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La Lupa

Maduro y los cambios en el gabinete: ¿la imposible búsqueda de una gestión?

El día 19-8-21 Maduro anunció cambios en su gabinete. Los nuevos ministros se juramentaron dos días después. La “lógica Maduro” de los “enroques” se mantiene. Por un lado, acomodar a los civiles que no ganaron en las primarias del PSUV como Santaella y Godoy, pero también reforzar algunas líneas que el gobierno adelanta. Una de ellas, tener una gestión. En el acto con los nuevos funcionarios, Maduro dejó ver que la tarea del gabinete es más gerencial, menos política, y “el bloqueo no es excusa”. La gran pregunta es si esto es posible ¿Es viable una “gerencia socialista” con funcionarios tan ideologizados como son los ministros del ejecutivo? Si me atengo a mi vivencia, la situación de los servicios públicos empeoró de forma dramática. Que no se sienta porque “nos acostumbramos” o hay dólares para “marear la crisis”, es otra cosa. El gobierno quiere un imposible: gerencia con ideología. Lo posible requiere de atributos que el socialismo no ofrece: ministros con personalidad y autoridad

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Caracas.- El día 19-8-21 Maduro anunció cambios en el gabinete. Los nuevos ministros tomaron sus cargos dos días después. Aunque las rotaciones de ministros no sorprenden tanto con Chávez como con Maduro porque fueron y son frecuentes, el contexto para los últimos ajustes en el gabinete es diferente.

Cuando los juramentó, Maduro reiteró un contenido que expresa desde hace algunos meses. Quiere un gabinete de gestión, de gerencia, para ofrecer soluciones, en el que “el bloqueo no sea excusa”. Maduro les dijo a los nuevos ministros que “busquen a los mejores” y que “escuchen las críticas”. Contó que cuando Chávez lo designó canciller, creó una suerte de “consejo asesor” integrado por José Vicente Rangel, Alí Rodríguez, Müller Rojas, y Roy Chaderton. Con este ejemplo, Maduro significó a los nuevos funcionarios que deben buscar equipos con nivel político y capacidad para hacer críticas.

Hablar de una gestión eficaz no es nuevo en Maduro. Está consciente que la principal debilidad de su gobierno es la gestión. La apuesta es a gabinetes orientados a la eficacia, separados de lo político. Esto queda en manos del “alto gobierno”. Un ejemplo es cuando Maduro, en su estilo de “mandón”, le dijo al “protector de Mérida” en una actividad que tuvo el día 25-8-21, “déjame a mí a los de la gobernación de Mérida”. Amenazas que ya no impresionan.

Se esperaban nuevos ministros después de las primarias del PSUV. Principalmente, para acomodar a algunos de los que no ganaron. Destaca que los acomodados son civiles. Hasta ahora, los militares que no ganaron no están en el gabinete, aunque algunos como Rodolfo Marco, Molero Bellavia, y Ramón Carrizalez estuvieron en el pasado. El otro uniformado que no ganó en las primarias del PSUV y no tiene acomodo es Justo Noguera, gobernador de Bolívar.

Las dos civiles incorporadas al gabinete de Maduro son Yelitze Santaella quien fue gobernadora de Monagas por casi 20 años (no continuos) y Margaud Godoy, quien fue gobernadora de Cojedes.

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Estas dos designaciones apuntan a conservar los equilibrios internos dentro de las “familias políticas” de la elite chavista. Santaella es oriental, de la tierra de Diosdado Cabello, y figura importante del partido. Todavía ejerce la vicepresidencia para Oriente del PSUV. El gobernador encargado en Monagas es una persona cercana a su “familia política”.

Godoy fue la gobernadora encargada de Cojedes luego que Erika Farías entró al gabinete en enero de 2017. Ganó la titularidad en las regionales de 2017. Las dos pertenecen al Frente Francisco de Miranda, organización que sonó mucho durante los años de Chávez. Puede ser una compensación de Maduro a Farías, quien no tuvo los puntos para competir en las primarias para la Alcaldía de Caracas y renunció con críticas, incluso desde el chavismo, a su gestión. Maduro no podía integrarla nuevamente al gabinete, por lo evidente de su mala gestión en la capital. Sería un enroque muy visible y comentado. Pero no la sacó del juego dentro del poder chavista.

