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La Lupa

Michael Pendfold: Ninguno de quienes dicen ser los líderes constitucionales del país son legítimos

Para el investigador del Wilson Center,Venezuela se encuentra en un vacío institucional absoluto donde ni el gobierno ni el interinato tienen la representatividad necesaria para lograr que se respete la constitución. “Con Barinas se demostró que si las bases ven unidad y si el candidato tiene conexión con la población, las bases se movilizan”, asegura

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Caracas.- “Las bases chavistas también rechazan el abuso de poder, la corrupción y el pésimo estado de los servicios públicos” explica el politólogo y profesor del IESA Michael Pendfold en relación al caso de las elecciones en Barinas. Experto en políticas públicas y planificación estratégica, autor de varios libros y columnista en medios nacionales e internacionales, su gruesa hoja de vida le permite analizar la complicada situación del país sin recurrir a los estereotipos usuales ni desestimar a ninguna de las partes.

Usted ha dicho que en Venezuela no hay constitución. Que “darse golpes de pecho por la aplicación de algo que no existe resulta un tanto ridículo”. ¿Eso aplica para quienes apoyaron el Revocatorio? ¿Cuáles ventajas y desventajas le atribuye?

-Lamentablemente el orden constitucional, más allá de la discusión jurídica, desde el punto de vista democrático está absolutamente roto desde que se inició el colapso de la división de poderes en el 2017 y la crisis electoral del 2018. Una crisis que se terminó de profundizar con el final del periodo constitucional de la Asamblea Nacional en el 2020. Mi interpretación es por lo tanto política más que jurídica y está anclado en la teoría democrática más elemental. Antes de enero de 2021, la Asamblea Nacional era el único poder público restante con un origen claramente democrático y con la legitimidad de origen para abrogarse la representatividad y restaurar la Constitución a partir de una iniciativa normativa de interpretación constitucional que se denominó el Estatuto para la Transición; pero a partir de esa fecha, una vez que venció su período, entramos en el vacío institucional más absoluto. Dos presidentes, dos tribunales y dos asambleas y todos sin el origen democrático necesario como para abrograrse la representatividad suficiente para decir que monopolizan la interpretación política de lo que deben hacer los venezolanos para restaurar la constitución.

Todo esto lo que ha hecho es precipitar en el país una crisis de representatividad aún mayor a lo largo de todo el espectro político. Ninguno de quienes dicen ser los líderes constitucionales del país son en estos momentos legítimos, más allá que uno controla el territorio y determine arbitrariamente cómo es que esa constitucionalidad se aplica y el otro controle los activos en el extranjero como producto del reconocimiento político de algunos países, como pueden ser Colombia, Estados Unidos o Inglaterra, y que a partir de esos terceros se quiera ratificar por una vía no soberana la constitucionalidad de la extensión de su mandato. Pero ninguno, desde el punto de vista democrático, tiene esa legitimidad de origen como para reclamar la representatividad necesaria para interpretar esa constitución –ante la ausencia de árbitros-, que no sea por la vía de la fuerza o por el apoyo de terceros. Tamaño problema.

Ahora bien, yo estoy convencido que el trabajo de la sociedad civil venezolana y de todos las fuerzas democráticas es restituir esa constitución del 99 y con ello restaurar la democracia. También creo que no hay uno sino múltiples caminos que han planteado múltiples actores y que por el hecho de que no coincidan con lo que diga el interinato, se les pueda decir que no sean políticamente relevantes o que por ello sean menos representativos como demócratas; pues ya nadie tiene la representatividad como para desechar caminos alternativos que plantean distintos grupos para restaurar la constitución. Tampoco creo que haya vías insurreccionales como un quiebre militar producto de la máxima presión internacional como el que se intentó el 30 de Abril de 2019 o el acto mercenario de Gedeón en 2020. Estoy convencido, desde hace mucho tiempo, que este proceso va a requerir de acuerdos políticos inclusivos y de negociaciones serias.

