article-thumb
   

“No vengo a quitar nada a nadie”: Venezolanos emprendedores son la otra cara de la migración

El Cooperante | 4 julio, 2018

Caracas.- Enriquecer, aportar, generar empleo, crecer, y superar cualquier dificultad son las estrategias que tienen en común los empresarios audaces, grandes, medianos o pequeños, que pasaron la frontera y hacen del área metropolitana de Cúcuta su casa, pero también el eje de su trabajo.

Lea también: Perú busca internacionalmente a dos venezolanos que asaltaron una joyería

Gino Barilani, Rogelio Pérez, Ileannie Guevara y su esposo Iván Espinosa, son solo algunos casos de venezolanos que aprendieron a sacarle ventaja a una crisis que los condujo hacia un mercado retador, en la frontera que divide sus países, porque todos tienen un vínculo con Colombia, el cual los hace anhelar más oportunidades para dejar algo de sí, aquí y allá.

Italiano, colombiano, venezolano, y viajero del mundo, Gino Barilani llegó hace tres años a Cúcuta. Se dedica a “hacer restaurantes y buena cocina”, con una sonrisa permanente, derivada de la vida en la capital nortesantandereana, en el restaurante 1000 Miglia.


“He sido muy bien recibido, me encanta esta ciudad”, afirma, luego de buscar “un sitio dónde hacer bases, y creo que Colombia tiene todo el potencial”. Proveniente de San Cristóbal, estado Táchira, se habituó a un entorno pequeño, que combina con su vocación de motociclista, que le huye al tráfico de las grandes ciudades. Allí, tiene 20 años de tradición con la marca que sirvió y atendió a comensales de esta región.

“Es mucho más fácil empezar cuando te conocen, cuando conocen tu marca, tu producto”, afirma. “Yo no abandoné mi casa; mi familia sigue estando ahí, a una hora, así que esa lejanía no se siente”. Aunque la distancia es imperceptible, el contraste con el mercado sí fue un reto, pues los cucuteños lo empujaron a nuevas tendencias, en una zona resistente al cambio.

 

Con su restaurante genera empleo a colombianos y venezolanos, en un porcentaje 70-30, priorizando la mano de obra local. “Cada persona tiene su maleta, su experiencia y creo que es una gran oportunidad para el empresario local crecer en función de lo que traemos”, afirma. “Vengo a aportar, a sumar, no a quitarle nada a nadie. Ojalá se pueda ver de esa manera, y yo lo he recibido así”.

Llegar a un territorio nuevo es “volver a nacer” y por ello recomienda a los empresarios, y a quienes llegan, dejar “sus resabios” en la frontera.

Trabajo publicado originalmente por La Opinión, para ampliarlo haga click aquí.

Comentarios

comentarios