierto” que puede ser para más adelante. La palanca para este momento y que le puede dar a la oposición alguna entidad, son las elecciones regionales y municipales. También el tiempo es corto para esto. Solo hay para definir una estrategia básica y apostar a la conciencia del votante, en un ambiente en que el público de la oposición no cree en sus dirigentes, en que todos “son lo mismo”. Pero es la que tiene y merece arriesgarse para tener una fuerza propia ante la que afirmarse frente al gobierno que se siente muy seguro de su victoria en noviembre, como lo reveló el intercambio tuitero entre Jorge Rodríguez y Vladimir Villegas. Tener un “leverage” propio evitará el “caporaleo” que el gobierno quiere hacer de los temas del memorando de entendimiento, y tener una relación más paritaria. Esta capacidad para influir pasa por las elecciones de noviembre. Pero abordar este asunto, ya es otro artículo.

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