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A mi juicio, el camino es gradual y es electoral y pasa por restaurar derechos políticos y civiles y crear un marco creíble de justicia transicional amplio, que sea validado internacionalmente para atender adecuadamente la violación de derechos humanos y renovar todos los poderes públicos. En fin, un proceso largo que requiere de apoyo internacional. También esa negociación implica pactar reformas constitucionales –como eliminar la reelección indefinida, blindar la descentralización y promover la alternabilidad. Por eso he apoyado públicamente y consistentemente la idea de una negociación a lo largo de todos estos últimos años. En ese sentido, me alegra ver instalado el proceso de negociación en México aunque lamento que el chavismo la siga dilatando con excusas como lo de Alex Saab; y también lamento que los Estados Unidos no termine de involucrarse en el proceso y mantenga en la práctica la misma política de Trump atado de manos como está Biden con el tema de Florida.

Sobre el triunfo opositor en Barinas, dijo que es producto de la unión de los adecos por la base. Que cuando lo hacen "ganan y con mucho'' ¿Debería refundarse AD? Visto lo poco profesional como han actuado la mayoría de los partidos más jóvenes (VP, PJ) enredados en sus problemas internos. O íntimos…

-Para mí Barinas fue un reflejo fiel de lo que había que hacer desde hace mucho tiempo. No abandonar el terreno electoral, indistintamente de la injusta y terrible decisión de quitarle la elección a Superlano por la vía judicial. En ese sentido, Barinas derrotó la teoría del boicot electoral permanente en espera del momento mágico de la ruptura por la vía de la máxima presión externa. Barinas reflejó también coordinación estratégica entre una oposición concebida en un sentido amplio y no restringido. Además reflejó la fuerza ciudadana que supone todos los actores movilizados para restaurar el triunfo que se obtuvo el 21-N, motivados por la lucha que supone ejercer el derecho al voto y también por garantizar el triunfo. Eso permitió que la candidatura de Garrido creciera en más de 14 puntos comparados con el resultado del 21-N. Esa ampliación se explica por ese cambio. Curiosamente, si se hubiese hecho lo mismo en noviembre se hubiesen ganado más de 14 gobernaciones y probablemente más de 200 alcaldías. No se hizo y tuvo un costo, a pesar que el chavismo no tuvo la mayoría del voto nacional.

Las regionales del 21-N también dejan algo muy importante: un informe por parte de Europa que describe con precisión las brechas de condiciones -sobre todo en el ámbito judicial, inhabilitaciones, uso de recursos públicos y la situación de los miembros principales de las mesas electorales, para que la observación internacional pueda asistir nuevamente a las elecciones presidenciales y legislativas. Sin esos cambios no se materializan, es difícil pensar que Europa vuelva y el problema internacional se puede seguir extendiendo. Y eso, en sí mismo, es algo fundamental que podría ayudar a mejorar aún más las condiciones electorales. Sin embargo, también vale la pena recordar que en Barinas no hubo observación y aún así se obtuvo el resultado deseado, porque el margen era tan grande que el resultado era innegable.

En Barinas también se unió la base por AD. Rosales Peña logró transferir un buen porcentaje de su votación hacia Garrido cuando las bases de AD iban inicialmente divididos en el 21-N. Y eso me parece que logró el efecto deseado. Amplificó todo como una caja de resonancia.

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Si las bases ven que hay unidad y que el candidato tiene conexión real con la población, las bases se movilizan. Si en cambio remueves candidatos para sustituirlos por liderazgos sin representatividad, pues las bases se desconectan. Eso pasó en muchas gobernaciones y alcaldías con candidatos de la MUD que fueron impuestos por las cúpulas; sin mucho sentido de la necesidad de una renovación política. Esa renovación ahora es necesaria si todos los partidos quieren prepararse de cara a lo que está por venir.

¿Cómo imagina lo que usted califica como “reacomodo de actores y liderazgos? ¿O cuál sería lo ideal si este fuera el caso?

-Yo sí veo que vamos a ver muchas tensiones internas tanto en el mundo chavista como en el mundo opositor. Esas tensiones pueden terminar de dividir aún más a la oposición que al mismo chavismo, que probablemente se mantenga cohesionado. Sin embargo, las elecciones regionales mostraron algo demasiado evidente para el chavismo: candidatos que solo le hablan a la base dura y que no logran ampliar su discurso y su narrativa y su popularidad, están en principio liquidados. Esos candidatos sólo pueden ganar si cierras el sistema electoral aún más, profundizas inhabilitaciones, profundizas la fragmentación opositora o usas el sistema judicial a tu favor.

