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La Lupa

Maduro en la Celac: tuvo reconocimiento político pero no formal

Nicolás Maduro asistió a la VI Cumbre de la CELAC realizada en México. En redes sociales, el debate se concentró en si la visita del Jefe del Estado “lo legitima o no”. En el artículo, planteo que Maduro tiene un reconocimiento político pero no un reconocimiento formal. Este supone que su gobierno acepte lo que la constitución de 1999 formula: poderes limitados y la alternancia. Mientras estos dos principios no sean reales en la práctica política venezolana, Maduro no tendrá un reconocimiento formal, solo político. Más interesante es la propuesta de AMLO sobre un organismo regional que privilegie lo económico por encima de los derechos. Aunque la disyuntiva economía-derechos está superada, AMLO parece sugerir que los derechos existen “a petición de los Estados” que los quieran debatir en foros como la CELAC, lo que permite el debate entre gobiernos democráticos y autoritarios como se observó en el encuentro

Foto: @NicolasMaduro

Caracas- Maduro sorprendió con su asistencia a la VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe conocida como la CELAC, que se realizó en México el día 18-9-21.

El día anterior Delcy Rodríguez llegó a ese país, lo que generó la especulación que Maduro no viajaría a la cumbre. Arribó a última hora. Si el retraso fue preparado para sorprender y no alertar que iría, el tiempo lo dirá, pero su aparición generó ruido en redes sociales. El principal debate es que si la asistencia del mandatario venezolano a la CELAC significa “un reconocimiento a Maduro”.

Al sentarse en la CELAC y estar allí las 6 horas que duró el encuentro, Maduro recibió un reconocimiento político. Ningún presidente se levantó de la mesa. Colombia en la distancia envió un comunicado en el que expresó “rechazo” a la presencia de Maduro en la cumbre, pero Duque no fue y no lo confrontó como hicieron los presidentes de Ecuador, Paraguay, y Uruguay. El venezolano ganó en lo político al ir a un espacio en donde tendrá que ganarse la legitimidad formal, si decide participar en este tipo de foros en el tiempo.

Salvo Lacalle, Lasso, y Benítez no hubo otras críticas hacia Maduro. Figuras pro Guaidó como Gianmattei de Guatemala no dijeron nada acerca de la presencia del presidente venezolano, aunque en la Asamblea de la ONU señaló que la droga que llega a Guatemala viene de Venezuela. Pero no se lo dijo a Maduro en la CELAC. Pudo haberlo hecho porque el punto 40 de la declaración final abordó el tema de las drogas.

A pesar de la crítica de Lacalle al gobierno de Venezuela, en la fotografía final el presidente de Uruguay está al lado del presidente de Venezuela. No hubo desplantes que si “no me tomo una foto con un dictador” o cosas así. Delante de Maduro estaba Lasso, quien tampoco hizo un desaire. Lo que revela saber hacer política tanto de los presidentes que cuestionaron a Maduro como del mandatario venezolano.

Este reconocimiento político lo denomino “legitimidad pugnaz” o “disputada” porque Maduro será cuestionado en sus credenciales democráticas. Está consciente de esta situación y por eso su respuesta al paraguayo y al uruguayo: “definan el día, la hora, y el lugar para debatir sobre lo que es democracia”.

Maduro tiene un reconocimiento político, sea porque no hay otra opción, porque como le encanta decir a la oposición “controla el territorio”, o porque en la disputa para mantenerse en el poder venció a Guaidó, pero es un reconocimiento que se le reclama por el gobierno autoritario que encabeza. Maduro no quiere esa “distancia y categoría” de tener un reconocimiento solo de facto y no de derecho, que vendrá cuando acepte las reglas del poder limitado. El presidente quiere ser un par más que asiste a una cumbre presidencial sin ser cuestionado. Desea que su gobierno esté “en el concierto de las naciones”, que está, pero solo con sus aliados.

