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Población desprotegida: Entre la desidia y la escasez laboran los Bomberos del Distrito Capital

El Cooperante | 22 noviembre, 2018

Caracas.- La crisis económica y la desidia gubernamental también ha tocado los cuerpos de protección civil del país, siendo el de bomberos uno de los más afectados y que deja desprotegida a gran parte de la población.

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En lo que va de año, al menos tres incendios de alta peligrosidad se han generado en la Gran Caracas, el más reciente, ocurrido en la urbanización El Cafetal, donde la precariedad del equipo bomberil del Distrito Capital quedó, una vez más, en evidencia.





De acuerdo con los reportes de los vecinos, el fuego se esparció en uno de los apartamentos del piso cinco del edificio Pitiquenia alrededor de las cuatro de la tarde, fue controlado a las nueve de la noche y, finalmente, fue extinto a la una de la madrugada.

Para entonces, apenas dos camiones estaban disponibles en toda la ciudad para atender la emergencia, por lo que, según informaron entonces las autoridades, se necesitaron 16 cisternas externas para controlar las llamas. Asimismo, los lugareños reportaron que, tras cuatro horas de iniciado el incendio, no habían llegado las ambulancias del cuerpo bomberil.

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Sumado a esto, los bomberos tampoco tenían las herramientas necesarias para sofocar el fuego, por lo que uno de los funcionarios tuvo que hacer una intrincada maniobra desde el piso cinco de las mencionadas residencias, para introducir la manguera en el interior del apartamento donde se produjo el incendio.

Sin camiones ni ambulancias

Un riesgo que, según Efecto Cocuyo, pudo haberse evitado si el cuerpo de protección hubiese tenido activo el camión con escaleras desplegables, o unidad de elevación, ideado para este tipo de situaciones. Falta de mantenimiento a los vehículos, es la principal razón por la que estos están, casi en su totalidad, paralizados.

“Lo que ocurrió el sábado no fue por la falta de agua en el sector, sino por la falta de camiones. El camión bomba que fue hasta allá era de la avenida Fuerzas Armadas“.

En marzo, un incendio en en la urbanización Vista Alegre, en el municipio Libertador de Caracas, dejó al descubierto la escasez de la unidad forestal a la hora de laborar. Durante más de 48 horas las llamas consumieron parte de las montañas aledañas, poniendo en grave peligro a los habitantes de la zona, quienes denunciaban que sus casas estaban al borde del desastre por el fuego.

El incendio, que consumió kilómetro y medio  del parque “Topo Las Piñas”, no fue controlado a tiempo por la falta de camiones cisternas. Los vecinos, afectados por la humarada, señalaron que la falta de equipo para combatir las llamas, así como de personal, dificultaron la labor, lo que generó daños nunca antes registrados en esa localidad.

Para abril, solo dos camiones apagafuegos en funcionamiento se contabilizaban en toda la ciudad, en la que se agrupan un total de 21 estaciones bomberiles. Asimismo, Crónica Uno contabilizó para esa misma fecha, un par de ambulancias disponibles, lo que contrasta con las 60 que, según Jacqueline Faría, había en 2012.

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Esto se traduce en un déficit abismal, y es que según los estatutos internacionales, como mínimo debe haber uno de cada cual en cada estación, es decir, 21 camiones y 21 ambulancias en el caso del cuerpo de Bomberos del Distrito Capital, sin embargo, se estima que tan solo uno de los dos camiones disponibles hasta octubre, está habilitado, esto luego del accidente en el que se vio involucrada una unidad en la autopista Gran Mariscal de Ayacucho.

En diciembre, circuló a través de las redes sociales un video en el que se evidenció el deterioro de los equipos del personal, cuando un llamado de emergencia fue atendido con una “ambulancia a cielo abierto”. En una camioneta tipo pick up, los funcionarios trasladaron a una abuela que requería el servicio.

Diáspora

De igual modo, la norma establece que por cada 1000 habitantes debe haber un bombero en servicio activo, sin embargo, esto tampoco se cumple en el referido cuerpo bomberil. La diáspora también ha hecho estragos. Crónica Uno reportó que entre enero y abril de 2018, al menos 1000 uniformados dimitieron de sus cargos y emprendieron nuevos rumbos en el extranjero, debido principalmente al precario paquete salarial que devengaban.

