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La Lupa

Ninguna negociación es posible mientras oposición y gobierno la vean como una capitulación

El 19 de marzo la oposición (Guaidó) anunció un convenio en el marco Covax para traer vacunas a Venezuela. El día 24 de marzo, Maduro y Delcy Rodríguez cuestionaron ese convenio. La justificada alegría y alivio vistos en redes sociales se derrumbó. Volvió la indignación que se agotó en la ira manifestada digitalmente ¿Por qué se llegó a ese convenio, por qué se hundió, y será posible otro pacto en ese u otro asunto? Lo analizo en este artículo

Caracas.- El día pasado 19 de marzo la oposición liderada por Guaidó anunció que la comisión delegada de la AN votada en 2015 aprobó fondos para comprar vacunas a través del mecanismo Covax, desembolso que debe ser autorizado por la OFAC. El día 24 de marzo Maduro y Delcy Rodríguez cuestionaron este acuerdo, y reiteraron la posición del gobierno que es desbloquear los recursos del país que están en el Banco de Inglaterra y destinarlos a la compra de dosis. La alegría en redes sociales duró poco y la posibilidad de un acuerdo necesario en estos momentos en que los casos y fallecidos por el COVID aumentan, se desvaneció.

Si no hay compromiso en un tema tan sensible como el coronavirus, luce que ningún acuerdo gobierno-oposición será posible. Todavía es temprano para una afirmación así. Por eso nuestro análisis será en dos tiempos: un antes y un después, como si no hubiera pasado lo que pasó, pero sucedió. Un análisis en abstracto pero al mismo tiempo empotrado. Expone el “modelo ideal” del acuerdo como se había planteado, y luego hace una suerte de “autopsia política” del mismo para obtener enseñanzas que permitan que acuerdos gobierno-oposición en el futuro, tengan alguna posibilidad para ser viables.

Pero antes, los “disclaimers”. El coronavirus es un tema sensible. Toca la vida misma. Es el “miedo hobbesiano” secularizado como afirma Uribe, que no espera recompensas en el “más allá”. Por eso el propósito es preservar la vida “en el acá” porque no hay otra vida. El asunto toca muchas fibras y sensibilidades, pero no por eso hay que dejar de analizar el fallido acuerdo que nos afecta a todos o decir lo que se piensa por el “qué dirán”.

Una cierta corriente de la oposición -que amedrenta para generar una “espiral del silencio” y que habita mayormente en redes sociales- desde hace un tiempo pretende erigirse como la “opinión moral” de las fuerzas democráticas. Son los “auténticos” entre dos “extremos”: el radical pero sin sustancia de Machado y los “sospechosos” de “la mesita”. Se define de “centro”, como señal de distinción, de superioridad moral, y que saben de política. Si no están distraídos disertando sobre algún suculento platillo “criminal”, un paisaje, o participando en el “linchado del día”, actúan como perdonavidas digitales contra “los que no toman posición”, “dónde están los que…”, o “están muy callados los que…”. Ese grupo trata a quienes tenemos diferencias y desacuerdos legítimos con la estrategia que adelanta y que no ha funcionado y mire que la ha ensayado de varias maneras con todos los apoyos y recursos posibles internos y externos, como “sospechosos” o “pobrecitos, qué ingenuos, no saben”.

Este grupo que hoy tiene un poder disminuido y que malbarató cuando lo tuvo porque cree -y le hicieron creer- que “saben jugar a la política dura y cruda” con ese estilo balurdo de “halcones y malotes”, quiso imponer desde un modo de analizar la política en Venezuela hasta un modo proforma para indignarse. A ese puñado de personas no le otorgo la autoridad que pretende tener para juzgar a otros. Dos ejemplos.

Muchos de ese sector celebran y felicitan a Fedecámaras por la propuesta para traer vacunas que el gremio empresarial hizo el día 25-3-21. Sin embargo, muchos de los “felicitadores” de hoy, cuestionaron la reunión de la asociación con la AN efectuada en la sede de Fedecámaras el día 27-1-21. En ese encuentro de hace dos meses, Fedecámaras propuso traer vacunas. Su propuesta fue hace 8 semanas, no ayer como parece que algunos “de centro” se enteraron y, presurosos, “felicitan” al gremio.

