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La Lupa

María Alejandra huyó de Venezuela y Colombia, fue echada de México y ahora vive en Costa Rica

"Después de haber pasado por toda esa pesadilla, cuando solo queríamos luchar por un mejor futuro. Salimos de Venezuela, salimos de Colombia y ahora nos estaban echando de México. Y cuando íbamos viajando para llegar hasta Costa Rica, nos robaron unos delincuentes en México. A punta de machete y pistola nos quitaron absolutamente todo. Nos quedó algo de dinero porque lo teníamos escondido en la ropa, pero nos quitaron todo. Tuvimos que devolvernos, y fue muy duro porque por muchos meses, EE . UU. estuvo recibiendo a los venezolanos solamente con cruzar. Tuvimos muy mala suerte", expresó entre lágrimas

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Caracas / Foto Portada: Cortesía.- Venezuela se ha convertido en la última opción de retorno para quienes salieron huyendo de la crisis. María Alejandra partió desde Colombia a finales de septiembre, con el sueño de llegar a Estados Unidos, sin saber que todo sería en vano. Enfermedades, animales salvajes, cadáveres, extorsión y maltratos de todo tipo. Cuando pensó que lo había logrado fue deportada a México y expulsada a los días siguientes. Hoy asegura que no volvería a Venezuela, pero tampoco se arriesgaría a cruzar nuevamente el infierno del Darién, pese a que cientos de venezolanos han vuelto a cruzar durante los últimos días, luego de que el juez estadounidense Emmet Sullivan dictaminó levantar la medida que fue instaurada por el expresidente Donald Trump para evitar la propagación de la COVID-19.

Lea también: Migrantes venezolanos fueron expulsados de Estados Unidos: regresarán a México

Este miércoles 16 de noviembre, unos 600 venezolanos que permanecían en un campamento al borde del río Bravo, en Ciudad Juárez (al norte de México), cruzaron la frontera con Estados Unidos para pedir asilo, luego de que el juez Sullivan levantara el Título 42, informaron las autoridades. Los venezolanos dejaron atrás las carpas en las que vivían desde finales de octubre y pasaron el río “para entregarse a la patrulla fronteriza” estadounidense, reportó el gobierno de Ciudad Juárez en un comunicado, que estimó en “más de 600″ el número de migrantes. “Ellos se entregan para pedir asilo”, dijo Santiago González, director de un albergue público de esa ciudad.

Un día antes, el pasado martes, el juez estadounidense Emmet Sullivan dictaminó que el Título 42, aplicado desde el gobierno de Donald Trump como una medida anticovid, se usó contra los migrantes de manera “arbitraria y caprichosa” para bloquear sus solicitudes de asilo. Por petición del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el mismo juez concedió cinco semanas al gobierno de Joe Biden para poder prepararse frente a una temida avalancha de migrantes, en su inmensa mayoría latinoamericanos. La sentencia del martes entrará en vigor el 21 de diciembre, a medianoche.

Durante el último año, miles de venezolanos se arriesgaron y cruzaron uno de los territorios más peligrosos del mundo, la selva del Darién, con la esperanza de conquistar el "sueño americano" en EE .UU. Esto se convirtió para unos en esperanza al cruzar la frontera y ser recibidos por migración, pero para otros en desgracia al perder a familiares, ser víctimas del crimen organizado, episodios de abuso sexual, o encontrar la muerte.

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Lo que vivió María Alejandra junto a su esposo se cuenta fácil pero no lo es. Entre tristeza y lágrimas, reveló a El Cooperante los días de terror y las penurias que vivió en su paso por el Darién. La joven de 25 años, nacida en Catia, hoy lamenta haberse arriesgado para nada, pero solo una cosa tiene claro: "no volvería a cruzar por nada del mundo".

La carrera contra la crisis

El año 2017 fue el peor para María Alejandra, recordó con claridad que sentía que no había ninguna escapatoria sino migrar como lo han hecho más de 7 millones de venezolanos.

"Salí de Venezuela en el año 2018, en ese entonces todo era muy difícil para mi. Ya no tenía trabajo, no me alcanzaba el dinero, no pude terminar de pagar mis estudios universitarios porque estudiaba en la Universidad Católica Andrés Bello y la economía simplemente colapsó. Sentí que no podía más y decidí salir a Colombia en enero de 2018. El tema de la inseguridad también estaba desbordado. No podía comprarme ni siquiera un teléfono, la escasez, las colas, todo era un caos", dijo en entrevista telefónica desde Costa Rica.