Para entonces, un bombero cobraba un salario mensual mínimo, el equivalente a menos de 400,000 bolívares de los fuertes,  lo que motivó a los funcionarios a salir a las calles para exigir al Gobierno nacional que cumpliera con el aumento decretado en 2017, y que hasta la fecha no se había concretado.

“En honor a hombres y mujeres que arriesgan su vidas para salvar a otras, el presidente Nicolás Maduro, aprobó nueva escala salarial para Bomberos y funcionarios de Protección Civil”. 

Ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, en agosto de 2017. Entonces detalló que el aumento era de 99% para los apagafuegos.

El 30 de mayo, a poco más de un mes de las manifestaciones, Reverol anunció un nuevo aumento salarial, pese a que el anterior nunca se ejecutó. Esa vez, no especificó de cuánto era el incremento. Lo cierto, es que con la reconversión monetaria a la vuelta de la esquina, este reacomodo no duró mucho tiempo.

A finales de agosto, con los bolívares soberanos en circulación, el titular de la cartera de Interior, Justicia y Paz, llevó a cabo un evento para reconocer la labor de los uniformados en conmemoración al Día Nacional del Bombero, en el que se entregaron algunas herramientas, como guantes, motosierras, linternas tácticas, kits de primeros auxilios, y algunas motocicletas.

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Una exigencia que habían realizado en la protesta los bomberos, quienes también denunciaron las precariedades a las que estaban sometidos al momento de atender un llamado de emergencia, así como las críticas condiciones físicas de las estaciones, en donde las cocinas y los baños, estaban completamente inhabilitados. La última rehabilitación de estaciones del cuerpo de Bomberos del Distrito Capital data de mediados de 2012, cuando el Ejecutivo modernizó cinco de las 21 en funcionamiento.

Atención de desastres

En lo que va de año, al menos tres sismos de magnitud considerable se han registrado en la Gran Caracas y, pese a que no han provocado mayores daños, la población ha vivido estos eventos con gran pánico. Fue el 29 de julio de 1967, cuando Caracas sufrió una de las catástrofes más devastadoras registradas en el pasado siglo: un terremoto de magnitud 6,5 en la escala de Richter.

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Este azotó a la ciudad y dejó alrededor de 280 fallecidos y dos mil heridos, además de un panorama totalmente desolado con infraestructuras de varios metros de altura totalmente derrumbados. De acuerdo con datos aportados por Funvisis, en la actualidad, aproximadamente un 80% de la población vive en zonas de alta amenaza sísmica, sin embargo, los cuerpos de protección no están equipados para socorrer a la población en un terremoto.

Para Cristian Fuentes, periodista y bombero especializado en Reducción de Riesgos y Desastres de la Universidad de Kobe, en Japón, si un terremoto llegara a generarse en Caracas, la devastación sería dramática, tanto social como estructuralmente.

“En Venezuela, en todos los aspectos, siempre creemos que alguien tiene que venir a salvarnos, es algo cultural, por lo que si pasa un terremoto, la gente no va a saber qué hacer y se quedará esperando a los Servicios de Atención de Emergencias (bomberos, Protección Civil)”, lo que es un contratiempo a tomar en cuenta a la hora de educar a la sociedad, y es que actualmente, los cuerpos bomberiles y de rescate en general, no están capacitados técnicamente para atender una catástrofe como la ocurrida hace 50 años.

Para 2017, el cuerpo de Bomberos del Distrito Capital tenía, si acaso, 30% del equipo para rescate que una ciudad como Caracas necesita. “Hay estaciones que tienen personal, pero no equipos, y menos unidades”, dijo Fuentes, quien agregó que “los Equipos de Protección Personal son limitados y algunos están hasta vencidos”.

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Información que confirmó un efectivo a Efecto Cocuyo, quien dio a conocer que los mismo son otorgados al momento de su graduación como funcionarios bomberiles y no son repuestos sino cada seis años, cuando mucho. Lo mismo sucede con los uniformes, los cuales, son entregados de forma irregular. De tres atuendos que deben recibir los bomberos, apenas uno llega a sus manos esporádicamente.

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