Cuando ocurrió ese encuentro, varios -entre los que me incluyo- lo saludamos. En mi blog, escribí mi visión de la reunión, y destaqué que la propuesta para traer vacunas que hizo Fedecámaras a la AN, era una hábil idea política porque el tema del virus es un asunto que nos afecta a todos, y ya “era en serio”. Si se concretaba, podía ser ejemplo para otros acuerdos. Pero fuimos cuestionados por varios de ese grupo “de centro”, siempre con sus motivos baladíes, que “si las ovejas creen que el tigre no se los va a comer”, y cosas así. 60 días después, varios de ellos “felicitan” a Fedecámaras con mensajes rimbombantes que si “la sociedad civil da un paso adelante”, empujados no por la bondad de la propuesta empresarial, sino porque sienten miedo -temor legítimo y justificado, por cierto- que el COVID les toque la puerta.

Si en vez de criticar la reunión Fedecámaras-AN de enero 2021, esas personas “de centro” hubiesen estimulado la propuesta de las vacunas del gremio empresarial, posiblemente las consignas no serían “Vacunas para todos” o “Urgen vacunas en Venezuela”, sino “Todos en proceso de vacunación” o algo así, en el entendido que vacunar contra el virus no es responsabilidad de Fedecámaras sino del Estado porque es una política pública.

Pero no fue solo la reunión AN-Fedecámaras la criticada por “los duros de la política”. También contendió la propuesta para que se permita el “swap de diésel”. En fecha tan temprana como septiembre de 2020, ONG y personas enviaron una carta a autoridades de Estados Unidos en la que solicitaron excepciones para permitir el intercambio de este combustible. Comunicación criticada por los “de centro”, con los mismos motivos triviales para el caso, “el problema no es la escasez de diésel sino la destrucción de las refinerías”. Casi 7 meses después de este comunicado, la ausencia de este carburante se siente más. Espero que la escasez no toque otra vez la puerta de muchos “centristas” para que tarde, “feliciten” a alguna asociación que proponga que privados importen diésel.

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Hasta aquí los “disclaimers”. Ahora voy con lo que gusta en el público: “¿Quién es el responsable que el acuerdo Covax se haya derrumbado?”.

El principal responsable ético -el análisis político es otra cosa, que lo desarrollo más abajo- por el fallido acuerdo es el gobierno de Maduro por la sencilla razón que puede hacerlo, no porque sea “el grupo en el poder” o que “controla el territorio” -elegantes lugares comunes para “quedar bien”- sino porque es el Ejecutivo. Tiene la capacidad para traer vacunas como ha hecho con dosis de Rusia y China.

En su rueda de prensa del día 24-3-21, Delcy Rodríguez se refirió a la mesa técnica que existe para el tema Covax. Esta diferencia sobre la vacuna se pudo tratar allí. Efectivamente, la vicepresidenta afirmó que el día 15 -el acuerdo se anunció el día 19- le comunicó al representante de la OPS que el gobierno no aceptaría la vacuna Astra Zeneca (AZ), pero ¿el gobierno lo notificó a la mesa técnica? El gobierno no agotó los extremos de la mesa técnica, y despachó el problema con una “frialdad burocrática” que generó un amplio rechazo a las palabras de Rodríguez, lo que reforzó la polarización -palabra que causa molestia en cierta opinión opositora- en el tema de las vacunas.

Si se hace una encuesta sobre preferencias por marcas de vacunas, entre AZ y Sputnik, me atrevería a asegurar que las respuestas serán polares. La oposición tenderá a escoger Astra Zeneca y los adherentes del gobierno se moverán a la Sputnik V.

El gobierno es responsable ético porque adoptó una postura conservadora y no audaz en una enfermedad que evoluciona rápidamente. Un ejemplo ilustra mi idea, y quizás muchos vivieron experiencias similares.

Cuando la escasez tuvo su pico entre 2015-2016 -que muchos parecen olvidar, en las bondades de la dolarización- también llegó a las medicinas. A muchos nos tocó y toca cuidar a “adultos mayores”. En ese momento conseguir remedios no era fácil. Apelé a medicinas vencidas. Me dio miedo por los posibles efectos en los mayores. A lo mejor hoy se ve “normal” usar medicinas vencidas, pero en ese entonces no, porque veníamos de una realidad en donde había abastecimiento de remedios y los vencidos se guardaban o botaban. Por la escasez, tuve que escoger entre el riesgo y la salud. Opté por la salud y asumí el riesgo de administrar medicinas vencidas, aunque todos los días iba a casa de un familiar adulto mayor a quien se las administré, y le tomaba los signos vitales por si había alguna reacción adversa. Cualquier irregularidad, la comunicaría al médico. No fue necesario.

