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La Lupa

Mejor mirar hacia arriba

“No mires arriba” es un tema de discusión no solo en Venezuela sino en el mundo. Todos habla de la película ¿Por qué? Porque la política hoy es vista como frivolidad y la gente siente que lo que el filme retrata, pasa en la vida real. Asusta porque muchos políticos se dejaron atrapar por la frivolidad, pero sus decisiones nos afectan. Quizás no al extremo de llevar a la destrucción del mundo, aunque no pocos afirman que estamos en ese camino con el cambio climático. El centro de la película es la frivolidad y la codicia de una elite. Si bien en el cine norteamericano el tema sobre cómo se ejerce el poder entre lo oculto y lo que se hace público es uno de todos los tiempos -como Mr. Smith Goes to Washington de 1939- en 2021 el centro de esa tensión entre lo oculto y lo que se hace público, es una elite para la que el poder no es servir o una “Razón de Estado”, sino un espectáculo frente a un público que no tiene las herramientas para manejar tanta información, por lo que se limita a un titular o a un tuit, y reacciona a temas importantes casi siempre “indignado”. La película es un llamado a ser menos frívolo como elite y menos estúpido como público

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Caracas.-Vi la película “No mires arriba” (2021, dirigida por Adam McKey) protagonizada por Jennifer Lawrence, Cate Blanchet, Meryl Strep, Leonardo Di Caprio, entre otros; toda una constelación del cine para darle vida a esta sátira sobre el poder en los EUA. Al menos para el 15-1-22, Netflix la ubicó como la “top 4” en Venezuela.

No conozco el tema del cine por lo que mi análisis es político. No es la primera vez que el cine norteamericano retrata el ejercicio del poder no solo en los EUA, sino el poder tal como se ejerce. Desde la famosa “Mr. Smith Goes to Washington” con Jimmy Stewart filmada en 1939 hasta “Don’t Look Up” de 2021, el ejercicio del poder es el protagonista que se filma en un formato que es universal y que engancha con el público: lo oculto del poder versus quienes luchan por hacerlo público. En sencillo, el “arquetipo” de “los políticos mienten, no importa cuando leas esto”. 

Es la tensión constitutiva de la política: entre lo que no se ve que casi siempre es lo relevante y lo que se ve, que es el resultado final. La serie Borgen es otro ejemplo. Cómo en los pasillos y oficinas de Christiansborg ocurre la dinámica del poder, que no siempre aparece en las ruedas de prensa con una Birgitte Nyborg casi siempre sonriente. Por eso la política tiene mucho de actuación. Porque es una actuación que puede ser sana o patológica. Sana en el sentido que la política se hace en las circunstancias. Los políticos escriben sus memorias, pero después que dejan el poder ¿pero todo es tan fidedigno como lo escriben tiempo después? Pongo un ejemplo: Nelson Mandela.

Mi hermano me regaló su “Long Walk to Freedom”. Es un libraco. Me lo leí completo. La imagen de Mandela que me quedó fue la de un tipo perfecto. Sin máculas. Todo bajo control. Demasiado. Siempre me quedé con la interrogante si Mandela era humano, porque en el libro es demasiado perfecto. Pero apareció otro libro de Mandela. Mi hermana me lo regaló, “Conversaciones conmigo mismo”. También me lo leí.

Mi análisis en ese entonces fue que Mandela escribió este segundo libro –otro libraco- para mostrar un Mandela más humano, es decir, con errores. No el perfecto de su primer escrito. Un Mandela que tuvo que decidir con dolor en muchas cosas. Parafraseando la famosa frase que “en la guerra la primera baja es la verdad”, pudiera decirse que “en política, la primera baja es la familia”.

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Su relación con su madre fue tensa porque Mandela escogió su carrera política y no estar con su mamá. Era el hermano mayor, “el hombre de la casa”, y su mamá enviudó. Su madre esperaba que su hijo se quedara con ella, pero Mandela escogió la política. A ella le quedó ese sabor amargo del hijo que la abandonó por seguir su carrera. Son las decisiones complicadas de la política. Su mamá murió sola y en un sentido, abandonada ¿hizo bien Mandela en dejarla? Cuando tomó la decisión de seguir su carrera política ¿Madiba sabía que llegaría a ser lo que es? Es la tensión constitutiva de la política. No todo es público, pero Mandela tomó la “actuación sana”: hizo pública esa compleja relación. 

