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La Lupa

Oposición venezolana: indefiniciones en las cúpulas y definiciones en las bases

Mientras las direcciones políticas del G4 y del grupo Capriles debaten cuál posición tener ante las elecciones regionales de noviembre, partidos de ambos grupos como PJ y UNT presentan candidatos para las regionales y municipales. De las direcciones políticas, lo que hay es un “sí pero no, no pero sí” frente al tema electoral que revela un hallazgo si se analizan con cuidado los números de la firma Delphos en su estudio de julio. El problema de la oposición es la desconfianza que hay hacia ella, no si las decisiones “son en unidad”. Todos son “alacranes” salvo que prueben lo contario, que significa una imposible o limitada política insurreccional. La oposición está en su “Catch-22”. Mientras este dilema se resuelve –si se puede- las regiones se movilizan porque quieren ir a noviembre. Ya no esperan el visto bueno de las cúpulas, sino que construyen la legitimidad de abajo hacia arriba para tener candidatos para las regionales y municipales. Hay un “goteo” en los estados

Caracas.- Mientras las direcciones políticas debaten y deciden cuál posición asumir de cara a las elecciones de noviembre, porque aunque hay posiciones manifiestas -las “condiciones electorales”- también existen posturas latentes que sugieren debates internos para afinarlas. En las regiones, en cambio, hay un movimiento al margen de las direcciones políticas. Por éstas me refiero al G4 y al grupo Capriles, no a otros grupos dentro de la oposición. El grupo Machado anunció que no tiene interés en estas elecciones –mantiene su postura del “conglomerado criminal”, y se limita a cuidar su “share” del mercado político y la “marca”- y la Alianza Democrática –el movimiento de partidos que están en la AN junto a otras agrupaciones políticas- anunció que sí competirá en noviembre. Los desafíos para esta alianza serán de otra naturaleza, que comento más abajo.

El G4 y el grupo Capriles ya no parecen ser los “grandes electores” como antes, de acuerdo a un estudio de la encuestadora Delphos de julio 2021. Hoy el “gran elector” sería el llamado de la oposición toda unida para votar. No obstante, el G4 y el grupo Capriles son importantes movimientos políticos. Lo que decidan, influirá en la intención para votar o abstenerse del pueblo opositor.

Hay una especie de “rebelión de la regiones” goteada o un “goteo de candidatos” en los estados, que indica que en las regiones el deseo de participar existe y se manifiesta públicamente. Por ejemplo, el día 20-7-21 Laidy Gómez se reunió con Enrique Márquez del CNE para hablar, entre otras cosas, sobre la posibilidad de hacer primarias en Táchira. En Nueva Esparta, el actual gobernador anunció una especie de “firmazo” para apoyarlo a la reelección. En Caracas, Roberto Patiño de PJ hizo un acto de calle de inicio de campaña para optar a la Alcaldía del municipio Libertador. En Bolívar, el movimiento que apoya a Américo De Grazia realizó sus primarias para alcaldes. Henri Falcón presentó su candidatura para la gobernación de Lara en un acto de su partido Avanzada Progresista, y a Manuel Rosales lo lanzan sin lanzarlo para la gobernación del Zulia.

Además lo hacen de manera abierta, con menos pena que en el pasado. Asumen el costo de opinión y construyen, en unos lugares mejor que en otros, las opciones para noviembre. Una suerte de “descentralización electoral” en la que cada región, estado, o municipio se organiza porque no van a esperar a que el G4 y Capriles “deshojen la margarita” y digan por fin qué van a hacer para el día 21-11-21. 

A lo anterior hay que agregar la presión de figuras muy simbólicas para la oposición como el padre Ugalde o el padre Virtuoso. El primero afirmó que votará en las regionales y municipales, y el segundo recomendó al G4 participar en noviembre. O durante la Asamblea Anual de Fedecámaras, gremio que hizo un llamado para sufragar en las regionales y municipales.