Si Maduro ganó reconocimiento político no significa que obtenga legitimidad formal. La diferencia entre una y otra es que la legitimidad política es un reconocimiento porque ejerce el poder. Algo como, “Maduro preside un gobierno autoritario”. La legitimidad formal es la derivada de un ejercicio del poder con base en la idea que la democracia supone límites a ese ejercicio, derechos básicos como expresión, organización, participación, y la aceptación de la alternancia en el poder. Un ejemplo fue la respuesta de Lacalle a Díaz Canel para explicar la diferencia entre Cuba y Uruguay con respecto al derecho de organización. En la isla ese derecho está conculcado o es limitado. En el segundo, se puede ejercer sin temor a la represión del Estado. 

Desde el punto de vista formal, la legitimidad para Maduro vendrá cuando acepte la alternancia y las reglas del juego democrático con poderes limitados. No es casual que los tuits que comentó Juan González, asesor de Biden en temas de seguridad, fueron las palabras de Lasso y Lacalle, no las de Benítez. Los dos mandatarios hablaron en términos de instituciones, no centrados en Maduro como hizo el presidente de Paraguay. El ecuatoriano y el uruguayo lo que hicieron fue describir una democracia que funciona. Esta es la legitimidad formal. Mientras Maduro y el gobierno no acepten límites al poder y la alternancia, muchos países no le reconocerán legitimidad formal.

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Es decir, una crítica de mayor fuerza política porque se cuestionan unas instituciones y no se demanda la benevolencia de Maduro hacia el pueblo de Venezuela, sino la obligación que tiene de respetar las instituciones de la constitución de 1999 que garanticen el funcionamiento de una democracia. Esto es un detalle importante. Despersonalizar la crítica y plantearlas en términos de los atributos de un sistema político que en el caso de Venezuela, es uno de naturaleza autoritaria.

II

El análisis tiene que ir más allá del debate sobre el reconocimiento a Maduro, que es un tema principalmente de la oposición de Venezuela. Hay dos asuntos de la cumbre que merecen atención ¿Cuál es la estrategia geopolítica de Maduro al asistir y cuál es la naturaleza de la propuesta de AMLO sobre un nuevo organismo regional? 

Más allá del efecto demostración –“Maduro salió de Venezuela aunque tiene un ‘ransom’ de los EUA- que desmoraliza a la oposición y energiza al chavismo, el objetivo de Maduro es uno que desde hace tiempo busca.

El gobierno observa que en la región hay realineamientos doctrinarios más hacia la izquierda, pero no tanto como en la época del “progresismo” de Chávez y Lula. Hoy la corrección a la izquierda toma en cuenta temas como los DD.HH que se vio en esta cumbre. Por ejemplo, en el contrapunteo entre Argentina y Nicaragua. La corrección hacia la izquierda es, “cada país tiene sus procesos, hay que respetarlos, pero deben darse en el marco de los DD.HH”, asunto que quizás no tuvo el peso en la etapa “progresista” de Lula y Chávez. Esta fue más del embelesamiento hacia figuras carismáticas y excesos de tipo fiscal, expansivo para las élites y para los pueblos, encandilamiento que se detuvo por la recesión en el mundo y en la región luego de la crisis financiera de 2008.

El gobierno analizó que en esa corrección hacia la izquierda que hay en la región, puede tener espacios para participar y fue el objetivo diplomático de Maduro. Esto se vio cuando comunicó su idea central: una CELAC “para el diálogo de los diferentes”. Recordó la época durante Chávez cuando se sentaron en la misma mesa el barinés y Uribe. A su regreso a Venezuela de México, Maduro reiteró esta idea al señalar que la CELAC debe ser un espacio incluso para la “diversidad partidista”. 

Es lo que persigue. Una esfera de interlocución política. Si eso supone su reconocimiento formal o no, es otro asunto porque el reconocimiento político ya lo tiene. Como se escribió, ninguno de los presidentes críticos se levantó de la sesión en rechazo a su presencia o sus cancillerías entregaron alguna nota de protesta, salvo la de Colombia. Más bien, con la forma cómo Lacalle hizo su crítica comunicó entender la realidad política y más que indignarse, ponderó que tiene que dar la pelea en el espacio de la CELAC por los valores de la democracia como forma de gobierno, pero no abandonarlo por “dignidad” que muchos chantan desde Venezuela.