Lo que quiero ilustrar es que tuve que decidir “en incertidumbre”, y opté por una medida audaz pero necesaria en ausencia de medicinas por un bien mayor: la salud de un familiar. Con las diferencias del caso, el gobierno pudo hacer lo mismo con la vacuna de AZ. Optar por la salud de la sociedad, y manejar el riesgo con la mesa técnica, la OPS, y la OMS. No lo hizo. Decidió rechazarlas. El “riesgo moral” cae en el gobierno de Maduro. Incluso países aliados del gobierno como México, Argentina, y Nicaragua, permiten vacunas AZ. Es una situación de emergencia, y éticamente, lo correcto es actuar en función de una meta mayor como es la salud y la vida de los venezolanos.

Pero también la oposición liderada Guaidó tiene su responsabilidad. No por algo que molesta mucho a ese público -la tesis de la “no equiparación”, que defienden a capa y espada porque lo coloca en “el lado correcto de la historia”, y no hay disonancia ni cuestionamiento a lo que hace, aunque esté errado; por eso ese grupo no logró ni logra unir al espectro opositor-, sino por la habilidad política, cruda y pura, que no mostró.

El acuerdo lo construyó como un éxito solo del “interinato” que “obligó a que la dictadura negociara”, y que las vacunas a traer, “no serían para los enchufados”. Que la cúpula del oficialismo se haya vacunado es una cosa que se debe criticar, pero no es contenido para hablar de un acuerdo que se quiere tenga éxito. En todo caso, sería bueno conocer de los representantes de la oposición G4 en la mesa técnica, si criticaron estos privilegios. Es el espacio para hacerlo, no en redes.

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Si bien el gobierno tiene la mayor carga de responsabilidad, a veces pienso que la oposición G4 está más interesada en mostrar que “son los buenos y las víctimas” en vez de abordar problemas para evaluar si pueden resolverse. A veces me da la impresión que apuestan al fracaso de sus propias iniciativas para exclamar, “ven, es como decimos…ya lo sabíamos…”, y reafirmar que “son los buenos”, “los oprimidos y agredidos”, para seguir en una inercia política como “víctimas”, ahora cómoda por la dolarización, a la espera que algo suceda, que no sé qué es, pero que sucederá. A la espera de las “condiciones objetivas” para ver si se produce “la chispa que encienda la pradera”, luego el “quiebre”, y la esperada “transición”, en la que muchos aspiran a estar y hacen méritos en batallas digitales. Lamento tener una mala noticia: podrá haber “quiebre”, pero iremos más hondo en el conflicto. Tal vez no haya “equiparación moral”, pero sí política por malas decisiones.

El análisis va a seguir una lógica como las series de TV que comienzan con el desenlace, pero luego hacen un flashback tipo “3 días antes…”. Aquí haré algo igual…

“7 días antes”…

El acuerdo Covax no es el primero en el tema del coronavirus. En junio de 2020 el gobierno de Maduro y la AN de 2015 firmaron un convenio para gestionar fondos y recursos contra el COVID. Ese contrato está vigente y su último aporte fueron 55 toneladas de suministros que llegaron a Venezuela el día 18-3-21. Emerge una buena pregunta ¿por qué este convenio funciona, aparentemente bien? Incluso, a pesar que en enero de 2021 la agencia Bloomberg informó que en virtud de este convenio, llegaron al país pruebas PCR pero que el gobierno acaparó y para ese momento, se había usado apenas el 1% de las pruebas.

El acuerdo anunciado por la oposición Guaidó el día 19 de marzo prevé un desembolso de poco más de 33 millones de dólares. Más de 18 millones serían para comprar 12 millones de dosis, y 12 millones de dólares serían para la “cadena de frío” y la logística para vacunar. La OPS informó que la vacuna a suministrar sería la de Astra Zeneca (AZ) hecha en Corea del Sur. Inferimos que la razón es porque es económica y permite con el monto asignado, comprar las dosis previstas en el acuerdo. Quizás esto explique por qué en redes sociales, días antes del anuncio sobre el pacto, hubo una campaña de “influencers” para defender la vacuna AZ de las denuncias que producen coágulos.