Eso va a plantear un dilema muy grande para ellos en el 2024 sobre el tema de la tercera elección de Maduro y el tema internacional. Eso es un asunto de fondo y además muy grueso e involucra el problema clásico de alternabilidad interna de los sistemas hegemónicos clásicos como el PRI en México y su famoso dedazo. O si más bien optan por la solución faccional interna del peronismo en Argentina a través de primarias. O si terminan con el continuismo personalista al estilo de Nicaragua. Con ello no estoy diciendo que Maduro no se va a presentar a su tercera reelección , y es lo más probable, pero esa discusión interna podría darse. En el caso de la oposición es también evidente que el interinato se agotó políticamente. Y la presión interna por un reacomodo de la coalición opositora será inevitable. ¿Cómo termina ese conflicto interno tanto en el chavismo como en la oposición? Eso es una gran incógnita.

¿Usted sabe si los principales dirigentes de la oposición tienen asesores de peso? Profesionales del área a quienes respeten y hagan caso? ¿O será la inexistencia de esa figura lo que los ha llevado a cometer muchos errores de cara al país? Cómo se explica, por ejemplo, que se la oposición fue de donde salió la supuesta lista de 1.600 presuntos “enchufados”, que ahora se ha convertido en un tema de acoso desde el gobierno

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-Los buenos políticos se informan de forma independiente, sopesan opciones y miden bien sus restricciones. En cada decisión se juegan su futuro. Aristóteles decía que la prudencia era la mayor virtud de un líder. Prudencia no es lentitud sino balancear bien lo que es correcto con aquello que es posible. En definitiva, a un político no lo hace un asesor ni un grupo de asesores. Muchas veces esa gente los acaban. Un líder se hace porque esa persona es creíble y no solo popular, es capaz de escuchar, es capaz de articular un movimiento y sobre todo porque moviliza lealtades más allá de sus grupos de apoyo naturales.

¿Lo aconsejable hoy día sería esperar las elecciones presidenciales y aprovechar este tiempo en organizar a la oposición en torno a un candidato único?

-Yo pienso que sí. Sin embargo, este tema del revocatorio, en el que algunos grupos se lanzaron a impulsarlo unilateralmente, sin coordinar estratégicamente de forma previa, muestra que falta mucho por articular y que hay mucho naïveté. El chavismo le puso “mutis” muy rápido al revocatorio sin importarle mucho si era legal o constitucional o lo que fuese. Eso no sorprende a nadie. Si algo se aprendió de todo el proceso previo a las elecciones regionales que llevaron a la renovación del CNE y a la observación internacional, es que el chavismo sin una negociación previa tiene poder suficiente para bloquear cualquier opción electoral que se intente impulsar y que perciba como una amenaza existencial a su permanencia en el poder. Así que aquí nada está todavía garantizado para el 2024. El vacío institucional sigue vigente y el chavismo siempre puede escoger seguir resistiendo desde el poder. Y lo puede hacer porque hasta ahora ha podido hacerlo, frente a una amenaza externa marcada por sanciones de distinto tenor, que los cohesiona con el mundo militar; pero eso no quiere decir que es lo que desea y que no quiera negociar alguna apertura del sistema político.

Por eso es que ahora lo clave es tratar de retomar una negociación amplia, inclusiva -idealmente en México- centrada en el cronograma electoral y las reformas judiciales y constitucionales que garanticen restaurar esa constitución y con ello terminar de remover las restricciones internacionales que enfrenta el país. La tarea de aquí al 2024 es muy grande. Ahora yo pienso que eso va a pasar por ajustes en las delegaciones de México tanto de la oposición como del chavismo, por concesiones importantes por parte de los Estados Unidos, que probablemente se puedan dar después de las elecciones de medio término para el Congreso a finales de este año y si hay una mayor coordinación estratégica por parte de la oposición. Todo esos factores aún son muy inciertos y sobre todo el de los Estados Unidos y la situación interna de la oposición, una vez que esas elecciones de medio término hayan terminado.