Esta distinción entre el reconocimiento formal y el reconocimiento político se debe a que la región -y el mundo- ya no es la misma de otros momentos. Concretamente del de la Guerra Fría. De otro modo ¿Es posible una “Doctrina Betancourt” en la América Latina de hoy? La “Doctrina Betancourt” consiste en aislar a los gobiernos autoritarios de los foros de la región. Tuvo sentido durante la Guerra Fría cuando los bloques políticos estaban definidos y los autoritarismos tenían menos observación externa, justamente en virtud de la Guerra Fría porque fue un conflicto existencial entre los “buenos” y los “malos”. Los DD.HH pasaron a un segundo plano.

Hoy ese mundo no existe. Los autoritarismos son observados desde afuera, lo que los modera un poco. Una consecuencia es que se puede interactuar con estas formas de gobierno dentro de foros internacionales. Coadyuva una realidad mundial: los países “modelos” tienen problemas. Desde Estados Unidos durante Trump a Colombia con Duque, hay retrocesos en la democracia. Además, los autoritarismos de hoy son más institucionales como el chino y compiten con los valores de la democracia liberal.

En un mundo con menos pobres pero caracterizado por la desigualdad, es posible que muchas personas consideren aceptable vivir mejor aunque eso implique restricciones a la libertad de expresión, por ejemplo. En sencillo, el consenso de la postguerra sobre el “Welfare State” y las “cuatro libertades de Roosevelt”, no existe. Hoy se habla más de los DD.HH pero desde la sociedad civil que monitorea a los Estados. La “democracia monitoreada” que define John Keane.

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El resultado es una pugnacidad entre democracias y autoritarismos, pero no hay bloques como en la época de la Guerra Fría, aunque hay señales de algunos. El reciente acuerdo entre EUA, Australia, y UK para que el segundo país tenga submarinos nucleares del primero, es para hacer contrapeso a la creciente influencia de China en esa región. Pero no hay bloques. Biden lo reconoció en su intervención en la Asamblea General de la ONU el día 21-9-21. Lo que hay son acuerdos estratégicos y una interacción pugnaz entre Estados democráticos y autoritarios. Entonces no es posible un “cordón sanitario” al gobierno de Maduro, que fue lo que se hizo desde el Grupo de Lima y fue la estrategia de la oposición entre 2019-2020. Esa estrategia fracasó no solo por los cambios internacionales ya comentados, sino porque muchos de los países propulsores del Grupo de Lima entraron en problemas: Colombia, Ecuador, y Perú.

III

Si el escenario es el de una relación pugnaz en foros regionales entre las democracias y los autoritarismos, el problema es cómo se construye la participación de las naciones en los foros internacionales.

En sus palabras de bienvenida a la cumbre de la CELAC, López Obrador dio una respuesta a este asunto. El presidente de México habló de tres cuestiones: los derechos, la integración, y la economía.

AMLO ve un CELAC pragmático, como espacio para la economía y para alianzas económicas. Es su analogía con la UE. Una visión parecida expresó Lasso, “Nos respetarán cuando un productor de Ecuador pueda vender cacao en El Salvador sin restricciones”. La idea que el respeto político de América Latina se logrará cuando la región supere sus barreras comerciales. Sin libre comercio e integración, no habrá fuerza política ante el mundo. La integración económica es una integración geopolítica para que la región sea tomada en cuenta. No es una integración causada por un motivo político. Lo anterior es la nuez de la propuesta de AMLO. Una visión más pragmática que separa lo económico de lo político.

Aunque en la teoría no se oponen lo económico con lo político -los textos de Adam Smith, Sen, Nussbaum, por ejemplo- indudablemente en la actualidad hay una interrogante ¿Los foros reforzarán hablar de lo económico o de los derechos? Es decir ¿Hay algo como requisitos de entrada a foros internacionales como la CELAC vinculados a los DD.HH, o la membresía es abierta y el debate sobre los derechos será en los foros?

Lo último es la tesis de AMLO para el tema de los derechos. El mexicano expresó que en materia de derechos el debate será “a petición de las partes” y la instancia de alzada será la ONU, la que determinará la salud de los derechos en una nación determinada.