El dirigente de PJ José Manuel Olivares explicó que el pacto fue un arduo trabajo. Tal vez sucedió en este momento porque la gente siente la enfermedad cerca y la posibilidad de morir se hace visible. Pero también cuenta el peso de la opinión pública sobre cómo el gobierno y la oposición manejan el asunto del coronavirus.

El estudio de Datanálisis de febrero de 2021 mostró que tanto Maduro como Guaidó son reprobados -más el segundo que el primero- en el manejo del COVID.

Maduro fue evaluado mal por el 57% y bien por el 42% de la población. El estrato más pobre -clase E- evaluó a Maduro 50% bien y 50% mal. En el chavismo, el 88% lo evaluó bien.

Con Guaidó, un 79% lo evaluó mal y un 9% bien en su respuesta ante el COVID. La evaluación negativa de Guaidó es la más alta desde julio de 2020. Un 78% del estrato E lo evaluó mal, y un 75% del bloque opositor lo evaluó bien.

Tanto Maduro como Guaidó estaban compelidos para actuar. El primero, posiblemente por el temor a una ola agresiva del virus que escape de las manos del gobierno y se convierta en un problema político; quizás igualmente para enviar señales de moderación a los EUA, UE, y a la oficina de Bachelet, y porque su plan de vacunación va muy lento, probablemente porque no tiene recursos para comprar vacunas a un ritmo mayor.

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Lo último es lo que Maduro dejó ver en la actividad que hace todos los domingos para hablar del coronavirus. En la actividad del día 21 de marzo, solo habló del “candidato vacunal” de Cuba. No es descabellado pensar que tanto Rusia como China donaron dosis, pero no pueden suplir toda la demanda nacional. Hay que pagarlas. Más cuando hay países que tienen fondos y existe competencia de naciones por tener la vacuna para sus ciudadanos.

Lograr un acuerdo para Guaidó puede ser para que el país note que hace en el tema del COVID y mejorar los números de las encuestas. Si bien no es un gobierno real, el grupo Guaidó lo vende como tal -el “interinato”- y, en consecuencia, la opinión pública evalúa si su “gobierno” hace algo para combatir la enfermedad. Con el anuncio, se quiso mostrar que el “interinato” es real. Que la oposición Guaidó tiene eficacia en un tema que la gente valora, ahora más por la subida en los casos del coronavirus. Mostrar que “no es un gobierno de internet” y que obligó al gobierno de Maduro a sentarse para negociar el acuerdo. Lo que demostraría que el “interinato” tiene un poder efectivo, real, y lo más importante, que sigue vigente. Su comunicación destaca que serán “vacunas para todos” en contraste con la “vacunación selectiva” que hace el gobierno de Maduro.

Hasta aquí el “7 días antes…”. Volvemos al presente.

Un “análisis forense político” puede ayudar a responder por qué este acuerdo fracasó y qué considerar para que un acuerdo gobierno-oposición pueda tener alguna posibilidad en el futuro.

Falta conocer la versión de la oposición G4. Al momento de escribir este artículo -día 27-3-21 a las 12:30pm- al revisar el portal del “interinato”, no hay una versión oficial o una rueda de prensa que comunique la postura de la oposición Guaidó. El portal abrió con un tuit de Guaidó en un lenguaje neutro, que ojalá hubiera sido el tono desde que se comenzó a hablar de este tema. El trino del dirigente de VP planteó que, “Venezuela necesita urgente la vacuna y el mecanismo COVAX es la mejor aproximación a una distribución imparcial y equilibrada de vacunas, sin ningún tipo de discriminación. Cada día perdido representa vidas”.

De lo dicho por Maduro, Delcy, y el procurador el día 24 de marzo, pienso que hay tres variables que explican el rechazo del gobierno al acuerdo.

La primera, el punto de honor para el gobierno es la liberación de fondos que están retenidos en virtud de la política de sanciones de los EUA. Lo que es una exigencia muy difícil de complacer para la oposición G4. Incluso el acuerdo anunciado requiere la aprobación de la OFAC. Es decir, el grupo Guaidó puede asignar recursos, pero no dispone de ellos en libertad. Políticamente, tampoco es una exigencia fácil porque le quitaría al “interinato” su “poder”.

