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¿Pendiente de vender oro? Este es el nuevo modus operandi de “empresarios” para estafar

El Cooperante | 16 agosto, 2018

Caracas.- Un nuevo operandi ha surgido a propósito del auge que ha tenido la compra y venta de oro en los últimos meses en la Gran Caracas. Se trata de supuestos empresarios que deambulan en los alrededores de locales certificados, quienes ofrecen hasta más del doble de lo que se paga en los negocios ubicados en los centros comerciales.

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“Venía de verificar el precio de un reloj de oro italiano que data de la segunda guerra mundial y me dijeron que estaban pagando el gramo en 70 millones de bolívares y a unos pocos metros tras salir del negocio me interceptó una muchacha diciendo que estaban pagando 200 millones por gramo”, contó Zued Rodríguez a El Universal.

La diferencia de precio tentó a  mujer, quien siguió a la supuesta vendedora hasta un apartamento a las afueras del centro comercial La Casona, en San Antonio de los Altos, donde las esperaba un hombre.

“Me pidió ver la pieza y al verla ambos se miraron y él dijo que no parecía oro, que si la podía fundir para estar seguro de la autenticidad del material. Al principio dudé porque en los locales visitados habían aplicado la prueba con un líquido y no había duda de que era oro, pero al ver la diferencia de precio accedí”, contó.


El sujeto metió la prenda en un pote que tenía un fondo y luego de cinco minutos supuestamente fundiendo el reloj, abrió la lata y mostró una pieza amorfa. “Cuando me dijo que no era oro, pregunté por mi reloj y me dijo que ya lo había fundido y ese era el resultado. Objeté tal argumento porque yo sabía que había que desarmar el reloj y que la fundición no era instantánea, pero mientras refutaba llegaron otros cinco hombres en actitud amenazante y me conminaron retirarme del lugar donde solo había un escritorio y un silla”, manifestó.

La víctima salió llorando y al ser observada por una de las vendedoras de los locales del centro comercial, le dijo que había caído en el modus operandi de los vendedores de calle, quienes intercambian las piezas por un pedazo de chatarra sin valor comercial alguno, práctica constante en el centro de Caracas.

“Al consultar con un policía me dijo que había accedido voluntariamente y me había metido en un apartamento ajeno a riesgo de cualquier cosa; que sería la palabra de cinco hombres más una mujer versus la mía. Prácticamente me hizo desistir de poner la denuncia de lo que se ha convertido en una nueva manera de timar a las personas que como yo buscaban una solución”, remató Rodríguez

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