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La Lupa

Paro en Farmatodo: luchas redistributivas para vivir y no sobrevivir

Aunque sucedió y desapareció de la opinión pública, el día 9-4-22 trabajadores de Farmatodo realizaron un paro en tiendas para reclamar mejoras salariales. En mi opinión, Farmatodo es un modelo de empresa venezolana que no tiene que envidiarle a ninguna de su tipo en el mundo, pero el paro es una señal que los directivos de la firma deben escuchar. El “case study” de lo que puede ser el futuro de los reclamos laborales en el país, que ya se ven, no solo el de Farmatodo, sino pensionados y jubilados: luchas para tener una mejor parte de la torta de la mejoría económica que hay en Venezuela. Aunque según Barclays llegar a la economía de 2013 tomará casi dos décadas, los perdedores del “ajuste a lo Maduro” no van a esperar y luchan por una mejor distribución del crecimiento. El conflicto político nos acostumbró a un país mínimo en la famosa “pirámide de Maslow”. Alejados los “tambores de la guerra”, ya no queremos sobrevivir, sino vivir. La estructura actual de la economía solo permite sobrevivir. Las luchas redistributivas serán para vivir ¿Intervendrá el Estado o será el “dejar hacer, dejar pasar” para que la economía busque su equilibrio en la distribución del ingreso nacional?

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Caracas.- Me gusta Farmatodo. Su modelo de negocios es bien pensado y útil para el consumidor. Es grato ir a sus tiendas. Su atención, en general, es satisfactoria. Es una empresa venezolana exitosa. Bien criollita. Como muchos venezolanos y venezolanas, la vi crecer desde los 80’s. Cuando fui profesor en la Universidad Simón Bolívar hasta abril de 2005, en una de las materias que se conoce como “generales”, en la vinculada a la economía, invité a uno de sus accionistas principales para una sesión tipo Q&A con los alumnos. Soy vecino de otro accionista principal. Lo veo con su mismo carro de hace aaañosss. Nada de ostentación. Nada del estilo echón que cualquier pelafustán del grupo político que sea, muestra con orgullo.

La idea de invitar a un accionista de Farmatado a la clase en la USB fue complementar la teoría con un ejemplo de una empresa de verdad. También, con el apoyo del profesor del IESA, José Manuel Puente, los alumnos practicaron un simulacro del presupuesto nacional para estudiar los “trade off” en toda decisión económica. Complementar la teoría con la economía pública.

La sesión con el accionista de Farmatodo fue muy buena. Así que mi actitud hacia la firma es positiva. La relaciono a cosas favorables. Durante la escasez, siempre hallé la orientación de su personal en esos tiempos en que uno hizo de médico. En Farmatodo, no tuve que pelear cuando llegaba la famosa y seguro olvidada “paleta”, como lo tuve que hacer por la comida. Mi tercera dosis de la vacuna fue en Farmatodo de La Unión. Me atendieron muy bien. Mis chucherías para almorzar casi siempre las compro allí. Como es mi costumbre hacer relaciones y no quedarme en lo meramente comercial y de consumo, tengo como 20 años yendo al mismo Farmatodo. He visto a muchos de sus empleados crecer, tener hijos, irse, ser trasladados, estudiar y graduarse, y comenzar etapas en sus vidas, con buenas y sus malas dentro de la empresa.

Aunque la noticia desapareció muy rápido, el día 9-4-22 trabajadores de Farmatodo realizaron un paro para solicitar mejores salarios. Portales como Hispanopost en nota de Ana Díaz, informaron que la protesta no fue por asuntos de fondo sino por un tema puntual: la empresa quiere incluir el nuevo salario en el bono de 50$ que ya paga, porque el bono es mayor que el salario mínimo. Todo quedaría igual. Los trabajadores piden que se cancele 130Bs. + 50$ y no 21Bs. + 50 dólares, que es lo que actualmente devenga un trabajador de Farmatodo, de acuerdo a la nota. Unos 240 bolívares mensuales, que tampoco es una gran cosa. Me parece correcta la posición de los trabajadores. 

Aunque se afirma que es una diferencia meramente por el cálculo por un bono, el caso merece un análisis. Farmatado es una cadena privada. Es interesante este hecho porque puede interpretarse desde la “pax Maduro”: como debilidad o como fortaleza.

