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Oeste de Caracas es golpeado por la desesperanza: Escasez de alimentos y hampa lo bordean

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Lohena Reverón.- “Todos tienen que hacer la cola afuera, yo también me estoy mojando”. Espeta de un sargento de la Guardia Nacional que resguarda un mercado ubicado en la parroquia El Valle de Distrito Capital. Un torrente aguacero baña a quienes desean hacerse casi con desesperación con un paquete de papel sanitario; tras meses de haber desaparecido de los anaqueles, a las amas de casa presente les importa poco la posibilidad de una gripe.

Es una mezcla de ironía e indignación, comprar papel bajo la lluvia no es una experiencia muy agradable; menos si las bolsas para protegerlo las venden al mismo tiempo en 50 bolívares, un precio exagerado ante el poco poder adquisitivo y una inflación que no perdona a la clase obrera que colma estas calles del municipio Libertador, donde gobierna el autoproclamado chavista Jorge Rodríguez, a quienes desde hace años no ven en las calles.

“Los candidatos del Psuv andan en camionetas Toyota blindadas, ya no se bajan como hacían antes, yo no voy a votar por ellos, votaré por el cambio”, señala Rosa Arellano, de 65 años de edad, quien manifiesta que en todos los años que tiene de vida nunca había visto las colas por compra de alimentos en Venezuela, menos en la ciudad de Caracas, caracterizada por el modernismo y a las comodidades frente a lo que se padece en el interior del país.

Algunas familias están históricamente residenciadas en el oeste capitalino, generación tras generación, pero esta no es razón suficiente para quedarse. Antonio Sánchez, propietario de una casa de tres pisos, con una bodega, revela que no aguanta más los tiroteos que a diario, a cualquier hora del día hacen correr a sus clientes. Se va del país, a Colombia específicamente donde tiene algunos familiares y amigos. “Esto no lo va a cambiar nadie”. Lleva una camisa con el rostro de un muchacho, junto a un escrito con fecha, es su hijo, fue secuestrado y asesinado por una banda delictiva luego de que los propietarios de la tienda donde trabajaba se negaran a pagar el rescate.

La basura no puede faltar en las calles de la parroquia El Valle, es casi obligatorio el olor nauseabundo al salir del Metro de Caracas, cuyas estaciones están minadas de perros y gatos callejeros, a ellos la Misión Nevado nunca llegó, tal vez nunca llegará. La población de los niños de la “patria” ha crecido, ahora son más los que piden dinero o comida en los sitios de comida rápida, andan bajo los efectos de las drogas en lugar de estar en una aula de clases. Somos los del tercer mundo.

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