Ella y Marco Torres se separan de sus cargos porque serán blancos visibles para la oposición en la campaña, por lo malo de las gestiones o porque la base chavista no votó por ambos. El gobierno optó por “no cargar con esos bacalaos”, lo que revela algo interesante. El PSUV se siente seguro, pero no descuida nada para las elecciones. Una sorpresa de los votantes en noviembre es un escenario que no puede descartarse.

Aumenta la influencia de los Rodríguez Gómez. El nuevo canciller ocupó puestos cuando Jorge fue alcalde de Caracas y Delcy canciller. Es una persona que tiene carrera diplomática y una buena formación académica. Viene de ser embajador en China. Quizás esto haya contado para su nombramiento. Arreaza tuvo un perfil más confrontador y puede ser que Maduro busque un perfil igual en convicciones como el que Arreaza mostró en cuanto a apoyar al chavismo y a su política exterior -Plasencia se estrenó con tuits “anti imperialistas” y una de sus primeras reuniones fue con el Embajador de Rusia- con una diplomacia “tipo China”, es decir, que comunique con formas la convicción.

Arreaza es pasado a un importante ministerio de la economía. En la nueva tesis de la producción nacional que el gobierno promueve, posiblemente Maduro quiera reforzarlo con una persona que ya fue vicepresidente, ministro de ciencia y tecnología, y canciller, entre otros puestos, con lo que combinaría la mira interna y externa que el gobierno requiere para darle fuerza a su nueva visión para la economía: la producción nacional. Se mantiene la influencia de la “familia política Chávez” porque Arreaza estuvo casado con una hija del exmandatario, Rosa Virginia, y en las primarias del PSUV del 8-8-21 fue a votar acompañado de otra hija de Chávez, María Gabriela.

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Una cosa curiosa es que durante la juramentación, Maduro afirmó algo que puede confirmar la tesis de las “familias políticas” dentro del chavismo de las que escribí para El Cooperante cuando fue el momento de las primarias del PSUV. Al hablar de Mervin Maldonado, quien asumió una de las pomposas “vicepresidencias” del gobierno –“Para el socialismo social y territorial”- el mandatario expresó que Maldonado viene de Mérida, y “forma parte del planeta Tareck” (Al Aissami). Al hablar de “planetas” Maduro deja ver que dentro del chavismo hay grupos que llama “planetas” y que no están en conflicto. Al contrario, Maduro es el “primero entre iguales”, una suerte de “gran director” que es reconocido por los “planetas” que Maduro ubica en su “universo”.

Este comentario de Maduro lleva a otro. Desde hace un tiempo, el Jefe del Estado hace confidencias en público que llaman la atención. Hace unas semanas, afirmó que envía mensajes a sus funcionarios, que no todos responden. En la rueda de prensa a medios internacionales del día 16-8-21, manifestó que considera viajar para la Asamblea General de la ONU y si va, “me llevo a Padrino López, por si acaso”, como si esperara “algo”. Ahora, el comentario acerca del “planeta Tareck”. Cuando afirma cosas así que sorprenden, Maduro siempre dice que “es un chiste malo” o “es en broma”. Lo llamativo es que hace infidencias del mundo chavista, así sea “en broma”.

Pueden ser los “chistes del mandón” para que sus funcionarios y felicitadores lo aplaudan. Sentirse poderoso y que tiene a las personas en su mano. Algo como el “triunfo del autobusero” frente a quienes lo veían y lo ven como una persona menor. También pueden ser “indirectas” a los grupos y personas dentro del chavismo. Algo como, “sé que tienes un grupo Tareck”, “por ahí dicen que me van a tumbar”, y “los funcionarios no responden los mensajes, mosca”. El recado es que sabe quién es quién, que observa, que está presente aunque no lo parezca, y por lo tanto, sus ministros deben “estar pilas” y no descuidarse porque en una de esas, recibirán la llamada de Maduro.