El “goteo” en los estados es un síntoma de procesos políticos más profundos. PJ por ejemplo. Este partido se debate entre Tomás Guanipa quien tiene aspiraciones desde hace tiempo y es una figura del partido, de su estructura, y figuras más independientes pero cercanas a las elites, grupo sociales, y ciertos países, como Roberto Patiño, quien dirige una ONG que ofrece comida en sectores populares.

De nuevo aparece el clivaje que define no solo a Venezuela sino a la región –incluida Cuba- que es una nueva generación que pugna con otras más partidistas o con más tradición en la estructura, como es el caso de Patiño frente a Guanipa, además los dos representan intereses distintos.

Es posible que el partido se dé cuenta que si no postula figuras nuevas y conocidas, será sobrepasado por liderazgos que pueden estar fuera de PJ, que le roncarán en su doctrina, porque hay una nueva generación –algunos cercanos a PJ, otros menos- que empujan algo como un “conservatismo decente” dentro de ese partido. Los “ideólogos” mayormente los observo en el mundo de la academia, pero tienen candidatos como Patiño o “Chola” en municipios con mucha población popular como Libertador o Sucre en Miranda. Estas corrientes más jóvenes dentro de PJ competirán con otras más longevas como la que pudiera ser el “populismo eficiente” que también existe dentro de PJ.

Hay dinámicas internas no solo por cuál estrategia a seguir –la vía política o la estrategia de “presión y el quiebre”- sino doctrinarias entre conservadores y “populistas responsables”, que recogen la realidad venezolana. Es probable que PJ notó que si no se involucra con la nueva realidad política, ésta se lo tragará y podrá quedar como un URD del Siglo XXI.

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En esta indefinición de las cúpulas de la oposición G4 y del grupo Capriles, entró Leopoldo López, quien llamó al primero a “no ser una foca de Maduro”. Quizás López sepa que su estrategia “de presión” caduca, y mencionó a Capriles porque el turno ahora será de los “moderados”, de los “políticos”, que critican al gobierno en el lenguaje de la oposición legitimada, como pasó con Vicente Díaz durante el programa de Vladimir Villegas el día 14-7-21. Díaz tiene fama de ser “un hombre sensato”, y en el programa lo fue, solo que habló con el lenguaje de la oposición G4, que si “los enchufados”, y cosas así, que encanta en el público que se opone al gobierno en redes sociales. Entonces también hay una disputa por la estrategia que se camufla en una retórica en la que todos aparentan decir lo mismo, aunque los significados son diferentes.

La oposición regresa a etapas superadas. Ya no es suficiente afirmar que las decisiones “serán en unidad”. La oposición G4 luce que busca la unidad de los otros grupos al aprovechar el clima de detenciones de activistas de ONG y dirigentes de VP, pero al mismo tiempo declara mantener la misma estrategia de la “presión y el quiebre”, aunque cada día aparecen nuevos candidatos de o relacionados a VP. Por ejemplo, el caso de Daniel Ceballos, quien también competirá por la gobernación de Táchira. Hay un juego político por arriba entre el gobierno y la oposición -las próximas negociaciones en México- y dentro de las fuerzas que se oponen, entre las direcciones políticas frente a los estados y la sociedad civil.

A partir del estudio de Delphos de julio 2021, el problema más importante para la oposición no es tanto si “las decisiones son en unidad”, que es importante, pero la expresión hoy suena a lugar común y evoca una época que ya no existe. Más bien, habría que conceptualizar cuál unidad para los tiempos actuales. El problema inmediato para la oposición, con base en los números de Delphos, es la desconfianza del público de la oposición hacia la oposición toda o casi toda. Aunque el bloque político opositor es casi 10 puntos mayor que el bloque chavista, esa fuerza no se manifiesta por la desconfianza de los públicos opositores hacia la direcciones políticas…¡de la oposición!