Aquí es donde pienso se “trancó el serrucho”. Para la oposición G4 es imposible ceder en el tema del desbloqueo de los fondos, y para el gobierno imposible aceptar que sigan bloqueados porque sería reconocer el poder de la OFAC -es decir, los EUA- para manejar fondos que son de Venezuela y que debe manejar el gobierno de Maduro. Manejarlos no porque crea que no es corrupto -lo es, y también es incompetente- sino porque la República es una sola. En eso soy nacionalista, y es la sociedad civil la que debe monitorear y exigir el uso correcto de los recursos.

La segunda variable, lo que llamo el “honor autoritario o ideológico”.

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En una forma de gobierno autoritaria como la que hay en Venezuela, comunicar el acuerdo Covax como un logro solo de Guaidó, tendría consecuencias ¿Tienes que autocensurarte y no decir lo “que sientes” o tu versión? Para nada. Di lo que tengas atravesado, pero recuerda que en un autoritarismo lo que se diga o dejes de decir, tiene consecuencias. Es con habilidad, no con arengas o indignaciones fingidas, cómo se aborda un autoritarismo. La venta del acuerdo por parte de la oposición G4 fue todo menos habilidosa desde el punto de vista político.

Finalmente, lo que los expertos llaman el “nacionalismo de las vacunas”, la “geopolítica de las vacunas”, o la “diplomacia de las vacunas”, situaciones que existen al menos desde el Siglo 14. En 2001 la expresión de “diplomacia de las vacunas” entró en la literatura y en 2013 el Departamento de Estado de los EUA creó la “Oficina para la Diplomacia de la Salud Global” (Hotez, 2014).

Si bien estudiosas como Santos (2020) plantean que las vacunas deben ser “bienes públicos globales”, el hecho es que hay una competencia mundial por las vacunas que se nota más, pero no comenzó ayer. Se recuerda que en marzo de 2020 el gobierno de Trump quiso comprar los derechos para una vacuna contra el COVID de la firma alemana CureVac. El gobierno de Merkel respondió que “Alemania no está en venta”. Las conversaciones se pararon. En mayo de ese año, otro choque. El presidente de la empresa de medicinas Sanofi expresó que los EUA tenían la primera opción para comprar vacunas. Hubo rechazo mundial a esta afirmación, y el CEO de la firma manifestó que “ningún país tiene derecho preferente para tener la vacuna”.

En un mundo en donde la geopolítica se mueve en el clivaje “democracias-autocracias” en la superficie, pero por dentro parece una nueva versión de la Guerra Fría pero más descentralizada, con los EUA alineando países frente a China como primera amenaza -el “Quad Summit” conformado por EUA, India, Japón, y Australia- y Rusia como segunda amenaza, mientras China hace lo mismo y avanza en sus alianzas.

El día 27-3-21 se informó que ese país e Irán, firmaron un acuerdo de “cooperación estratégica” para 25 años que incluye “componentes políticos, económicos, y estratégicos”. Como señala la nota de la AFP que informó el pacto, “los rivales de los EUA se unen”.

Venezuela entra en estas correlaciones geopolíticas. La libertad de maniobra que como país tuvimos durante la Guerra Fría -un éxito de la política exterior de la democracia 58-98, que podía hablar con Carter, Begin, Sadat, el Sha, y Breznev al mismo tiempo, y ser escuchado y respetado- no existe y estamos bajo la influencia en lo político de Rusia (no tanto China) -el gobierno- y de los EUA (no tanto la UE) -la oposición G4- y entramos en el juego de la “diplomacia de las vacunas”.

De acuerdo a la firma de datos científicos de Inglaterra Airfinity, China exportó el 48% de las vacunas contra el COVID que produjo, mientras los EUA exportó el 0 por ciento. Todas las vacunas hechas en los Estados Unidos se quedaron en ese país.