Ahora el chavismo aprovechará este tiempo para hacer muchas cosas: renovación del TSJ en Caracas, cambios en la ley de hidrocarburos, traspaso de activos públicos, profundización de la dolarización, entre tantas otras cosas. Y quizás por ello cuando termine este año hayan cambiado muchas más cosas de las que nos imaginamos.

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¿Los líderes de la oposición viven en una burbuja? ¿Cómo se explica su desconexión con la mayoría del país?

-El país cambió en medio de una crisis económica y humanitaria como ningún país haya vivido en la historia moderna de América Latina. La diáspora, las remesas, la híper y su corolario que es la dolarización, han venido transformando muchas dinámicas socio-económicas en los últimos 8 años. Y todo eso acompañado de la peor desigualdad de cualquier país en Latinoamérica. La gente está en su propia supervivencia. Y si perciben además que su liderazgo es poco representativo o no es creíble, se desconecta aún más rápido. La gente lo que quiere saber es cómo y cuándo va a lograr reunificar su propia familia. ?Podrán hacerlo en un futuro? Un hogar implosionado y fragmentado por todo este proceso. La gente quiere hablar de servicios públicos y cree menos en la polarización. Esa es la realidad que yo percibo. Y también es cierto que las bases de los partidos no son ajenas a esas dinámicas; los militantes también emigran, también luchan por sobrevivir y también sueñan con volver a hacer vida en el país. Nada de esto me sorprende.

¿A cuál de ellos , si usted fuese su asesor, le mandaría a no abrir la boca?


-A ninguno. Me parece que debatir es fundamental. Lo que sí pienso es que si un líder político pierde, debe dar paso y no enquistarse. Creo que el último que lo hizo fue Enrique Mendoza, quien se retiró con mucha altura, luego de perder el revocatorio del 2004. Aquí más bien un líder que dice no creer en salidas electorales, luego sale diciendo que ese triunfo es suyo a pesar que nunca creyó que ese proceso fuera posible. Bueno ahí está el problema de credibilidad y representatividad que estamos hablando. Hasta hace poco, muchos decían que eso de las elecciones era un disparate, algunos rectificaron y se metieron en el proceso y ganaron y otros ni siquiera votaron el 21N porque decían que no había condiciones. Y después dicen que ese triunfo es de ellos. La realidad es que nunca pensaron que lo de Barinas fuera posible y los tomó por sorpresa. Y luego llaman por el revocatorio a pesar de que dicen que no reconocen a quien usurpa la presidencia. Ahora, después que el chavismo bloqueó el revocatorio, probablemente dirán que hay volver al boicot indefinido. En fin. Poca coherencia.

¿La paliza de Barinas pondrá a reflexionar al gobierno en relación a cómo los votantes rechazaron los abusos y la compra de los votos?

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-Difícil saberlo. Lo que sí es evidente es que ese votante chavista también rechaza ese abuso de poder, rechaza la corrupción y la ausencia de servicios públicos. Otra vez Barinas sirve de ejemplo. Ese votante está también buscando un cambio y en muchos sentidos se está despolarizando aún cuando rechaza abiertamente la oferta opositora y probablemente desea más bien un cambio interno. A mí todo esto me recuerda mucho la caída y la fragmentación de los partidos tradicionales en la década de los noventa del Siglo XX. Esa crisis de representación también arropa al chavismo. Hoy son la primera minoría, medida en términos de afiliación partidista; pero son eso, una minoría, que si no logra ampliar su coalición más allá de su alianza PSUV y mundo militar, tendrá la misma crisis que vivimos en el siglo pasado, solo que en un contexto más autoritario.

Esa es una procesión que va por dentro. Sólo que no sabemos cómo exactamente es que va a evolucionar en una dimensión histórica. La propuesta del chavismo hoy es resistir en el poder; y en eso han triunfado como partido revolucionario frente a la amenaza externa y las sanciones. Pero el chavismo hace rato dejó de tener ese barniz que tanto ilusionaba a su base. Como ha dicho Boric en Chile recientemente: “la principal demostración de su fracaso de su experiencia son los seis millones de venezolanos en diáspora”. Para mí es evidente que el chavismo también tiene que poner sus barbas en remojo.





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