En su segundo libro se nota la culpa, el “ahogo moral” como bien dice la profesora María Fernanda Palacios, por haber dejado a la madre en necesidad. La vida buena del Mandela que conocemos es, en algún sentido, reivindicar a su mamá. El abandono fue doloroso, pero ¿fue egoísta? Mandela sirvió a una causa política. Cuando optó por no seguir en el poder, mostró su lado humano y la compensación por el alto precio pagado, que fueron muchos. Uno de sus hijos falleció en prisión y no fue autorizado para ir al entierro. Después que se hacen todos esos sacrificios ¿el poder para qué, una vez que se obtiene? Madiba respondió con el servicio y dos buenos libros.

La tensión entre lo público y lo privado es lo que hace a la política de verdad, la del día a día. Por eso las series de política atraen, porque recrean esa dualidad que no está presente en quienes no viven la política, y las series la hacen pública. Porque lo que el público llama “maquiavelismo” ocurre tras bastidores. Lo que vemos en la vida real son los resultados o consecuencias.

También está la “actuación patológica” que es el uso de las personas como medios para un fin que es el poder. En lo patológico también gira buena parte de la política de verdad que el cine de los EUA retrata en forma de tragedia si se quiere –no soy muy versado en los géneros del cine- como “Mr. Smith” o en sátira como “No mires”. Y no es un asunto nuevo. “Dave” de 1993 con Kevin Kline y Sigourney Weaver fue una comedia, pero también crítica frente al poder patológico, y la lucha entre lo real y lo ficticio. Kline y Weaver como presidente y primera dama ficticios pero que al final fueron vistos como más reales que los reales. Cuando el agente del “secret service” le dice a “Dave” que está dispuesto “a que le den un tiro por él”, es la muestra del liderazgo no solo porque es su trabajo como agente sino porque realmente lo vio como una persona real, sincera, aunque era un presidente “fake”. Pero no todo es comedia. También hay documentales con los mismos temas de 1939, 1993, o 2021.

Sorprende uno llamado “Strange Victory” de 1948, a tres años del fin de la Segunda Guerra Mundial. No es un documental muy famoso, pero retrata a los EUA de 1948 y se hace una pregunta ¿para qué se luchó en la segunda guerra? al mostrar a un “negro soldier” que busca trabajo en la paz de la postguerra, pero no lo consiguió por ser negro. Se luchó por las “cuatro libertades” de las que Roosevelt habló en 1941 pero ¿para qué? es lo que deja el documental. Lo “conspiranoico” que forma parte de la cultura norteamericana, ya estaba presente en 1948, al menos en este documental que mostró el prejuicio en los EUA contra los negros y los judíos.

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El tema de lo oculto versus lo público en el poder político es el mismo para el cine norteamericano en todos los tiempos. Lo que cambia es el contexto y la forma en que sucede. En “No mires” lo característico es una elite frívola para la cual el poder ni siquiera llega a ser una “Razón de Estado”. Es simplemente un capricho para una elite codiciosa. La escena en donde Mindy y Dubiasky le explican a la presidenta Orlean el peligro del meteorito, tiene una respuesta frívola, intrascendente –“wait and assess”- que muestra al poder en su expresión más tonta, pero por ello más de cuidado.

A mi modo de ver, es lo central del guion: una elite frívola que, en su codicia e irresponsabilidad, llevó al mundo a su destrucción. No es el poder como lucha sino como espectáculo. Incluso lo frívolo llegó al poder militar norteamericano. El general Themes, quien cobró “los frescos” a Dubiasky y Mindy, aunque eran gratis. Tanto, que Dubiasky se preguntaba a cada rato, “¿por qué un general de 3 estrellas nos cobra por unas chucherías que son gratis?”.

