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“Nunca recibió beneficios de Cilia”: La historia de dolor y pasión de narcosobrino

El Cooperante | 6 diciembre, 2017

Caracas, 6 de diciembre.- La defensa de Franqui Francisco Flores de Freitas sometió a consideración del juez Paul Crotty un memorando donde solicita que el convicto por narcotráfico se le imponga una sentencia mínima obligatoria de 10 años de prisión, motivado a que la naturaleza del crimen y la historia personal del acusado no lo hacen merecedor de una condena superior a una década en prisión.

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La solicitud de los abogados de Flores de Freitas difiere de la presentada por los defensores de Efraín Antonio Campo Flores, la cual no establece pena mínima sino que solicita que el acusado no merece cadena perpetua ni una larga condena, tal cual lo ha solicitado la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que es la parte acusadora en este caso, publicó la periodista Maibort Petit en su blog.

El memorando de los abogados está acompañado por varias cartas de familiares y amigos pidiendo indulgencia al juez, entre las que se destacan las enviadas por: Jessika Contreras (exnovia), su hijo de 9 años, Yaxelli Flores de Freitas (hermana), Amelia Flores y Hermes Flores (tías), Numidia Rocío Flores y Arturo Madera Flores (primos), Laura Betancourt, Gladys López, Gilberto López, Gary Solórzano, Henri Sandoval (amigos) y Taina Carranza.

En el documento se expresa al juez Crotty una historia personal del acusado, caracterizada por una infancia traumática y otras experiencias de vida difíciles. La madre de Flores de Freitas murió cuando él tenía ocho años y luego sufrió duros abusos físicos y emocionales por parte de su padre alcohólico, quien a menudo arrojó a Flores y a su hermana fuera de su casa.

Foto: Cortesía

A pesar de estos desafíos, Flores perseveró y trabajó para superar este trauma infantil. Obtuvo un empleo a una edad muy temprana para ayudar a mantener a su familia, se mantuvo alejado de problemas con la excepción de los últimos meses antes de su arresto en este caso, y se convirtió en el padre que su progenitor nunca fue. Incluso durante su encarcelamiento en Nueva York ha trabajado para aprender y mejorarse, y ha sido un recluso modelo. Él no ha renunciado a llevar una vida productiva, y todavía está mirando hacia el futuro.

Más adelante señala que la pérdida de su madre afectó profundamente a Flores de Freitas durante su juventud y lo largo de su vida. Después de la muerte de su madre, Flores y su hermana carecían de un hogar estable y amoroso. Vivían intermitentemente con su padre, su abuela materna y su tío. El bienestar mental, físico y económico de los hermanos dependía de los caprichos de su padre, quien sometió a Flores y a su hermana a abusos graves.

Su padre -dice el memorando- tenía un temperamento violento que hacía que castigara a Flores echándolo a patadas de la casa junto a su hermana, dejándolos a merced y amabilidad de sus parientes, hasta que decidió llevarlos a casa de nuevo. Como resultado, Flores y su hermana tuvieron una infancia muy inestable y carecían de un hogar seguro y confiable, y debido al alcoholismo de su padre lo llevó a golpear y abusar verbalmente de ambos.

Dice que los niños generalmente recurrían a su abuela materna cuando su padre los echaba. No fue hasta los 12 años, cuando Flores vivió temporalmente con su tío durante tres meses, y fue la primera vez que vio lo que era ser parte de una familia nuclear amorosa.  El memorando dice que Flores enfrentó dificultades financieras significativas, ya que la abuela materna de  Flores era pobre y tuvo problemas para comprar comida razón por la cual Flores y su hermana, y pasaban hambre.

Las difíciles condiciones de su infancia y juventud hicieron que a Flores de Freitas le resultara difícil continuar su educación, por lo que abandonó la escuela antes de terminar la escuela secundaria. Los abogados señalan que cuando Flores tenía 18 años, su padre lo golpeó y lo echó de la casa por última vez después de comprar un auto nuevo. Sin otro lugar a donde ir, el acusado durmió en el automóvil hasta que un amigo le dio un lugar temporal para vivir., y luego un amigo de la familia se enteró de lo sucedido, ofreció venderle una casa a Flores, la cual compró y a donde se mudó con su novia de entonces.

Foto: Cortesía

El abogado asegura que a pesar de su infancia dolorosa e inestable, la naturaleza gentil y responsable de Flores de Freitas brilló a lo largo de su vida, trabajó, dio parte de sus ganancias a su abuela para ayudar a mantener a la familia.  En su carta a la corte para pedir indulgencia, la hermana de Flores de Freitas,  Yaxelli Tahina Flores de Freitas, explica que el acusado comenzó a trabajar a los 12 años, sirviendo como asistente en un camión, para ayudar a su padre a cubrir sus gastos de manutención.

A los 17 años, comenzó a trabajar como mensajero de una tienda de teléfonos celulares en Caracas. Ocupó muchos otros trabajos en el camino y luego Flores estableció un taller de reparación de equipos celulares, que trabaja siete días a la semana. En la tienda de teléfonos celulares, tenía a tres trabajadores bajo su supervisión y pagaba el alquiler de la tienda y mantenía “satisfechos a los clientes con un servicio rápido y confiable”.

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Desde 2012 hasta el momento de su arresto, Flores de Freitas trabajó como vendedor de autos y era dueño de un compañía de distribución de alimentos con su amigo y compañero de cuarto. El trabajo duro y persistente de Flores muestra su determinación de mantener a su familia. El abogado de Flores de Freitas asegura que aunque la la tía del acusado Cilia Flores, la hermana de su padre, era abogada de derechos civiles y una figura política prominente en Venezuela, ni Flores ni su hermana eran cercanos a Cilia Flores y nunca recibieron asistencia financiera o beneficios de ella.

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