AMLO expresó que cada país tiene su particularidad no sujeta a juicios de terceros -la famosa “Doctrina Estrada” de México de no injerencia en los asuntos internos de una nación- si hay que debatir sobre los DD.HH es “a petición de los países” que quieran hacerlo, y existe una suerte de instancia de alzada que son los organismos de la ONU, “los que definirán la salud de los DD.HH en un país determinado”.

Es una lógica de dos pisos. El primero, no hay requisitos de entrada para ir a foros como la CELAC. Por ejemplo, que en un país X no haya presos políticos. Si los tiene, igualmente el Estado X puede asistir a la cumbre. Si se presentan debates sobre los DD.HH, son los países interesados quienes deben acordarlo. Por ejemplo, el Estado Y critica al país X porque tiene presos políticos. En el foro habrá un debate entre la nación X y la nación Y en el tópico presos políticos. El segundo piso, la ONU como instancia de alzada. Es la que tiene credibilidad para hablar acerca de la situación de los DD.HH en los países de la región. En el ejemplo, la comisión de los DD.HH de la ONU ofrece su reporte sobre la situación de los presos políticos del país X. La propuesta de AMLO no clarifica qué se hace si la ONU confirma que una nación no respeta los DD.HH. 

Esta lógica permite que Venezuela entre en el marco de la CELAC porque la evaluación sobre sus DD.HH no se hace previamente, sino si algún país trata este asunto como hizo Lacalle por ejemplo, entonces los DD.HH tienen una dimensión en que son calificados.

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Si es así, la estrategia de Maduro de ir a los foros y tutearse con presidentes que lo cuestionan tiene sentido. Pero también tiene sentido la estrategia de los presidentes que lo criticaron como Lacalle, Lasso, y Benítez.

Si hay esta interacción pugnaz entre democracias y autoritarismos en espacios como la CELAC, el punto es si un autoritarismo puede evolucionar hacia una democracia por la asistencia a foros en los que será criticado. Cierta teoría (Haggard y Kaufmann, 2016) sugiere que sí aunque en este análisis de la CELAC la teoría sería un “proxy”. Plantea que si un país autoritario tiene como vecinos naciones democráticas, la posibilidad de una transición desde las elites a un sistema abierto será mayor. Aquí lo que hay es un foro de países, pero bien vale la lógica de la teoría: confrontar en foros internacionales al gobierno de Venezuela en sus credenciales democráticas, puede moderar su autoritarismo y liberalizarse un poco más.

La gran pregunta es ¿“Liberalización” para normalizar un status quo autoritario o para aceptar la posibilidad de una alternancia en el poder? El debate estará en el carácter universal de los DD.HH ¿Es algo de la vida de cada país o hay un marco de valores orientados a los límites al poder y la alternancia, que debe ser acatado por las naciones, al margen de sus peculiaridades? En otras palabras, si los DD.HH son particulares a un contexto o situación o si son universales, aplicables a cualquier situación.

Aunque la teoría resolvió la interrogante a favor de la última, que haya nuevos autoritarismos parece plantear la pertinencia de la pregunta porque al final del día la realidad que se impone es que las democracias deberán coexistir con los autoritarismos, pero no como en el pasado, sino una convivencia más normal en el sentido que un autoritarismo se puede asumir como “lo normal” para un sistema político. Hasta puede ser un chiste o una ironía como la “bio” de Bukele quien en su cuenta de tuiter se definió como “dictador de El Salvador”, aunque luego lo cambió a “un dictador cool”.

La audacia de los autoritarismos está en normalizarse para que no se vean como formas de gobierno “degeneradas” o “degradadas” sino “normales”. Si es así ¿los DD.HH pensados para un consenso de la postguerra serán válidos cuando ese acuerdo ya no existe y la democracia retrocede en países con fama de democráticos? La “normalización” del autoritarismo pone en la mesa no la pertinencia de los DD.HH, sino su alcance y cómo reclaman cuando no se cumplen. 