No comparto la opinión que la película muestra la “banalidad de las redes sociales”. Me luce que éstas son neutras en el sentido que lo que son es por el uso de la élite frívola. En la película, las redes no son algo como Terminator o Robocop, androides que tienen volición, sino que son el producto de una elite irresponsable. En ese sentido son neutras. Al contrario, en el filme sí hay una crítica al periodismo intrascendente, pero de famosos que mezcla una noticia como la del meteorito con la ruptura de la cantante Riley Bina y su novio el DJ Chello. Como la política, el periodismo es intrascendente y un espectáculo, que convierte asuntos importantes en temas irrelevantes, apoyado por la construcción de los asuntos que hacen los “expertos”. El periodismo del “scroll”, una cosa seria, otra frívola, y la mezcla le quita la relevancia a temas que los requieren. Pero tampoco diría que es una exageración de la película. Recuerdo que un periodista muy famoso de la TV venezolana durante la época de Chávez, me entrevistó y me habló de los personajes que invitaba, y destacó que lo relevante era el carácter “raitinioso” de los invitados (del famoso rating de los canales de TV). El espectáculo mueve. 

Eso lo vemos en tuiter de Venezuela. Como, por ejemplo, se pasa de hablar de los presos políticos a si las hallacas llevan mayonesa, o de Barrancas se pasa a Tucacas, o de Igbert Marín a Guy Williams, o de Apure a Farmatodo, o de la “crisis de los misiles 2.0” a Djokovic. Temas que no tienen nada que ver se ponen al mismo nivel y el tópico ligero anula al asunto importante.

En lo personal, es algo que me genera mucha alerta para no mezclar temas y evitar lo frívolo. A veces no tengo éxito. Es inevitable porque la plataforma es así y uno también es así, pero normalmente si es un tema importante trato de no mezclar o esperar un tiempo para la mezcla, de manera que el asunto relevante se asiente. Pero es difícil el equilibrio porque tuiter no es para pensar sino para teclear rápido. Su lógica es el “timeline” no el “thinkline”.

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Tampoco en la película la construcción de los “expertos” es muy distinta a lo que veo en las redes sociales de Venezuela. La receta para ser alguien en redes sociales es sencilla: buscar un tema, mostrar que se “sabe”, ser comentado por “gente conocida”; eso da la entrada, y luego comenzar a “fijar posición” acerca de todo, principalmente sobre los temas políticos. La guinda de la torta del prestigio digital es mostrar que “se es humano”, con los gustos por la comida, libros, el vivir bien, y hacer algún reclamo a algún comercio conocido por un “mal trato”. Así se construye un “alguien” en la Venezuela de las redes sociales. Imagino que en otros países también debe ser así. De tal manera que “todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros”, y así también se construyen los “expertos” que tanto se citan.

Ser “experto” es una suerte de “licence to be wrong” porque, aunque muchos no aciertan una, no importa. A sus públicos les encanta que sean así, porque es como un desafío a todo. Pueden no acertar y al final no ocurre nada. El “teflón de la fama”. Aunque en la película Mindy sí sabía de su tema, fue construido como una celebridad, no por lo que sabe sino porque es el “sexiest astronomist in the US”. Por supuesto, la fama lleva a la celebridad, y abandonó a su esposa -una suerte de “soccer mom”- por una famosa como Brie Evantee, con mejor posición y una hermosa mujer madura. Pasa en los EUA, y pasa en Venezuela. La frivolidad es el signo de los tiempos y es la crítica que hace la sátira.

Pero lo anterior no me hace pensar que el público sea frívolo. En todo caso, que reacciona sin analizar o ir más allá de un tuit o de un titular. El mensaje que me dejó la película es un público incrédulo por la avalancha de información contradictoria que recibe. Las redes hacen público todos los asuntos y las personas interpretan normalmente con sus estereotipos y prejuicios. Los memes de Dubiasky como “histérica” revelan un estereotipo muy común hacia las mujeres. A pesar de reaccionar a lo primero que ve, el público está indefenso frente a la información. Eso no lo hace inocente. Es un público estúpido en el sentido que le da Golob (2021), como falla cognitiva al no tener las herramientas adecuadas para darle sentido a un contexto determinado, que resulta en encasillar y distorsionar los hechos de ese contexto en particular. Eso es ser estúpido. Y el público es estúpido en ese sentido porque solo se queda con un tuit o un titular. De esto, infiere toda una cadena causal o de relaciones que normalmente están equivocadas. Como la información es instantánea, el error se contagia y la reacción es la de siempre, “indignarse”. También la plataforma permite que la gente saque sus agravios porque es una forma indirecta de interacción, más segura. Es un público, entonces, que no profundiza. Que se queda con un titular o un tuit.   