Lo anterior son hipótesis. La que más me atrae para explicar los “chistes malos” de Maduro es que se siente seguro en el poder. Tanto, que percibe puede hacer comentarios sobre temas internos, lo que refuerza el “estilo gerencial a lo Maduro”.

A diferencia de Chávez quien parecía tener una supervisión directa y constante sobre la gestión y su equipo, Maduro no es que no lo haga, pero comunica que delega más y su supervisión es más a distancia. No parece que haga consejos de ministros de forma regular sino cuando hay una actividad por TV o una situación que lo amerite. Tampoco parece recibir cuenta de estos funcionarios. Lo anterior se delega y la constitución lo establece, en la vicepresidencia, hoy en manos de Delcy Rodríguez Gómez.

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Maduro delega, se ve que se comunica mucho por mensajes de teléfono, practica una suerte de “dejar vivir” sin estar encima de los ministros, y los mantiene o los remueve en función de coyunturas estratégicas o en función del desempeño del titular a los ojos de Maduro. Este “deja pasar” fallas pero hasta un punto. Luego, los cambia y rota, o quedan fuera. Pero Maduro no es una persona que comunica estar en el día a día de la gestión, que no significa que no esté informado acerca de lo que sucede dentro de su gobierno. Maduro es un consumidor de información nato. Y no es mal analista político.

En otras palabras, Maduro se siente tan pero tan seguro en el poder, que se atreve a contar cosas internas y privadas si se quiere, del chavismo. Es la figura indiscutida por lo que puede hacerlo sin mayores críticas internas. Se refuerza una división del trabajo. Maduro y el “alto gobierno” concentrados en la visión política y en la estrategia. Maduro tiene un sentido de largo plazo. Por ejemplo, ya debe analizar la coyuntura de 2024 aunque estamos en 2021. Sus ministros, en ejecutar las líneas políticas y desarrollar una gestión eficiente, que tenga respuestas para el público. La estructura del Estado -la formal y la vinculada al PSUV- se alinean con la dirección política y los ministros, y llevan a la realidad los lineamientos del gobierno (el “Plan de la Patria” y los “vértices”). Maduro siente que esta división del trabajo es sólida porque el ejecutivo logró la estabilidad política.

Destaca la presencia de marinos en el gabinete y en el gobierno en general. Hay 4 en puestos claves. Ceballos Ichaso es el nuevo ministro del Interior. Posiblemente el gobierno quiera darle a este ministerio la tarea de “neutralizar” a los grupos delincuenciales para contrarrestar el discurso del “Estado fallido y malandro” que desde la oposición le endilgan al gobierno. Si bien se discute la eficacia de Ceballos como CEO durante la operación en Apure en marzo de 2021, el almirante es comando y tiene un perfil de combate. Tal vez Maduro quiera una división del trabajo: las FAN para los grupos irregulares de corte político, y Ceballos en el ministerio del Interior para combatir a los grupos delincuenciales.

Serantes Pinto es otro marino. Es el nuevo ministro de Minería. Puede ser que Maduro tenga un plan para recuperar el control en las zonas mineras que hoy disputan bandas delincuenciales y los dos marinos, junto al Ejército, entran en la ecuación.

La búsqueda de nuevos ingresos también explica el cambio en el ministerio de Minería. El nuevo titular ejerció la jefatura de la REDI Guayana, por lo que conoce la zona. Maduro destacó que es un “hombre honesto”, que puede interpretarse que en el área de la minería hay corrupción. La lógica de Maduro puede ser tener a una persona que conoce la geografía, es militar, quien puede relacionarse con los jefes castrenses (REDI y ZODI), y el atributo de honestidad, para evitar corromperse en un ministerio cuyo ramo incentiva la corrupción porque tiene como área el oro y minerales valorados en el mercado interno y externo.