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Como debilidad, en el sentido que la paz llega a su techo y hay señales de molestia social. Este paro de Farmatodo, el discurso de la alumna en la USB, la crítica a los conciertos, la queja en redes sociales por los precios en dólares, la tasa de inflación reportada por el OVF, la mala calidad de los servicios de agua y de luz, el estado de los hospitales -reconocido por el presidente Maduro cuando habló de la “mafia de los hospitales”- todos estos hechos pueden indicar que la sociedad comienza a salir del reflujo porque las condiciones de vida son insoportables. Se llevan, pero no se aceptan. La paz también permite que la gente piense y evalúe su propia condición de existencia. Que se interpele. Puede concluir –ahora que no está en modo de sobrevivencia- que no es la vida que quiere tener.

Pero también puede ser fortaleza. La “pax Maduro” permite que las luchas redistributivas se den en un ambiente de menos conflicto político y no se interpreten que son parte de ese conflicto. Tampoco hay expropiaciones que sería el riesgo de una protesta laboral como ocurrió en el pasado. 

Ya no es el acecho del gobierno de Maduro a Farmatodo sino que el comercio aprovecha la dolarización mientras sus empleados sienten que no reciben una mejor compensación desde esa dolarización. Luchas redistributivas por el plusvalor. El inversionista toma la parte del león de la dolarización mientras paga bajos salarios. Estos ciertamente son mejores que el salario mínimo en general –posiblemente 100$ frente a 40$ del salario mínimo- pero ese salario ya no es posible para las cosas que trae la paz.

Por ejemplo, los empleados de Farmatodo a lo mejor quieren ir a un concierto o fueron a vacacionar en Semana Santa. En 2020 quizás no había esa necesidad o no se podía porque el país estaba en “modo de guerra”, pero en 2022 la gente quiere salir.

Las noticias que se ven en redes sociales son conciertos -los conciertos no son mi mundo, pero el que promocionó Lacava en Carabobo para esta Semana Santa, me llamó la atención por el gentío que vi- que si Coldplay viene a Venezuela, o si Arcangel gana más que Omar Enrique; viajes, comidas, sitios que se abren, etc, el “mundo de mi derecho a ser feliz” y no debates propiamente de “la resistencia”. Es decir, todos los grupos poco a poco regresan a la normalidad de una vida previa y esto genera conflictos porque choca con la estructura económica de Venezuela que es muchísimo más pequeña que la de 2012, el año antes que el conflicto político tomara la vía existencial.

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Un país de 28 millones de habitantes con un PIB de poco más de 50 mil millones de dólares. Es una estructura que no soporta la demanda que la paz trae. Es posible que los “bajones de luz” y la agudización de la falta de agua sea por esto: hay más demanda porque la gente quiere hacer más cosas o por la presión de los venezolanos que regresaron a su país. El diseño del conflicto era para una Venezuela en crisis -que sigue- una Venezuela liliputiense y no uno para un país en donde las personas quieren llevar la mejor vida que puedan lograr.

Para decirlo en clave marxista, las fuerzas productivas –o sus efectos- comienzan a chocar con las relaciones de producción. Hace un año, posiblemente, un sueldo de 150$ o 100$ estaba bien porque no había una normalidad política en el país. El sueldo era para lo básico. Ahora no. El ingreso es, también, para cosas más allá de lo básico ¿Esto puede explicar la subida por encima del promedio nacional en el índice de inflación del BCV de marzo en las categorías de Esparcimiento y cultura, junto a Vestido y calzado, Equipamiento del hogar, Comunicaciones, y Servicios de educación?

Es decir, la sociedad sale de las necesidades básicas de la pirámide de Maslow –alimentos y medicinas, por ejemplo- o de los “bienes primarios” de los que habló John Rawls, hacia necesidades más sofisticadas como el esparcimiento, aunque no sé si todavía tengamos la conciencia “de los bienes a lo Amartya Sen” (las capacidades y las oportunidades). Como hay dinero, el venezolano lleva la crisis de los servicios públicos porque puede pagar una cisterna, darle un “regalito” a quienes distribuyen el gas para que le lleven la bombona, o simplemente tomarla con la “joda” típica. La crisis es un calvario que se maneja con una buena vida y el “humor venezolano”.