Ante unas elites frívolas por supuesto que la gente es estúpida, pero no mala. No tienen las herramientas. La neutralidad de las redes sociales deja de serlo porque refuerza la estupidez de la sociedad al mantener una manera de ver las cosas, pero tonta. En medio del meteorito, Dj Chello se le declara a Bina ¿Cuáles herramientas se podrá tener para salir de la estupidez y la frivolidad? Es lo que experimentaron con dureza Mindy, Dubiasky y, en menor grado, el doctor Oglethorpe. Ninguno tuvo éxito en detener la destrucción del planeta, cada uno con un estilo diferente.

Aquí está la otra columna de la estructura de la película. Si la primera columna es una elite frívola pero codiciosa que se aprovecha de una sociedad estúpida hasta destruir al mundo, la segunda son los esfuerzos para evitar que eso suceda.

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Más allá del tema político que si los “progres” o el “woke”, la sátira pega porque no tuvo un final feliz. El mundo se acabó. Los “malos” ganaron porque regresaron a la tierra 22 mil años después. Pero que el mundo se acabe hoy es más real. No por casualidad, varios señalaron que, en vez de un meteorito, el tema pudo ser el manejo inicial del COVID o el cambio climático, porque políticos frívolos existen en la vida real y les toca abordar asuntos de verdad como los dos mencionados. 

La gente habla de esta película porque vivimos de cerca y con sus efectos el liderazgo frívolo. Solo recordar a Trump cuando en 2020 negaba el virus o la polémica cuando Pelosi le dijo al general Milley en vísperas de las elecciones presidenciales de los EUA, que evitara que Trump eventualmente oprimiera el botón nuclear porque “estaba loco”. “No mires” es una sátira pero que se siente cercana porque la frivolidad política todo el mundo la ha visto en personas con poder cuyas decisiones tienen efectos en la gente de carne y hueso, no en el celuloide. Quizás por eso pegó y todos hablan del filme.

En la película, evitar la destrucción del mundo -que falló- fue tarea de tres personas: Mindy, Dubiasky, y Oglethorpe. Tampoco nada nuevo en los prototipos de “los buenos contra los malos”, porque son prototipos que hemos visto en otras películas, pero también en la realidad.

Mindy es el prototipo de quien considera que puede evitar el desastre si se asimila al sistema. Este lo sedujo -nada más y nada menos con Brie Evantee, con la que cualquiera se dejaría seducir- y lo incorporó al sistema, pero Mindy se dio cuenta que su prestigio era manipulado y cuando no ocurrió el canon de la ciencia para el experimento del “dueño del circo” el propietario de Bash, Peter Isherwell, que es el “peer review”, Mindy optó por el estilo de Dubiasky, molestarse en televisión. Pero Mindy cedió a los halagos del poder, aunque luego volvió a su posición crítica. Tampoco nada nuevo, porque es la realidad de los “científicos”. Quieren el poder con una forma de uno que es el conocimiento. La inteligencia es atractiva de manera universal. Es su sex appeal, pero no pasa ilesa. Los “intelectuales” no entran en el coliseo de la disputa por el poder, pero son usados para legitimarlo o para ser fachada. Ahí está la desgracia del poder del conocimiento en política.

Está Dubiasky, personaje de la película con el que me identifico más. Es el carácter rebelde. Como se sale de la norma, es estigmatizada. Es “histérica”, mujer, y estudiante. Tan excluida fue que logró tener armonía con unos chicos prototipos de los “perdedores del sistema”. Dubiasky no encaja en los exitosos ni en “los que saben decir las cosas”. No asumió su rol de obediencia por ser mujer y estudiante, pelirroja con un piercing, sino que era el cable a la realidad; siempre pregunta en la película, “¿qué es lo que no entiendes de lo que pasa?”.