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Luce que el ejecutivo quiere darle impulso a esta actividad para que sea fuente de recursos. Quiere poner en funcionamiento refinerías de PDVSA que su incompetencia y corrupción dejaron fuera de servicio, situación agravada por las sanciones. El primer paso es aumentar discretamente la producción petrolera. Ahora se agregó un cambio en el ministerio de Minería. Lo que puede estar en la mente del gobierno es sumar más ingresos cuando estas actividades puedan aportarlos.

Lo cierto es que marinos tienen presencia en el poder del gobierno: Meléndez Rivas, Ceballos Ichaso, Pinto Blanco –candidato a gobernador en Sucre- y ahora Serantes Pinto, en puestos destacados del ejecutivo y del PSUV. En el parlamento está otro marino: Alessandrello, quien presidió el Comité de Postulaciones Electorales que presentó los nombres para rectores del CNE que fueron seleccionados por la AN a principios de mayo.

II

El problema con el cambio de gabinete es si realmente significará una diferencia con otros en el pasado. Que no sea un “enroque” más o un reciclaje de funcionarios tipo “jarrones chinos” que no se halla dónde acomodarlos. Venezuela requiere de una gestión. Es innegable -incluso para los mismos chavistas, como se vio con el exalcalde de un municipio en Táchira, quien armó una bronca en una bomba de gasolina porque no se cala los 20 litros de gasolina que ciudadanos tienen años calándose pero no tienen el privilegio que da el poder de “armar un peo”- el progresivo deterioro en los servicios públicos y en la calidad de vida en general, aunque la gente esté mejor personal o familiarmente por la dolarización. Las burbujas particulares están bien, pero lo que es común a todos, lo público, se deteriora sin parar o no mejora.

Como ciudadano es mi vivencia. El deterioro se acentuó en 2015 con el agua. Luego vino la luz en 2017. Era, entonces, el agua y la electricidad. Lo demás servía. En 2018, fue el gas. Ya eran tres: agua, luz, y gas. En 2019, el aseo. Suman 4. En 2020, el internet. Suman cinco: agua, luz, gas, aseo, e internet. En 2021, la gasolina. Son 6 servicios con severos retrocesos, y hoy el que funciona más o menos estable es el aseo, eso sí, muy caro y sube casi todos los meses. El problema no es solo de tarifas. En una estructura con servicios públicos dañados, la tarifa por sí sola no resuelve la mala calidad en la prestación. También entra en la inercia y aparece “el peor de ambos mundos”: tarifas altas y servicios de mala o regular calidad.

El problema no es solo un cambio de gabinete. No son discursos sobre “quiero resultados”, “el bloqueo no es excusa”, o ese estilo de “gerencia venezolana” que Maduro reproduce al decirle a algún ministro –como sucedió cuando informó sobre las consecuencias de las lluvias en Mérida el día 24-8-21- “te hago responsable de…”, en este caso, al ministro de Vivienda, para que ofrezca casas a quienes las perdieron en el deslave. Justo objetivo, pero puede tener el efecto de un ministro que hará o inventará cualquier cosa para no ser el “chivo expiatorio”.

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Un punto que sobresale en los análisis sobre por qué cayó el gobierno de Afganistán, es que se promovió un clima de “Group think” que forzó a presentar informes de un “mundo feliz” que no existió. Civiles y militares de los EUA fueron forzados por sus superiores a escribir reportes que todo iba bien. A inventar cosas. En el mundo militar, no era un secreto las deserciones en el ejército afgano -el famoso AWOL del lenguaje militar de los EUA- pero los reportes que llegaron a Washington hablaron maravillas del ejército que se desplomó en uno o dos días cuando el Talibán llegó a Kabul. Este “Group think” pasó en un sistema político que tiene pesos y contrapesos.

En Venezuela también hay “Group think” tanto en el gobierno como en la oposición, pero no tenemos los pesos y contrapesos institucionales de los EUA. Solo en el papel de la constitución. Lo que hay son los “reportajes Potemkin”. Si se sigue a los medios oficiales, es el “mundo feliz” del socialismo. Las actividades que hace Maduro con sus funcionarios comunican grandes cifras y grandes logros. Habría que validar si esto es así, pero mi vivencia, como escribí, es que el peso de vivir en Venezuela -así se tenga dólares- es cada vez mayor. Tal vez existan, como dijo Castro Soteldo, más de 70 marcas de harina de maíz, pero 6 servicios públicos funcionan mal o regular. Tengo la harina, pero no el gas. Y si tengo gas, no tengo gasolina para buscar la harina. Si camino para buscarla, no sé si tendré señal en el teléfono para ver “el saldo” cuando pague en el mercado. Si llamo para reportar la falla, no hay sistema para “validar los datos”. Y así.

