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La Lupa

Oposición venezolana cierra 2022 con mayores niveles de articulación

El balance de 2022 para la oposición puede definirse así: un comienzo sin mayores expectativas y un cierre del año con mayor proyección. Tres hechos definen este final: los procesos de cambios que los partidos adelantaron, que tampoco fueron profundos; la designación de un coordinador para la plataforma unitaria y el nombramiento de la comisión electoral para las primarias; y la firma en México del acuerdo Nº 2 entre el gobierno y la plataforma unitaria. Estos tres hechos contribuyen a que la oposición defina sus centros de gravedad para tener personalidad política. Tiene un reto de cara al futuro: que la sociedad y el chavismo la vean como una oposición capaz de gobernar, no solo para denunciar, hacer “declaraciones arrechas” o grandes tuits para complacer a los mismos de siempre, pero que no llegan a nuevos públicos

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Caracas/Foto: Cortesía.- En el artículo del lunes 5 hice el balance político del gobierno. En síntesis, el ejecutivo no tiene amenazas para su permanencia en el poder, sean internas o externas. Alcanzó la estabilidad política que busca desde 2013.

Lea también: El gobierno logró controlar amenazas internas y externas pero tiene desafíos

Sin embargo, tener estabilidad plantea desafíos. Hay dos importantes. 

El primero, es qué hacer con el ajuste económico. Si dejarlo como está para una “Venezuela liliputiense” o impulsarlo para modernizar al país, lo que traerá más tensión política. Para el gobierno la decisión es si está dispuesto asumir un sistema más complejo a riesgo de su dominio, o mantiene un sistema básico y patrimonialista como el actual, pero que es estable, y en el cual las elites -de cualquier signo- están felices así digan que no.

La segunda ¿qué es el chavismo? A propósito de una animación de Lacava con el mundial y la respuesta de María Gabriela Chávez a esta animación ¿es una realidad o un metaverso que está buchón en el poder político?

Esta semana el balance corresponde a la oposición. Mi cuenta es que la oposición, poco a poco, define sus centros de gravedad política. Pero esta no era la situación a comienzos del año. 

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Hay que recordar que cuando arrancó 2022, la oposición ganó Barinas en la repetición de la elección a gobernador que fue el día 9-1-22. Aún con esa victoria, el pronóstico era el de una oposición fragmentada, sin capacidad para articular o definir alguna estrategia como oposición y frente al gobierno.

Igualmente se recuerda el fallido intento de grupos para activar un referendo revocatorio, pésimamente diseñado y peor aplicado. Un episodio del que nadie se acuerda ni se quiere acordar, principalmente sus promotores.

Esa era la imagen de comienzos de 2022: una oposición sin rumbo y sin capacidad para articular algún esfuerzo conjunto, así el votante la haya premiado como pasó en Barinas.

El cierre de 2022 pinta diferente. Unas precisiones iniciales. Por oposición entiendo a los partidos políticos, sean de la plataforma unitaria o no. No incluyo la figura del interinato, pero sí a VP. La razón es que dentro de un sistema autoritario los partidos hacen la diferencia, sea por su capacidad de movilización, por su doctrina, por su autoridad, o por la famosa función de articular intereses. Son columnas vertebrales.

La diferencia no la hacen experimentos insurreccionales o de gobiernos de fantasía, como dolorosamente lo viven quienes apostaron por ambas estrategias y, hoy, están como el “perrito de Pavlov”. Cualquier “campanita del gobierno”, la interpretan en esa estrategia. A la “campanita” del tuit de María Gabriela Chávez, la respuesta, “es señal de la fractura interna”. Respiran tranquilos porque el “quiebre se acerca”.

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La “campanita” de la Sundee y su lista de precios –algo así pasó en 2020 y 2021 con extrañas “listas de precios acordados”- y la reacción, “¿ven? se los dije, es la naturaleza del chavismo”…y lo que nunca puede faltar en este grupo, “¿dónde están los analistas que…?”. Este sector está como la oposición a Gómez: petrificada en el tiempo, en sus paradigmas de los que no quieren salir, con la diferencia que están muy bien dentro del sistema que cuestionan.   

