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Nicolás Maduro vende oro mientras Diosdado asusta con sus predicciones

Elizabeth Fuentes | 27 agosto, 2018

Caracas.-  “Ha llegado la hora del plan de ahorro en oro, vamos a ahorrar en oro”, anunció el mandatario este fin de semana. Y añadió que la venta será de libre acceso para trabajadores, pensionados, amas de casa, empresarios y ciudadanos,como si todos no fuesen ciudadanos.

Y es aquí cuando debemos aclarar que no se trata de una fake news de @ElChiguireBipolar, sino la más reciente propuesta económica del mandatario a los venezolanos, esos a quienes se nos va la vida buscando comida, precios baratos, protestando por la falta de luz y de agua, de transporte público y hospitales. A esa masa compuesta por amas de casa, pensionados, empresarios (empresarios que el gobierno quiere quebrar ) y ciudadanos, es a la que busca seducir Maduro con sus lingotes de oro de 1,5 gramos, al módico precio de 63 dólares. O de 2,5 gramos, por 105 dólares.

“Ya estoy preparado, tengo miles de piezas para que el pueblo venezolano ahorre en oro”, señaló Maduro vendiendo la mercancía cual locutor que ofrece aparatos para hacer ejercicios en la TV y, lo más grave, actuando como si ese oro fuese suyo y lo está rematando para hacernos el gran bien de ahorrar y, de paso, le damos al gobierno miles de millones de dólares cash, justo lo que necesita para seguir en pie.

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El problema con esta “nueva” medida no solo es la confianza inexistente en cualquier cosa que diga el mandatario en materia económica, sino que cuando todavía estamos enredados con el nuevo cono monetario-al extremo que aun hay negocios cerrados porque no saben cómo cobrar y dar el vuelto-, imaginen lo que ocurriría si en efecto las amas de casa, pensionados y ciudadanos salieran a gastar cien dólares por cabeza para adquirir un lingote de 2,5 gramos de oro en lugar de, por ejemplo, hacer mercado para un mes completo porque, como sabemos, la inflación sigue corriendo más veloz que la agilidad mental de Maduro.


Y todo eso sin contar con las dudas básicas: ¿Donde guardo esa botija? ¿ Entierro los lingotes, los esconde debajo del colchón? ¿Me irán a secuestrar, a robar para quitarme los lingotes? ¿O será que los dejo en el BCV, en manos de un gobierno tan poco confiable al momento de tomar lo de otro sin que se le ensucie ni un poquito la vergüenza o la ética?.

Lo más cómico de todo es la ironía que acompaña el plan porque, como sabe alguna gente con cierta cultura, poseer oro fue la manera de ahorrar de los aristócratas europeos, los barones del petróleo del Medio Oriente, los ultra ricos:  Ahorraban en oro –se lee en Forbes- como un depósito de valor generacional y de largo plazo… ahorrar en oro es el mejor refugio para protegerlo contra un colapso sistémico. En la transición inevitable que seguirá a tal colapso, mantener el oro como riqueza es la estrategia final para la supervivencia…”

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Y aunque los expertos dicen que “no hay nada de malo en invertir en oro”, aseguran que comprar oro físico no es una inversión en el sentido real: “Es un activo atemporal que preserva la riqueza”. Y si bien sostienen que es una buena medida para inversionistas asustados en tiempos de angustia, también recuerdan que su importancia ha disminuido desde que el presidente Richard Nixon cortó el último vínculo entre el dólar y el oro en 1971, cuando eliminó la convertibilidad de la moneda en el metal amarillo.

“El dinero ahora se mueve casi a la velocidad de la luz sobre las redes digitales, por lo que se piensa que tiene poco sentido vincular el dólar a una barra de lingotes de 25 libras en una bóveda”.

Tiempos de angustia, de colapso es lo que realmente está detrás de esta movida gubernamental. Tiempos que tienen a Diosdado Cabello asegurando que “estos próximos 90 días son cruciales y de una gran prueba, de lo que ocurra en estos tres meses dependerá cómo amanezca Venezuela el 1 de enero. Depende de nosotros, no podemos solo dejárselo al equipo económico, porque es un problema también del partido”.

Entonces al final lo que queda es una gran disyuntiva: “¿Compro oro para sostener a Maduro o espero 90 días a ver cómo amanecemos en enero?

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