El reto que tendrán los ministros de Maduro es si seguirán en su “mundo Potemkin” de grandes cifras y el “mundo feliz” de los medios oficiales, o encararán una realidad de privaciones, de limitaciones, de vida dura que lleva el ciudadano común, aunque tenga una vivienda de la GMVV, que no es poca cosa. No es el “voluntarismo”, el “echarle bolas”, los “carajos arrechos”, o el “no lloriqueo” del que Maduro se queja tanto, sino la personalidad de los ministros, lo que hará la diferencia para tener o no una gestión.

Aquí viene el problema ¿El gobierno incentiva la personalidad y autoridad en su gabinete? En un gobierno centralizado que apela a una lógica burocrática no en el sentido weberiano, sino de una cúpula que baja una línea, no parece. No hay ministros eternos, pero debe haberlos con capacidad y personalidad cuando son ministros. Me luce que los ministros en Maduro son eslabones cambiables de acuerdo a las circunstancias. No van a desarrollar una gestión con autoridad y personalidad. La gestión viene de arriba. Cuando se ve cualquier noticiero oficial, hasta en lo más mínimo, el discurso es “por instrucciones de nuestro presidente….”. Los ministros quedan como simples “muchachos del mandao”.

Los socialismos creen en la planificación centralizada y los individuos son piezas que las ejecutan. Por supuesto, en nuestro socialismo no llegamos ni de lejos a lo que fue la construcción del metro de Moscú que relató Kruschev en sus memorias (“Kruschev recuerda”, 1970). Aquí somos más modestos, aunque más dramáticos: un centro de control computarizado en el IFE para seguir los trenes. Para el ruido que el gobierno hace, mínimo un Sputnik venezolano en el espacio, no los satélites “Made in China”.

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No espero ministros o funcionarios que rebatan a Maduro en público. No sería lo correcto porque hay una presidencia, pero que comunicaran no ser tanto engranaje, tanta pieza cambiable, tanta melosidad, tanto “yes sir”. Me gustarían ministros con un lenguaje que les dé mayor personalidad y autoridad de cara al público. Cuando la llamada a Maduro a propósito de la victoria de Julio Mayora en las olimpíadas, Mervin Maldonado hablaba con el presidente y le decía “jefe”. A lo mejor puertas adentro del gabinete se ven y actúan así, pero hacia afuera, le resta a los ministros y a Maduro, si se compara con otros gabinetes en la historia de Venezuela, incluso de gobiernos autoritarios del pasado. En los democráticos, los ministros de Betancourt tenían personalidad, por ejemplo. No era “jefe” cómo se relacionaban entre sí, con esa docilidad. Y Betancourt era una persona pugnaz. A pesar de eso, sus ministros le decían cosas que no quería escuchar. No se asustaban decían cosas melosas que si “jefe”.

Una duda que todavía albergo es ¿cómo eran los consejos de ministros y las cuentas con Chávez, no las que salían en televisión, sino las de verdad? Ahora ¿cómo serán con Maduro, si se hacen? ¿Podrán los ministros discrepar con elegancia, tener visiones distintas y no por eso ser sospechosos en la paranoia política que hay en Venezuela? Es el reto para los nuevos ministros.

Un pequeño ejemplo de este estilo de gestión fue en el día 24-8-21 cuando Maduro habló sobre las lluvias en Mérida. Se vio a un gobierno que de repente despertó por un fenómeno natural. Lo mismo de siempre: otra vez las culpas “al capitalismo”, nuevamente la responsabilidad se descarga en el “poder popular” el que también debe estar pendiente del nivel de las aguas -¿para que existe la administración pública, entonces?- de nuevo las promesas para hacer planes que anticipen 15 años. Ya deberían estar. El INAMEH comunica un nivel de profesionalismo y seguro puede hacerlos porque cuenta con 5 radares y 510 estaciones; Maduro dando instrucciones y altos funcionarios tomando nota como si fuera una “lecture” sobre el clima.