La fisionomía de la sociedad desde 2013 a 2021 fue para la guerra. Esta se aleja y en la actualidad son los problemas para adaptarse a la paz; chucuta, autoritaria, cínica, hipócrita, “jaula de oro”, como se quiera llamar, pero los cantantes vienen a dar sus conciertos que no son económicos; varios de los cuales criticaron a Maduro en el pasado, y los aforos se llenan. Muchos buscan el dinero que volvió a Venezuela. Al menos, regresó para las elites.

Es la crisis de expectativas crecientes porque la economía se mueve en un país con un PIB pequeño para su tamaño, cultura, y necesidades. Los problemas del crecimiento son parte de los problemas de la “pax Maduro”, los que serán de choque de expectativas si el pronóstico de Credit Suisse se cumple acerca de un aumento del PIB de 20% para 2022. El choque incluso ocurrirá con los pronósticos de firmas locales como Ecoanalítica que prevé un crecimiento del 7% del PIB para este año.

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Es lo que posiblemente ven los trabajadores de Farmatodo y de otras áreas: el capitalista se quedará con casi el 100% de ese 20% o 7% de una economía dolarizada, parte de ese dinero saldrá de Venezuela, parte se invertirá, otra se quedará para la buena vida de las elites y quienes viven de ellas, y una parte menor irá al trabajador. Si estiramos esta explicación, la división en Venezuela ya no será entre gobierno y oposición sino en cómo se reparte el PIB entre los grupos sociales, entre los “ganadores” y “perdedores” del “ajuste a lo Maduro”. No todos de los primeros son del gobierno, no todos de los segundos son de la oposición. Ya se mezclan. Los une no una ideología o que “colaboran” sino un estilo de vida y que toman la mayor parte del plusvalor, frente a una sociedad que recibe menos, formada por cierta gerencia, oficios, empleados públicos y privados, estudiantes, jubilados, pensionados, profesores, médicos públicos, es decir, los que no recibirán la parte del león de la plusvalía o los que no pueden o pudieron dolarizar sus ingresos. Estos grupos lucharán por una mejor parte que es lo que pueden simbolizar las protestas de pensionados, profesores universitarios, y los trabajadores de Farmatodo. Las peleas políticas quedan para la comodidad de tuiter, con un buen almuerzo. Mientras, las luchas reales serán sociales y redistributivas por mejorar la parte de cada grupo social en la distribución del plusvalor que la dolarización genera.

Lo de Farmatodo es, sencillamente, que la “pax Maduro” permite las luchas para demandar mejoras salariales. Ya el trabajador de Farmatodo no tiene que llegar a la tienda y limitarse a vender productos escasos con la espada de Damocles de la Sundee, ordenar colas, evitar bachaqueros, responder al Sundee cuando iba, dar números para la cola, o cualquier capricho del gobierno de Maduro contra Farmatodo como cuando prohibió dar cambio en efectivo. Ensañarse contra Farmatodo cohesionó a la empresa frente al adversario externo: el gobierno y los bachaqueros que compraban en la empresa para revender durante la escasez de 2015-2019. Los empleados también vieron cómo los gerentes fueron detenidos y eso reforzó la moral porque el liderazgo de la empresa dio la cara, no se fue ni montó shows que gustan en el mundo de las redes sociales. 

Con la mejora de la economía eso se acabó. Hace unos años, el gobierno hubiera intervenido en Farmatodo por el paro de los trabajadores. En los años de la escasez. Hoy eso no ha ocurrido. Como pasa ahora en Venezuela con ciertos temas que no convienen a determinados grupos y porque “nadie quiere problemas”, el asunto salió de la opinión pública y seguramente se tratará por vías privadas entre la empresa, los trabajadores, y quizás el Estado.

En 2022 el empleado de Farmatodo tiene tiempo para vivir y no pensar en la escasez. El gerente de la empresa tiene tiempo para valorizar el capital ahora dolarizado. Ninguno se siente amenazado por el Estado. Luego, sus intereses como grupo en sí y ya no como grupo para sí –durante la escasez, algo como “Farmatodo somos todos”- comienzan a ser diferentes. De la cohesión se pasa a los intereses de cada grupo.