Dentro del público opositor, los “más intensos” mantienen sus porcentajes –otro problema para la oposición es que no hay un centro político dentro de ella, porque se lo tragan los bloques que apoyan al liderazgo de la oposición y los que no lo apoyan, los dos “intensos”- pero cuando se les pregunta por qué Guaidó no ha tenido éxito, el grueso de las respuestas es porque políticos “se han vendido” o “hay infiltrados dentro de la oposición”. La tesis de los “alacranes” ahora moja a todos, lo que a los ojos del público opositor les resta legitimidad por una lógica de descarte: si no se insurreccionan contra el gobierno, es porque son “colaboracionistas”. Allí entran todos: desde Guaidó hasta Falcón. Clima de desconfianza y corrosivo que se observa en redes sociales. Todos son “alacranes” e “infiltrados” hasta que “demuestren lo contrario” que es para estos públicos, estar detenidos o aventados del país. Otra herencia del discurso estigmatizador de los años 2017-2021 que se le devuelve a las direcciones políticas de la oposición.

Pero los públicos “intensos”, en su mayoría, tampoco quieren protestar contra el gobierno porque “nos reprimen”. No confían en la oposición, pero aunque afirman que la solución está en los “ciudadanos”, solo quieren protestar por temas sociales, no políticos, porque temen a la represión del gobierno (el porcentaje de los que afirman “armarse” como forma de lucha, bajó casi 10 puntos entre noviembre de 2019 a julio de 2021).

Los datos de Delphos refuerzan una observación que tengo desde hace tiempo. La oposición se auto-limita con su discurso. El gobierno da motivos, pero la oposición creó sus fronteras con el discurso de la “crisis humanitaria compleja”, “Estado fallido”, las “gangs” que controlan a Venezuela; es decir, cedieron el discurso de la política al discurso de la seguridad, y el resultado es una oposición, para usar una acertada expresión de Sandra Caula, de “señorones y señoronas” muy respetables, pero que viven un mundo con límites muy estrechos y sin eficacia política. Están en su burbuja. Principalmente, las de Caracas. No se puede protestar, “porque nos matan”. No se puede hacer política o salir de Caracas, “porque las gangs controlan al país”. El resultado es encerrarse en un mundo que hoy es una zona de confort y les impide vincularse al país de los estados. La oposición está en una especie de “Catch-22” que el gobierno atiza con medidas de diferente tipo: detenciones de dirigentes, reunión con otros, anuncios de “estamos listos para ir a México” -el día 25-6-21 Maduro afirmó que le “perece extraño” que la oposición no hable sobre México- visita a Fedecámaras, entre otras acciones, para que la oposición siga en su “Catch-22” reforzada con el discurso que la oposición creó.

El problema para la oposición es que la lucha por la hegemonía deterioró la confianza del público opositor hacia las direcciones políticas. Si la confianza se recupera con “las decisiones en unidad” o con una estrategia dentro de una lógica tipo “travesía en el desierto” –que es en lo que creo- es otro tema a analizar.

Las regiones no esperarán la respuesta de las direcciones políticas para actuar. Su tiempo es distinto al de las elites políticas mayormente de Caracas. Por eso comienzan a manifestarse. La estrategia es que la legitimidad política no viene de una dirección sino de abajo hacia arriba, desde los electores. Lo que sería otro factor de debilidad para el G4 y el grupo Capriles en el sentido que las bases definen ellas mismas nuevas formas de legitimidad, sea en primarias, en “firmazos”, o en actos de calle. No hablamos de la Alianza Democrática porque este grupo decidió ir a elecciones.

El problema para la Alianza Democrática será si podrá superar el estigma de “alacranes” y si irán unidos porque algunos ya lanzan candidatos propios, tampoco “en unidad”. En cambio, el problema para el G4 y el grupo Capriles es que no hay una política explícita hacia el tema electoral regional, sino un “sí pero no, no pero sí”; y en esa espera, las regiones actúan por su cuenta y construyen sus propias fuentes de legitimidad al margen de las direcciones de los partidos o de las alianzas políticas. No es una “rebelión de las regiones” como tal, con grandes rupturas o ruidosas proclamas, sino una “rebelión de la regiones goteada”, que ocurre de forma cotidiana, y cada día se expresa más.

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