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La Lupa

Lula Da Silva: ¿cuál es el trasfondo de sus declaraciones sobre el caso Venezuela?

La posición de Lula respecto a la realidad venezolana cobre manifiesta importancia, pues si no se concreta una salida lo menos traumática posible a la compleja coyuntura nacional, el juego del primer mandatario brasileño colapsará en todos los aspectos. La crisis humanitaria seguirá impactando directamente a Brasil, y aunque el flujo migratorio no tenga el tamaño del de Colombia o Perú, genera repercusiones que pudiesen escaparse de control.

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Caracas.- Aunque sus detractores traten de minimizarlo, Lula Da Silva es un político hábil que con astucia trata de quedar bien parado. Atrás quedaron las denuncias de corrupción que lo perseguían, pues el fantasma de un potencial nuevo gobierno de Bolsonaro hizo que la balanza se inclinara hacia el retorno del expresidente, no por favoritismos ni alianzas ideológicas, sino para que no ganara su contendor, un personaje polémico cuyo trato hacia las mujeres, su política ambiental, su enfermizo militarismo y sus añoranzas a la funesta década militar lo caracterizaban.

Tal era el temor que despertaba Bolsonaro, que los históricos detractores del líder del Partido de los Trabajadores hicieron causa común con él para frenar al abanderado a la relección, notando cómo personajes de la talla de Fernando Henrique Cardoso, por citar un caso, se fotografiaban con él, brindándole respaldo. Además, Lula Da Silva ya no es el mismo. De sus días de la primera candidatura por el PT para caer derrotado con Collor de Mello no queda sino un fugaz recuerdo expresado en fotografías. Tampoco hay mucho parecido con el presidente que llegó al poder en 2002 y que despertó, entre otras cosas, la nostalgia por el recuerdo de ciertas medidas de Kubitschek, de Quadros y en mayor medida de Goulart.

El Lula triunfador en 2022 es un político con más experiencia, que incluso escogió como su compañero de fórmula a un eterno contendor, Geraldo Alckmin, y que se vio obligado a construir un gabinete plural, cuya única arista de fusión era el temor a la continuidad. Así que el presidente avanzó en el plano del consenso, no exento de polémicas, pues se torna complejo amalgamar a actores disímiles y con visiones que van desde el marxismo, hasta las corrientes evangélicas.

Ese viraje de Lula implica también visiones y parámetros que impregnan una perspectiva ideológica. El líder brasileño representa un rostro de experiencia dentro de la denominada izquierda brasileña, por lo que puede buscar encabezar un sector en el que coinciden Gabriel Boric, Andrés Manuel López Obrador, al menos mientras mantiene el puesto, y Gustavo Petro. La experiencia del primer mandatario de Brasil lo posiciona como un actor referencial, un personaje que se cierne como una voz de conciencia y consulta para los que comparten con él en el espacio del progresismo democrático. Este sector se coloca en la acera opuesta de la experiencia cubana, venezolana y nicaragüense.

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De allí que la posición de Lula respecto a la realidad venezolana cobre manifiesta importancia, pues si no se concreta una salida lo menos traumática posible a la compleja coyuntura nacional, el juego del primer mandatario brasileño colapsará en todos los aspectos. La crisis humanitaria seguirá impactando directamente a Brasil, y aunque el flujo migratorio no tenga el tamaño del de Colombia o Perú, genera repercusiones que pudiesen escaparse de control.

Aunado a lo anterior, si no hay un desenlace favorable en torno a la dinámica venezolana, la visión de Lula como líder del espectro progresista democrático pudiese verse afectada, pues su visión de erigirse como un proyecto de referente moral de la izquierda latinoamericana se estancaría, frenando inclusive la posibilidad, de asomarse como un personaje de escala mundial que tiene incidencia en diferentes partes del planeta y que es de obligatoria consulta para la solución de temas de diversa índole.

Lo que es claro es que Lula es pragmático y no se retratará ni con Maduro ni con su entorno –salvo algún saludo de rigor o un encuentro casual-, pues hacerlo sería dar argumentos a sus enemigos internos, perdería la cohesión que le garantiza la gobernabilidad y quedaría etiquetado, principalmente por los nostálgicos de la administración anterior que reivindican a Jair Bolsonaro, personaje que, aunque hablaba del tema venezolano, no aportó mucho a favor de soluciones concretas.

Lamentablemente, hay quienes se quedan anclados en las viejas etiquetas, en la retórica vacía y en una actitud panfletaria, pues que Lula esté abiertamente insistiendo en una solución favorable para Venezuela, en el marco de la institucionalidad, tiene que ser aprovechado e impulsado por los sectores democráticos que anhelan una verdadera transición.

Guste o no la manera de actuar del presidente brasileño, su llamado a elecciones con una amplia observación internacional puede convertirse en el eje que empiece a generar una visión definitiva de presión internacional en otra dimensión. Los ejercicios aplicados por las administraciones anteriores de gran parte de los países de la región fracasaron, pues no solo no se concretó el cambio, sino que inundó de argumentos a la retórica propagandista. Tal vez esta táctica de Lula pueda hacer que germine una voz colectiva que exija condiciones electorales en Venezuela, una negociación para la reinstitucionalización de los poderes y la devolución de las tarjetas conculcadas por sujetos de dudoso proceder. De conseguirse eso, Lula podrá esgrimir con orgullo que puso su grano de arena en la conquista de la libertad venezolana.

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