Algunos tuiteros señalaron que es extraña esta protesta y dejaron ver que fue estimulada por el gobierno. No descarto la hipótesis que un “enchufado” quiera estar en la directiva de Farmatodo y comenzó un ataque a la gerencia al estimular protestas de trabajadores. No se puede excluir esta explicación, pero pienso que el motivo de la economía política es más fuerte.

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Venezuela es un paraíso para el plusvalor. Hay oportunidades, hay dinero, las elites del gobierno y las que “no coexisten y resisten” quieren disfrutar -así sean el 1% de la población; pero quienes lo dicen, están en ese 1%- y el capitalista obtiene una buena rentabilidad frente a salarios bajos y estables.

No hay maldad del capitalista en el salario actual de los trabajadores en general, porque fue aumentado voluntariamente por las empresas y pagado con su propio pulmón, muy por encima del salario mínimo, que es algo muy meritorio por parte de los accionistas de las empresas. El problema es que esa ecuación funcionó bien hasta que la estabilidad política se hizo corriente. Como se dijo, la gente ya no quiere sobrevivir sino vivir, y los 100$ de hace un año ya no rinden en 2022. No solo porque hay más gastos –ya no es solo “gastos para sobrevivir”- sino por la pugna entre devaluar o apreciar la moneda la que también representa una lucha redistributiva. El sector privado apuesta a devaluar y el gobierno a apreciar.

El presidente de Conindustria explicó bien el tema de la moneda apreciada. En una entrevista el 18-3-22 manifestó que, “Bueno, si tú dejas que el mercado fuese libre, esta tasa no fuera la tasa cambiaria que existe hoy por hoy, pero si intervienes en el mercado eso trae varias consecuencias. La consecuencia es que estás encareciendo los productos nacionales y le estás dando entrada al importado, y la exportación se hace cuesta arriba, porque los productos nacionales están subiendo de precio. Además, también afecta a la industria del turismo, porque en Venezuela un almuerzo cuesta el doble que en Madrid o que en Colombia, Brasil y en cuanto a las remesas, antes enviaban 100$ y se compraba, ahora no alcanzan.

“Este fenómeno ocurre internamente y hace que los precios en dólares aumenten. Si un artículo cuesta 100 bs y la tasa es 10, el costo en dólares es sencillo, 100 /10. Si hay una inflación ese mes de 10 % el costo pasa de 100 a 110 y si dejamos la tasa anclada en 10, cuando divides 110 en 10 te da 11$. Decimos entonces que hay inflación en dólares, pero no es el término correcto: está aumentando el dólar porque se está anclando la tasa cambiaria”.

El gobierno apuesta al anclaje cambiario porque –según la explicación del presidente de Conindustria- abarata las importaciones y produce la sensación de “Venezuela se arregló”. El punto es hasta dónde podrá llegar el gobierno con una apreciación cambiaria y, al mismo tiempo, mantener niveles de crecimiento y menos inflación.

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A lo mejor el gobierno de Maduro interviene en Farmatodo –en el pasado lo hizo, fue un símbolo que atacó y hostigó- pero quizás no lo haga –como es hasta ahora, y que el tema haya salido de la opinión pública me hace pensar que no intervendrá- y deja que la gerencia se entienda con los trabajadores. Es decir, que ocurra una suerte de “bipartita” o “tripartita” de facto y una cadena emblema como Farmatodo haga un ajuste que se replique en otras cadenas privadas, sin una intervención abierta del Estado. Este no intervendrá para mostrar que no es enemigo de la empresa privada ni de Farmatodo, a la que en el pasado no muy lejano hostigó injustamente hasta el extremo.

El caso Farmatodo revela que los grupos “perdedores del ajuste a lo Maduro” tienen conciencia que deben pelear por una mejor parte de la torta del PIB. Algunos vaticinan que ese será el clima futuro de Venezuela porque la economía se dolarizó y la distribución del plusvalor será desigual entre los grupos. Farmatodo puede ser el “case study” para la nueva realidad de lo redistributivo, así como hay una nueva realidad en la política, economía, y sociedad que no pocos se niegan a ver y menos a reconocer.



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