El fin de este año muestra una oposición con mayores niveles de articulación. Que supo guardar las distancias entre los movimientos para agredirse menos, aunque compiten entre sí para la primaria. Hay ataques interpartidistas, pero no los siento con la fuerza de otros años. Tal vez porque la población está agotada y los ataques interpartidistas no se sienten o no interesan. Se ven como cosas “más de lo mismo”, que ya no enganchan o cautivan. Por ejemplo, María Corina Machado habló de México como la “mesa de la extorsión” y de “negocios”, incluso para la ONU. Aplausos de su barra, pero a los 5 minutos el tema fue el partido España-Alemania. El grupo extremo estiró tanta su estrategia y tácticas que ahora se le devuelven en indiferencia del público que hasta no hace mucho los aplaudía o se “tiraban al piso” por sus figuras. Hoy son algunos aplausos, la indiferencia, y todo con lo que acusaban a los demás, se les devolvió. 

Tres hitos definen un mejor balance para la oposición al cierre de 2022.

El primero, es que los partidos realizaron procesos de cambios internos. No fueron muy profundos ni muy densos, no ocurrió en todos los partidos, ni tampoco hay un patrón único para todas las organizaciones, más allá del discurso de los “cambios”.

Cada partido enfatizó un aspecto de la reforma interna. En los más importantes, AD hizo una renovación con su candidato, pero de la que no se conocen sus alcances; PJ refrescó su dirección al designar a una mujer en la presidencia del partido; VP se focalizó en sus cuadros regionales y municipales, y UNT privilegió la reforma de su documento programático.

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Otros movimientos como La Causa R presentaron su programa de gobierno para competir en las primarias. Avanzada Progresista resaltó su estructura nacional, con la visita de sus dirigentes a los estados. Las visitas a los estados fue una novedad para los partidos en general: salieron “de sus oficinas con aire acondicionado” al encuentro con sus bases que habían descuidado durante el conflicto político con el gobierno, al privilegiar una estrategia de fuerza y no una política, que fracasó.

El segundo hito fue la designación de la comisión para las primarias el día 19-10-22. Previamente, ocurrió el nombramiento de un coordinador para la plataforma unitaria en mayo de 2022, en la figura de Omar Barboza.

La idea de este coordinador es darle un orden a una plataforma que ya existía, pero al no tener un coordinador, el trabajo global se perdía. Cada partido estaba en lo suyo, pero el trabajo de la alianza no tenía efectos ni visibilidad. Si la tarea es una primaria, se necesitaba un coordinador para poder hacerla viable y visible. Se designó al coordinador y luego a la comisión para las primarias.

La comisión electoral para las primarias y sus integrantes fueron bien recibidos por la opinión pública. Tanto la plataforma como la comisión adoptaron una estrategia “generalista” que se vio en el reglamento para las primarias aprobado por la plataforma.

Una norma muy general que separó la instancia política de la técnica -la comisión electoral- pero que dejó un amplio margen de acción a la última. Mi hipótesis es que, si bien el clima de la oposición es de menos incordio, las diferencias existen. También hay pugnacidad con la sociedad civil y con la opinión pública de la oposición. Un reglamento general es políticamente mucho más eficaz y mantiene una estabilidad interna que uno específico, que creará diferencias que a lo mejor no podrán cerrarse. Además, los tiempos son otros. Hay una suerte de legitimidad de los partidos hacia la plataforma y la comisión, pero hay reservas de la opinión pública hacia la plataforma y menos hacia la comisión electoral. Hay una aceptación porque “es lo que hay para luchar contra el gobierno”. Si no gusta, se traga. Pero son tiempos de menos consensos ex ante y más de construirlos sobre la marcha, que es la interpretación que hago del reglamento para las primarias.

