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Por altos precios: Coronarse un santo en Venezuela va más allá de la cuestión de fe

El Cooperante | 12 junio, 2018

Caracas, 12 de junio.- En la sociedad venezolana, en donde predomina aún la creencia católica, cada vez más son los ciudadanos que se inclinan hacia la santería con la esperanza de conseguir caminos para solventar sus necesidades y lograr protección en la salud ante la crisis del país marcada por una economía en debacle y la escasez de alimentos y medicinas.

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El mayor rango al que se puede llegar dentro de la santería es el de Babalao, que significa “padre anciano que te protege con su mando sagrado”, pero la santería tampoco escapa de la situación económica; para iniciarse en ella y cumplir con todas las exigencias requiere de una inversión que compromete al bolsillo de quienes deseen formar parte de la religión ya que, al igual que cualquier producto en el país, los precios varían al ritmo de la volatilidad del mercado.

Quienes deseen incursionar en la religión deben asistir a la ceremonia de entrega de Mano de Orula, en la que la persona habla con Ifá, todo lo natural dentro y fuera del mundo, en la que se le indica el nuevo lineamiento de vida y se determina cuál será el “ángel de la guarda” que lo acompañará,  contó para El Cooperante Johnny Hernández, practicante de la santería.

La inversión requerida para llevar a cabo esta iniciación, que dura tres días, ronda  más de 100 millones de bolívares.


Foto: Andrea Hernández | El Estímulo.

Por mencionar algunos: un juego de soperas artesanales, las más baratas, cuestan 12 millones y para la ceremonia se requieren, por lo menos, cuatro de ellas; un recipiente grande de madera, que ronda el mismo precio individual de 9 millones de  bolívares; las llamativas pulseras de de colores o ildes, que se consiguen a partir de los 700 mil bolívares. Además, se debe comprar tabacos, miel, pescado ahumado, manteca de cacao y otros.

La inversión en “la tanda de animales” sí es “un buen billete”. La garrafal condición económica del país es fluctuante en los costos. El santo “más caro” de todos es Elegua porque se requieren más implementos y “se recibe” con más santos, según Hernández.

Alrededor de 15 santeros participan en la ceremonia a los que se les debe pagar, “por eso es medio caro” el proceso. Entre ellos está el padrino que oficia la ceremonia al que “se le paga un buen dinero” y dos padrinos principales. El resto de los santeros son colaboradores, que también cobran.

Lo último es el “retiro espiritual” por siete días en un cuarto y por el que la persona debe hacer un mercado para sustentarse por este tiempo en el que, también, deberá usar a diario una vestimenta blanca diferente. Esta vestimenta la venden en las tiendas como las “canastillas de santo” a un precio 34 millones  y comprende, lo básico, siete monos, siete interiores, siete franelillas, siete pares de media, y siete franelas mangas largas.

Un aleyo, así se denominan a los iniciados que aún no han cumplido con las ceremonias, que pidió ser no identificado dijo a El Cooperante que pertenecer a la religión en estos momentos es “muy difícil” porque los precios varían de un día para otro. “Incluso, los padrinos no te pueden mantener un precio de una semana a la otra. Iniciarse no es una tarifa fija, cada casa de santo tiene un precio por las ceremonias, al final uno escoge la que le dé más buenas vibras, pero hablar de precio ahora es muy difícil”, aseguró.

Foto: Andrea Hernández | El Estímulo.

“La falta de dinero es una problemática que dificulta poder continuar con su iniciación en la religión. Lo más caro es comprar los animales que van a ser sacrificados y esos animales dependen del santo que te corones y que te haya establecido al bajarte tu ángel de la guardia”, explicó el aleyo.

¿Ser santero y escapar de la crisis?

Hernández aclaró que la persona “no se hace santo”, sino que se convierte en sacerdote de una entidad. Asimismo, afirmó que un ciudadano común puede realizarse una consulta en la que se le puede realizar un despojo y en el que se le limpiará su astral para que se le facilite la obtención de los bienes o mejoras que desea, pero negó que la vida de una persona que ingrese a la religión mejorará si no tiene la fe y la creencia.

“Es un pensamiento absurdo, al igual que si eres malandro y te coronas el santo vas a estar blindado, es una real estupidez y por eso es que la religión está tan mal vista por tanta personas, la llevan como si fuera un fanatismo, no viven la religión desde la fe, no la sienten; no te vas a ganar el Kino. Te coronas santo para que los espíritus te encaminen, te enseñen y te guíen en lo que debes hacer para vivir bien y mejor”, expresó el joven de 23 años.

Santería fue la terminología que le atribuyeron a la religión en la época en la que llegaron a Latinoamérica los barcos esclavistas. Entonces, las deidades africanas y católicas hicieron que dentro del argot de Cuba llamaran a los practicantes “santeros” porque adoraban a demasiados santos católicos con el trasfondo de adorar a sus propios santos.

“Hacían el paro de que adoraban, por ejemplo, a la virgen de las Mercedes y en realidad hacían adoración para Obatalá; o santa Bárbara, pero adoraban a Changó; ellos no son lo mismo, fue un disfraz que asumieron los sacerdotes yoruba para poder venerar a sus santos, fue la forma con la que los yoruba disfrazaron a sus santos para evitar ser asesinados si no creían en el catolicismo”, detalló Hernández.

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