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La Lupa

Pablo Iglesias abre un bar "de izquierda" en Madrid, pero ignora a Hugo Chávez en el menú

El político derrotado que tanto dinero recibió del gobierno de Venezuela para montar su partido Podemos, inaugura un bar donde los cócteles se llaman "Fidel Mojito" o "Evita Martini" y los platos "Brigada Garibaldi" o "Enchiladas Viva Zapata". Pero al Socialismo venezolano no le dedica ni una arepa

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Taberna Garibaldi

Caracas / Foto Portada: cortesía.- En el colmo del socialismo trasnochado, el exlíder de Podemos- ya sin su colita- decidió por fin trabajar en algo que le produzca dinero propio y gracias "al sudor de su frente": inaugura un  bar en Madrid que se llama Garibaldi y donde el menú y las bebidas llevan nombres y apellidos de sus héroes revolucionarios favoritos, en su mayoría personajes fracasados o devenidos en dictadores. Una ridiculez mayúscula que, como ha dicho, cerrará cada noche con  el famoso himno de la resistencia antifascista italiana, "Bela Ciao", toda una nota nostálgica para quienes no alcanzaron el poder ni por las buenas ni por las malas y lavarán allí sus penas en alcohol a beneficio de Pablo Iglesias.

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Ubicado en el popular barrio Lavapiés,  los interesados podrán escoger entre diferentes cócteles que ha bautizado como: Marcos Margarita, Fidel Mojito, Ché daiquiri, Mandela Zulú, Ludmila Vodka, Gramsci Negroni, Evita Martini, Pasionaria Puerto de Valencia, First we take Manhattan o Durruti Dry Martini.  Mientras que la comida, básicamente compuesta por platos ligeros, para picar, también contienen "ideología" como ingrediente y donde destacan  Salmorejo partisano,  enchiladas Viva Zapata,  carrilleras Brigada Garibaldi y  No me llame Ternera, un homenaje al etarra José Urritikoetxea, quien asesinó a un alcalde y también fue acusado de secuestrar y asesinar a tres jóvenes gallegos en Biarritz. 

Pero, como se verá en su variopinto menú, Pablo Iglesias ignoró olímpicamente a quien fue su financista principal, a su  héroe revolucionario durante mucho tiempo. Porque ni una arepa (tan de moda en España) ofrece su bar con el nombre de Hugo El Rey Pepiao, por darle ideas, como  homenaje a quien le mandó a donar siete millones de dólares  "para extender el bolivarismo" según quedó demostrado en un  documento 

oficial del gobierno de Venezuela firmado por el entonces ministro de Finanzas, Rafael Isea. Pero aun así, ni un tequeño le dedicó.

 O también  pudo lanzar  un cocktail  con ron venezolano y bautizarlo Nicolás el Grande, ya que, como ha sido demostrado también,  se confirmó en tribunales españoles que Iglesias recibió 272.325 dólares por parte del Gobierno de Nicolás Maduro, cantidad que le depositaron en una cuenta en el banco Euro Pacific ubicado en el paraíso fiscal de Islas Granadinas. ¿Se le olvidó  mencionarlos o esos nombres  ahuyentarían la clientela de "rojos" que aspira galvanizar noche a noche, como ha dicho para justificar su nuevo negocio?

"Las tabernas son el último bastión de la libertad del proletariado" se lee al abrir el menú. Y como se trata de una inversión capitalista en todas sus reglas,  seguramente Iglesias pensó que las palabras "libertad" y "proletariado" ahora no podrían cohabitar en un mismo menú con los mandatarios venezolanos, aquellos  cuya sola mención podría ahuyentar su exquisita  clientela o, peor aún, sumirla en una de esas discusiones  interminables, tan clásicas de la izquierda trasnochada, que se caracterizan por refundar el mundo al borde de una  sola y única  cerveza y podrían  estar toda la noche hablando de política sin consumir nada más. Y eso sí que sería un tremendo fracaso para su nuevo  emprendimiento  porque hablar pistoladas  y hacer dinero con eso es una actividad casi exclusiva de Iglesias y los suyos. El resto, debemos consumir y pagarles, por sus ideas o sus tragos. 

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