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Por ejemplo, el reglamento de 2012 fue taxativo en definir quiénes votaban en el exterior. Los registrados en el REP. Por supuesto, en 2012 el éxodo venezolano ni se soñaba, y una definición taxativa produjo menos críticas en ese entonces. Pero hoy la comisión no pudiera hacer de entrada una definición así por el costo político.  La diferencia con 2012 es que al no tener la legitimidad que la oposición tenía hace 10 años, los grupos políticos y sociales proyectan en la comisión sus propias metas o luchas intra o interpartidistas.

Tal vez por esto la ruta que sigue la comisión de las primarias. Abrió un proceso de consultas y escucha con sectores, para definir lo específico a partir de lo general que establece el reglamento, pero que sea consensuado, y así evitar fricciones o denuncias tipo “la comisión electoral impone”. Su trabajo tiene una lógica inductiva: construir la viabilidad de las primarias de abajo hacia arriba.

Esta idea la expresó muy bien el presidente de la comisión para las primarias, Jesús María Casal, en una entrevista hecha por Polítika UCAB del día 29-11-22. El también decano de derecho de la UCAB manifestó que, “Nos encontramos en la fase de la consulta que decidimos abrir, aunque no estaba prevista en el mandato. Decidimos activarla. La consulta es necesaria para tomar la mejor decisión posible, buscando todas las opiniones de todos los sectores, eso nos permite ganar legitimidad y autoridad”. En “ganar legitimidad y autoridad” anda la comisión electoral y la plataforma unitaria.

El tercer hito fue la firma del acuerdo Nº 2 en México el día 26-11-22 entre el gobierno y la plataforma unitaria. Mi artículo para El Cooperante de la semana que viene será sobre el acuerdo Nº 2 exclusivamente. 

Las delegaciones se reunían desde junio por lo menos. Honestamente, aunque esa información salió en medios -por ejemplo, la asistencia de Blyde y Rodríguez al Foro de Oslo en junio de 2022- no le presté mucha atención porque no pensaba que la mesa se activaría. Tenía la certeza que pasaría, pero no tan pronto. El regreso me sorprendió y una lección es que debo estar alerta, a pesar que me considero uno de los mejores en el análisis político. La noticia salió varias veces en Reuters o Bloomberg, pero no la tomé en serio sino con algo como, “bueno, la activación de la mesa será en 2023”. Fue en noviembre.

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México le da a la oposición el espacio para tener su propia personalidad frente al gobierno, y poder hacer sus planteamientos cara a cara. Mostrar su programa o ideas. Exponer realmente lo que tiene y es, y menos grandes tuits para complacer a públicos de la oposición. Lograr el respeto del gobierno, que no será fácil porque éste siente que su permanencia en el poder será larga.

Al crear dos mesas técnicas y una comisión de seguimiento para los proyectos y recursos que se definan en las conversaciones gobierno-plataforma unitaria, le ofrece a la oposición espacios para interactuar con el gobierno que no se limitan a unos delegados políticos. Será la oportunidad para mostrar lo que realmente es y no lo que dicen que es, sea el ejecutivo o la opinión pública. Son espacios para construir respeto y autoridad política y técnica ya que, en teoría, las mesas estarán conformadas de manera paritaria por personas tanto del gobierno como de la plataforma, personas que pueden ser de sus estructuras políticas, sociales o de afuera, junto a un facilitador “representante observador” del Reino de Noruega quien –imagino- será el canal de comunicación y el puente para los inevitables choques y diferencias que habrán en las mesas y en la comisión de seguimiento de los temas previstos en el acuerdo Nº 2.

El valor que veo a este diseño del acuerdo es que gobierno y oposición podrán confrontar y llevar una relación pugnaz que quizás, en función cómo se maneje y del compromiso de cada uno, pueda bajar aprehensiones mutuas y avanzar hacia una relación de respeto.