Ni una mención al gobernador del estado, Ramón Guevara, en un momento así. Corresponde a Maduro hacerlo como presidente. Pero lo que hizo fue empujar a su candidato en Mérida, el “protector” Jehyson Guzmán, quien aprovechó el espacio para criticar a la gobernación. Una situación nacional se empleó para hacer campaña política. Me lució más de lo mismo: la sorpresa por el hecho, la conducta tipo operativo, las promesas para asegurar que “hay Estado”, los “pases en directo”, y los altos funcionarios en la zona “con el barro en los pies” ¿Se podrá tener una gestión competente con una lógica así? Pienso que no.

Por si fuera poco, el día 25 Maduro habló nuevamente sobre las lluvias en Mérida. De forma inapropiada, volvió a agredir a la gobernación de Mérida, ferozmente. Mi explicación de este bajo comportamiento es para que la responsabilidad no caiga en el gobierno, que es el principal responsable. Hay que recordar que, desde la época de Chávez, a los estados y municipios el gobierno y sus AN los han vaciado de competencias y recursos. El último intento, es con la propuesta de ley del parlamento comunal. La pregunta es ¿cómo un hecho natural agarró desprevenido a un gobierno con tanto poder? Para evitar asumir esa responsabilidad, Maduro atacó cruelmente a la gobernación de Mérida y pone su chantaje para que no le reclamen su responsabilidad. Para que el país acepte su perorata en silencio.

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Según Maduro, fue la oposición la que pidió quitar la figura de los “protectores” y él, magnánimo como siempre, aceptó. Pero como la gobernación de Mérida se “portó mal”, deja ver que los mantendrá. El presidente se preguntó “¿qué sería de Mérida sin el protector?”. Tengo una mejor pregunta ¿Qué sería de Mérida si Chávez y Maduro hubiesen respetado las prerrogativas de la constitución hacia los estados y municipios, y si en esta crisis de lluvias el presidente Maduro mostrara coraje personal, político, e institucional, y contactara para abordar el problema de las lluvias a las autoridades que corresponde que es al gobernador y a los alcaldes de la zona? Parafraseando a Maduro, eso es “llevar las cosas al terreno de la política”.

Los socialismos no enfatizan mucho la personalidad sino la estructura de la Nomenklatura. El caso más cercano de gerencia socialista exitosa es la antigua URSS. Sus productos conocidos son militares, no civiles. Todos tenemos un “recall” de lo que es un AK, pero pocos podrán recordar una marca de TV de la URSS. La respuesta es que las industrias de defensa soviéticas operaron con personalidad y autoridad, mientras las civiles no. Estas operaron con un control centralizado y el resultado es lo que vemos en Venezuela: incompetencia y corrupción, como lo revela Saab en sus frecuentes apariciones cuando anuncia la captura de funcionarios acusados de corrupción, incluso la “roba gallina”. Mientras persista la “gerencia adulante y sin personalidad” tendremos más ruedas de prensa del Fiscal para anunciar detenidos por corrupción.

No sé si Maduro y la lógica chavista permitirán personalidad y autoridad para los ministros del gabinete. No lo espero. Sin embargo, aunque el gobierno es el adversario, no apuesto al fracaso de los nuevos titulares. Su fiasco reforzará una inercia que, “sin prisa, pero sin pausa”, se traga a toda la sociedad, incluido al gobierno. Que Maduro hable tanto de “hacer mejor las cosas”, de escuchar críticas, de no dar excusas y “dejar el lloriqueo”, es porque sabe o intuye esa perniciosa inercia. Puede aprovechar las lluvias en Mérida y en otros estados de Venezuela, para dar un vuelco al estilo gerencial de su gobierno.



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