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Oficiales y soldados de la Patria ¡Escondan sus uniformes!

Elizabeth Fuentes | 13 noviembre, 2018

Caracas.-  La vergüenza planetaria de que a los militares venezolanos les impartieron órdenes superiores para que no usen públicamente sus uniformes ni lleven consigo sus credenciales por temor a la delincuencia, paraliza por varias razones: 1) El poder reconoce que la delincuencia es la que manda y es más peligrosa que el Ejército. 2) Es bastante probable que semejante Ejército pierda cualquier batalla de cualquier naturaleza porque, mientras soldados y oficiales van y buscan el informe escondido, ya los invasores habrán llegado al Táchira o Canaima, por decir algo.

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Y 3) Ahora los civiles andaremos más atemorizados que nunca porque los delincuentes podrían confundir a cualquier señor de paltó y corbata con un general y, en consecuencia, lo atracarán y torturarán para averiguar si realmente pertenece a una de las sacrosantas castas de la Fuerza Armada Bolivariana, de esos que disfrutan aumentos y bonos salariales, sin descontar uno que otro “negocio” en el contrabando de gasolina o carne de res. De modo que, desde la orden dada a los militares, todos los civiles pasamos a un “estado general de sospecha” ante las bandas criminales, tal como dijo alguna vez Eliécer Otayza, otro militar que se llevó la delincuencia.

Los uniformes, que probablemente cuestan un dineral y el gobierno importa quién sabe de dónde, serán utilizados única y exclusivamente como utilería, como parte de la escenografía del poder para intimidar detrás de las cámaras a la burguesía imperialista. Los veremos en los desfiles, en los videos de generales cinco estrellas explicando cómo van a restablecer la luz y el agua o haciendo simulacros de enfrentamientos con el enemigo, combate de embuste donde siempre salen victoriosos porque se les escapa el pequeño detalle de que el adversario no existe y entonces vemos al general Padrino López avanzando y avanzando entre cauchos y obstáculos de anime, hasta la victoria siempre.

Aunque para darle el beneficio de la duda, quizás la medida realmente evite que algunos uniformados sean víctimas de la delincuencia. Escondidos detrás de su fachada civil, podrán ahora -como toda la gente-, anda con el temor normal de cualquier ciudadano de a pie. Llevarán un celular viejo por si los asaltan, dejarán las tarjetas de crédito en casa y, cabe imaginar, algunos de los Generales del Arroz o Las Caraotas esconderán junto al uniforme los Rolex de oro y sus chequeras en dólares.


Acostumbrados a exhibir el poder que otorga el uniforme, reducidos a la fragilidad de andar en bluyines y franelas, quizás los integrantes de las cuatro fuerzas se cansen de semejante humillación y le soliciten a la ministra de Asuntos Penitenciarios y Bla Bla Bla que firme una suerte de armisticio con sus Pranes amigos para que respeten la vida y bienes de los militares y, a cambio, los civiles estaremos obligados a lucir alguna seña distintiva, una estrella amarilla o una cachucha roja en el pecho, que les permitirá a quienes ostentan el verdadero poder de las armas en Venezuela, asaltarnos sin el temor a confundirnos con sus aliados ideológicos. Esos que les dejaron nacer, crecer y multiplicarse a cambio de sembrar el terror entre los opositores y , lo que es la vida, ahora están pagando tremendo karma.

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