Puede que el gobierno no quiera alterar esa correlación geopolítica y aceptar vacunas de AZ podría hacerlo. Por eso se negó, y si bien Maduro en sus palabras del día 24-3-21 -a diferencia de Delcy- no mencionó a la vacuna de AZ como motivo para rechazar el acuerdo, solo menciona las vacunas de Rusia, China, y ahora los “candidatos vacunales” de Cuba. Hay que recordar que en diciembre de 2020 el gobierno informó que acordó con ese país la compra de 10 millones de dosis a un costo de 200 millones de dólares, y hasta el momento solo han llegado 200 mil vacunas.

Luego de un buen comienzo para vacunar, no se sabe más. Hasta el canal 8 bajó sus informaciones acerca de la vacunación. Maduro no ofrece precisiones para la llegada de nuevas dosis. En una actividad que tuvo el día 26-3-21, afirmó de modo general que llegarán vacunas en abril, mayo, y junio. En esta “diplomacia de las vacunas” Maduro apoya a sus países aliados y mantiene la cohesión de su base, posiblemente inclinada a la Spunik y no a la vacuna AZ.

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En concreto, el acuerdo no fue posible porque las exigencias no pueden cumplirse: el gobierno quiere la liberación de fondos para destinarlos a comprar vacunas probablemente de sus aliados, y la oposición G4 señala que no es posible esa liberación porque el gobierno se robará el dinero. En esa realidad, un acuerdo era imposible. Ninguno se someterá al otro porque los dos se perciben como “delincuentes”. Así, es difícil un acuerdo. Volvemos a lo mismo para este y cualquier convenio. Tanto el gobierno como la oposición no se reconocen, y quieren imponer su particular “capitulación” del otro que no acepta. Mientras no se reconozcan como actores políticos sin “capitulaciones”, ningún pacto tendrá éxito. El desempate será cuando alguno se pueda imponer al otro. Este es el problema de fondo: se habla de negociaciones, pero se actúa como si fuesen capitulaciones. Ese reconocimiento no vendrá, al menos ahora.

Romper esta situación -que vale para cualquier acuerdo- requerirá muchísima habilidad política. Significará hacer concesiones mutuas al mismo tiempo: aceptar liberar fondos y admitir que esos recursos sean manejados por otras organizaciones como la ONU. Por cierto, esta fue la propuesta del BCV en mayo de 2020, que Delcy retomó en su mensaje del día 27-3-21. Según “influencers” de la oposición G4, es lo que estaba previsto en el acuerdo del 19 de marzo. Sería bueno que los representantes de la oposición Guaidó en la mesa técnica ofrecieran una rueda de prensa o mensaje. El gobierno ya ha hablado dos veces. En el mensaje del día 27, la vicepresidenta informó que hablaron con el director de la OMS sobre el mecanismo Covax.

Esto hace más urgente conocer la versión de la oposición G4. No es suficiente la indignación en tuiter, “somos los buenos”, “son unos criminales”, “habrá justicia”, sino explicar su versión del acuerdo: cómo lo evalúan. Venezuela no necesita indignación, sino información, sea para ofrecer su punto de vista o para desmontar la propaganda del gobierno, si es el caso.

Está la propuesta de Fedecámaras, que tiene elementos que buscan atenuar las debilidades del convenio del 19 de marzo aquí comentadas. Tal vez el gremio las observó en la mesa técnica, a la que tuvo acceso en persona o por información que recibió. Lo digo porque su propuesta ofrece dos elementos que son “puntos de honor” para el gobierno. El primero, que la vacuna o vacunas “serán las que apruebe el Ejecutivo Nacional”. La segunda, que del total de dosis, el 20% “estará destinado a poblaciones más vulnerables determinadas por el Ejecutivo Nacional”. Luce razonable este planteamiento. No “vulnera el honor” del gobierno. Este debe considerar la propuesta del gremio con mucho interés, y plantearla en la mesa técnica.

Si se me permite una sugerencia a Fedecámaras, que se concentre más en el trabajo tras bastidores, y menos en la promoción de la propuesta para ganar puntos en el público. Más en la política y menos en las famosas “campañas comunicacionales”. En estos momentos, se necesitan más Armand Hammers y menos Bobby Coimbras.

¿Será posible revivir este convenio u otro parecido? Todavía creo que sí, pero requiere ser menos novato y mucha más habilidad política para evitar abortar un compromiso que beneficia a la población de Venezuela, sedienta de sentido común y de ganas de ver compromisos políticos que le alivien en algo la dura carga de existir en Venezuela.



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