En ese entonces, se llevó lo poco que tenía y llegó buscando trabajo, sin tener suerte. Decidió emprender un negocio de comida casera y con el tiempo desarrolló el arte de la repostería, haciendo tortas temáticas. Hasta que el 19 de junio, el izquierdista Gustavo Petro ganó las elecciones presidenciales de Colombia. Eso cambió el panorama para María Alejandra y su esposo.

"Nunca he apoyado el socialismo ni el comunismo. No me gusta porque fue ese ideal lo que precisamente acabó con mi país. Petro ganó la presidencia y el IVA subió al 19%, aumentó el dólar y todo se puso muy fuerte. Los alquileres subieron, sencillamente no me alcanzaba el dinero. Tomé la decisión de salir de Colombia porque todo se estaba poniendo parecido o casi igual de difícil que en Venezuela cuando salí en 2018. Yo tenía cuatro años en ese país y me iba bien con mi emprendimiento, pero señales me decían que todo se pondría peor: cada vez más personas viviendo de la economía informal, la tasa de desempleo muy alta y todo caro. Y decidí nuevamente emigrar".

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En ese punto, volver a Venezuela no era una opción, tampoco otro país de Latinoamérica. "La mejor opción fue Estados Unidos, al ver que tanta gente estaba cruzando. Una sobrina me dijo que me podía recibir, una amiga me ofreció trabajo en un restaurante, mientras conseguía permiso de trabajo. Mi esposo desde hace mucho también tenía la ilusión de hacer vida en Estados Unidos y trabajar duro, así que empezamos a planificar el viaje", comentó. "Nunca pensamos en Argentina, Chile, Ecuador, ni Perú, pero también sabíamos que llegar a EE .UU. no sería fácil porque la única manera era atravesar el Daríen. Así que empezamos a planificar el viaje. Eso duró unos tres meses".

Cadáveres, animales salvajes y tristeza

Ir por el Darién no es fácil. Eso lo sabía la pareja de sobra, a través de videos, fotos y diversos grupos de redes sociales, venezolanos que viven en otros países comentan acerca de los peligros del territorio ubicado entre Colombia y Panamá, pero también ofrecen datos sobre cómo salir con vida de la selva. Con esos datos y la experiencia de otros amigos que cruzaron antes de junio de 2022, María Alejandra y su esposo comenzaron los preparativos.

"Nos dieron algunos tips y lo primero que hicimos fue comprar medicinas, suero en polvo, gotas para la congestión. Vendimos todo lo que teníamos en Colombia y compramos botas, ropa permeable, enlatados, agua, navaja multiuso, ollitas para cocinar, alcohol para las heridas pero también para encender fogata. Además, llevamos dinero para el viaje", indicó sin precisar el monto.

Tras tener todo listo, salieron rumbo al Darién el 24 de septiembre. Salieron de Barranquilla rumbo a Necoclí y de allí a Capurganá donde se adentraron en la selva. Duraron ocho días exactos cruzando el Darién hasta llegar a Panamá.

"Ya estando en la selva, vi muchas cosas feas, muchos niños sufriendo porque sus padres se los llevaron en contra de su voluntad. Había muchas personas de otros países: Afganistán, China, India, Nicaragua, Guatemala, El Salvador y por supuesto, muchos venezolanos. Pero también, muchos ecuatorianos, haitianos y hasta de Singapur. Me dolió mucho ver que a pesar de que eran muchas familias, percibí mucho maltrato infantil, adultos con poca paciencia para tratar a sus niños en esas circunstancias tan difíciles".

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"Muchos muertos, nos topamos con el cuerpo de una mujer que estaba en plena descomposición fuera de una carpa. Cadáveres de larga data, vi muchos muertos y eso me traumatizó. Aún lloro porque no es nada fácil pensar en eso. En un punto, una familia estuvo a punto de ahogarse y le prestamos auxilio, fue muy difícil porque una de las personas se desmayó en plena vía. Eso te muestra la lucha, la sobrevivencia de cada quien por llegar a su destino, por arriesgarlo todo".

Recordó que en el trayecto, ayudaron a un señor haitiano que estaba muriendo. Tenía 8 días solo, no hablaba español y tenía gangrena en las piernas.

"Él intentaba decirnos que quería que su familia lo fuera a buscar. Unos muchachos que lo encontraron antes que nosotros le armaron un cambuche para que estuviera allí porque no podía caminar y lo inyectaron. Nosotros le dejamos algo de comida y tuvimos que seguir nuestro camino. En el último campamento, duramos tres días y al segundo día de estar allí, unas personas nos dijeron que el señor había muerto".

A María Alejandra se le rompieron los pies, las manos, hoy tiene muchas cicatrices porque se cortó con una mata con púas, tocó una culebra con la mano. Una noche estaban acampando y tuvieron que salir corriendo porque el río subió y podían ahogarse. Vieron un alacrán muy grande y el supuesto guía que habían contratado, los dejó solos.