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Me identifico con ella porque, a pesar de su agresividad en los medios, fue la persona que se mantuvo firme, aunque el sistema “la quebró”, cuando el FBI la obligó a firmar una especie de caución. En Dubiasky está la tragedia de la frivolidad de los tiempos actuales: saber lo que sucederá, pero nadie o pocos le creen, y es estigmatizada y ridiculizada. Este tipo de situaciones son muy investigadas en la psicología social. Masacres como Columbine tienen señales previas al hecho, pero nadie las cree porque nadie piensa que “lo malo va a pasar, y menos a mi”. La película se monta sobre lo que muchos hoy descubren como “sesgos cognitivos” o “distorsiones cognitivas”. Así somos las personas. Las Dubiasky pueden gustar como ideal, pero nadie quiere ser una. El precio social que se paga es muy alto: la exclusión. Nadie quiere ese precio. Aparece, entonces, el tercer prototipo.

Una suerte de “término medio” en el continuo de Mindy (asimilarse al sistema)-Dubiasky (rebelarse frente al sistema). El doctor Oglethorpe. Es el “hombre sensato” -no toma Xanax ni Zoloft como Mindy- es el “adulto en la habitación”, el que sabe “cómo decir las cosas con modales” a los poderosos. Es decir, el que ha sobrevivido a la frivolidad sin ser frívolo. El que tiene canas porque se sudó al poder, a la burocracia, y por eso “está donde está”. Pero Oglethorpe tiene el problema de todos los “sensatos”: no es eficaz en una crisis. Son muy buenos y encantadores en tiempos normales -dominan casi todos los temas, son fascinantes para conversar- pero no funcionan en una crisis. Cuidan más su prestigio que hacer lo que corresponde en una dificultad. El eje de la resistencia estuvo en Mindy y Dubiasky, más en la última, y Oglethorpe fue como una suerte de actor de reparto en la resistencia contra la dupla Orlean-Isherwell que llevó al mundo a su destrucción.

De los tres prototipos, seguramente Oglethorpe es el que gustará más. En Venezuela, por lo menos, país que prefiere la sensatez a la claridad y los modales a la conciencia. En mi caso, no me identifico con este prototipo porque es ineficaz. Es ausencia de Mindy y Dubiasky, Oglethorpe posiblemente no hubiera dicho mucho para cuidar su carrera y el ascenso dentro de la NASA, más cuando Orlean nombró a una de sus financistas como parte de esa institución, y posiblemente su resistencia hubiera sido tras bastidores: el hombre “sensato” que alerta de los peligros a unos frívolos codiciosos. Pero pasó lo que en estos casos sucede: también con modales, lo dejaron de lado. Si bien escuchó a Mindy y a Dubiasky y cumplió bien su tarea porque no los ridiculizó cuando le informaron la existencia del meteorito, tratar de abordar una crisis con “más de lo mismo” lo sacó del juego.

Estos prototipos tampoco son nuevos. En Borgen -al menos en la primera temporada donde se aprecian con nitidez- hay tres tipos de asesores políticos: Kasper, Bent, y uno que tuvo una aparición muy fugaz, quien fue asesor de comunicación de Birgitte. De los tres, me identifico con Bent, con todo y el infarto que le dio.

La moraleja es que “saber decir las cosas” o los modales no siempre es lo mejor, cuando de una crisis se trata. Tal vez no llegar al extremo de Dubiasky pero sí mayor aplomo, aunque cueste la carrera.

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“No mires” no es la gran película, pero tampoco es una mala. Me atrapó durante las más de dos horas que duró, incluido los créditos y la banda musical que es bastante buena, pero su valor es justamente con una sátira, mostrar que no estamos tan lejos de situaciones decisivas entre vivir o morir por la existencia de una élite frívola y codiciosa. Me dejó un sabor amargo, no por la sátira, sino porque muchas de las cosas que registró con las diferencias y distancias del caso, las he visto en la vida real. Lo acerbo del sabor es porque uno reflexiona si podrán llegar a los extremos que se vio en la producción.

Es una película que pone a reflexionar, pero también asusta porque el mundo de hoy es el del liderazgo frívolo en casi todos los campos. Hay temas serios como el cambio climático que pueden terminar en hacer invivible la vida en el planeta. No todo es ridiculizar a Greta aunque sea lo que guste a cierto público para descalificar el fondo del tema.

Es mejor mirar hacia arriba, porque la frivolidad y la estupidez muchas veces se esconden en las alturas del éxito, del prestigio, del conocimiento, de la riqueza, y del poder.



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