Así las cosas, Maduro puede asistir a las cumbres que estime conveniente al margen si en Venezuela la Contraloría no se pronuncia acerca de la habilitación de figuras políticas que rectores del CNE afirman cumplieron con la sanción contralora. Si se quiere hablar de esto, algún país deberá disputarlo al gobierno de Venezuela en algún foro como la CELAC. Si éste acepta debatir, entonces, los DD.HH existen, son visibles.

El contrapeso que plantea AMLO a los abusos a los DD.HH en una nación determinada, es que algún país lo reclame, se debate en la CELAC, y quedará a la ONU determinar la fortaleza de las acusaciones o del cumplimiento de los DD.HH de un Estado determinado.

Puede ser una ventaja para Maduro que no haya requisitos de admisión a espacios diplomáticos, pero es relativa. Ventaja porque podrá asistir a los foros internacionales en donde esta lógica de “membresía sin condiciones previas” que plantea AMLO se aplique. Relativa, porque el desempeño del Estado venezolano en materia de DD.HH podrá ser disputado por algún país, como ocurrió con Ecuador, Paraguay, y Uruguay en la cumbre de la CELAC.

Honestamente prefiero a un Maduro que sea confrontado en sus credenciales democráticas que la idea del “cordón sanitario”, cuya función hoy no es aislar a su gobierno -no lo está- sino contribuye a la fantasía de la resistencia que tiene cierta oposición. Si es confrontado en foros internacionales con nivel político, Maduro tendrá que evaluar si asiste o toma nota de las críticas, que vendrán de sus pares que son presidentes. Es decir, si “aguantará la mecha”. Una cosa es burlarse de un opositor y otra de un presidente. 

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Apuesto a que Maduro escuchará las críticas a pesar de su estilo de entrompar y “de mandón” que le encanta y que sus aduladores le aplauden. Ahora, el lisonjeo es algo que llama “súper bigote”. Quizás parte del alejamiento que tiene la sociedad con la política es que ésta se ha convertido en un “torneo de felicitadores”, tanto en el gobierno como en la oposición. 

Que Maduro diga que Lacalle es un sifrino para desacreditarlo, no le hace mella al uruguayo. La burlas de Maduro lo que comprueban es que las críticas le llegaron y tienen efectos. Se defiende con burlas a los mandatarios que si “lacayo” o “Stroessner Benítez”. Cree que es una pelea en el liceo y que tiene que probar que es un “hombrecito”, parte de la cultura del “malandreo” que fascina en la sociedad venezolana. Pero hay un problema. El punto no es si Lacalle es sifrino, sino las credenciales democráticas del gobierno de Maduro. Este sabe que al próximo foro que asista que no sea de sus amigos de la ALBA, estará expuesto a una crítica de un presidente.  Por supuesto, me gustaría que Maduro asistiera como presidente de mi país sin ser cuestionado. Pero la realidad es que encabeza un gobierno autoritario, que asume que no tiene límites a su poder. Una cosa es enfrentar una estrategia insurreccional de cierta oposición y otra cometer y justificar abusos contra los DD.HH o querer perpetuarse en el poder, porque cierta oposición tiene una estrategia subversiva.

De las críticas de Lacalle, Lasso, y Benítez a Maduro, las del primero son las que tienen sentido político. Las de Lasso muy indirectas. Las menos afortunadas a mi modo de ver, son las de Benítez porque personalizan en Maduro y debilita el fondo del debate en espacios tipo CELAC: que en Venezuela no hay poderes limitados. Además, el gobierno de Benítez le debe plata a Venezuela. El ejecutivo paraguayo habló para lograr un discutible acuerdo con el “interinato” y pagar esa deuda. En mi visión, si quiere hablar de Venezuela, primero debe pagar. Los DD.HH son importantes, pero el nacionalismo también. Por lo anterior, las críticas de Lacalle y Lasso tienen más fuerza política para contrastar una forma de gobierno autoritaria.  

Prefiero la situación de “legitimidad disputada” a Maduro en la CELAC para que su gobierno sea menos autoritario, al “aislamiento” que promueve cierta oposición para mantener la esperanza que, algún día, habrá un “quiebre” dentro del gobierno y caerá. Lo primero es hacer política. Lo segundo, un deseo desde la comodidad digital. 



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