Decepción profunda y trato inhumano

Tras atravesar el Darién, faltaba mucho por llegar a Estados Unidos. Para llegar a México tuvieron que viajar por Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala. Consideró que esto fue peor que arriesgar su vida en la selva.

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"En todo ese tramo desde que salimos de la selva, vivimos mucha extorsión, nos robaron en Guatemala los propios policías que estaban extorsionando a todo el mundo porque no teníamos papeles y en Honduras nos trataron muy bien a pesar de que pasamos por una trocha en moto que era muy peligrosa. Gastamos mucho dinero en todo ese viaje. Pero sabíamos que lo peor era llegar a México por todo lo que habíamos visto en redes sociales y lo que nos contaron amigos que cruzaron antes", aseguró. "Nos decían que México era muy fuerte, que sería lo más fuerte. Pero lastimosamente, fue peor de lo que imaginamos".

En México nadie los quería ayudar. "Las personas están pendiente de llamar a la migra, de denunciarte, se niegan a cambiarte dólares por pesos mexicanos, no te responden, todos se quieren aprovechar. La impotencia era tal que nos quebramos, lloramos porque teníamos hambre, no encontrábamos donde hospedarnos, teníamos dólares y no no los querían cambiar. Oramos mucho porque teníamos hambre, estábamos cansados, no encontrábamos donde hospedarnos. Fueron muchos sentimientos encontrados, pero pudimos superarlo".

Para su mala suerte, llegaron a suelo mexicano el mismo 12 de octubre, día en que cerraron la frontera a los venezolanos.

"Nos comentaron que si nos entregábamos a migración de México nos iban a dar un permiso para poder circular en México, al menos durante siete o diez días, debido a que para poder establecerte allí, también debes tener visa. Con esa información, decidimos entregarnos, decir que no teníamos visa ni pasaporte, pero lo que logramos fue que nos detuvieran. Estuvimos presos un día en bus y un día en un centro de detención que queda en Comitán, Chiapas".

En sus palabras, esto es lo más rudo que atravesó la pareja. Diez veces peor que el Darién.

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"Desde el principio, nos trataron muy mal, nos dieron comida podrida, comida descompuesta, comida que nos causó daño estomacal. Dormíamos en el piso, con mucho frío porque el lugar de detención era muy helado, eso generó que nos enfermáramos. Me dio una gripe muy fuerte con catarro, dolores de cabeza muy fuertes. No nos daban agua para cepillarnos los dientes, bañarnos o bajar el inodoro. Como si fuera poco, nos engañaron; nos dijeron que debíamos firmar unos papeles que decían que nosotros nos habían agarrado y nos habían encarcelado porque violamos las reglas del Estado de México, cuando no fue así. Nosotros nos entregamos de forma voluntaria y simplemente nos dijeron los agentes de migración que a ellos no les importaba porque en Estados Unidos no nos querían y allí menos", condenó.

Estando en México, se dieron cuenta de lo que estaba pasando. El presidente Joe Biden restringió la entrada de venezolanos y ordenó el parole humanitario, al cual ellos no pueden acceder.

"Se podrá imaginar usted cómo nos sentíamos. Después de haber pasado por toda esa pesadilla, cuando solo queríamos luchar por un mejor futuro. Salimos de Venezuela, salimos de Colombia y ahora nos estaban echando de México. Y cuando íbamos viajando para llegar hasta Costa Rica, nos robaron unos delincuentes en México. A punta de machete y pistola nos quitaron absolutamente todo. Nos quedó algo de dinero porque lo teníamos escondido en la ropa, pero nos quitaron todo. Tuvimos que devolvernos, y fue muy duro porque por muchos meses, EE . UU. estuvo recibiendo a los venezolanos solamente con cruzar. Tuvimos muy mala suerte", expresó entre lágrimas.

Su próximo destino, Costa Rica. Donde están actualmente y desde donde esperan poder empezar de nuevo. Aseguró que nunca volvería a exponer su vida de esa forma.

"Preguntando por un país donde pudiéramos llegar sin papeles, coincidimos con Costa Rica. No nos quedó más que empezar de cero. Nuestra última opción era volver a Venezuela e incluso a Colombia. No ha sido nada fácil, pasamos hambre, frío, sueño pero nada está perdido cuando uno tiene fe. Nos hemos aferrado a Dios y estamos trabajando duro para poder tener nuestras cosas, poco a poco. Por ahora, los costarricenses parecen buenas personas. Nos ha ido bien. Pero lo último que te diría es que nunca más volvería a esos lugares".

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