Al igual que el gobierno, la oposición tiene retos de cara al futuro. No solo hacer la primaria, la campaña, el candidato, la relación entre los diferentes grupos de la oposición si algunos deciden ir por su cuenta, la cohesión como fuerza política, todos son desafíos relevantes. Pero el más importante será definir su proyección para los próximos años, que pasa por acordar una estrategia determinada, no una coyuntural o en la lógica de “varios tableros” o “la caja de herramientas”, paradigmas de años previos que persisten.

Debe pensar en las presidenciales, pero también en el día después, si gana o pierde. Si gana será más sencillo al inicio. Todos querrán estar con el ganador y los problemas de cohesión vendrán después. Pero la pregunta que nadie quiere hacer para no ser impopular ¿y si se pierde las presidenciales de 2024? ¿será repetir un 2013 o un 2018? O será mejor definir una nueva manera cómo enfocar la lucha política con un chavismo rumbo a los 25 años en el poder, que pasa primero por reconocer la victoria del chavismo, si éste efectivamente gana la elección. Reconocimiento normal o pugnaz, pero reconocimiento. 

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Responder a esta interrogante dependerá de muchas variables, pero pienso que habría que tener una respuesta o bosquejadas las respuestas para el “día después” en el escenario de perder la presidencial.

En mi caso, haría una campaña para ganar, pero de perder -que es la situación de hoy, pero que no significa que será así- lo reconocería sin protestos tipo EUA 2020 o Brasil 2022, ni Venezuela 2013 o 2018, para comenzar un trabajo político en el país con ese candidato que no ganó pero ahora como figura que articule a la sociedad. La idea es empujar un movimiento político y social que tenga reconocimiento de la sociedad, principalmente de los estados y de los sectores populares.

Un movimiento que lleve la política y el conflicto dentro de todos los espacios en los que la oposición tiene que estar –y no puede renunciar a ninguno- para construir su respeto y su autoridad. Que la propia sociedad concluya que esa oposición merece y debe ser gobierno, que lo asuma como algo natural, como el cambio que debe ocurrir y que ya es tiempo de hacerlo en las elecciones presidenciales que toquen, que serán las de 2030.

De ser así, será una tarea difícil porque es la propia travesía en el desierto. Un chavismo que se asume hegemónico, que querrá irse del poder, pero reconocido, lo que plantea un ambiente de estabilidad. Llevar un movimiento así puede no resultar. Ser “normalizado” y tragado por la cotidianidad, por la rutina del día a día.

Pero no veo otro camino, al menos con la información disponible hoy porque el gran problema para la oposición es justamente que la sociedad la asuma como que es oposición para gobernar y no para tuits grandilocuentes.

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Que realmente sienta que esa oposición es una oposición en la que se puede confiar. Que tenga estatura y nivel, y eso se hace con un trabajo político en el tiempo, pero capilar en cuanto a su presencia dentro de la sociedad, no en términos de “hasta los centros de estudiantes son de los partidos” como fue en el pasado, sino como referencia al país porque ese movimiento acompaña de verdad-verdad las necesidades de la sociedad y representa realmente a grupos, representación que se manifestará en los espacios en los que la oposición participará, que son todos los políticos en los que se pueda. Sencillamente, tener presencia en Venezuela, no solo en visitas de dirigentes para “darse baños de pueblo” o porque hay elecciones y aparece el “Síndrome quiero ser candidato o presidente”, sino como ejercicio de “top of mind” para que el público piense seriamente en la oposición como alternativa al gobierno chavista.

El balance de 2022 para la oposición fue un comienzo con dificultares, pero un cierre que no sé si es el fin del comienzo para ser una oposición alternativa al gobierno de verdad-verdad, o es el comienzo del fin para dejar de ser una oposición insurreccional con el fracaso a cuestas.

En otras palabras, el desafío es ser una oposición creíble y alternativa al gobierno, internalizada por el mismo chavismo y otorgada por el pueblo en una elección. El fin de 2022 abre el camino para lograrlo ¿Estará a la altura?



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